lunes, 14 de marzo de 2011

CAPÍTULO IX. LOS CARTAPACIOS DE TOLEDO Y LA BATALLA DEL VIZCAÍNO


Nos dice el narrador que se quedó muy intrigado por saber lo que le ocurriría a don Quijote en su pelea con el vizcaíno, pues estaban los dos muy encolerizados. Sospechaba que tan importante historia debía de tener su historiador.  Buscaba ansiosamente información sobre la historia de don Quijote y la halló en el Alcaná (o calle de los mercaderes) de Toledo. Había allí un joven con unos cartapacios que contenían unos papeles que se referían a don Quijote. El título de uno de ellos era Historia de don Quijote de la Mancha, escrito por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Los compró todos. Estaban escritos en árabe. Le dijo a un morisco que hablaba castellano que los tradujese. Le pagó con  dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo. Como tenía interés por saber lo que pasaba, llevó al morisco a su casa y en un mes y medio los tradujo.
En uno de los papeles estaba pintada la batalla entre el vizcaíno y don Quijote. El vizcaíno estaba sobre su mula y debajo estaba escrito “Don Sancho de Azpeitia”. Don Quijote estaba subido sobre Rocinante y debajo ponía “Don Quijote”. Junto a él estaba Sancho Panza y tenía cogido el cabestro de su asno; debajo ponía Sancho Zancas.
El autor de la historia era árabe, los cuales tienen fama de mentirosos. El de ésta es probable que pusiera algo de menos que demás, sin embargo “los historiadores deben ser puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”.
La segunda parte de la historia nos cuenta el bravo enfrentamiento entre don Quijote y el vizcaíno. El vizcaíno se lanzó sobre don Quijote y le descargó un fuerte golpe con la espada; tuvo suerte don Quijote porque no le acertó de lleno y logró escapar con solo una herida en la oreja. Cayó, se levantó y se subió sobre Rocinante. Cogió la espada con las dos manos; se lanzó sobre el vizcaíno, que se protegía con la almohada, pero le dio tal golpe que empezó a echar sangre por la boca, narices y oídos;  después cayó de la mula. Don Quijote se acercó al vizcaíno, le puso la espada entre lo ojos y le conminó a que se rindiese so pena de perder la vida. Intervinieron las señoras que iban en el coche para que se la perdonara, contestando don Quijote que así lo haría con la condición de que se presentara ante Dulcinea y se pusiese a su disposición. Las señoras, por librarse de aquel loco furioso, le prometieron que así lo

Comentario
El arte de la ficción cervantina aparece muy bien reflejado en este capítulo. Por lo que se demuestra en el texto,  hay un autor de los primeros ocho capítulos, que deja la historia sin terminar; también hay un autor árabe, Cide Hamete, según lo que está escrito en los cartapacios que el autor editor encuentra en el Alcaná de Toledo; un moro aljamiado que los traduce al castellano y, por último un autor editor, exacto alarife del libro, Cervantes,  que posteriormente nos lo cuenta. Este editor, como sabe que el autor árabe es poco amigo de la verdad y no lo dijo todo sobre don Quijote,  nos hace unas reflexiones sobre la historia en las que se atisba la racionalidad cervantina.

Vicente de los Ríos, que en su Análisis del Quijote, compara a Cervantes con Homero, nos dice que “La diferencia entre las fábulas heroicas y las burlescas está, entre otros hechos en la invocación, que se da en las primeras y no en las segundas…Cervantes conmutó la invocación a las musas, como hizo Homero, por la invocación al recurso a Cide Hamete Benengeli, quien como árabe y manchego debía saber por menor las particularidades de la locura de Don Quijote, que hace verosímil la fábula, y al mismo tiempo indica el origen de nuestras materias caballerescas”.
En el combate con el vizcaíno se vuelve a encontrar uno de los muchos engaños que a la razón cometen los personajes. Este se enfrenta a don Quijote sin percibir que estaba loco. Tiene que ocurrir la lucha para que los que iban en el coche engañen a don Quijote y acepten realizar lo que él desea. El no asumir pronto la verdad de la locura les ha traído estos problemas. 

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