jueves, 31 de marzo de 2011

CAPÍTULO XIX. LA AVENTURA DEL CUERPO MUERTO



Caminaban don Quijote y Sancho y este último le decía que es probable que la causa de lo que les estaba ocurriendo la tuviera el que don Quijote hubiera faltado a las leyes de caballería, ya que no había recuperado el almete de Mambrino. Don Quijote le contesta que tiene razón y que lo del manteo pudiera ser que fuera porque Sancho es primerizo en lo de la caballería, pero que todo se volvería a recomponer. Le dice Sancho que él no juró nada al respecto y que por lo tanto nada debía. Que cumpliera don Quijote lo prometido, no fuera a ser que los fantasmas se volvieran a solazarse con ellos.

Estando en esta conversación se les echó la noche encima. Tenían hambre y a ello se les unió el miedo que pasaron cuando vieron que a lo lejos se les iba aproximando una gran multitud de lumbres que se hacían más grandes a medida que se acercaban.

Don Quijote, al darse cuenta del miedo que empezaba a sentir Sancho, trató de tranquilizarlo diciéndole que en esta nueva aventura que se presentaba mostraría toda su valentía, pero  la experiencia le decía a Sancho que si el enfrentamiento era con fantasmas, sus costillas lo pagarían. Don Quijote lo volvió a tranquilizar diciéndole que no lo pesaría nada.

Se apartaron un poco del camino y vieron a un grupo de veinte encamisados que llevaban unas antorchas encendidas. Detrás venía una litera cubierta de luto, seguida por otros seis encamisados todos de luto. Don Quijote se imaginó alguna situación propia de sus libros, se plantó delante del camino y le preguntó a uno de ellos por lo que llevaban en las andas y que le dijera de dónde venían y a dónde iban. No se sintió a gusto don Quijote con la contestación que le dio y le cogió la mula al encamisado por el freno. Esta se asustó, el que iba subido se cayó y uno que vino a ayudarlo, denostó a don Quijote. Embistió este contra todos con tal furia que parecía el diablo. Los apaleó y echaron todos a correr con sus lumbres encendidas, pensando que el tal diablo les quería quitar el cuerpo muerto que llevaban.

Se acercó don Quijote al que estaba en el suelo. Le conminó a que le dijese quién era. Contestó este que se llamaba Alonso López, bachiller, natural de Alcobendas y que se dirigía a Segovia a llevar el cuerpo de un hombre muerto, con otros once sacerdotes, que son los que huyeron con las lanzas. Se disculpó don Quijote por lo ocurrido, pues era hombre cristiano.

Llamó a Sancho, pero este no acudió hasta que no sacó de una de las mulas que llevaban los sacerdotes todos los alimentos que pudo. Se acercó a donde estaba don Quijote con el que había caído al suelo. Se dirigió Sancho al bachiller diciéndole que el que los había combatido era “el Caballero de la Triste Figura”, explicándole posteriormente a don Quijote que así era como lo vio a la luz de la antorcha, debido al cansancio que manifestaba  y la falta de muelas.

Lo anterior le sirve a don Quijote para replicarle que no era lo que Sancho pensaba, sino que el sabio a quien corresponde escribir sus hazañas habría considerado bien que así se llamara y sería el nombre que tomaría de ahora en adelante.

Le recrimina el bachiller lo que don Quijote ha hecho y le contesta que él se siente cristiano y jamás pensó ofender a la Iglesia. Siempre había tenido en cuenta por qué excomulgaron al Cid Campeador. Oído esto, el bachiller se marchó.

Quiso don Quijote conocer lo que llevaban en la sepultura, pero Sancho se lo impidió argumentando que se debían pronto marchar, pues si se daban cuenta los vencidos que solamente un hombre había peleado contra ellos, podían volver y les diesen en qué entender. Dicho lo cual deberían marcharse y como dice el refrán: váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza.

Se marcharon y tanta era el hambre que llevaban que cenaron, desayunaron y comieron, pero no disponían de agua.

Comentario



La crítica literaria sobre El Quijote se puede agrupar en dos grandes bloques: a) Los que realizan una interpretación del libro, siguiendo la propia visión de Cervantes: la historia de un loco embebido de Literatura caballeresca. Es lo que se ha dado en llamar interpretación dura; b) Los que lo interpretan como un héroe, también llamada interpretación blanda.  Esta última postura corresponde principalmente al Romanticismo y corriente afines.

En esta última corriente se sitúan las de Unamuno en “Vida de don Quijote y Sancho” y la de Bloom en “El Canon Occidental”. Una y otra entran de lleno en la corriente hermenéutica de Gadamer.  Para este filósofo, interpretar es entrar en juego con el escritor. Este a su vez entra en juego con la realidad. Entrar en juego es crear ámbitos. De acuerdo con esta teoría, Cervantes entra en juego con la realidad del alma hispánica en su doble vertiente quijotesca y sanchopancesca. Siguiendo con esta interpretación podemos decir que Cervantes vivió de cerca estos dos modos de encarar la realidad de la existencia española: por una parte, aquellos que viven la vida movidos por altos ideales, tienen una visión heroica de la misma; por otra la que la viven desde lo plebeyo, desde lo rutinario y deprimente. Es  la oposición entre don Quijote y Sancho.

Don Quijote vive su existencia desde el ámbito de la heroicidad, del ayudar al otro, de la fe en la solidaridad. Sin embargo a veces, como muy bien demostró Américo Castro, la realidad va oscilando y lo que creemos ser ejércitos, resultan se rebaños de ovejas y carneros y como en este caso, lo que don Quijote cree que son fantasmas que han robado un cuerpo, resultan ser unos humildes sacerdotes que llevan un féretro. Por lo tanto, los sentidos nos engañan muchas veces. Esta sería la lectura que desde un punto de vista hermenéutico y ambital haríamos del capítulo. Hay que tener mucho cuidado porque nuestras acciones, llevadas de buenos propósitos, a veces pueden ser perjudiciales como en este capítulo le ha ocurrido a don Quijote.

Otro de los hechos significativos en este capítulo es cuando don Quijote le dice al bachiller que nunca tuvo el propósito de ofender a la Iglesia, pues en su memoria estaba lo que “le pasó al Cid Ruy Díaz cuando su Santidad del Papa lo descomulgó”.  En este caso don Quijote recuerda la Historia que se cuenta en el romance del Cid “A concilio dentro de Roma”. Esto tiene que ver con un tema que surgió al principio: La influencia del “Entremés de los Romances” en El Quijote. El protagonista del Entremés, Bartolo se vuelve loco de leer romances. Valiéndose de este hecho, Menéndez Pidal aprecia la influencia del Entremés en la primera parte del Quijote. Una vez más, cuando lo caballeresco le vuelve a la mente, se cruza en don Quijote un romance.




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