martes, 31 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. LOS ENCANTADORES. LA POBREZA. LA ENAMORADA ALTISIDORA






Cide Hamete justificó la inclusión de las novelas El curioso impertinente y El capitán cautivo en la primera parte por el tedio que suponía hablar siempre de don Quijote y Sancho; muchos, llevados por las hazañas de don Quijote, no les han concedido la importancia que por sí solas tienen. En esta segunda parte no ha querido intercalar ninguna novela, sino algún episodio que lo parezca y siempre relacionado con el tema de la obra.

Sancho salió aquella tarde, acompañado de su séquito, a gobernar su ínsula.  Notó que tanto el rostro como la voz del mayordomo que lo acompañaba, se parecían a la Dolorida. Se lo dijo a don Quijote, y éste respondió que no sabía lo que quería decir con que “el rostro de la Dolorida es el del mayordomo; pero no por eso el mayordomo es la Dolorida, que a serlo implicaría contradicción…es menester rogar a Nuestro Señor nos libre a los dos de malos hechiceros y de malos encantadores”. Sancho se despidió de los duques; les besó las manos y, don Quijote con lágrimas en los ojos le dio su bendición.

Se quedó don Quijote entristecido cuando se marchó Sancho. La condesa le ofreció, como consuelo, cuatro de sus doncellas más hermosas  para que lo atendieran, pero él rehusó tal atención porque quería poner una barrera entre sus deseos y su honestidad. Aceptó la duquesa la voluntad de don Quijote, le admiró su honesta virtud y le deseó que Sancho cumpliera su promesa de azotarse para que el mundo pudiera volver a ver la hermosura de Dulcinea.

Después de cenar don Quijote con los duques se recluyó en su cuarto. Cuando se desnudaba, al descalzarse se le rompió una media. No tenía hilo para remendarlas y se sintió humillado. Cide Hamete, reflexiona sobre la pobreza. Dice que no entiende por qué el poeta cordobés (Juan de Mena) la llama “dádiva santa desagradecida”. La increpa y le pregunta “¿por qué quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos más que con la otra gente”. Añadió: “Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos”. ¡Miserable de aquel, digo, que tiene la honra espantadiza y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato…!

Aquella noche hacía calor y don Quijote no podía dormir; abrió un poco la ventana y oyó que una de las jóvenes, Altisidora, le confesaba a otra, Emerencia, la pasión que le había despertado don Quijote. Ésta la animó a que se desahogase cantando con el arpa su amor al caballero. Le contestó que se esforzaba en hacerlo porque deseaba seguir el refrán que dice “más vale vergüenza en cara que mancilla en el corazón” ( es preferible la verdad a los remordimientos que resultan de no decirla). A continuación oyó don Quijote el sonido de un arpa que le trajo a la memoria las historias que se oían en los libros de caballerías. Supuso que alguna de las doncellas de la duquesa se había enamorado de él.  Para que se dieran cuenta de que estaba despierto, don Quijote tosió. Altisidora al darse cuenta de que don Quijote la oía entonó con tonos burlescos un romance en el que le declaraba su amor y se hacía su esclava.

Oído el romance se lamentó don Quijote de cómo era perseguido por todas doncellas que se encontraba; pero él siempre lo rehusaría porque se sentía únicamente de Dulcinea, “cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra”.



Comentario



El capítulo lo podemos analizar, entre otros, desde los siguientes puntos de vista:

a)      Desde el realismo filosófico. En el inicio del capítulo, cuando Sancho se dirige a la ínsula, se da cuenta de que el mayordomo que lo acompaña es el que realizó el papel de la Dolorida y se lo dice a don Quijote.  “Miró don Quijote atentamente al mayordomo, y habiéndole mirado, dijo a Sancho: No hay para qué te lleve el diablo, Sancho…que el rostro de la Dolorida es el del mayordomo; pero no por eso el mayordomo es la Dolorida, que a serlo implicaría contradicción muy grande, y no es tiempo de hacer ahora estas averiguaciones, que sería entrarnos en intrincados laberintos. Créeme, amigo, que es menester rogar a nuestro Señor de veras que nos libre de malos hechiceros y de malos encantadores”.

Es evidente que la verdad se ha distorsionado por obra del duque, que es el encantador. Su interés en enmascarar la realidad es porque quiere reírse de don Quijote. La conducta de las personas se puede dirigir a descubrir la realidad o a oponerse a ella porque no le interesa presentarla como es: este es uno de loa juicios que se extrae de la lectura de la obra.

b)      Desde la propia coherencia de la novela,  en torno a la pobreza del hidalgo como lo realiza Casalduero.  En el capítulo II de esta segunda parte, cuando Sancho visita a don Quijote, éste le pregunta por lo que se dice de él en el pueblo.  Aquel le responde: “Los hidalgos dicen que…se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra, y con un trapo a tras y otro delante. Dicen los caballeros que no querrían que los hidalgos se opusiesen a ellos especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde” . “En este capítulo vemos que don Quijote se ha roto las medias verdes –el color del hilo se ha convertido en el de las medias-, y se las hubiera zurcido “aunque fuera con seda de otro color, que es una de las mayores señales de miserias que un hidalgo puede dar en el discurso de su propia estrechez”.

b.1) La pobreza social vista a través del hidalgo pobre creado por el autor del Lazarillo: “Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa  que le obligue a limpiárselos”.

b.2) La estrechez material que sufrió Cervantes:”¡Miserable de aquel que tiene la honra espantadiza y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato…”.

c) La ingenuidad de don Quijote y la comicidad de Altisidora






miércoles, 25 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE.CAPÍTULO XLIII.CONTINÚAN LOS CONSEJOS DE DON QUIJOTE







Los anteriores razonamientos de don Quijote mostraban, una vez más, que su locura se manifestaba solamente cuando tocaba asuntos de caballería.

Se esforzaba Sancho en memorizar los consejos relacionados con las virtudes cuando don Quijote empezó a darle los ya anunciados consejos “para adorno del cuerpo”.

 Le dice que sea limpio, que se corte las uñas, que no ande desceñido, pues era señal de decaído o dejado;  que a sus criados los atendiera con honestidad; que fuera prudente en la comida y en la bebida, pues “el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”;  que procure no eructar ni oler a ajos ni cebollas; que fuera cuidadoso con el estómago ya que de su salud dependía todo el cuerpo; que fuese moderado en el dormir, ya que “el que no madruga con el sol, no goza del día”;  que anduviese despacio y hablase con reposo, pero sin afectación. También le aconsejó cómo debía ir vestido.

Le recomienda también que no introduzca tantos refranes en su conversación, porque con frecuencia no se ajustaban y más parecían disparates que sentencias.

Sancho se disculpó diciendo que no los podía evitar, pues sabía muchos y le venían todos juntos a la boca, peleándose por salir; procuraría utilizarlos de acuerdo con la importancia del cargo que iba a tener, pues “en casa llena, presto se guisa la cena” (donde hay medios no hay dificultades), “y quien destaja no baraja” (no pueden hacerse varias cosas al mismo tiempo) “y a buen salvo está el que repica” ( no hay de qué preocuparse) “y el dar y el tener seso, ha menester (la prudencia es muy necesaria).

Don Quijote, para demostrarle a Sancho que no le había entendido, puesto que había ensartado sin venir a cuento los refranes anteriores, le respondió con ¡Castígame mi madre, y yo trómpogelas! (Me reprende mi madre y yo me burlo de ella. Se usa el refrán para reprender a los que reinciden en algo después de haber sido advertidos).

Sancho le respondió que pronto se les olvidarían, por esta razón le pidió que se los diera por escrito, pues aunque no sabía leer, se los daría a su confesor para que “me los encaje y recapacite cuando fuere menester”. Le critica don Quijote que no sepa leer y aquel le responde que cuando tenga que firmar “fingiré que tengo tullida la mano derecha y otro firmará por mí”, pues “para todo hay remedio, si no es para la muerte y teniendo yo el mando y el palo (tener la facultad de mandar), haré lo que quisiere, cuanto más que el que tiene el padre alcalde...seguro va a juicio (el que cuenta con un poderoso protector).  Con la condición de gobernador Sancho dice que no le temerá a nadie, pues vendrán por lana y volverán trasquilados (si se meten contra él les sucederá lo contrario de lo que esperan), y a quien Dios quiere bien, la casa le sabe (quien tiene buena suerte no tiene de qué preocuparse), y las necedades del rico por sentencias pasan en el mundo. …haceos miel, y paparos han las moscas (convertíos en miel y os comerán las moscas.

Don Quijote le volvió a criticar el uso que hacía de los refranes, a lo que Sancho le respondió que se servía de la única hacienda que tenía, que era refranes y más refranes; le venían cuatro a la memoria, pero no quería seguir porque al buen callar llaman Sancho ( es una variante abreviada de refr. Al buen callar llaman Sancho; al bueno, bueno, Sancho Martínez   (Conviene moderarse en el hablar)). Don Quijote muestra interés en saber qué refranes eran y Sancho los dice: “entre dos muelas cordales nunca pongas tus pulgares” (no hay que entrometerse en problemas de parientes cercanos) y “a idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay responder”(hay cosas que no admiten réplica), y “si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro” ( el daño siempre lo recibe el más débil). Explica a continuación Sancho los refranes anteriores con la intención de decirle a don Quijote que sabe de lo que está hablando y no se diga de él lo de “espantose la muerte de la degollada” (Es más fácil reparar en los defectos ajenos) y “más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena” (en los asuntos propios sabe más aquel a quien pertenecen que el que los ve desde fuera).

Finalmente, don Quijote le dice que duda del gobierno que ejercerá; no obstante, él ha cumplido con su obligación, y espera que Dios “te gobierne en tu gobierno”. Sancho le replicó que si no le parecía adecuado, estaría dispuesto a dejarlo, porque “más quiero un negro de la uña de mi alma que todo mi cuerpo” (la parte más pequeña de mi alma), ya que prefería irse al cielo como Sancho, que al infierno como gobernador.

 Oído lo anterior, don Quijote considera que merecía ser gobernador porque tenía “buen natural, sin el cual no hay ciencia que valga”. Por último, le advierte que se tiene que encomendar en Dios.



Comentario

El Capítulo anterior terminaba con esta afirmación de don Quijote: “Estos que aquí te he dado son documentos que han de adornar tu alma; escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo”.

La lectura de estas series paralelas de consejos las podemos realizar desde los siguientes puntos de vista:

a)      Desde la confrontación de la realidad social, tal y como la vive Sancho y, la experiencia ideal, como la vive don Quijote. Este es el punto de vista de Casalduero. Sancho se hace impenetrable a los ideales, él mismo lo dice cuando afirma: “…todo cuanto vuestra merced ha dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué han de servir, si de ninguna me acuerdo?. Dos figuras aparecen enfrentadas: la espiritual, representada por don Quijote y la material, representada por Sancho. Esta última necesita el apoyo espiritual para obrar en la sociedad, como dice Sancho: “Señor, si a vuestra merced le parece que no soy de pro para este gobierno, desde aquí le suelto, que más quiero un solo negro de la uña de mi alma que a todo mi cuerpo”.

b)      Desde el ámbito sociológico. Los consejos de don Quijote, como afirma Carreras Artau, nos remiten a una sociedad jerárquicamente tutelada en todos sus ámbitos: en el familiar, la ejerce el padre; en el social, las clases superiores tutelan a las inferiores ( el noble, al vasallo; el rico al pobre); en el ámbito administrativo, la red de burocracia tutela oficios, industria y comercio; en el reino, el monarca, a sus súbditos; finalmente, Dios la ejerce sobre todos. Desde este planteamiento, don Quijote aconseja con coherencia a Sancho: “Primeramente, ¡oh hijo! Has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría”, le dijo en el capítulo anterior. “Encomiéndate a Dios, y procura no errar en la primera intención”, le dice al final de este capítulo. Su función tutorial se vuelve a reiterar, una vez más, cuando le dice: “si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza; más consuélome que he hecho lo que debía en aconsejarte con las veras y con la discreción a mí posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa”.  El concepto de derecho, explicado en el capítulo anterior, también justifica este punto de vista.

c)       El aspecto cómico de los refranes de Sancho. Reiteradamente he expuesto en estos comentarios, siguiendo a D. Eisenberg, cómo se expresa el sentido del humor en el Quijote: “el humor surge del contraste entre lo que ocurre y lo que el lector espera que ocurra”.  Dos veces reprende don Quijote a Sancho por el uso que hace de los refranes, mezclándolos en la conversación; sin embargo, nada más terminar de hablar don Quijote, vuelve Sancho a ensartarlos, atormentando a su "tutor".  

lunes, 23 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLII. SENTIDO EDUCADOR DE LA NOVELA. CONSEJOS DE DON QUIJOTE A SANCHO PARA JUZGAR






Los duques se habían quedado contentos con los acontecimientos de Clavileño y decidieron seguir adelante con sus burlas. Al día siguiente le dijeron a Sancho que se preparara porque iba a ser enviado como gobernador a la ínsula prometida. Sancho, después de su experiencia se había quedado algo afectado en sus ansias de gobierno, pues según él no merecía tanto la pena gobernar al hombre en la tierra cuando tenía, como él había visto, un tamaño tan pequeño.  Añadiendo a continuación que desearía más tener un pedazo del cielo que todas las ínsulas de la tierra.

Las afirmaciones de Sancho, fueron contestadas por el duque, diciéndole  que con la ínsula que le iba a dar, si la sabía gobernar podría alcanzar el cielo. Sancho la acepta, según él, “ni por codicia, ni por levantarme a mayores”  (ni por querer ser más de lo que soy), “sino por el deseo de probar a qué sabe ser gobernador”. El duque le replicó que “si una vez lo probáis, (…) comeros heis las manos tras el gobierno, ( no renunciaréis) por ser dulcísima cosa el mandar y el ser obedecido”; tras esto, Sancho le replicó que “yo imagino que es bueno mandar, aunque sea un hato de ganado”.

 El duque le dijo que al día siguiente tenía que partir por lo que habría que prepararle el traje adecuado, pues “los trajes se han de acomodar con el oficio o dignidad que se profesa”. Habiéndole dicho el duque que para un gobernador, tan importante son las armas como las letras, Sancho le contestó que de las primeras, pocas tenía, pero “básteme tener el Christus (la señal de la cruz)en la memoria”.

Don Quijote, cuando se dio cuenta de lo que pasaba, se llevó a Sancho aparte para aconsejarle en su nueva tarea. Lo primero que quiso que entendiera es que el nombramiento de gobernador no se debía a sus méritos, pues mientras que unos “cohechan, importunan, solicitan, porfían, … y no alcanzan lo que pretenden, llega otro y, sin saber cómo ni como no, se halla en el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones”. A partir de los anteriores razonamientos, don Quijote le dio los siguientes consejos para juzgar

Has de temer a Dios, porque en temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.

 Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que pueda imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey.

Los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape.

  Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje … y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.

Si tomas por medio a la virtud y te aprecias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y abuelos tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista (se adquiere), y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es  bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza. Si acaso enviudares…y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal que te sirva de anzuelo y caña de pescar, y del “no quiero de tu capilla “ ( Los dos vienen a decir no utilices a tu mujer para que reciba los beneficios que tú simulas rechazar).

No te guíes por la ley del encaje (Juzga de acuerdo con la ley, no de manera arbitraria), que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.

 Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas el rico como por entre los sollozos  e importunidades del pobre.

Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva ( no admitas sobornos) sino con el de la misericordia.

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria (olvídate de la ofensa que te hizo) y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda.

Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable (digno de misericordia), sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia



Comentario

El capítulo tiene, entre otras, dos lecturas:

1.       Desde el ámbito educativo

Uno de los hechos más importantes del Quijote es el sentido educador que Cervantes quiso darle a la obra. Atacó los libros de caballerías a través de desquiciamiento de caballero y sus innumerables hechos ridículos, pero también quería que el lector aprendiera de los buenos juicios de don Quijote.  Como dice Sánchez Escribano, en esta segunda parte tenemos “un doctrinal de gobernantes embutido en la novela”. Para D. Eisemberg en La interpretación cervantina del Quijote, “Las reformas más importantes son las que uno se lleva acabo en sí mismo. En las recomendaciones que da don Qujote a Sancho destacan aquellas que sólo pueden dirigirse al lector: primero temer a Dios, principio de la sabiduría, y después conocerse a sí mismo”. Raro es el comentarista que no ha destacado lo anterior: para Casalduero, el capítulo es un “Doctrinal de privados”; Martín de Riquer, estima que “Todos estos consejos o instrucciones forman parte de un fondo de moral común en varios libros y autores de la época. En este capítulo –una sucinta versión quijotesca de la educación de príncipes- don Quijote se refiere a los valores éticos, dejando caer a la vez una crítica a la justicia mal ejercida” (A. Basanta).
Desde la lingüística textual analiza los consejos Rafael Ernesto Costarelli en "La literatura de sentencias y los consejos de don Quijote". Demuestra el autor "cómo los consejos comparten marcas temáticas, estructurales y estilísticas con el grupo genérico de la literatura de castigos"

2.       Desde el ámbito jurídico

Los consejos de don Quijote a Sancho para realizar un buen gobierno se enmarcan dentro del mundo jurídico de la época. Uno de los libros más significativos para conocerlo es el de Carreras Artau, La Filosofía del derecho en el Quijote. José Antonio Lólez Calleja lo analiza en la revista El Catoblepas. Los rasgos generales del derecho, en la época de Cervantes, según Carreras, son los siguientes:

a)      “El derecho tiene un sentido ético. Se manifiesta en la rectitud moral que impregna los consejos de gobierno de don Quijote a su escudero;

b)      La concepción general del derecho se rige por el principio teológico - cristiano. Sancho aspira a ser un modelo de gobernador y para ello se bastaba con tener la señal de la cruz en la memoria, como le dice al duque.  El primer consejo que le da don Quijote, se afirma en el principio bíblico del temor de Dios;

c)       Se atribuye al derecho una función positiva, en virtud de la cual el gobernante está obligado a hacer el bien;

d)      La noción de derecho se comprende como indisolublemente unido a la fuerza. El duque le dice a Sancho que para un gobernador tan importantes son las armas como las letras

e)      Todos los campos del derecho se conciben como organizados en torno al principio de la tutela. En una sociedad así, dice Carreras, “el derecho lo define un sujeto superior que asume entero el poder o la facultad y es el encargado de promover absoluta e indefinidamente el bien de otro sujeto considerado inferior, y por lo mismo subordinado, tutelado”.

f)       Al ámbito del derecho procesal corresponde el consejo de “No te guíes por la ley del encaje”. Esta rama del derecho descansaba sobre dos ideas madre: el arbitrio judicial y el predominio del sistema inquisitivo. Respecto al arbitrio, se abre paso el principio jurídico de la necesidad de la defensa del reo en juicio, siguiendo las formas ordinarias del éste y de sentenciar conforme a ley y derecho, principio que es resueltamente afirmado por Soto, Simancas, Mariana, Saavedra y otros….”
 Interesante es el trabajo que con el título "Don Quijote, ética y argumentación judicial" realiza Miguel Mendoza Montes en la Revista del Instituto de la Judicatura Federal de Méjico. Demuestra el autor la vigencia que muchos de estos consejos tienen "a la luz de las modernas teorías de la argumentación con sus entendibles diferencias."

miércoles, 18 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLI. LA AVENTURA DE CLAVILEÑO







Don Quijote estaba impaciente esperando la llegada de Clavileño cuando aparecieron cuatro salvajes, vestidos de verde yedra, llevando a lomos un gran caballo de madera. Lo pusieron en el suelo y se marcharon, pero antes de irse les dijeron que los dos tenían que volar encima de él y realizar el viaje con los ojos tapados. Sancho se negó a subir, argumentado que no era brujo para volar por los aires;  Cendaya quedaba muy lejos, podía tardar mucho en volver y perdería la ínsula, pues “en la tardanza va el peligro” (La demora en la ejecución de una acción puede hacerla fracasar) y, “cuando te dieren la vaquilla acudas con la soguilla” (hay que aprovechar las ocasiones cuando se presentan); por lo tanto quería seguir el refrán que dice “bien se está San Pedro en Roma” ( es mejor dejar las cosas como están).

El duque, para convencerlo comentó que “no hay ningún género de oficio de estos de mayor cuantía que no se granjee con alguna suerte de cohecho” (no hay ningún cargo importante que no se obtenga mediante alguna clase de pago), por lo tanto, debería volar acompañando a don Quijote si quería conseguir la ínsula; le garantizó que ésta sería suya y que los insulanos siempre lo esperarían. Después de pedirle ayuda a Dios, Sancho accedió a montar sobre Calvileño. Don Quijote comentó que “Desde la memorable aventura de los batanes (…) nunca he visto a Sancho con tanto temor como ahora”. Le pidió que se diera unos quinientos azotes a cuenta de los tres mil que se tenía que dar, pues el “comenzar las cosas es tenerlas medio acabadas”.  Sancho le contestó que no era la ocasión, siguiendo el refrán “!En priesa me ves, y doncellez me demandas!” ( no hay que fijarse en cosas sin importancia cuando hay cosas mayores). Le prometió que a la vuelta se los daría, pues no era el momento de castigarse las posaderas.

Se subieron sobre Clavileño y les vendaron los ojos; Sancho se sentó “a mujeriegas” para no sentir tanto la dureza de las tablas; lleno de miedo, se descubrió y, con lágrimas en los ojos, le pidió a los presentes que rezaran por ellos. Le reprendió don Quijote por no confiar en él. Este apretó la clavija y, los presentes, a vivas voces, les desearon buen viaje. Con gran sosiego ascendía Clavileño. Sancho, agarrado fuertemente a don Quijote, sospechaba que no se elevaban porque se oían muy bien las voces de los que allí estaban. Se lo comentó a don Quijote y éste le contestó que en un vuelo tan extraordinario como éste todo podía ocurrir; la cosa iba bien y el viento lo llevaban de popa.

Lo del viento por detrás, como decía don Quijote, ocurría porque los criados del duque con fuelles lo provocaban. Después lo sintieron por delante porque les quemaron unas estopas en sus mismas narices. Mientras, don Quijote y Sancho comentaban los lugares por donde pasaban. Este último decía que se estaban acercando a la región del fuego, porque se le chamuscaban las barbas

Los duques se reían del diálogo que los dos valientes mantenían. Para rematar la aventura, los criados le pegaron fuego a Clavileño por la cola. Explosionaron los cohetes que en vientre llevaba. Voló por los aires y ellos cayeron al suelo medio chamuscados. Cuando se levantaron, se sorprendieron de verse en el mismo jardín del que habían salido, la gente, excepto las dueñas que habían desaparecido, estaba tendida por tierra. En el extremo, colgado de unos lazos había un pergamino en el que se decía que don Quijote había muerto al intentar acabar la aventura de la condesa Trifaldi, pero que a ésta y las demás dueñas les habían desaparecido las barbas.

Don Quijote fue a despertar a los duques; Sancho a comprobar cómo estaban las dueñas; le dijeron que rapadas y “sin cañones”.

La duquesa le preguntó a Sancho que cómo le había ido. Le contestó que se descubrió un poco y,  desde arriba,  vio la tierra como un grano de mostaza y a los hombres como avellanas;  que vio también “las siete cabrillas”, que se bajó de Clavileño y jugó con ellas. Después de haber comentado don Quijote, a una pregunta del duque, sus impresiones, argumentó que lo que Sancho había dicho era imposible que ocurriera, por lo tanto, mentía o soñaba. Respondió Sancho que ni mentía ni soñaba, y dijo cuáles eran los colores de las cabrillas. Le preguntó el duque que si vio algún cabrón, a lo que contestó que “ninguno pasaba de los cuernos de la luna”.

Don Quijote le respondió que si quería que le creyera sobre lo que decía que había visto en el cielo, debería creerle a él sobre lo que dijo haber visto en la cueva de Montesinos.



Comentario



Varias lecturas podemos realizar de este capítulo:

a)      La que interpreta el concepto de verdad en la obra, desde el punto de vista del realismo filosófico, como lo hace A. Parker. “Cada cosa y cada persona tienen su identidad inalterable, pero la mente humana tiene que interpretarla. Los sentidos no engañan, pero los hombres sí. Y puesto que el hombre es un ser social, el conocimiento de la verdad no sólo depende de cómo interprete la realidad, sino que depende también del testimonio de los demás hombres. Y cuando éste falla surge la confusión y la perplejidad”. Nos movemos por intereses. Estos nos condicionan en nuestra búsqueda de la verdad. “La verdad se oscurece por el engaño, la malicia y los intereses de las personas” (I, 14).

De acuerdo con lo anterior, Sancho se ha subido en Clavileño con don Quijote porque el duque lo convenció al decirle que ese era el pago que tenía que hacer si quería ser gobernador. El cohecho era una práctica corriente en el XVII. El deseo de obtener provecho, utilidad y ganancia,  parece decir Cervantes, va ligado con la naturaleza humana. Sancho no se sube porque se compadezca de las dueñas; lo hace porque es la condición que le impone el duque para gobernar y con ello lucrarse como él creía.

En parecidos términos analiza los comportamientos de Sancho y don Quijote, Avalle Arce, en Don Quijote como forma de vida: “…cuando Sancho inventa sus escandalosas paparruchas acerca de lo que pretendía haber visto en el cielo durante el supuesto vuelo, Don Quijote inquieto por el tamaño descomunal que adquieren las graciosas mentiras de Sancho, le dice al oído . “Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos”. Don Quijote, como dice Avalle Arce, se ha prestado a “ajustar la verdad a un innoble cambalache”.  

b)      Joaquín Casalduero realiza el análisis de este capítulo comparándolo con el de la aventura de los batanes en (I, 20).  Demuestra que así como en los batanes vive la aventura en una dimensión puramente personal que le hiciese ser merecedor del aprecio de Dulcinea, en esta de Clavileño vive la aventura desde una dimensión social. Don Quijote, considera Casalduero, vive la aventura con la seriedad que le caracteriza y en esta línea, cuando le pide a Sancho que crea en lo que dijo que vio en la cueva de Montesinos, era para que asumiera la verdad del mundo “poético-histórico-moral “ que decía haber visto. Sancho, por el contrario, la vive desde la mentira y el engaño.

c)       Con el título de La tierra y los cielos en el Quijote, estudia la cosmografía, Francisco J. Tapiador, en La ciencia y el Quijote. La astronomía de la época era la de Ptolomeo. En su sistema de la descripción del cosmos, la tierra, el mar y el aire forman tres regiones fundamentales, más allá está la región del fuego, a partir de la cual empiezan los cielos. Sancho nos cuenta que cuando iba por los cielos y vio las siete cabrillas se apeó de Clavileño, “y me entretuve con las cabrillas, que son como unos alhelíes y como unas flores…” Sancho se refiere a las Pléyades, cúmulo abierto de estrellas de la constelación de Tauro. “Sancho describe a las siete estrellas como alhelíes y como flores…la diferencia entre unas estrellas y otras podría deberse a que Cervantes tuvo noticia de lo que se veía a través del telescopio, lo cual es especulación, pero posible: uno de los más afamados constructores de catalejos de finales del XVI era la casa de  los hermanos Roget en Barcelona”.

d)      Por último, hay que tener en cuenta el humor verbal de Sancho, con claras connotaciones sociales.  No podemos olvidar que estamos en una aventura de celestinas. La relación cabrón-cuernos-cornudos, está presente en la pregunta del duque a Sancho

-Decidme, Sancho (…) vistes allá entre esas cabras algún cabrón?

jueves, 12 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XL. TRIFALDI Y LAS OTRAS DUEÑAS




Se inicia el capítulo haciendo una alabanza a Cide Hamete por haber contado con gran maestría la historia de don Quijote, Sancho y Dulcinea. Su sutileza ha sido tanta que “Pinta los pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las tácitas, aclara las dudas, resuelve los argumentos; finalmente los átomos del más curiosos deseo manifiesta”.

 Sancho, que vio desmayada a la Dolorida, maldijo a Malambruno por haberles causado a las dueñas el castigo de las barbas, siendo personas humildes sin recursos para quitárselas. Lo último fue subrayado por una de las barbadas; ésta añadió que en Candaya había mujeres que iban por las casas realizando estos oficios, pero las que servían en el palacio de los duques no querían que éstas las atendiesen porque no eran de confianza. Lo expresa con un juego de palabras: “las dueñas de mi señora por jamás quisimos admitirlas, porque las más oliscan a terceras, habiendo dejado de ser primas”. Intervino don Quijote para decir que les ayudaría en todo, aunque tuviera que ir al reino de los moros a “pelarse” las suyas. En este momento se repuso del desmayo la Dolorida y le tomó la palabra a don Quijote. Le comunicó que como el reino de Cendaya quedaba a cinco mil leguas, tendrían que viajar Sancho y él a lomos de un caballo de madera, llamado “Clavileño el Alígero”, porque se manejaba con una clavija que llevaba en la frente; volaba muy ligero y “ni come, ni duerme, ni gasta herradura”;  lo enviaba Malambruno para que don Quijote fuera a enfrentársele.

Cuando Sancho oyó que se tenía que subir en el caballo volador, le replicó que eso era “pedir peras al olmo”(Pretender algo imposible),pues en absoluto pensaba acompañar a su amo en tan largo viaje por quitarles las barbas a las dueñas; se sacrificaría por “niñas de la doctrina” (huérfanas del asilo), pero en absoluto por las dueñas barbadas.

Doña Rodríguez añadió que ellas, con sus virtudes y defectos eran como todas personas: “también nos parió nuestras madres como a las otras mujeres; y pues Dios nos echó al mundo, Él sabe para qué, y a su misericordia me atengo”.

La Dolorida exaltó de tal manera  el desconsuelo de las dueñas- despreciadas por todos-, que consiguió que los oyentes lloraran, incluido Sancho; imploró a Malambruno  para que enviase a Clavileño y Sancho decidió acompañar a don Quijote a donde fuere preciso para librarlas de las barbas que las atormentaban.



Comentario



Ciertos aspectos relevantes del contexto histórico son significativos para explicar el cuento de La Dolorida. El Concilio de Trento, terminado en 1563, dictó unas normas de obligado cumplimento para la Iglesia Católica, que en España, se impusieron eficazmente por obra de la Inquisición. La moral de los católicos se debía ajustar a los aspectos del Catecismo del Concilio. En lo que se refiere al matrimonio, les decía el Concilio a los párrocos, cómo se debe explicar la castidad conyugal: “Debiendo ser el principal cuidado de los Pastores que la vida del pueblo cristiano sea santa y perfecta, habían de querer en gran manera lo que escribía el Apóstol a los Corintios, que deseaba él por estas palabras Quiero que todos vosotros estéis como yo mismo. Esto es, que todos siguiesen la virtud de la continencia”.  La felicidad se consigue “serenando y reprimiendo todo el bullicio de la carne”. (Catecismo de Trento)

Lo anterior era la doctrina que los párrocos estaban obligados a explicar. Parece completamente lógico que el arte de la época tenía que ser coherente con los dictámenes de la Iglesia. De aquí se infiere el castigo que, por causa de la lascivia cae en los jóvenes, transformándolos en una jimia a ella y en un cocodrilo a él.

El punto de vista anterior lo utiliza Casalduero para explicar este y otros capítulos.

En lo que se refiere a aspectos de la sociedad de la época, hay que destacar los dos tipos de dueñas o celestinas que hay en el capítulo: a) “La Trifaldi, servidora de reyes, es de un nivel superior, representa el arte sensual y lascivo, el arte anterior a Trento, que, en lugar de elevar el alma, la rebaja y envilece..”; b) Las celestinas de bajo nivel: “hay en Candaya mujeres que andan de casa en casa a quitar el vello y a pulir las cejas y a hacer otros mejunjes tocantes a mujeres”.

Las dos anteriores, según Casalduero, simbolizan dos maneras del arte: el superior, representado por la Dolorida y el inferior, por las celestinas de la calle. Trento resaltó el respeto a la persona; la misericordia que se debe tener con los demás. Está representada en las palabras de la dueña doña Rodríguez: “Dios sabe la verdad de todo…también nos parió nuestras madres como a las otras mujeres; y pues Dios nos echó en el mundo, Él sabe para qué, y a su misericordia me atengo”.

Otro análisis de este capítulo se puede realizar mirándolo desde los aspectos cómicos con que se expresan los personajes. Cuando Sancho maldice a Malambruno porque ha castigado con las barbas a humildes dueñas que carecen de dinero para arreglarse, contesta una de las barbadas que no se quieren poner en manos de las “mujeres que andan de casa en casa a quitar el vello”, porque “nosotras las dueñas de mi señora por jamás quisimos admitirlas, porque las más oliscan a terceras, habiendo dejado de ser primas”. Martín de Riquer, explica el juego de palabras entre terceras y primas: “han dejado de ser la persona primera (primas) en unos amores y han pasado a ser la tercera” .

También es de destacar el énfasis con que se expresa don Quijote para decirles a las barbudas lo que es capaz de hacer por ellas: “Yo me pelaría las mías …en tierra de moros” , es decir, iría allí a tirarme de los pelos. Ya Clemencín  destacó que “muchos moros se dejan crecer las barbas, y dan por razón que rapar la barba es de ganapanes y bellacos”.  


martes, 10 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XXXIX. LA DOLORIDA CONCLUYE SU HISTORIA




Las palabras de Sancho le caían bien a la duquesa, pero don Quijote temió que se excediera y le mandó que se callara. La Dolorida continuó contando su desgracia: debido a que  la princesa Antonomasia se mantenía en lo que le había prometido a Clavijo, el vicario,  de acuerdo con la ley, se vio obligado a casarlos. Cuando esto se produjo, tanto disgusto le causó a la reina Maguncia que a los tres días se murió. Sancho, interrumpió el discurso de la Trifaldi y dijo que se sorprendía de que le hubiese afectado tanto a la reina, pues según él, “con la vida muchas cosas se remedian” y además, no debería habérselo tomado tan mal, ya que Clavijo, no era ningún criado de la casa, sino un caballero gentilhombre y, como decía su amo, “así como se hacen de los hombres letrados los obispos, se pueden hacer de los caballeros, y más si son andantes, los reyes y los emperadores”.

Don Quijote le dio la razón a Sancho sobre la importancia de los caballeros andantes y sospechó que el final de la historia no fuera bueno.

La Dolorida, después de citar un verso de la Eneida,  prosiguió diciendo que cuando apenas fue cubierta de tierra la sepultura de la reina, se presentó sobre un caballo de madera su primo hermano, el malvado gigante y encantador Malambruno. Para vengar a su prima castigó la osadía de Clavijo y la demasía de Antonomasia:  los encantó allí mismo, transformándolos en una jimia de bronce, a ella  y a él en un espantoso cocodrilo de metal. Además,  puso entre los dos una lápida con esta inscripción: “No cobrarán su primera forma estos dos atrevidos amantes hasta que el valeroso manchego venga conmigo a las manos en singular batalla…”A continuación sacó su alfanje y cogiéndola por los cabellos le hizo ademán de cortarle el cuello. La salvó las súplicas que le hizo,  pero no satisfecho, llamó a todas las dueñas del palacio y les dijo que las castigaba “con una muerte civil y continua”: todas las dueñas se descubrieron la caras y mostraron las barbas que les habían crecido: unas rubias, otras blancas, otras negras, otras abigarradas.

La Trifaldi continuó lamentándose de las desgracias que llevaban, diciendo que si ya las dueñas, estando bien y arreglándose, no tienen quien la quiera, ¿cómo lo conseguirá, si tienen barbas?





Comentario.

Entre las interpretaciones que la crítica cervantina ha dado a la historia de la Dolorida, destaco tres:
a)      La del profesor Casalduero. Interpreta el grupo escultórico que crea Cervantes encima de la tumba de la reina, como una recreación de la Humanidad, caída por la tiranía de sus bajas pasiones: no olvidemos que la princesa Antomomasia se deja llevar por sus instintos ante la lascivia de Clavijo. Será la pureza y castidad de don Quijote, según reza en el padrón de metal que hay en la tumba, el que los ha de devolver a su estado primero.

b)      R. Fernández y A. Rodríguez, en la NRFH, comentan el texto de la Dolorida, desde las consecuencias morales de aquellos actos humanos contrarios a la castidad. La estructura así lo justifica: a) la “narradora”, actúa con un enfoque de celestina ; b) Antonomasia es “la estopa que con consecuencias trágicas prende fuego inevitablemente en contacto con el fuego que es Clavijo”; c) éste es el término masculinizado de “clavija”, con el sentido de “trozo cilíndrico que se usa para tapar un agujero”, cuya onomástica reflejaría el impulso sexual del joven. Los impedimentos de tipo político conducen a la trágica muerte de la reina-madre; d) la aparición justiciera de Malambruno conlleva el encantamiento de la pareja desquiciada. e) "En todo el relato que llega hasta el público lector, hay una intención de moralidad que, a pesar de la capa de comicidad que todo lo tiñe, pretende una aleccionadora derivación ética de una determinada serie de experiencias humanas".

c)       Estos mismos autores estudian la transformación zoomórfica de los protagonistas, convertidos, por obra de Malambruno, ella en jimia y él en cocodrilo. Llegan a la conclusión de que dicho cambio podría estar apoyado en los bestiarios medievales, cuya simbolización sería la de lujuria, por parte de la jimia y la de hipocresía, por el cocodrilo.

d)      Ángel Rosemblat, en La lengua del Quijote, interpreta el verso de la Eneida que dice la dueña Dolorida: “¿quién oyendo esto contendrá las lágrimas?”, como “un elemento más de la divertida tramoya que arma el mayordomo de los duques para divertir a todos a costa de don Quijote…se debe a puro juego cómico que el mayordomo que hace de dueña Dolorida prorrumpa, por medio de su bufonesco relato, con estos latines de la Eneida”.

Una vez más, en el texto cervantino, vemos aletear, dentro del marco cómico y burlesco, una perspectiva moral, ahormada en secuencias que, como guías de conducta,  nos recuerdan la Celestina, a la que Cervantes calificó como  "un libro divino si encubriera más lo humano"


jueves, 5 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XXXVIII. LA ESPERPÉNTICA HISTORIA DE LA DUEÑA DOLORIDA







Después de las tristes músicas aparecieron por el jardín, en procesión doce dueñas repartidas en dos hileras de seis; vestían con tocas blancas y los rostros cubiertos por velos negros. En medio de ellas venía la condesa Trifaldi dándole la mano al escudero Trifaldín de la Blanca Barba. El vestido de la Trifaldi, llevado por tres pajes, vestidos de luto,  terminaba en tres puntas. Por esta razón, la llamaban la condesa de las tres faldas o Trifaldi, también conocida como condesa Lobuna o Zorruna, por criarse en su condado lobos y zorras.

Se acercó la comitiva a donde estaban los duques,  don Quijote y Sancho. Los primeros salieron a recibir a la Trifaldi; cuando llegó se puso de rodillas y, dirigiéndose a ellos, preguntó por el “acendradísimo caballero don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo Panza”. Este último contestó con los mismos superlativos,  diciéndole  que la “dolorísima dueñísima” pidiese lo que considerase; pues el mismísimo “don Quijotísimo” y él se convertían en sus “servidorísimos”. Se presentó don Quijote y le dijo que se ponía a su servicio, pues su ocupación consistía en ayudar a los necesitados. Se arrojó a los pies de don Quijote, enalteciendo su persona y manifestándole que de él dependía el remedio a su desgracia. También le pidió a Sancho que intercediera por ella ante su dueño.

Los duques se reían de la buena actuación de la Trifaldi.

A continuación la dueña Dolorida contó cuál era su preocupación. Según ella, en el famoso reino de Cendaya, vivía la infanta Antonomasia, heredera del trono e hija de la reina Maguncia, viuda del rey Archipiella; esta princesa estuvo a su cuidado desde muy pequeña. Cuando llegó a la edad de catorce años, se hizo una hermosa mujer, admirada y solicitada por príncipes nacionales y extranjeros.  Quiso la fortuna que un galante joven de la corte, llamado Clavijo,  famoso por saber tocar la guitarra, componer versos y hacer jaulas de pájaros se enamorara de ella. No la hubiera conseguido si no hubiese sido por su mediación como dueña, pues con requiebros, pequeños regalos y canciones, logró que le abriera las puertas de la alcoba de la princesa. Se lamentó de su simplicidad y de la locura que cometió. Fruto de la misma fue el embarazo de Antonomasia. Se arrepintió de ello, prometiéndose que en todos los negocios de esta tipo en los que interviniera iría por delante el matrimonio. Éste se consiguió en este caso, pero con gran desacierto por el diferente linaje que entre uno y otro había. El astuto Clavijo consiguió un documento firmado por la princesa, e intervenido por la dueña, en el que se asumía ser su esposa en el caso de quedar embarazada. Como esto se produjo, pidió por esposa a Antonomasia, ante el vicario. Comprobado por éste el documento y confesado por la princesa, la mandó depositar en casa de un alguacil de corte muy honrado. Sancho intervino para decir que de lo que había oído se podía deducir que “todo el mundo es uno” (Los problemas que conllevan las dueñas son comunes en todos sitios).



Comentario

La idea de que  “Cervantes creía firmemente que la literatura tenía que ser didáctica, que no solamente tenía que entretener y producir un placer estético, sino que también tenía que educar” (D. Eisenberg), se muestra también en este capítulo en el que prosigue la farsa en el palacio de los duques.

En esta escena trágico -cómica la Dueña Dolorida cuenta una historia celestinesca, impropia de su categoría. En su discurso se manifiesta arrepentida por haber utilizado los sentidos para atacar la pureza de la infanta Antonomasia( Casalduero). Las dueñas, como quedó demostrado en el capítulo anterior, estaban muy mal vistas por los moralistas y la sociedad general de la época. Había toda clase de dueñas, de nivel inferior y superior. Las de este nivel son descritas por Covarrubias en el Tesoro de la Lengua como “…en palacio llaman dueñas de honor a personas principales que han enviudado, y las reinas y las princesas las tienen cerca de sus personas en sus palacios” .  Pues bien, contra éstas también arremete Cervantes en esta escena satírico burlesca:

a)      Doce dueñas, repartidas en dos hileras con tocas y monjiles blancos de delgado canequí, con el rostro cubierto “con unos velos negros y no transparentes”

b)      Se ridiculiza la presentación de La Dolorida, percibiéndose claramente el efecto cómico de la misma: Tras ellas venía la condesa Trifaldi, “vestida de finísima y negra bayeta negra sin frisar (sin alisar), que si estuviera alisada, descubriría un grano tan grande como un garbanzo “de los buenos de Martos” (Martos es un pueblo de la provincia de Jaén).  Trae el rostro cubierto;

c)       Tres pajes, que sostenían tres faldas (“trifaldi”);

d)      La condesa espeta un discurso en el que con ánimo de literaturizar su habla, muestra su vehemencia mediante el uso de superlativos, tanto para adjetivos como para sustantivos: “acendradísimo”,“Manchísima”, “escuderísimo”. Con el mismo propósito burlón los utiliza Sancho: “Quijotísimo”, “dolorísima”. No olvidemos que Sancho sabe que su habla le cae muy bien a la duquesa, por lo que procura intensificar la comicidad en la respuesta.

En el arrepentimiento de la Dolorida, encontramos una de las ideas que Cervantes destaca en la obra: las relaciones entre los hombres y las mujeres, cuando están basadas en el amor se dirigen al matrimonio, como muy bien demuestra D. Eisenberg en “La interpretación cervantina del Quijote”. Después de contarnos cómo por intermediación de ella, Clavijo se acostó con Antonomasia, exclama: ¡No, no, eso no: el matrimonio ha de ir adelante en cualquier negocio de éstos que por mí se tratare!

Cervantes nos vuelve a manifestar el sentido educador del libro, a través de este formidable acicate de la presentación y el discurso esperpéntico de la Trifaldi   



    

domingo, 1 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE.CAPÍTULO XXXVII. COLOQUIO SOBRE LAS DUEÑAS



Estaban contentos los duques porque todas las burlas estaban saliendo como estaba previsto. Sancho recelaba de la presencia de dueñas porque, como decía un boticario de Toledo, no traían nada bueno; si además de enfadosas e impertinentes, eran doloridas como la condesa “Tres Faldas o Tres Colas”, tanto peor.  Don Quijote le corrigió, argumentándole que ésta era diferente, pues era condesa que servía de dueña a alguna reina o emperatriz, por lo tanto, tendrá otra dueña que le sirva a ella y, además, venía de tierras lejanas.

 Doña Rodríguez, que estaba en la conversación, le advirtió a Sancho que no hablara mal de  las dueñas, porque si ellas pudieran serían condesas, pero al final se impone el refrán: “allá van leyes do quieren reyes” (Los poderosos acomodan las leyes a sus intereses).  Le avisa también que tenga cuidado y no le vaya a ocurrir como dice el refrán: “quien a nosotras trasquiló, las tijeras le quedaron en la mano” (Quien ha perjudicado a alguien, puede causar daños a otros). Sancho se daba cuenta de que empezar a volver a discutir con doña Rodríguez no le interesaba, y contestó: “será mejor no menear el arroz, aunque se pegue” (Es preferible dejar de hablar de un asunto porque traería peores consecuencias seguir hablándolo). Doña Rodríguez, siguió defendiendo su profesión, argumentando que los escuderos las envidiaban, sin embargo era difícil encontrar una dueña que no tuviera alguna virtud. Apoyó la duquesa a doña Rodríguez, diciéndole que tendría tiempo de demostrarles a todos, y especialmente a Sancho,  lo equivocado que estaba el boticario. Sancho contestó que lo suyo era el gobierno y que el asunto de las dueñas no le importaba.

Se detuvo el coloquio dueñesco cuando oyeron el pífano y los tambores anunciando la llegada de la dueña Dolorida. Le comentó la duquesa al duque la conveniencia o no de salir a recibirla. Sancho se adelantó y contestó que estaría bien recibirla por lo de condesa, pero no por lo de dueña. Le increpó don Quijote por entrometerse en la conversación a lo cual contestó que se metía en las cosas de cortesanía porque en tales cosas,, “tanto se pierde por carta de más como por carta de menos” (Es conveniente dar a cada uno el tratamiento que le corresponde) y “ a buen entendedor pocas palabras bastan” (La persona inteligente comprende fácilmente lo que se le quiere decir). Apoyó el duque las palabras de Sancho, argumentando que verían a la condesa y por el aspecto sacarían la atención o el respeto que le darían.



Comentario

El tema del capítulo es el coloquio dueñesco entre Sancho y doña Rodríguez., convertido en una sátira sobre las dueñas.  Recordemos que no era la primera vez en que se enfrentaban los dos por esta cuestión.

Las dueñas en la literatura de la época eran definidas por sus chismorreos y habladurías. Cervantes, en El celoso extremeño, nos dice: “Oh, dueñas, nacidas y criadas en el mundo para perdición de mil recatados y buenas intenciones”.  También Quevedo, en Epitafio a una dueña, que también puede ser de todas”, la acusa de: “Más necia y presumida que un dichoso,/ más amiga de pícaros que el coso,/más engañosa que el primer manzano; / más que un coche alcahueta/…

Las viudas, que estaban desamparadas, frecuentemente ejercían de celestinas. Los moralistas y la sociedad en general de la época, las trataban de mantener bajo alguna vigilancia.

En el coloquio, tanto Sancho como doña Rodríguez, hablan de la servidumbre que ejercen las dueñas; don Quijote confunde a estas dueñas con las menesterosas de los libros de caballerías. Este es el humor que se establece en la sátira.

A Sancho, no le interesa seguir por el camino del enfrentamiento. Su interés es el de conseguir el gobierno, de ahí el refrán: “será mejor no menear el arroz, aunque se pegue”