jueves, 28 de julio de 2011

CAPÍTULO III. POÉTICA NOVELÍSTICA DE SANSÓN CARRASCO Y RAZONAMIENTOS LITERARIOS DE DON QUIJOTE Y SANCHO



Sancho había ido a por Sansón Carrasco para que le contara personalmente a don Quijote lo que de él se decía en la historia del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Mientras, don Quijote cavilaba sobre lo que el libro podría decir. Dado que el autor era moro, y los moros son encantadores y mentirosos, temía que no hubiera dicho la verdad.

El bachiller, aunque se llamaba Sansón, era más bien bajo, muy socarrón, aunque de buen entendimiento. Tendría sobre veinticuatro años.

La naturaleza burlesca del bachiller se percibió  de inmediato. Cuando llegó a donde estaba don Quijote, se arrodilló y pidiéndole la mano le dijo que era el caballero andante más importante que ha habido en el mundo. Enalteció las figuras del moro autor Cide Hamete  y del que las transcribió al castellano. Sorprendido don Quijote, siguió diciéndole el bachiller que pasaban de doce mil los libros impresos, pudiéndose afirmar que si sigue de esta manera, no habrá nación que no lo conozca. Don Quijote quedó muy orgulloso de lo que había oído y, para reafirmarlo dijo: “Una de las cosas que más debe dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de la gentes, impreso y en estampa.”

Desea don Quijote saber qué hazañas son las más comentadas en la obra, contestándole el bachiller que “hay diferentes opiniones como hay diferentes gustos”. Después de decirle las hazañas más comentadas, Sancho le preguntó que si se comentaba la aventura de los yangüeses, cuando a Rocinante se le antojó pedir "cotufas en el golfo” (pedir lo imposible), contestándole el bachiller que “no se le quedó nada al sabio en el tintero : todo lo dice y todo lo apunta”. Don Quijote se hace comprensivo y comenta: “no hay historia humana en el mundo que no tenga sus altibajos.

A propósito de lo anterior, le dice el bachiller que muchos se alegraron de los palos que recibió don Quijote; éste le contestó que el autor debería haber omitido estas historias, pues “las acciones que ni mudan ni alteran la verdad de la historia no hay para qué escribirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia.”

El bachiller retomó la idea y le respondió que “uno es escribir como poeta, y otro como historiador: el poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna”. Intervino en la conversación Sancho para decirle que también se hablaría en el libro de los muchos palos que él recibió, aunque eso se daba por supuesto, pues como decía don Quijote, “del dolor de la cabeza han de participar los miembros”.

Insiste Sancho en que quiere saber lo que se dice él. Le responde Sansón que son mucho los que piensan que es un crédulo ingenuo al pensar que podría ser verdad la ínsula ofrecida por don Quijote. Este, para no desanimar a Sancho contestó que “Aún hay sol en las bardas”. (aún queda tiempo). Sancho se siente tranquilo de lo que se dice de él, pues “a fe de buen escudero que si hubiera dicho de mí cosas que no fueran muy de cristiano viejo, como soy, que nos habían de oír los sordos”. Para reafirmar el punto de vista anterior dice Sancho que “cada uno mire cómo habla o cómo escribe de las personas, y no ponga a trochemoche lo primero que le viene al magín”.

Los defectos que le han encontrado al libro, según Sansón Carrasco son los siguientes: a) Se ha intercalado la novela El curioso impertinente, sin que tenga nada que ver con la historia; b) No se cuenta quién le hurtó el rucio a Sancho; c) Tampoco se dice lo que hizo Sancho con los cien escudos que encontró en la maleta de Sierra Morena.

Intervinieron Sancho y don Quijote. El primero para quejarse de que el autor había mezclado “berzas con capachos” (lo había mezclado todo); el segundo, para sostener que la historia se habría contado mal y la gente no la entendería. Sansón lo tranquilizó diciéndole que “es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los hombres la entienden y los viejos la celebran...no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote”.  

Si se hubiese escrito de otra manera, comenta don Quijote,  no se hubiera contado la verdad, “ y los historiadores que de mentiras se valen habían de ser quemados como los que hacen moneda falsa”. Respecto a las novelas intercaladas, supone, que lo hizo el autor para rellenar la obra, pues según el refrán “De paja y de heno”, ( De paja y de heno, mi vientre lleno: Lo que importa es satisfacerse aunque no sea lo que más le guste a uno).  Critica don Quijote que se hayan intercalado en la obra novelas y cuentos, pues sólo con sus pensamientos se hubiera hecho una gran obra filosófica, ya que “para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento. Decir gracias y escribir donaires es de grandes ingenios: la más discreta figura de la comedia es la del bobo…La historia es cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad está Dios, en cuanto a  verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos”. Pasa la conversación entre don Quijote y Sansón a criticar las obras impresas. Según el último, los escritores importantes “son envidiados por aquellos que se entretienen en juzgar los escritos ajenos sin haber dado algunos propios a la luz del mundo”. Sale don Quijote en defensa de los críticos literarios, contestándole Sansón Carrasco que ”los tales censuradores deberían de ser más misericordiosos y menos piadosos…es grandísimo el riesgo que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal que satisfaga y contente a todos los que le leyeren”.

Sobre los otros defectos apuntados, en los que se hace referencia a Sancho, éste no quiere entrar en la conversación porque tiene hambre y se marcha a su casa a comer. Don Quijote invita a su mesa a Sansón Carrasco.

Comentario

He recurrido varias veces al libro de Américo Castro, El pensamiento de Cervantes para explicar muchos capítulos de la primera parte. La tesis varias veces repetida en estos comentarios es que a Cervantes le preocupa cómo se percibe la realidad por parte de las personas. Para ello resalta las opiniones de todos: “las de los altos y la de los bajos…la de los cuerdos y la de los locos…Cervantes se lanzó a organizar una visión de su mundo fundada en pareceres, en circunstancias de vida, no de unívocas objetividades”.

En esta línea de pensamiento comenta el autor el capítulo que he resumido. Castro nos dice que durante la segunda mitad del XVI toma una importancia mayor la Poética de Aristóteles, especialmente en Italia. En ella se opone lo universal de la poesía frente a lo particular de la historia; recogiendo los frutos de la Contrarreforma, tanto una como otra, que hasta esa época iban disociadas, deben coincidir en resaltar lo virtuoso. Castro lo demuestra en el análisis que dejo a continuación:

 En el capítulo III de la segunda parte del Quijote dialogan el hidalgo, su escudero y el bachiller acerca de la primera parte del Quijote y de la forma en que han sido concebidos los personajes principales. Lo genial de Cervantes se revela en el arte con que ha introducido en lo más íntimo de la vida de sus héroes el problema teórico que inquietaba a los preceptistas; el autor ha colocado a don Quijote en la vertiente poética y a Sancho en la histórica; pero serán ellos y no el autor quienes pugnen por defender sus posiciones respectivas, y lo que es árida disquisición en los libros se torna conflicto vital, moderno, henchido de posibilidades. Don Quijote hablará en nombre de la verdad universal y verosímil; Sancho defenderá la verdad sensible y particular.26 La oposición, como es natural y cervantino, no se resuelve, sino que queda patente, como problema abierto. El ejemplo es magnífico para quienes tozudamente siguen hablando de la inconsciencia de Cervantes y de lo vulgar de sus conocimientos.

Dice don Quijote: «Una de las cosas que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa. Dije con buen nombre, porque siendo al contrario, ninguna muerte se le igualaría». El bachiller satisface cumplidamente la inquietud del caballero: «Si por buena fama y si por buen nombre va, sólo v. m. lleva la palma a todos los caballeros andantes; porque el moro en su lengua y el cristiano en la suya tuvieron cuidado de pintarnos muy al vivo la gallardía de v. m., el ánimo grande en acometer los peligros, la paciencia en las adversidades…, la honestidad y continencia en los amores tan platónicos de v. m. y de mi señora doña Dulcinea del Toboso».

El bachiller conoce bien los requisitos del personaje del poema heroico, tan bien como don Quijote, y hacia este norte van sus anhelos. Personaje perfecto, idealizado, ejemplar. Veamos, por ejemplo, el tratado Della vera Poetica (1558) de Giovanni Pietro Capriano: «Variando el poema y representando las acciones humanas en el modo que deban haber ocurrido y razonablemente sucedido y reduciéndolas a ideas universales de acciones y de costumbres (que ésta es una de las principales diferencias entre el historiador y el poeta), instruye y amaestra el ánimo y la vida nuestra… por la vía del verdadero bien y del vivir beato». Mas para lograr el personaje «ab omni parte absolutus», con que soñaban los preceptistas, había que desechar los paladines extravagantes y elegir lo épico, tomando «acciones ilustres e ilustrísimas». Razón por la cual Aristóteles debió comprender que el poema épico es siempre preferible a la tragedia, porque tras los bastidores obrará siempre la iniquidad.27

Don Quijote se cree «virtuoso y eminente» (ilustre e ilustrísimo), y sin dificultad le da la razón el bachiller. Pero allí está Sancho, ojo avizor y garras agudas, presto a saltar sobre tan encantadora y aristotélica suposición: «Nunca he oído llamar con don a mi señora Dulcinea, sino solamente la señora Dulcinea del Toboso, y ya en esto anda errada la historia». La historia, lo particular, el vero sensible no pueden ir parejos con la pura y universal noción del héroe; lo del don «no es objeción de importancia», dice Sansón Carrasco. ¿Pero qué hacemos con «los infinitos palos que en diferentes encuentros dieron al señor don Quijote»? No hay héroe ilustrísimo que resista. Nuestro hidalgo acude a su manual poético, e intenta una última y dolorosa defensa: «También pudieran callarlo por equidad, pues las acciones que ni mudan ni alteran la verdad de la historia no hay para qué escribirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia. A fee que no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente Ulises como le describe Homero».

El bachiller entonces saca de dudas al hidalgo con una aclaración literalmente aristotélica (véase supra):«Así es; pero uno es escribir como poeta y otro como historiador; el poeta puede contar o cantar29 las cosas no como fueran, sino como debían ser, y el historiador las ha de escribir no como debían ser, sino como fueran, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna».

Mas don Quijote ha de defenderse de la interpretación histórica, particularista; él ha de vivir «relicta circunstantia»,30 y Cervantes ha colocado a sus flancos esa tremenda «circunstantia» de Sancho, con voraz apetencia de lo que él entiende por verdad, la cual por sí sola es incapaz de poesía.31

En el capítulo II de la segunda parte, don Quijote trata de anular la intervención histórica de Sancho, acallando sus habladurías y recabando para sí la parte mayor de dolores y sinsabores: «¿Querrás tú decir agora, Sancho, que no me dolía yo cuando a ti te manteaban? Y si lo dices, no lo digas, ni lo pienses». Sobre todo, callar, no complicar la épica heroica con la historia cotidiana. De haber conocido el poema de Fernán González, don Quijote habría recordado aquellos versos:

Non cuentan d’Alexandre las noches nin los días,
cuentan sus buenos fechos e sus cavallerías.
32

Don Quijote, el pobre, aspira a la existencia mítica; mas Sancho, al tirarle de los pies, lo introduce violentamente en su realidad, gracias a la cual surgió el nuevo género de la novela. Esto era conocido;33 pero ahora podemos seguir con alguna mayor precisión la trayectoria de semejante proceso en la mente de Cervantes. Genialmente supo nuestro escritor dominar el estricto problema que le ofrecían los preceptistas de la Contrarreforma, tomando los preceptos aristotélicos como medio y no como meta,34 elevándose a más altas esferas.


lunes, 25 de julio de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO II. SANCHO CUENTA A DON QUIJOTE LO QUE SE DICE DE ELLOS





Todos oyeron al ama y a la sobrina que le daban voces a Sancho, impidiéndole entrar en la casa. Ellas argumentaban que él tenía la culpa de que don Quijote se marchara de su casa. Sin embargo, Sancho replicaba que era don Quijote quien le había prometido una ínsula. Al desconocer ellas qué era eso de la ínsula, Sancho se lo aclaró, diciendo que se gobernaba mejor que cuatro ciudades y se regía mejor que cuatro alcaldes de corte, contestándole ellas que se fuera a trabajar, que era lo que le hacía falta.

Al oír la conversación, don Quijote temió que Sancho hablara más de la cuenta y mandó al ama y la sobrina que lo dejasen entrar. El cura y el barbero se despidieron. Cuando salieron comentaron la locura de don Quijote y la simpleza de Sancho.

Don Quijote le recrimina a Sancho que les dijera al ama y a la sobrina que fue él quien lo sacó de su casa, pues los dos habían sufrido malas aventuras y de éstas don Quijote era el que había salido peor parado. Al quejarse Sancho que él también sufrió bastante, don Quijote le contestó que era lógico, pues “cuando la cabeza duele, todos los miembros duelen”. Aplica la sentencia a sí mismo y dice que al ser él la cabeza, era lógico que el escudero sufriera por lo que le ocurría al amo.

Insiste don Quijote en que le diga la verdad de lo que se dice de él en el pueblo, pues “de los vasallos leales es decir la verdad a sus señores en su ser y en su figura propia, sin que la adulación la acreciente u otro vano respeto la disminuya; y quiero que sepas, Sancho, que si a los oídos de los príncipes llegase la verdad desnuda, sin los vestidos de la lisonja, otros siglo correrían”.

Sancho le contesta con la verdad desnuda como él quiere. Lo tratan de loco y a él de mentecato. También dicen que es presuntuoso, pues se ha puesto don y se considera caballero, con “cuatro cepas y dos yegudas de tierra, y con un trapo detrás y otro delante”. Los caballeros se quejaban de que se comparara con ellos. Sobre la valentía, cortesía y hazañas había diferentes opiniones.

Don Quijote le contestó que “donde quiera que está la virtud en eminente grado es perseguida”. Le pone como ejemplos personajes del pasado (Julio César, Alejandro…), a los cuales también les sacaron defectos.

Le dice Sancho que aún la cola falta por desollar  (Todavía falta lo peor); lo de hasta ahora, son tortas y pan pintado ( hasta aquí todo es bueno). Le continúa diciendo que, según el Bachiller Sansón Carrasco, la historia de ellos andaba ya escrita con el nombre del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y que contaba cosas sorprendentes . Don Quijote le responde que el autor debía de ser algún sabio encantador. Sancho se queda sorprendido, argumentando que no debía de ser sabio, pues lo firmaba un tal Cide Hamete Berenjena. Don Quijote le contesta que debe ser árabe, pues tal es el nombre. Para saber más le pide que busque al bachiller para que le cuente lo que sabe.



Comentario

Uno de los temas que encontramos en el fragmento es el sueño con el que viven muchos españoles, de los cuales Sancho es representativo. Los historiadores coinciden en señalar el fuerte irrealismo con el que vive la sociedad española. Las Indias habían traído mucho dinero, pero como pusimos de manifiesto en el comentario anterior, las guerras y la falta de productividad habían ocasionado unas ingentes deudas externas a la Corona, las cuales llevaron a los impagos que ya señalé. En esta sociedad, el sueño de hacerse rico sin trabajar era muy frecuente en España. Un ejemplo de ello lo tenemos en la frase que el ama y la sobrina le espetan a Sancho cuando este les dice que don Quijote le ha prometido una ínsula: “Id a gobernar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares, y dejaos de pretender ínsulas ni ínsulos” (Pierre Vilar: “El tiempo de Quijote”).

Otro de los temas que aparecen en el capítulo es la vanidad o presunción de don Quijote, tal y como se percibe por el pueblo. Como exponen todos los que estudian este período: Domínguez Ortiz, Lynch, Vilar…, el modelo social quedaba reducido a dos clases sociales: la nobleza y el clero, por una parte y una tercera clase que se conocía estado general o llano.” El rasgo distintivo era la propiedad de la tierra, que estaba generalmente en manos de la nobleza. En esta se integraban  los grandes nobles de España, generalmente latifundistas, que poseían propiedades que abarcaban casi provincias enteras, hasta empobrecidos hidalgos” ( John Lynch: Monarquía e Imperio); frecuentemente era mal visto que personas que tenían poca propiedad se hiciesen pasar por caballeros. En razón de lo anterior se encuentra el sentido de la frase de Sancho a don Quijote: “Los hidalgos dicen que, no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yeguadas de tierra, y con un trapo atrás y otro adelante”

Se ha explicado ya la decadencia de las clases medias en España en este período. Una de las razones que la explican es el prejuicio social contra las actividades comerciales y en favor de la nobleza; de esto es ilustrativa la convicción que se tenía de que “el no vivir de rentas, no es trato de nobles”. También se pone de manifiesto en este capítulo cuando critican a los hidalgos “que dan humo a los zapatos (que ocultan con hollín el deterioro de los zapatos).

Por último hay que referirse una vez más a la vieja fórmula del narrador ya explicada. Como señala Avalle Arce, “la técnica de inventar un historiador que narra las aventuras del héroes es un procedimiento que Cervantes hereda directamente de la novela caballeresca” .

Sancho, haciendo uso de su habla rústica, cambia Benengeli por Berenjena. Se queda asombrado de lo que dice el narrador sobre ellos, a lo cual responde don Quijote, que sería algún “sabio encantador” y que el nombre es “moro”. De lo anterior se puede deducir que a) era mentiroso, por ser encantador; b) las cosas sorprendentes que decía de ellos y estaban fuera de razón, eran falsas.

Una vez más, este alarife de la narración que es Cervantes, nos vuelve a sorprender con una nueva añagaza sobre las verdades y mentiras de la obra.






jueves, 21 de julio de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO I EL CURA Y EL BARBERO CONVERSAN CON DON QUIJOTE SOBRE SU ENFERMEDAD



Sigue diciéndonos Benengeli en la segunda parte y tercera salida de don Quijote que el cura y el barbero llevaban sin verlo un mes, pero no por eso dejaban de interesarse por él, pues con frecuencia les preguntaban al ama y la sobrina. Dado que ellas les decían que les parecía que estaba curado, fueron a verlo, procurando no hablarle de nada que se refiera a la caballería andante.

Encontraron a don Quijote sentado en la cama, vestido con una almilla verde y un bonete colorado. Tan delgado que parecía amojamado.  Le preguntaron  por su salud y contestó con discreción. También la mantuvo cuando en la conversación sacaron el tema de la “razón de estado” o modos de gobierno.

En la conversación, el cura sacó el tema político, en concreto que el Rey se tenía que volver a enfrentarse con los turcos. Cuando esto lo oyó don Quijote aseguró que él podría sugerirle a su Majestad cómo resolver la situación. Tanto el cura como el barbero pensaron que don Quijote volvería a dar muestras de su locura. El barbero quiso saber los arbitrios o consejos que don Quijote le daría al Rey. Después de prometerle que lo que dijera no saldría de aquella habitación para que otros no se llevaran el mérito, dijo don Quijote que la solución estaba en reunir unos cuantos caballeros andantes. Ellos habían dado prueba de que uno solo era capaz de enfrentarse a un ejército de doscientos mil hombres.

El ama y la sobrina manifestaron ante ellos,  que don Quijote deseaba regresar a la caballería andante, a lo cual replicó él que “Caballero andante he de ser hasta morir…y digo que Dios me entiende”. A propósito de lo anterior contó el barbero el siguiente cuento:

En un manicomio de Sevilla, había un loco, licenciado en cánones por Osuna, que escribió reiteradas cartas al arzobispo, diciéndole que se encontraba curado. Si permanecía en el manicomio era porque tenían interés sus familiares de que permaneciera allí para poder heredar su hacienda. Con este mismo propósito le daban dinero al rector del manicomio. El arzobispo mandó un capellán para que se interesara por el caso. Cuando se lo dijo al rector, éste contestó que el tal graduado estaba loco. Quiso el cura comprobarlo; mantuvo una correcta conversación con él y mandó que lo pusiesen en libertad. Cuando se vistió y fue a despedirse de los otros locos, les habló con mucha cordura, diciéndoles que tuviesen confianza en Dios, que lo mismo que a él lo había curado los curaría a ellos; a uno de ellos  lo animó con las siguientes palabras: “Todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los celebros llenos de aire. Esfuércese, esfuércese, que el descaecimiento en los infortunios apoca la salud y acarrea la muerte”. Cuando esto oyó uno de los que allí estaban contestó que si a ese lo sacaban, él, que era Júpiter, castigaría a la ciudad con tres años de sequía. A esto, el graduado, cogiendo al capellán de la mano le dijo que no se preocupara, que él, que era Neptuno, llovería tanto como quisiese. Oído lo anterior, y bastante avergonzado, el capellán contestó que en otra ocasión volvería a por él.

Don Quijote se dio por aludido y, enfadado por haber sido mal interpretado, se dirigió  al barbero como ¡Ah, señor rapista, señor rapista!  “ Y cuán ciego es aquel que no ve por tela de cedazo! ¿es posible que vuestra merced no sabe que las comparaciones que se hacen de ingenio a ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linaje a linaje son siempre odiosas y mal recibidas?. Después de decir que no se las daba de inteligente, consideraba que hoy en día no hay caballeros andantes como los de antes, continúa diciendo que “ahora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas”. Enumeró las virtudes de Amadís de Gaula, Palmerín de Inglaterra, Felixmarte de Hircania, Roldán y otros; añadiendo que si el Rey se sirviera de caballeros como estos, se ahorraría muchos gastos en las guerras.

Después de disculparse el barbero y aceptarlo don Quijote, dijo el cura que tenía cierto escrúpulo que le roía la conciencia, después de lo que había oído. A esto contestó don Quijote que “puede decir su escrúpulo, porque no es de gusto andar con la conciencia escrupulosa”.

El cura expuso su escrúpulo, diciendo que toda la caterva de caballeros andantes que don Quijote había citado, no eran personajes de carne y hueso. Replicó de inmediato don Quijote, diciendo que a muchos los conocía personalmente. Terminó haciendo unas observaciones literarias  sobre Angélica la Bella, su desdeño a Roldán, y su entrega al paje Medoro.

Comentario

En la segunda parte se mantiene el mismo artificio narrativo  que en la primera. Comienza el narrador aludiendo a Cide Hamete Benengeli, autor del manuscrito que Cervantes encontró en El Alcaná de Toledo, como nos dijo en el capítulo IX de la primera parte. Este manuscrito se lo tradujo del árabe al castellano un morisco aljamiado. Cervantes, utilizando un narrador omnisciente, se lo entrega al lector.

En este capítulo I encontramos dos aspectos importantes que conviene destacar para entenderlo mejor. El primero se refiere al tema de la conversación que el cura y el barbero le sacan a don Quijote. Es un tema de gobernanza: la razón de estado o gobierno, es decir, el conjunto de reglas y preceptos políticos para mantenerse en el poder.
 Generalmente, cuando se viven situaciones de crisis financieras, manifestadas en subidas de impuestos, guerras, aumento de precios…etc., el tema de los arbirios era frecuente que se sacara en las conversaciones . "Estos presuntos remedios más o menos fantásticos para los problemas económicos o políticos de la monarquía espeñola, florecieron sobre todo en el siglo XVII, y Cervantes se contó entre los primeros en satirizarlos literariamente. En el Coloquio de los perros, un arbitrista propone que todos ayunen"una vez al mes a pan y agua" y el el dinero "se dé a su majestad". Rico, op. cit.

España, según Pierre Villar, en El Tiempo del Quijote, vivió la gran crisis decisiva del poderío español y la primera gran crisis de duda de los españoles; no hay que olvidar que las dos partes del Quijote son de 1605 y 1615.

Felipe II heredó de su padre una deuda de más de 20 millones de ducados y, la que dejó a su sucesor, parece que fue superior a los 100 millones de ducados. Tanto es así que en 1557 España realizó la primera suspensión de pagos; otras, según Hamilton fueron en 1575, 1596, 1607 y 1647. Entró mucho dinero de las Indias, pero tal y como entraba se gastaba en guerras y mala administración. Se subieron mucho los impuestos.  Algunos de estos impuestos directos como las alcabalas suponían en torno a un 10% de todas las ventas que se realizaban. Según John Lynch, en Monarquía e Imperio, en 1584, las familias segovianas pagaban seis veces más que en 1561. La subida de precios fue espectacular: el trigo andaluz pasa de los 430 maravedís por fanega en 1595 a 1.401 en 1598. No es de extrañar que con hechos económicos de este tipo abundaran en las conversaciones los temas de gobierno. En esta misma línea de pensamiento económico hay que destacar, siguiendo a Lynch, que Felipe II recibía consejos de todas partes sobre cómo poner orden en la economía.  Don Quijote, según le dice al cura también quiere colaborar con sus arbitrios o consejos al Rey. Este se debería hacer con un grupo de caballeros andantes como Amadís, Palmerín y Rodán. “…de éstos…quisiera yo que fueran los de mi arbitrio, que, a serlo, su Majestad se hallara bien servido y ahorrara de mucho gasto”. Como vemos, después del reposo, don Quijote no se ha curado y sigue viviendo anclado en su alienación.

Esto nos lleva al problema de la locura. Hoy en día, la mente es cada vez más estudiada como una función del cerebro. Si la parte física no funciona bien, generalmente por motivos genéticos, la mente, con fármacos, se puede tratar en su patología, pero siempre hay que estar sobre ella.

Hemos visto que en este capítulo, el tema aparece de nuevo en los consejos de don Quijote y en los cuentos que narra el barbero. Como ya dije en varios comentarios anteriores, Cervantes tuvo como referencia el libro del médico de Baza, Huarte de San Juan, Examen de ingenios. Rafael Salillas, en el centenario de 1905,  citando a José Luis Peset, en Melancólicos e inocentes, señala el origen de don Quijote en Huarte: “ Las almas se tienen que acomodar a los temperamentos, ya no son libres, como explicará Descartes al insistir en su imperfección al asentarse en el cuerpo”. Lo anterior es lo que actualmente se entiende por determinismo de base genética, tal y como se suele explicar gran parte de las enfermedades mentales.  

Unamuno, cuando interpreta este capítulo, lo hace sobre la base de la respuesta del don Quijote al barbero: “!Ah, señor rapista, señor rapista, y cuán ciego es aquel que no ve por tela de cedazo”. Muchos son los ciegos en estos tiempos que corren.

jueves, 7 de julio de 2011

SEGUNDA PARTE DEL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA. PRÓLOGO

Inicia Cervantes su prólogo, diciéndole al lector que probablemente espere expresiones de rabia y vituperios contra el autor del segundo don Quijote, pero él no va a caer en esa tentación, porque “los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla”…”castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo halla” ( Estas tres frases significan lo mismo: “allá él, él sabrá lo que hace” )

Se queja de que el autor lo mote de viejo, manco y envidioso. Respecto a lo primero contesta “como si hubiese sido en mi mano detener el tiempo”. ..”hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años”. Tocante a lo segundo, que su manquedad no ha nacido en una taberna, sino “en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”.  Referente a lo tercero, “de dos envidias que hay, yo sólo conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada”

Dice que no se siente agraviado por ese autor, pues comprende que a veces el demonio puede hacerle creer a un hombre que puede escribir un libro con el que ganar fama y dinero.  Para ilustrarlo le cuenta dos cuentos de locos.

Uno cogía un perro y con un canuto, lo inflaba, preguntándoles después a los circunstantes: “¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?. ¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro?.

El otro lanzaba piedras sobre los perros, en una de las ocasiones lo vio el dueño de uno y cogiendo una vara, no le dejó al loco un hueso sano, diciéndole “¿No vistes cruel que era podenco mi perro?. Desde ese momento, el loco cuando veía un perro, decía “Éste es podenco, ¡guarda!”. De la misma manera, cree Cervantes que le puede ocurrir a ese autor, que no descargue más su ingenio en libros, pues le salen malos y “más duros que las peñas”.

Por último, respecto a que con su falso Quijote le va a quitar ganancias en las ventas,  le dice que no le importa, pues  tiene la protección del Conde de Lemos y la caridad del ilustrísimo de Toledo; a estos dos príncipes les está agradecido por su ayuda, pues “la honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud dé alguna luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, viene a ser estimada de los altos y nobles espíritus, y, por consiguiente, favorecida. Continúa diciendo que la segunda parte que le da al lector es cortada del mismo artífice y del mismo paño que la primera.”. Dado que “la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo” quiere presentar un Quijote “dilatado” y finalmente muerto y sepultado, para que ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios.

Comentario

El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.”

Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo manco, pues confiesa de sí que tiene solo una”;  c) Viejo “ Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.

Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.

Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.

Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. Este, en 1615 publica la continuación del libro con el título de Segunda parte de don Quijote de la Mancha; había suprimido lo de "ingenioso hidalgo"  con que aparecía en la primera de 1605. En el prólogo contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias (viejo, manco, murmurador y envidioso) que contra él había dirigido Avellaneda en falso Quijote de 1614

Es probable que Cervantes conociera quién era el autor del falso Quijote, pero no lo quiso decir para no darle celebridad. “El duelo verbal, como apunta Avalle Arce, entre los dos autores, termina con un Avellaneda despachurrado. Cervantes lo inicia desde la ecuanimidad, utilizando la figura de la preterición, -que consiste en aparentar que se quiere omitir lo que se está diciendo-. Su saña se expresa a través de un nublado de dos chistosos cuentos de locos (Avalle Arce). Con el primer cuento, de acuerdo con Clemencín, parece que Cervantes quiso indicar que Avellaneda “no hizo más que llenar un libro de futilidades y viento, como el loco del perro”.

Las draconianas expresiones de Avellaneda pretendían ajar la inmortal obra y a su autor, pero la palabra cervantina va tejiendo una dialéctica, desde la ecuanimidad, que terminan con los dislates del apócrifo autor.
Uno de los máximos especialistas del Quijote, Jean Canavaggio, sostiene, en un artículo publicado en Babelia: Piratear el "Quijote!, que "la edición del Quijote de Avellaneda a cargo de Luis Gómez Canseco es la mejor para entender el famoso apócrifo". Es sabido que "se ha identificado al misterioso Avellaneda con más de 40 personajes, desde un amigo y protector de Lope, el duque de Sesa, hasta Lope de Vega, quien de hecho bien pudo haber escrito el prólogo. Martín de Riquer pensó en Jerónimo de Pasamonte, el soldado-escritor que inspiró a Cervantes el personaje del galeote Ginés. "Gómez Canseco no ha encontrado la salida de este laberinto. Este último autor, en el artículo "De 1605 a 1615: Relaciones y dependencias textuales", después de elucidar perfectamente el libro, mediante una revisión estadística,  sostiene que "Pudiera pensarse, visto lo visto, que Cervantes es tan imitador de Avellaneda como lo fue él suyo. Pero no es así. Cervantes tomó materiales del contrario para construir una obra nueva, distinta a la del imitador, pero también distinta a su primera parte. No sólo intensificó el diálogo entre los personajes, sino que atenuó la locura del hidalgo y redujo el número de episodios meramente cómicos"