martes, 31 de mayo de 2011

CAPÍTULO XLII. LLEGADA DEL OIDOR Y ENCUENTRO CON SU HERMANO, EL CAPITÁN PÉREZ DE VIEDMA

Una vez terminó el cautivo de contar su historia fue alabado por todos, pero especialmente por don Fernando, que se ofreció a llevarlo a su tierra, pedirle a su hermano que actuase de padrino de Zoraida y darles cabida entre sus gentes, pero él rehusó cortésmente tales ofrecimientos.

Había entrado ya la noche cuando llegó a la venta un coche con algunos  hombres a caballo. Pidieron alojamiento y la ventera les dijo que no había. Le comunicaron que se trataba de un oidor -(“juez de los supremos en las chancillerías o consejos del rey, dichos así porque oyen las causas y lo que cada una de las partes alega”. Covarrubias)-  que se dirigía a las Indias, a la Audiencia de México. Cuando esto escucharon, se turbaron un poco y la ventera le ofreció la estancia que ella y su marido compartían. Se bajó del coche el oidor, acompañado de su hija, de unos dieciséis años, se llamaba Clara y encandilaba su belleza.

También le dio la bienvenida don Quijote a “aquel mal acomodado castillo”, con ceremoniosas palabras; elogió la belleza de su hija y consideró que aunque el castillo era pequeño, siempre habría un lugar para las armas y las letras. Quedó confuso el oidor cuando vio su figura y oyó las razones de don Quijote. Los otros personajes también lo saludaros cortésmente. El comprendió que estaba con gente principal. A la hija se le ofreció, junto con las mujeres, un camaranchón; el oidor, con su cama, dormiría en el aposento del ventero.

El cautivo, de inmediato, tuvo la corazonada de que aquel era su hermano. Se informó por uno de los criados que acompañaban al oidor, que se llamaba licenciado Juan Pérez de Viedma y que se dirigía a la Audiencia de México.  Esto le confirmó lo que sospechaba: era su hermano. Se lo comunicó a los que estaban en la venta y se preguntaba si lo recibiría o se afrentaría al verlo pobre. Deseaba darse a conocer con prudencia y delicadeza

Se ofreció el cura a introducir al Cautivo, asegurándole que el parecer que le había dado su hermano era el de una persona “que sabe entender los vaivenes de la fortuna”. Estaba preparada la mesa para cenar; todos estaban sentados excepto el Cautivo que se encontraba cenando con las señoras en su aposento. Tomó la palabra el cura para decirle que en Constantinopla, donde estuvo, conoció a un bravo capitán con sus mismos apellidos, por nombre Ruy Pérez de Viedma. A continuación contó la historia de su origen, los consejos que el padre dio a sus hijos, su entrada en el ejército, su rescate por Zoraida y el ataque de los franceses cuando regresaron a España.

Cuando oyó lo anterior, con lágrimas en los ojos, intervino el oidor para decir que la persona a la que se había referido era su hermano. Su tercer hermano estaba en el Perú. Era una persona muy rica y había enviado mucho dinero, tanto a su padre como a él. Su padre no se quería morir sin ver al hijo. Él estaba dispuesto a ir adonde estuviera cautivo a rescatarlo.

Oído lo anterior, se levantó de la mesa el cura; se dirigió a la habitación en la que estaban las señoras y el Cautivo. Cogió a Zoraida de una mano y al Cautivo de otra y dirigiéndose al oidor le dijo que aquí estaban su cuñada y su hermano, el capitán Ruy Pérez de Viedma. Las emociones no se podían describir. Acordaron los dos hermanos Pérez de Viedma pedirle a su padre que viniera a Sevilla al casamiento del hijo y al bautismo de Zoraida. El oidor partía para México sin que pudiera demorar su viaje.

Don Quijote oyó en silencio todas intervenciones; consideraba que estos extraños sucesos eran obra de encantadores. Se ofreció a hacer la guardia de castillo para proteger a tanta belleza como allí había. Era ya noche avanzada y todos se retiraron a descansar. Durante la madrugada se oyó la voz de un mozo que cantaba bella y emocionadamente. Dorotea, que dormía acompañada de Clara de Viedma, se despertó y junto con Cardenio, se dispuso a oír lo que la canción decía.

Los que no tenían dinero para comprar señoríos como en el caso anterior y querían subir peldaños sociales, tenían que hacerlo siguiendo el refrán que vimos en capítulos anetriores: “Iglesia, Mar o Casa Real”. El ascenso más fácil, nos dice Domínguez Ortiz, era por cauces eclesiásticos, pues la Iglesia admitía a todos y en ella podían hacer magníficas carreras.  Con el segundo término se solía aludir o bien a los que se dedicaban al comercio marítimo, como a los armadores de buques mercantes. Recordemos que el hermano menor se encuentra en el Perú, es muy rico y ha enviado mucho dinero, tanto al oidor como a su padre.   



Comentario  

Conviene realizar algunas precisiones sociales para mejor entender este y otros capítulos. Domínguez Ortiz escribió un iluminador artículo para la edición de El Quijote que preparó Francisco Rico. Lo titula La España del Quijote. Cuando se refiere a las clases sociales sostiene que en la época en que Cervantes vivió, la de Felipe II, una nueva clase social pretende asentarse en el poder. “Se trata de aquellos que sin tener privilegios reales, tienen una situación real de privilegios; eran los poderosos, las personas principales, los nuevos ricos. La Corona favoreció indirectamente la ambición de esta clase con la venta de cargos”.  Nos dice el narrador: “En resolución, bien echó de ver el oidor que era gente principal toda la que allí estaba, pero el talle, visaje y la apostura de don Quijote le desatinaba”. Recordemos que en la venta se encontraban don Fernando, Cardenio, Dorotea, Luscinda, don Quijote y El Cautivo.

Respecto al refrán que enmarca la salida de los tres hermanos Viedma de León y que vimos en capítulos anteriores: “Iglesia, Mar o Casa Real”, explica lo que tenían que hacer aquellos que no tenían dinero para comprar señoríos y querían subir peldaños en la escala social por medios más honrosos que los que habían utilizado las “gentes principales” o “nuevos ricos”.  El ascenso por cauces eclesiásticos era el más fácil porque la Iglesia admitía a todos y en ella podían hacer carreras magníficas. El segundo término, mar era ambiguo, nos dice Domínguez Ortiz, pues con él se incluía el comercio marítimo especialmente a las Indias, así como a los armadores de buques mercantes o de guerra. Recordemos que el hermano menor está en el Perú, es rico y manda mucho dinero a su padre y a él.  El tercer término Casa Real  comprendía: a) los que se dedicaban a oficios palatinos: el Mayordomo mayor; b) Los que ejercían altas funciones: secretarios, magistrados, consejeros. Es el espacio en el que se sitúa el Oidor.

En este capítulo vuelve don Quijote a hacer alusión a las armas y las letras. “La contienda entre unas y otras era ya un tema clásico; ya Quintiliano, entre los ejercicios que proponía a sus alumnos incluía éste. ¿ A quién se debe conceder preeminencia, a los juristas o a los militares? Las letras eran los estudios superiores universitarios, centrados en el conocimiento del Derecho, especialmente el Canónigo y el Civil. El primero abría las puertas a las prelacías; el segundo, a las Magistraturas, los Tribunales, los Consejos, el Gobierno de la Monarquía. En teoría, las armas disponían de más premios que las letras. En la práctica, la alta burocracia cobraba puntualmente sus sueldos”

María Eugenia Meyor escribe en Anales Cervantinos: Don Quijote y el oidor de México: desencuentro de caballeros. En el artículo se analiza la representación de este personaje que iba designado a la Audiencia de México, que canta Bernardo de Balbuena en 1604:

Una audiencia real, espada y freno

De la virtud y el vicio, claustro santo,

Si es santo lo que sumamente es bueno.

Sostiene la autora que el sentido del relato de los Viedma, en cuanto a su significación final, es americano. El componente magrebí, según ella, representa una etapa intermedia. “Por medio del contraste entre caballeros se desprende  ante el público de la venta y ante el lector el cambio surgido ante el imperio hispano: de África y el mar Mediterráneo a la América transoceánica: del medioevo a la modernidad; de la empresa religiosa y guerrera a la comercial y política; del caballero peninsular, epítome de la acción, al caballero indiano y escribano”.

Sigue sosteniendo la autora que está muy presente el componente autobiográfico en el relato. Después de Lepanto, trató Cervantes de pasar a las Indias; escribió dos memoriales dirigidos a Antonio de Eraso, Secretario del Consejo de Indias, además de una Información sobre Argel, en 1580. No lo consiguió, y estas experiencias las narrativizó en estos episodios.

Una vez más, Cervantes saca de su bitácora personal experiencias con las que el Quijote se abre a los lectores hispanos de ambas orillas del Atlántico.




viernes, 27 de mayo de 2011

CAPÍTULO XLI. TERMINA LA HISTORIA DEL CAUTIVO

 
 

Continuó el cautivo contando su historia, diciendo que su compañero renegado había comprado una barca capaz para treinta personas. Había realizado, el renegado, algunos viajes como mercader, para aparentar dicho oficio. Había fondeado  varias veces en una caleta cercana al jardín de Zoraida y hablado con su padre, para pedirle fruta;  no así con Zoraida, pues las moras no se dejan ver de ningún moro ni turco, si no es que su marido o su padre se lo manden. Dado que él ya había sido rescatado le dijo el renegado que dispusiese lo necesario para salir un viernes para España. Contrató el cautivo a doce españoles como remeros. Los acompañarían tres compañeros de la prisión, también rescatados. Dio instrucciones para que estuvieran todos, ese viernes, por los alrededores de la casa de Zoraida. Allí se presentó él; a quien primero vio fue al padre de Zoraida. Éste le preguntó en una lengua franca que allí se habla que quién era. Le respondió que era esclavo de Arnaute Mamí y que buscaba hierbas para hacer ensaladas. En ese momento salió Zoraida. Iba cargada de alhajas, desde los pies a la cabeza. Se encontró ante una diosa y eso que la ocasión era difícil, porque ya se sabe que la hermosura de alguna mujeres tiene días y sazones y requiere accidentes para disminuirse o acrecentarse, y es cosa que las pasiones del ánimo la levanten o abajen, puesto que las más veces la destruyen.”

Le dijo a Zoraida, en la lengua franca que se habla en Berbería, mezcla de todas lenguas, que ha sido rescatado por mil quinientos zoltanís. Mantienen una conversación sobre la fecha de salida para España, convenciéndole ella delante de su padre, de que es mejor que parta en un bajel español que en uno francés. Le pregunta ella que si está casado, contestándole que está enamorado de una mujer que se parece mucho a ella. En esta conversación, unos criados avisaron al padre de Zoraida que unos turcos habían entrado en la casa. El padre se marchó; le pidió a su hija que se retirase; cuando lo iba a hacer, se acercó al cautivo y le echó las manos por el cuello. Cuando el padre regresó los vio cómo iban; ella disimuló que estaba mareada. Le dijo al cautivo que se marchara; el padre reconoció cómo había ayudado a su hija y le ofreció su casa para que viniera cuando quisiera.

Zoraida se marchó con pesar y él recorrió toda la fortaleza que rodea el jardín de la casa. Puso en aviso a los cristianos remeros que saldrían al día siguiente, sábado. El renegado se encargó de reducir a los marinos moros que la barca llevaba. Se desplazaron unos cuantos a la casa de Zoraida, pronto entraron porque la puerta estaba entreabierta. Al oírlos entrar, Zoraida bajó, trayéndose un cofre lleno de monedas de oro; su padre dormía y con el ruido se despertó. Se vieron obligados a llevárselo atado y con la boca tapada. Pronto advirtió el padre que Zoraida, reclinada en el pecho del cautivo, estaba con ellos. Se dirigieron a Mallorca, por ser la ciudad cristiana más cercana. El viento les obligó a cambiar el rumbo. El renegado trató de tranquilizar a los moros y a Agi Morato, diciéndoles que los pondrían en libertad tan pronto como llegaran a tierras cristianas. El Padre de Zoraida no salía de su asombro. Se interrogó por la situación que ella tenía. El renegado le contestó diciendo que por Zoraida, nueva cristiana, están allí; ella ha roto las cadenas de la esclavitud que tenían los cristianos. La hija se disculpó diciendo que Lela Marie –la Virgen María-, se lo pidió.

Oído lo anterior, el padre se arrojó al agua con intención de suicidarse. Fue salvado por los marineros. Empezó de inmediato a maldecir a la hija; una vez hubo amanecido, llegaron a una pequeña cala desierta y pusieron en libertad al padre y a los moros. El primero continuó maldiciendo a su hija; posteriormente le pidió que no lo abandonara. Le preguntó que por qué lo había hecho. Ella manifestó su constancia de bautizarse y hacerse cristiana.

Se quedó su padre en tierra. Continuaron y al amanecer divisaron tierras españolas, pero como pocas o nunca viene el bien puro y sencillo, sin ser acompañado de algún mal que le turbe o sobresalte”, fueron abordados, en la oscuridad de la noche, por unos corsarios franceses; les hundieron la barca y les robaron las pertenencias, a excepción de cuarenta escudos que el capitán francés quiso regalar a Zoraida. Los pusieron en libertad en las costas españolas. Cuando llegaron, después de besar emocionados el suelo patrio, se dirigieron hacia el interior;  oyeron el sonido de una pequeña esquila, pronto apareció el pastor, que al verlos vestidos con ropa de moros a Zoraida y al renegado, rápidamente salió a dar aviso al pueblo.

Siguieron al pastor, previamente el renegado se quitó las ropas de moro. Llegaron varios jinetes a caballo, encargados de la vigilancia de las costas.  Uno de los que iban reconoció a un tío suyo. Habían llegado a Vélez Málaga. Les atendieron muy bien. Después de seis días en la ciudad, el renegado se fue a arreglar sus papeles a La Santa Inquisición, a Granada. Los cristianos quedaron en libertad. Él compró, con lo cuarenta ducados que el corsario francés le dio a Zoraida, un caballo en el que viajaban, dirigiéndose a León donde creía que podría estar su familia, si ya no habían muerto.



Comentario

Dentro de los estudios que se han realizado sobre la novela del Cautivo, son de destacar los de Francisco Márquez Villanueva, especialmente, su nuevo libro: Moros, moriscos y turcos en Cervantes. Ensayos críticos. Entre otros temas analiza el personaje de Zoraida a la luz del folklore. Su lectura se opone al supuesto idealismo de esta historia. Afirma el autor que este episodio ni es autobiográfico ni ejemplar, siendo Zoraida el prototipo de una mujer liberal que realiza por interés su matrimonio con el cautivo. El de Francisco Ayala, La invención del Quijote, y el de Martín de Riquer, en la edición de la Ed. Planeta, con dibujos de Mingote, del cual he tomado el que aparece en el capítulo 40. Un estudio y otro leen esta novela en clave histórica, pues están expuestas muchas vivencias del propio Cervantes cuando estuvo en Argel. Algunos datos extraídos de la novela sirven para fecharla, el que hace referencia en el capítulo 39; cuando el Cautivo cuenta su vida,  alude al rey Felipe II, como viviente: “don Juan de Austria, hermano natural de nuestro buen rey don Felipe”. El Quijote se publicó en 1605, reinando Felipe III. El cautivo se refiere a él mismo cuando dice “Este hará veintidós años que salí de casa de mi padre”.  Si el punto de referencia de la aventura es la llegada del Duque de Alba a Flandes en 1567 y han pasado 22 años, la escena se situará exactamente en 1589.” (Ayala).  Martín de Riquer realiza más precisiones históricas: “Hay estrecha relación entre la vida del Cautivo y la comedia de Cervantes Los baños de Argel, de asunto muy similar. La mayoría de los personajes que aparecen en estas dos versiones son históricos y están fielmente retratados. La hermosa protagonista se llamó en realidad Zahara, “bella”…era hija del renegado Hajji Murad (Agi Murato)…Zahara-Zoraida casó en 1574 con Abad al Malik, hombre muy afecto a los cristianos y a sus costumbres”.

Ayala, en el estudio antes referido, lee la novela, como la experiencia vivida por Cervantes en su juventud. Para ello parte de la premisa de que el Quijote es el fruto de la madurez, de una época, la de Felipe III, de desengaño y de frustración: “el Quijote expresa la desilusión vital de su autor”. Los vaivenes de don Quijote y Sancho, vendrían a reflejar ese desencanto. Frente a él se sitúa el protagonista de esta novela, veintidós años antes,  en la época de Felipe II. Después de haberse repartido la herencia de sus padres, equivalente a lo que hoy serían 6000 euros, se enrola en la marina real. Con una enorme impavidez ante el riesgo, nos va contando los peligros y las atrocidades de los prisioneros de guerra. Algo que lamentablemente iremos viendo también en nuestro tiempo. Asistimos al conflicto de Zoraida con la misma grandeza como si se tratara de una tragedia griega: “Sacrifica sus sentimientos de piedad y amor filial, tan intensos como son, frente a un deber más alto: se debe a la eterna verdad de la religión, que le ha sido dada a conocer. Deja su casa y huye a España con los cristianos, mientras el padre infeliz maldice y suplica desde la “desierta arena”” ( Ayala).
El cervantista Juan Goytisolo se ocupa en el artículo  Cervantes, Argel y la lingua franca, del lenguaje de esta Berbería, del cual dice el cautivo, refiriéndose al padre de Zoraida: "Me dijo en lengua que en toda Berbería y aun en Constantinopla se halla entre cautivos y moros, que ni es morisca ni castellana ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas con la cual todos nos entendemos". Sostiene el autor que "al igual de los tuits de hoy servía de esperanto pragmático para todos los miembros de aquel vasto crisol de identidades mutantes". Agradece a la historiadora francesa Jacqueline Dakhlia su gran primor en el análisis de dicha lengua en Histoire d´une langue métisse en Mediterranée.

Vargas Llosa lee  el Quijote como una novela de Hombres libres. “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Esta frase, que se ha convertido ya en tópico, la dice don Quijote en la segunda parte; pero no faltan alusiones a ella en la voz del cautivo, que es la de Miguel de Cervantes. Lo que anida en el corazón de esta libertad, nos dice Vargas Llosa, es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder. Así se manifiesta el Cautivo a don Fernando cuando se entera que su hermano vive: “porque no hay en la tierra, conforme mi parecer, contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”.

Las aserciones sobre la libertad que Cervantes nos hace en esta novela, tan verdaderas como punzantemente formuladas, constituyen el bordón de lo que su ánimo siempre llevó.








miércoles, 25 de mayo de 2011

CAPÍTULO XL. CONTINÚA LA HISTORIA DEL CAUTIVO



Leyó don Fernando los dos sonetos que había compuesto su hermano, en homenaje a los que habían dado su vida en la goleta y en el fuerte.

Reanuda su historia el cautivo, contando que cuando murió el Uchalí al que servía, persona a la que recuerda por su humanidad, los cautivos se repartieron en dos grupos: unos fueron a parar al rey de Constantinopla; otros, a un protegido del Uchalí, llamado Azán Agá, hombre rico y rey de Argel; pero muy cruel y maltratador de los cautivos. Maltrataba a los prisioneros con toda clase de desmanes: los desorejaba, los empalaba y los ahorcaba. Con esto imprimía un sello de terror para que no se escaparan. Él, con el título de capitán, pertenecía a este grupo del rey de Argel. Trató de escaparse de Constantinopla varias veces, pero no lo consiguió, en Argel no perdió la ilusión de volver a hacerlo,” porque jamás me desamparó la esperanza de tener libertad”. En Argel estuvo preso en un baño, en el que los moros solían poner a los cristianos que, por su importancia, podrían percibir un buen rescate; allí estuvo encadenado, pasando hambre y oyendo las lamentaciones de los cautivos que Azán Agá mataba. Sólo se libró de estos maltratos un soldado español, llamado Saavedra.

Después de referirse brevemente a la suerte que tuvo de no ser empalado, pasó a contar lo que le sucedió en el patio de la cárcel. Al patio de la prisión daba la casa de un moro principal y rico, llamado Agi Morato. Desde la ventana de su casa, cierto día asomó una caña que terminaba en un envoltorio blanco. Se acercaron varios de los que estaban cautivos a recogerla, pero la caña se elevaba. Se acercó él y  la caña cayó a sus pies. Destapó lo que contenía la envoltura y vio que eran unas monedas de oro y entendió que eran para él. La operación se volvió a repetir a los dos días. En este caso traían cuarenta monedas de oro. Después apareció una mano y dejó caer un escrito, que tradujo un renegado, muy apreciado por los cautivos.

En el escrito, escrito en arábigo y con una cruz pintada, decía que ella era una mora que de pequeña tuvo una esclava que le habló muy bien de Lela Marién (La Vrgen María); que quería huir a tierras cristianas y lo había elegido a él, si quería, para acompañarla; tenía dinero suficiente para los dos y se ofrecía a ser su esposa.

El cautivo, valiéndose de un amigo suyo renegado, le contestó diciéndole que él y sus compañeros cautivos harían por ella lo que pudieren, que darían su vida y que pensase cómo podrían salir de allí. Que se fiara de su palabra, pues la palabra de un cristiano es fiel, no como la del moro.

Le encargó a su amigo renegado que averiguase quién era aquella mujer. Supo que se trataba de Zoraida, una hermosa mujer que había tenido muchos pretendientes moros y a todos había despreciado. Se ofreció el renegado a poner en libertad a Zoraida y al cautivo, jurando delante de un crucifijo que llevaba. A los pocos días volvió Zoraida a enviar una nota en la que, además de mandar dinero en monedas de oro y plata, pedía que alguien fuera a tierras cristianas, comprara una barca, volviera y todos se marcharían. Ella estaría esperando en el jardín de su padre, que estaba junto a la marina.

Trataron sobre cómo llevarían a cabo la liberación y quién iría a Mallorca a comprar la barca. Se impuso, con razón, el criterio del renegado. Según su experiencia, cuando un cautivo se marchaba no volvía “porque el gozo de la libertad alcanzada y el temor de no volver a perderla les borraba de la memoria todas las obligaciones del mundo”.  Propuso que él, junto con un moro tagarino, cogerían el dinero, comprarían una barca allí y, con la excusa de comerciar bienes desde Tánger, poder escapar. Zoraida volvió a mandar dinero para pagar los rescates. Él lo consiguió pagando seiscientos escudos a un mercader valenciano que a la sazón se hallaba en Argel. Ordenó también, para evitar males mayores, pagar el rescate de tres compañeros que les acompañarían a España.







   

martes, 24 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXIX. SE INICIA LA HISTORIA DEL CAUTIVO






Empieza el cautivo a contar su historia a los presentes, diciendo que procede de las montañas de León. Su padre, rico terrateniente, soldado en su juventud, fue un hombre liberal y gastador, como suelen ser los soldados, que es escuela la soldadesca donde el mezquino se hace generoso, y el generoso pródigo, y si algunos soldados se hallan miserables, son como monstruos, que se ven raras veces. Pasaba mi padre los términos de la liberalidad y rayaba en lo de ser pródigo, cosa que no le es de ningún provecho al hombre casado y que tienen hijos que le han de suceder en el nombre y en el ser”.

Un día los llamó y les dijo que como le era muy difícil no ser gastoso, pues iba contra su naturaleza, se proponía vender su hacienda y dividirla en cuatro partes iguales: una se reservaría él y las otras la repartiría entre los tres hijos. Dicho esto, les aconsejó que “hiciéramos caso de un refrán que hay en nuestra España, a muy parecer muy verdadero, como todos los son, por ser sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia; y el que yo digo dice: “Iglesia o mar o casa real”, como si más claramente dijera: “Quien quisiere valer y ser rico siga o la Iglesia o navegue, ejercitando el arte de las mercancías, o entre a servir a los reyes en sus casas”; porque dicen: “Más vale migaja de rey que merced de señor””.

Les dio tres mil ducados a cada uno; su tío compró la hacienda para que no saliera de la familia; de los tres mil que le dio a él, le devolvió dos mil a su padre; sus hermanos, imitándole le dieron a su padre mil. Su padre se quedó con una cuarta parte en bienes raíces, pues no vendió su parte de hacienda, además de cuatro mil ducados que le entregaron sus hijos. El cogió el camino de las armas; el segundo se marchó a hacer negocios a la Indias;  el menor, a Salamanca a terminar sus estudios.   

Se despidieron con la bendición de su padre y, con lágrimas en los ojos se dirigieron a Salamanca, Sevilla y Alicante, donde embarcaría rumbo a Génova. Habían pasado veintidós años desde aquella fecha. En Génova, se incorpora al servicio del Duque de Alba y forma parte de los tercios españoles de Flandes, alcanzando el grado de alférez del capitán Diego de Urbina. Más tarde, como capitán de Artillería, tomó parte en la batalla naval de Lepanto (7 de octubre de 1571), “felicísima jornada”, “en la que quedó el orgullo y soberbia turca quebrantada; pero fue hecho prisionero por el Uchalí, rey de Argel.  Fue condenado al remo, vio caer La Goleta, ganada por Carlos V en 1535 “–gomia o esponja y polilla de la infinidad de dineros que allí sin provecho se gastaban-“, así como el fuerte junto a Túnez. Murieron en estas batallas muchas personas, especialmente don Pedro Portocarrero, general de La Goleta; el hermano del famoso Juan Andrea de Oria, tristemente famoso porque unos alárabes, a traición le cortaron la cabeza y se la llevaron al general de la armada turquesca, el cual cumplió el refrán que dice: “aunque la traición aplace, el traidor se aborrece” (Siempre se desprecia al traidor, aunque la traición aproveche): el general mandó ahorcar a los que le trajeron el presente.  Allí también desapareció un amigo suyo don Pedro de Aguilar, que además era buen poeta, muestra de ello son los dos sonetos que a manera de epitafio hizo a la Goleta y al fuerte.

Al oír lo de don Pedro de Aguilar, don Fernando se sonrió, pues era su hermano. Explicó don Fernando cómo, después de haber estado prisionero su hermano, alcanzó la libertad, a lo que respondió el cautivo que “no hay en la tierra, conforme a mi parecer, contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”.

Dicho lo anterior, el cautivo invitó a don Fernando a que leyera los sonetos de su hermano.

Dejo para más adelante el comentario de esta novela






lunes, 23 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXVIII. CONCLUYE EL DISCURSO DE LAS ARMAS Y LAS LETRAS

Después de haber hablado de las estreches económicas del estudiante, pasa don Quijote a disertar sobre las del soldado. Es el más pobre, pues tiene que vivir de su paga, que llega tarde o nunca; cuando esto ocurre, tiene que garbear lo que puede, con peligro de su vida o su conciencia. La escasez es tanta que a veces se tiene que vestir y tapar por la noche con un coleto acuchillado, pasando hambre y miseria.

Vuelve a comparar al soldado con el estudiante; mientras que al primero, cuando se gradúa le ponen la borla en la cabeza, al segundo, le pueden poner vendas para curarlo de alguna herida. Pasa a continuación a preguntarse por los beneficios que obtiene de su trabajo uno y otro; habla con ironía de los sobornos de los letrados: porque de faldas, (que no de mangas) todos tienen en qué entretenerse) y de la dificultad de obtener ganancia los soldados, ya que siempre sirven a un señor; pero desiste de continuar por este camino (dejemos esto aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida).

Pasa a continuación a preguntarse por la preeminencia de una y otra. A manera de juez que oyera a las dos, deja oír los argumentos: Según las letras,” sin ellas no se pueden sustentar las armas, porque las guerras también tienen sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados”. Responden las armas que “con ellas  se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos… Y es razón averiguada que aquello que más cuesta, se estima y debe estimar en más”.

Pasa después a explicar las dificultades que tienen que pasar los que quieren ser eminentes en los estudios y en la milicia: al primero muchos sacrificios; al segundo, sacrificios más riesgo de muerte. Examina los riesgos provocados por la pólvora, para decir “Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención”

Cuando terminó el discurso todos elogiaron el buen discurrir de nuestro caballero, el cual sólo se obscurecía cuando hablaba de la caballería.

La ventera, su hija y Maritornes prepararon el camaranchón de don Quijote para las mujeres que estaban presentes aquella noche. Don Fernando pidió al cautivo que les contara su vida. Una vez que todos se callaron dio comienzo a su relato.

Comentario

En el discurso de las armas y las letras, se mezclan, como muy bien demuestra Ricardo Castells, cuando lo analiza, dos puntos de vista: a) El de don Quijote; b) El de Alonso Quijano.

Como don Quijote, empieza por decirles a los oyentes que se encuentran en un castillo, cuando en realidad están en la venta de Juan Palomeque el Zurdo; por lo tanto habla el orate. A partir de aquí se inicia el discurso de Alonso Quijano, persona razonable y culta. De lo primero son testigos los presentes y la opinión del cura le dijo que “tenía mucha razón en todo cuanto había dicho”. Se cumple aquí la teoría de Huarte de San Juan en su Examen de Ingenios”, explicada en capítulos anteriores. Las referencias a la cultura de Alonso Quijano, nos la da los conocimientos que muestra sobre las fortificaciones militares y el arte de la guerra.

En los siglos XV y XVI, dice Castells ,a quien sigo, que la ciencia y la guerra militar se convierten en importantes campos de estudio. El humanista Leon Battista Alberti escribe De Re Aedificatoria:  Un tratado arquitectónico del Renacimiento, en el que se presenta la idea de que las fortificaciones deben adoptar una forma estrellada para resistir mejor el impacto de la artillería . Maquiavelo escribe El arte de la guerra en 1521. Es muy probable que una persona culta leyera estos libros. No es de extrañar que estuvieran en la biblioteca de Alonso Quiano. De ello son indicios: “véase si se alcanza con las fuerzas corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los designios, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; que todas esas son acciones del entendimiento”…Más adelante cuando habla del miedo que debe pasar el vigía de la fortaleza dice: “que hallándose cercado en alguna fortaleza y estando en posta o guarda en algún revellín o caballero, siente que los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no puede apartarse de allí por ningún caso, ni huir del peligro que por fuerza le amenaza”. El revellín o el caballero, dice Castells, son las fortalezas interiores típicas de la traza italiana, el sistema de las fortificaciones que se desarrolla en los estados italianos durante los siglos XV XVI.

Más adelante, don Quijote vuelve a referirse al discurso de la Edad Dorada en los siguientes términos: “Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio a su diabólica invención”.

Las referencias anteriores a la artillería y con ello a la pólvora es uno de los tópicos propios del Renacimiento y el Barroco, como demuestra Maravall, en Utopía y contrautopía en el Quijote. Por otra parte se vendrían a corresponder con las armas de destrucción masiva de hoy en día. El gran cambio al que alude don Quijote, según Maravall, se debe a “la introducción, en la época moderna, de dos novedades decisivas: las armas de fuego y el espíritu de cálculo, manifestaciones ambas de la racionalidad que caracteriza la Edad Moderna y a su creación política: El Estado(…) No menos son creación del espíritu del cálculo las nuevas armas de pólvora, cuyo manejo estriba en combinar operaciones matemáticas cada vez más complicadas”.

En el discurso de Las Armas y las Letras, como hemos visto, se bosqueja, principalmente unos conocimientos técnicos que solamente podía conocer Alonso Quijano, no don Quijote de la Mancha.









   















  

  

jueves, 19 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXVII. LLEGADA DEL CAUTIVO Y ZORAIDA. DISCURSO DE LAS ARMAS Y LAS LETRAS

Las anteriores explicaciones de Dorotea fueron escuchadas por todos, pero especialmente por Sancho, con gran pena, pues había volado el condado prometido. Los demás se sentían agradecidos, don Fernando, al cielo por haberle resuelto los problemas que tenía; especialmente agradecida al cura y a Cardenio se sentía la ventera porque le habían prometido que le pagarían los gastos hechos por don Quijote.

Sancho, pesaroso, se fue al camaranchón en el que dormía don Quijote y lo despertó, diciéndole que durmiera todo lo que quisiera porque ya se había resuelto el problema de Micomicona. Don Quijote volvió con el mismo sueño que la vez anterior. Se había resuelto porque según él había matado al gigante y la sangre corría a ríos. Sancho quiso volverlo a la realidad, diciéndole la verdad sobre la ruptura de los cueros de vino. Volvió don Quijote a insistir sobre los encantamientos en la venta y Sancho a desmentirlo, argumentando que no eran encantadores los que lo vapuleaban a  él, sino el ventero con otros más.

Salió vestido don Quijote con toda su parafernalia. Todos se sorprendieron, especialmente don Fernando. Dirigiéndose a Dorotea le dijo que se había enterado por Sancho cómo se había transformado de princesa en doncella. Si ello había sido porque su padre desconfiaba de él es porque “no sabía de la misa la media” (prov. lo ignora casi todo). “Pero el tiempo, descubridor de todas las cosas, lo dirá cuando menos lo pensemos.”

Respondió Dorotea diciéndole que ella no se había mudado en su ser, que era la misma que ayer.  El estar con él le ha traído suerte y ha sido para bien, que mañana saldrían de camino para conseguir el buen suceso que esperaban. Reprendió duramente don Quijote a Sancho, llamándolo “Sanchuelo”, el mayor “bellacuelo” que hay en España por haberlo engañado sobre la transformación de la princesa Mitomicona. Respondió Sancho que lo de la ruptura de los cueros de vino, “al freír los huevos lo verá” (al final lo verá), cuando el ventero le pase la cuenta. Don Fernando pidió partir al día siguiente como había decidido Dorotea. Hablaron entre don Quijote y don Fernando con mucha cortesía.

Se rompió la conversación porque entraron en la venta un cristiano recién venido de tierra de moros, muy bien vestido, con una casaca de paño azul, con bonete y calzones de lienzo azul. Lo acompañaba, subida en un jumento una mujer a la morisca vestida, con ropas de gran calidad. Pidieron aposento, pero no había. Dorotea y Luscinda se ofrecieron a la mora para compartir la habitación. Al ver que no contestaba, el caballero cristiano les dijo que no preguntaran, pues no entendía la lengua. Le preguntó Dorotea que  si era mora o cristiana. Respondió que mora era en el traje y en el cuerpo, pero que en el alma era cristiana y pronto se bautizaría con la liturgia de la Iglesia.

Desistieron de preguntarles que quienes eran; pero Dorotea le dijo a la mora que se quitara el embozo. El cristiano se lo tradujo al árabe y ella aceptó. Cuando descubrió la cara todos se sorprendieron de su belleza. Don Fernando le preguntó al caballero que cómo se llamaba. Contestó que Zoraida, ella rectificó con insistencia diciendo que se llamaba María.

El ventero preparó la mesa para cenar. Dorotea se sentó junto a don Quijote. Levantándose este dio comienzo al discurso de las armas y las letras.

Empieza don Quijote por preguntarse por el valor que encierran las armas y las letras. Esto se puede resolver si nos preguntamos a su vez por los trabajos que realizan los que se dedican a unas y otras. Refuta primero aquellas opiniones que sostienen que las letras trabajan solamente con el espíritu y las armas con la fuerza. Demuestra que las últimas lo hacen con los dos. Pasa a continuación a preguntarse por la finalidad de unas y otras: “las letras humanas tienen por fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, entender y hacer que las buenas leyes se cumplan”.   “Las armas tienen por objeto la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida”. Pone como ejemplos distintas expresiones: “Gloria sea en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”; “Paz sea en esta casa”.

Habla después de los trabajos del estudiante. Destaca en primer lugar por la pobreza, porque quien es pobre no tiene cosa buena . Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en frío, ya en desnudez, ya en todo junto”.  Si sabe aguantar el camino y superar los obstáculos, puede llegar a mandar y gobernar el mundo, “premio justamente merecido a su virtud”.

Comentario

Dejo para el siguiente capítulo el comentario al discurso de las armas y las letras









   












martes, 17 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXVI. ENCUENTROS Y RECONCILIACIONES EN LA VENTA DE JUAN PALOMEQUE EL ZURDO



El ventero, que estaba en la puerta, advirtió a los huéspedes que se acercaba gente. Pronto fue  a esconderse Cardenio ;  Dorotea se cubrió el rostro. Al preguntarle el cura que si venían cerca, este contestó que se  acercaban a caballo cuatro hombres y una mujer con las caras tapadas, a pie venían dos mozos. Cuando llegaron, el cura le preguntó a un mozo que quiénes eran. Contestó que uno de ellos parecía ser gente principal; la mujer debería ir a un convento de monjas, sin vocación monjil, pues se quejaba amargamente de su situación.

Ante los suspiros y sollozos de la dama, Dorotea se acercó ofreciéndose para ayudarla. El que parecía principal, según el mozo que los acompañaba, sujetó a la dama apenada y le dijo a Dorotea -se había presentado también con la cara tapada- , que no le hiciera casado, pues era muy mentirosa. Al oír esa palabra, la mujer le contestó que por ser de palabra verdadera, se encontraba en esa situación, llevada por sus engaños y mentiras. Cuando oyó esta voz, Cardenio lanzó un grito de sorpresa. A su vez, la mujer, cuando oyó la voz de Cardenio, quiso entrar en su aposento. La sujetó nuevamente el caballero por la espalda. Cuando lo hizo se le cayó el tafetán y se le descubrió la cara. Apareció la belleza de Luscinda. Como la tenía sujeta con los dos brazos, se le cayó la protección de la cara al hombre. De inmediato se vio que era don Fernando. Dorotea, de la fuerte impresión, se desmayó. El cura acudió a quitarle el embozo. Don Fernando la reconoció de inmediato, pero no soltaba a Luscinda. Pronto, en suspenso,  se cruzaron todas miradas: Dorotea – Fernando y Cardenio- Luscinda

La primera que habló fue Luscinda. Le pidió a don Fernando que la dejase ir a unirse con quien consideraba realmente su esposo: Cardenio. Había procurado serle fiel y nunca su pensamiento se había apartado de él. Después tomó la palabra Dorotea. Con lágrimas en los ojos le pidió a don Fernando que la reconociese como su legítima esposa, de acuerdo con los siguientes argumentos: a) Fue el culpable de que ahora se encuentre en este estado: vivía honestamente hasta que “a las voces de tus importunidades, te entregué las llaves de mi libertad; b) “No puedes ser de Luscinda porque eres mío, ni ella puede ser tuya porque es de Cardenio; c) Se entregó a su voluntad, por lo tanto no debe sentirse engañado; d) Apela a su palabra de cristiano y caballero;  e) Le pidió que no se fijara en la ascendencia de cada uno. Sus padres eran personas honradas y como labradores habían servido con dignidad a los suyos. “La verdadera nobleza consiste en la virtud”. Le vuelve a pedir que la acepte por esposa, pues si virtud le falta a él, a ella le sobra. Por último apela a su conciencia: “Tu misma conciencia no ha de faltar de dar voces callando en mitad de tus alegrías, volviendo por esta verdad que te he dicho y turbando tus mejores gustos y contentos”.

Don Fernando aceptó las razones de Dorotea.  Cardenio se lanzó a sujetar a Luscinda cuando la dejó don Fernando; este al ver a Cardenio quiso coger la espada, pero Dorotea se lo impidió, diciéndole que dejase a Luscinda encontrarse con su esposo y viniese a ella por ser su legítima. Intervino el cura con estos razonamientos, dirigidos a don Fernando: a) El cielo había propiciado esta situación; b) Solamente la muerte podría separar a Cardenio y Luscinda; c) Debería fijarse en la hermosura de Dorotea, que unida a la honestidad, pueden igualarse a la más alta nobleza; d) Un caballero cristiano debería ser fiel a la palabra dada.

Dorotea seguía a los pies de don Fernando. Este, oídos los razonamientos del cura abrazó a Dorotea y le rogó que lo aceptase y lo disculpase, pero que no lo reprendiese. Se alegraba por el encuentro de Cardenio y Luscinda. Todos los presentes se emocionaron con lo ocurrido. También Sancho Panza, aunque dijo que él no lloraba por el desenlace feliz, sino porque había dejado de existir Micomicona y con ella el condado que esperaba encontrar.

Por último, cada uno contó la historia de sus aventuras: Dorotea, la que ya le contó a Cardenio; Don Fernado, lo que le ocurrió con Luscinda: que cuando se enteró por la carta que le encontraron en el pecho, que su corazón era para Cardenio, la quiso matar. Impedido por sus padres, huyó. Continuó diciendo que ella se había refugiado en un convento; que ”la secuestró y acompañado de estos hombres llegó a esta venta, que para él era el cielo, donde rematan y tienen fin todas las desventuras de la tierra”.
 
Comentario
La venta de Juan Palomeque el Zurdo funciona en este capítulo como una anábasis amorosa del reencuentro de Cardenio- Luscinda y Dorotea-don Fernando.
A esta novelita le han dedicado espléndidos estudios Márquez Villanueva: Temas y personajes del Quijot; Avalle-Arce : Las relaciones amorosas en Sierra Morena; Sandra L Alzate: Representación de los espacios femeninos en las historias intercalas del primer Quijote. Sostiene Márquez Villanueva que lo que pretende Cervantes en esta historia es “Infiltrarnos la presencia de Andalucía en un plano de hábil discreción”. Cuando analizamos los personajes, vemos que todos son andaluces. Especialmente destaca por su valentía, belleza e inteligencia Dorotea. Esta, según Villanueva “no es andaluza por accidente, sino carne y genio de Andalucía, como subsuelo implícito de su contextura de personaje”.
Cervantes, no sólo era consciente de la problemática de la mujer en el siglo XVI, sino que también nos transmite su apreciación y sentimiento hacia la mujer andaluza. Frente a la novela del Curioso impertinente, que se asienta en Florencia y es la historia de un adulterio, la mujer andaluza se nos presenta guardando siempre su honra y la fidelidad al marido. Tanto Luscinda como Dorotea buscan y lo consiguen. Mantienen su honra hasta el final, alcanzando sus propósitos. Los argumentos de Dorotea para don Fernando son totalmente convincente: se siente engañada por él. Apela a su honorabilidad de cristiano y caballero. Pone a los cielos por testigo de la palabra que le dio. No quiere que sus padres vivan con una hija deshonrada, por eso se marcha a Sierra Morena. Por último, argumenta desde la voz de la conciencia. Estamos viendo una manipulación inteligentemente llevada y al final consigue su propósito.  
Para Márquez Villanueva la penitencia caballeresca de don Quijote y sus locuras amorosas se realizan en Sierra Morena. Tiene un sueño nacido de lo literario y encuentra su climax en esta sierra. Como expone L. Alzate, Cardenio, en Sierra Morena se transforma en un salvaje, “saltando de risco en risco y de mata en mata”. Sierra Morena es un lugar de escape porque no es capaza de defender su honor. Márquez Villanueva lo ve como “una damisela atolondrada”. No es sierra Morena para Dorotea, un espacio escapista y evasivo de la realidad como puede serlo para Cardenio. Allí preparará la situación y manipulará con gran perspicacia los hilos de los sentimientos para recuperar su honra.
Comparten Cardenio y Luscinda cierto sentimiento de debilidad. Ambos viven situaciones dramáticas y son incapaces de defender su honra. Cardenio no sacó su espada cuando vio que don Fernando le birlaba a Luscinda; Luscinda no utilizó la daga cuando el matrimonio se lo impusieron sus padres. El primero se aleja de la realidad y se refugia en Sierra Morena; la segunda, se refugia en un convento. Dorotea lucha como mujer valiente e inteligente, consiguiendo al final que don Fernando la tome como esposa.
Con este encuentro épico feliz de las protagonistas femeninas con sus amantes, se bosqueja la visión cervantina del amor como “máxima esencia vital”, según la apreciación de Américo Castro.  







domingo, 15 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXV. LA LUCHA CONTRA LOS CUEROS DE VINO Y EL FINAL DEL "CURIOSO IMPERTINENTE"


Estaba el cura terminando de leer la novela cuando entró Sancho dando voces, diciendo que su señor le había cortado la cabeza cercén a cercén (completamente) al gigante enemigo de la princesa Micomicona.  Fueron todos a ver qué ocurría cuando vieron a don Quijote medio desnudo, con las piernas muy flacas, llenas de vello y nonadas limpias. Llevaba la espada en la mano derecha y daba cuchilladas, todavía durmiendo, por todas partes. El ventero cuando vio que le había destrozado  los cueros de vino, estando todo este por el suelo, se lanzó sobre él con los puños cerrados y si no es por el cura y Cardenio, ahí hubiera terminado don Quijote. Viendo que a pesar de esto no despertaba, el barbero le lanzó un cubo de agua fría.

Sancho buscaba ansiosamente la cabeza del gigante, pues de su muerte dependía el condado prometido por don Quijote. Viendo que no aparecía, relacionó su pérdida con los manteos que en la venta le dieron a él, diciendo que otra vez los encantadores habían intervenido, pues él había visto correr la sangre del cuerpo como de una fuente. El ventero que lo oyó, intervino furiosamente para decirle que la sangre que él veía era el vino de los cueros destrozados.

Tenía el cura sujetado a don Quijote por los brazos, y este, creyéndose que estaba delante de la princesa Micomicona se arrodilló, diciéndole que el gigante usurpador había sido destrozado. Sancho volvió a recuperar otra vez la confianza en conseguir el condado,  asegurando que ¡ciertos son los toros: mi condado está de molde! (Prov. que se  utiliza para expresar la certeza de una cosa).

Entre Cardenio, el cura y el barbero se llevaron a don Quijote a dormir, mientras que tanto el ventero como la ventera maldijeron a don Quijote y a la caballería andante. Especialmente la última, que recordó que antes se marchó sin pagar y ahora le había destrozado los cueros de vino; mientras, la hija callaba y se sonreía.

El cura tranquilizó a la ventera diciendo que se les pagaría todos los daños de don Quijote. Sancho le prometía a Dorotea que había visto rodar la cabeza del gigante; esta lo contentaba respondiéndole que una vez que estuviese en su reino le daría el mejor condado. Una vez que todos se tranquilizaron le pidieron al cura que terminara de leer la novela.

Anselmo se sentía muy orgulloso de su mujer. Lotario le dijo que no consideraba prudente ir por su casa, pues Camila se mostraba apesadumbrada con su presencia. Anselmo le insistía que acudiese.

Leonela, aprovechándose de lo que sabía, recibía cada vez con más frecuencia a su novio. Una noche, Anselmo oyó ruidos en el dormitorio de Leonela. Entró y al entrar vio que un embozado saltaba por la ventana. Cogiendo una daga obligó a Leonela a que le dijera quién era. Dijo que era su marido, pues se había casado en secreto y que a la mañana siguiente le contaría cosas interesantes.

Volvió Anselmo a la habitación de Camila; le contó lo que le había dicho Leonela. Se turbó por lo que oyó de su esposo y, temiendo que Leonela la traicionase,  cuando estuvo dormido se marchó, después de coger las joyas, a casa de Lotario. Le pidió que se pusieran a salvo y, después de haber cogido el dinero Lotario salió de su casa, camino de un convento, donde dejó a Camila. Fue Anselmo, al día siguiente al dormitorio de Leonela, vio que no estaba allí; fue a la habitación de Camila y se dio cuenta de que también se había ido; se trasladó a casa de Lotario y los criados le dijeron que se había marchado. Desesperado volvió a su casa; no encontró a nadie. Decidió ausentarse de la ciudad e irse al pueblo de su amigo.

En el camino se encontró a un viajero que venía de Florencia; le preguntó que qué se contaba por allí. Le dijo que todos hablaban del suceso de los dos amigos. Camila, la mujer de Anselmo el Rico se había marchado con Lotario.

Consumido de tristeza, volvió a casa de su amigo, y se encerró en un aposento donde dejó en el bufete un escrito en el que reconocía que toda su tragedia se debía a su necia impertinencia

Camila murió a los pocos días, después de haberse enterado que Lotario había muerto en Nápoles peleando a las órdenes del Gran Capitán.

El cura dio su impresión general de la novela: estaba bien contada, pero la historia le parecía inverosímil

Comentario

Se presta este capítulo a leerlo desde el punto de vista de Vargas Llosa. La tesis del premio nobel es que la ficción se ha apoderado de la vida de don Quijote y lo transforma completamente haciéndole perder el juicio; por lo tanto la ficción desrealiza la propia vida; nos hace vivirla e ilusionarnos con ella. Don Quijote “se desquicia por las fantasías de los libros de caballerías, y, creyendo que el mundo es como lo describen las novelas de Amadises y Palmerines, se lanza a él en busca de unas aventuras que vivirá de una manera paródica, provocando y padeciendo pequeñas catástrofes”. En este sentido don Quijote en sus sueños se ha enfrentado al gigante y lo ha destrozado, llevándose por delante los cueros de vino. La modernidad de este pasaje se vería, una vez más en el espíritu rebelde y justiciero, puesto al servicio de Micomicona, pero, como siempre, con un resultado contrario al esperado.

La ficción también opera en el cura y el barbero. Asumen papeles inventados para traerse a don Quijote a su casa; lo mismo le acontece a Dorotea, cuando toma el papel de la princesa Micomicona. La hija de la ventera calla y ríe cuando su madre se queja de los gastos de don Quijote. Está pensando también en la ficción, en este caso en los libros de caballerías. La realidad se ha perdido una vez más, para Sancho. Este vive la ficción del condado del que le habló don Quijote y le prometió Dorotea.

La última parte del capítulo corresponde al final de la novela “El Curioso Impertinente”. En el capítulo anterior dimos la lectura que de la misma realiza Antony van Beystervaldt. Para este profesor el tema de la novela es la manipulación.

Francisco Ayala la estudia desde el punto de vista psicoanalítico. La conducta de Anselmo en sus pretensiones de probar la fidelidad de su esposa es el resultado de su homosexualidad encubierta: “Lo que Anselmo pretende conseguir es la satisfacción vicaria a través de su mujer  (carne de su carne en virtud del matrimonio) para los turbios deseos que hasta entonces había mantenido larvados o, mejor dicho, sublimados en las formas nobles de la camaradería”







   




martes, 10 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXIV. PROSIGUE LA NOVELA DEL "CURIOSO IMPERTINENTE"

Camila, en términos duros le escribe una carta a su marido, poniéndole el ejemplo militar de que así como el general tiene que estar con su ejército, el marido debe estar en su casa. En caso contrario se iría con sus padres.

Anselmo leyó la carta y comprendió que Lotario había emprendido la conquista de Camila. Le prohibió que se marchase. Esta se arrepintió de haberle escrito lo anterior a su marido, pues no quería incitar pendencia alguna entre ellos. Lotario de inmediato emprendió el asedio y  así, “acometió a su presunción con las alabanzas de su hermosura, porque no hay cosa que más presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la misma vanidad, puestas en la lengua de la adulación.”

“Camila se rindió. Esto es un ejemplo claro que nos muestra que sólo se vence la pasión amorosa con huirla y que nadie se ha de enfrentar con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas”. Sólo conoció la entrega de Camila su querida criada Leonela.

Fue Anselmo a ver a su amigo Lotario a su casa. Cuando le preguntó por el asunto que llevaban, le respondió que podía estar orgulloso de la mujer que tenía, pues ni las dádivas, ni las promesas, ni las lisonjas habían podido contra su fuerte honestidad.

Quedó Anselmo satisfecho de las respuestas de Lotario; no obstante, le rogó que siguiera insistiendo en sus ataques amorosos. Para darle a entender a Camila que Lotario estaba enamorado de una tal Clori, le pidió que escribiera unos sonetos reflejando sus sentimientos. Cierto día que fue a comer a casa de Anselmo, leyó Lotario dos sonetos en los que expresaba sus cuitas. En el primero se lamentaba del menosprecio de la dama; en el segundo expresaba su deseo de morir al no verse correspondido. Camila era sabedora por Lotario del fingimiento de los poemas. Anselmo se enorgullecía de la honestidad de su esposa: “todos los escalones que Camila bajaba hacia el centro de su menosprecio, los subía, en la opinión de su marido, hacia la cumbre de su virtud y de su buena fama”.

Se confesó Camila a Leonela que sentiría que Lotario la hubiese creído una mujer frágil y de fácil entrega, pero Leonela le respondió que no se preocupara, “que el que da primero, da dos veces” (Volvería a intentarlo). Camila le contestó con otro refrán: “Lo que cuesta poco se estima en menos “ (Lo que no requiere esfuerzo, no se valora). Trató Leonela de tranquilizar a Camila con una serie de razonamientos sobre las propiedades del amor: “el amor unas veces vuela y otras anda…en un mismo punto comienza la carrera de sus deseos y en aquel mismo punto la acaba y concluye “. Le dijo que hizo bien en aprovechar la ausencia de Anselmo, “porque el amor no tiene otro mejor ministro para ejecutar lo que desea que es la ocasión”. Le asegura que si sólo tiene en cuenta “las cuatro eses que dicen que han de tener los enamorados “ (sabio, solo, solícito y secreto), nada debe temer.

Le pidió Camila a Leonela que no le dijese a nadie sus relaciones con Lotario. Esta le confesó que también se veía en su casa con un novio que tenía. Cierto día, cuando al romper el alba  iba Lotario a entrar en casa de Camila observó que un hombre embozado salía de ella. Creyó, ciego de celos, que Camila le había sido infiel. Buscó a Anselmo y le dijo que fácilmente podría comprobar por sí mismo la infidelidad de su esposa. Lo invitaba a que se cerciorara de ello, observando el encuentro amoroso que esa noche había concertado con ella.

Anselmo quedó sorprendido de lo que le dijo Lotario. Ese día, cuando Lotario fue a casa de Camila, esta, preocupada, le confesó lo que sabía de Leonela, las visitas nocturnas del novio y su huida por la mañana. De inmediato se dio cuenta Lotario de que lo que había imaginado era falso. Arrepentido, le confesó a Camila lo que le había dicho a Anselmo y cómo este se ocultaría en la recámara, pero “como naturalmente tiene la mujer ingenio presto para el bien y para el mal, más que el varón”, indignada le dijo que no se preocupara, pues había ideado un plan para salir de aquella situación.

 Camila, sabedora de que Anselmo estaba oculto observándola, le comunicó a Leonela sus propósitos de matar a Lotario. Le dijo que fuera a por él y lo trajese a su casa. Previamente, Leonela, sabiendo que Anselmo la oía,  había alabado las virtudes y honestidad de su ama. Cuando Lotario llegó, Camila le afeó su indecencia y deshonestidad y acto seguido sacó la daga y se lanzó contra Lotario, afirmando que estaba dispuesta a matarlo. Mientras, Anselmo observaba orgulloso a su mujer. Se lanzó contra Lotario, este le sujetó la mano, pues de otra forma, creyó que le clavaría la daga. Cuando retiró la mano, ella, a propósito, se hirió ligeramente en el pecho y se desmayó.

Limpió Leonela la sangre; Lotario se dio cuenta de que apenas tenía herida, pero especialmente percibió la facilidad tan grande que tenían Camila y Leonela para fingir y engañar.  Fingidamente, se maldijo Lotario por lo que había ocasionado, pero especialmente, condenó a Anselmo por haberlo originado. De inmediato se marchó a su casa. Fue Anselmo a casa de Lotario y hablaron del asunto. Le dio gracias por lo que había hecho, pues gracias a él “se veía levantado a la más alta felicidad” porque había comprobado la honestidad inquebrantable de su esposa.



Comentario

Dos lecturas podemos realizar del “Curioso Impertinente”

La del profesor Antony van Beysterveldt. Dicha lectura está realizada  desde el  tema de la manipulación. En efecto, cada uno de los personajes va organizando las relaciones de acuerdo con su propio criterio y en función de los beneficios que ellos creen obtener. Anselmo quiere someter a su esposa Camila a un experimento para probar su fidelidad. Mueve a su amigo Lotario  para que participe como una herramienta en su propósito de ver cómo reacciona Camila. Posteriormente Anselmo pasará de ser protagonista activo a pasivo sin darse cuenta de las transformaciones. Leonela colaborará porque así le interesa a ella. Todos van manipulando para conseguir sus intereses. A este respecto dice Beysterveldt: “Al fijar la mirada en los aspectos más externos de la acción del Curioso…vemos cómo se perfila en el comportamiento de todos los personajes una tendencia nítida hacia la manipulación…A lo largo de toda la narración notamos, en efecto, cómo los personajes no sólo se manipulan unos a otros, sino que también procuran moldear las circunstancias y el medio ambiente en unas formas adecuadas a estas manipulaciones.  constancia de su Anselmo pero pérfida, siguen disfrutando, en este enredo de engaños, cada uno del des

Las anteriores manipulaciones de los personajes mantienen una vez más el concepto de verdad cervantina defendida por A. Parker. La gente miente porque le interesa. Anselmo vive obsesionado con la duda sobre la fidelidad y pone a prueba a su mujer, que no le ha dado motivo alguno para sospechar nada de ella, porque le atrae este agujero negro de la obsesión; de la misma forma intervienen los demás personajes. Lotario, en un principio, se ajusta a la verdad objetiva: hay una verdad moral y no se puede tergiversar; posteriormente se enamora, lo mismo que Camila, y deciden seguir el juego porque así les conviene a ellos. Leonela miente cuando alaba las virtudes de su señora por  los beneficios que consigue y el afecto que le tiene.

Al final, en un juego de tres: Lotario, Camila y Leonela traman una serie de añagazas para implantar en la mente de Anselmo las virtudes de su esposa.

b) Vargas Llosa, en el artículo: “Una novela para el siglo XXI”, analiza El Quijote a partir de ficción como tema narrativo.  Dice el premio nobel que “El gran tema de Don Quijote de la Mancha es la ficción, su razón de ser, y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va modelando, transformando”.  En efecto, esta novela se lee en la venta de Juan Palomeque, una noche, por el Cura, con el Barbero, Sancho, el Ventero, su mujer, su hija y Maritornes. Recordemos que a casi todos los asistentes a la velada les gustaban las ficciones, especialmente las caballerescas. De esta forma se distraían y hacían más soportable las tareas cotidianas. Pero la ficción entra también en la novela: Anselmo le pide a Lotario que escriba unos poemas a Clori que sirven de bitácora orientativa a Camila y de engaño a Anselmo.









   






domingo, 8 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXIII. SE INICIA LA NOVELA DEL "CURIOSO IMPERTINENTE"

El cura dio lectura a la novela, diciendo que En Florencia, vivían dos jóvenes amigos ricos y caballero, llevados por tal grado de amistad que eran conocidos por todos, como “los dos amigos”. Uno se llamaba Anselmo y era aficionado a pasatiempos amorosos; el otro, Lotario, a los de la caza.

Anselmo se enamoró de Camila, joven bellísima y honesta. Le confió el secreto a Lotario y quiso que este fuese el que interviniese en pedirle la relación a sus padres. Quedó satisfecha Camila de su casamiento con Anselmo y muy agradecida a Lotario por lo que había hecho. Este, una vez pasadas las bodas, dejó de ir con la frecuencia que solía a casa de su amigo, porque “no se han de visitar ni continuar las casa de los amigos casados de la misma manera que cuando eran solteros, porque aunque la verdadera y buena amistad no puede ni debe ser sospechosa en nada, con todo esto es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mismos hermanos, cuanto más de los amigos.”

Quedó extrañado Anselmo al darse cuenta de que su amigo Lotario no frecuentaba la casa como antes. Se lo dijo y le comunicó que su mujer, Camila, también estaba sorprendida, pues ella era sabedora de la excelente amistad que los unía. Es más, le insistió en que no quería que ese comportamiento circunspecto echara por tierra el nombre por el que los conocían: “los dos amigos”.

Lotario era de la opinión de que “el casado a quien el cielo había concedido mujer hermosa tanto cuidado había de tener con los amigos que llevaba a su casa como en mirar con qué amigas su mujer conversaba, porque lo que no se hace ni concierta en las plazas ni en los templos, se concierta y facilita en casa de la amiga o la parienta de quien más satisfacción se tiene.

Anselmo andaba preocupado por la fidelidad de Camila y un día se lo confesó a su amigo Lotario. Quería saber si Camila le era fiel, pues según él, “no es una mujer más buena de cuanto es si no es solicitada, y que aquella sola es fuerte siempre  que no se doble a las promesas, a las dádivas, a las lágrimas y a las continuas importunidades de los solícitos amantes. Porque ¿qué hay que agradecer que una mujer sea buena si nadie le dice que sea mala?.  Le pide que sea el mismo Lotario quien la solicitase en amores , pues siendo su amigo, en el caso de que Camila sea vencida, él respetaría la amistad y se impondría la cordura.

Lotario le respondió con un largo discurso, empleando cuatro argumentos para que desistiera de lo que se proponía: a) La amistad tiene un límite. Este está en no utilizarla contra los deseos de Dios:” Los buenos amigos han de probar a sus amigos y valerse de ellos, como dijo un poeta, “usque ad aras”, (hasta el altar) que quiso decir que no se habían de valer en su amistad en cosas que fuesen contra Dios”; b) La utilidad. Se debe intentar realizar cosas de las que pudiéramos obtener algún provecho. “Las cosas dificultosos se intentan por Dios, o por el mundo o por entrambos a dos...la que tú dices que quieres intentar y poner por obra, ni te ha de alcanzar gloria de Dios, bienes de fortuna, ni fama con los hombres…no has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado”; c) La estima y fama de la mujer. “Hase de guardar la mujer buena como se guarda y estima un hermoso jardín que está lleno de flores y rosas, cuyo dueño no consiente que nadie le pasee ni manosee.” ; d) La Biblia. Dios creó a Eva de una costilla de Adán. Este la miró y dijo: “Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos”; y Dios dijo: “Por ésta dejará el hombre a su padre y madre, y serán dos en una misma carne. Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que sólo la muerte puede desatarlos”

Viendo Lotario que no había razón que convenciese a Anselmo y, pensando que le podría ofrecer el asunto a otro, se ofreció a entrar en la prueba. Uno de los días que Lotario fue a comer a casa de Anselmo, le dijo este que se tenía que ausentar por motivos de negocios. Le pidió a Camila que atendiese en todo a Lotario. Después de comer, estando solos Lotario y Camila, manifestó Lotario que tenía sueño y se quedó dormido hasta que llegó Anselmo. Salieron de casa los amigos  y Anselmo le preguntó que cómo le había ido. Lotario le contestó que por ser la primera vez, se había limitado a elogiar su hermosura y discreción, contestando Anselmo que volvería a dejarlos solos.

Anselmo repitió una vez más el dejarlos solos, pero comprobó por el ojo de la cerradura que Lotario lo había engañado. Lotario cuando se quedaba solo no le decía palabra a Camila. Le reprochó Anselmo duramente el engaño. Lotario le prometió, bajo palabra de honor, que no volvería a ocurrir. Decidió Anselmo marcharse durante unos días fuera de su casa. Le dijo a Camila que atendiera en todo a Lotario. Después de tres días de ir a su casa, terminó por enamorarse de Camila y decidió requebrarla con razones amorosas y solícitas. Esta, sorprendida y confusa, se encerró en su aposento y le escribió la siguiente carta a su marido.

Comentario

El curioso impertinente es un episodio más intercalado en El Quijote. El estudio de estos episodios ha sido estudiado especialmente por Anthony Close. Llega este especialista a las siguientes conclusiones: a) El Quijote podemos verlo  como la crónica épico- burlesca de una  extensa novela; b) Del tronco de esa novela surgen diversas ramas que llamamos episodios; c) Estos episodios tienen una estructura coordinativa o yuxtapositiva, según tengan una relación más o menos estrecha con la trama del Quijote; d) Cuando se inicia un episodio se produce un “desenganche” de los personajes principales. En el caso del Curioso impertinente, don Quijote está durmiendo cuando los oyentes le piden al cura que lea la novela; e) Este es el único episodio de la primera parte que tiene una estructura yuxtapositiva. Sobre esto último, entiendo que Anselmo, padece cierta obsesión que raya en la locura por saber si Camila le será fiel; por lo tanto, sigue compartiendo con don Quijote cierta enajenación. En tanto que esta “rama” o episodio está ligada al “tronco” por una relación temática, su estructura sigue siendo coordinativa, igual que las otros episodios intercalados: Cardenio y Dorotea,  Marcela y Grisóstomo.

 Cesare  Segre considera que las interpolaciones en El Quijote tienen la función de representar “una especie de galería de los géneros literarios de su tiempo”. Este episodio, en concreto, se relaciona con la novela psicológica como muy bien precisó Menéndez Pelayo.

Interesante es para el análisis de esta novela recordar una vez más a Américo Castro en El pensamiento de Cervantes. Sostiene y demuestra el autor el tema de la realidad oscilante, es decir, Cervantes se introduce en la mente de sus personajes y nos expone la manera que ellos tienen de ver la realidad. Surge de esta forma el tema del “engaño a los ojos”. El máximo exponente de este engaño es don Quijote, confunde molinos con gigantes. Hay una confusión sensorial o física. Sus consecuencias tienen un sentido gracioso o burlesco; existen otros errores que consisten en “una mala interpretación de una realidad moral (típico ejemplo de Anselmo, creyendo que la virtud de Camila es como oro que puede ponerse al fuego para probar su pureza); las consecuencias de tales errores no suelen ser cómicas sino trágicas, y a menudo se castigan con la muerte”.

Cervantes, por boca de Lotario, viene a adverar que las pretensiones de Anselmo son un albur de espadas de las que sólo cabe esperar lágrimas y sangre.