lunes, 27 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO L. EL PAJE, CON TERESA Y SANCHICA, EN EL PUEBLO DE DON QUIJOTE,








La duquesa se enteró de que doña Rodríguez fue a visitar a don Quijote en su dormitorio, según Cide Hamete, porque otra dueña, que la vio, haciendo uso de las costumbres de éstas, chismotear sobre lo que ocurre, se lo dijo; la duquesa, junto con Altisidora, al percatarse de que estaban hablando mal de ellas entraron y, llenas de cólera, los maltrataron a don Quijote y a la dueña doña Rodríguez, como ya se dijo, porque “las afrentas que van derechas contra la hermosura y presunción de las mujeres despierta en ellas en gran manera la ira y encienden el deseo de vengarse”.

Quería la duquesa seguir con la burla y mandó al paje que había hecho de Dulcinea (II, 35) que le llevase a Teresa Panza una carta y unos regalos: una sarta de corales y el traje de paño finísimo que Sancho llevó el día de la cacería.  El paje recibió el encargo con ilusión. Se dirigió al pueblo de Sancho Panza; y, por casualidad, se encontró con Sanchica, la hija de Sancho, que se encontraba lavando ropa en un arroyo de las afueras del pueblo. El paje le pidió que lo acompañara y la joven, tal y como se encontraba, de un salto se colocó delante del caballo y lo condujo a su casa. Llamó a su madre y salió  a medio vestir. El paje, al verla, se arrojó del caballo y se puso a los pies de Teresa, llamándola “dignísima señora de un tal archidignísimo gobernador”. Teresa le pidió que no la llamase así, pues era hija de un pobre agricultor destripaterrones. El paje le entregó la carta de Sancho y tuvo que leérsela porque ella no sabía.

Elogiaba la duquesa la persona y la forma  de gobernar de Sancho, especialmente porque “con dificultad se halla un buen gobernador en el mundo”. Le dice que le manda una sarta de corales, que hubiera deseado que fuera de perlas, y le argumenta con el refrán:  “quien te da el hueso no te quería ver muerta” ( quien te da algo manifiesta su aprecio por ti). Le pide que tenga la bondad de mandarle dos docenas de bellotas y le dice que si necesita algo que se lo pida, despidiéndose como su amiga, La Duquesa.

Teresa y Sanchica encomiaron la sencillez de la duquesa, frente a las hidalgas del lugar, que miraban como inferiores a las labradoras. Le dijo Teresa a su hija que atendiese muy bien al paje, ofreciéndole la comida que tenían: huevos y tocino, mientras ella iba a darle la noticia al cura y al barbero. Se puso Teresa la sarta en el cuello y cogió las cartas; en la calle se encontró con el cura y Sansón Carrasco; se las enseñó y presumió de gobernadora.

Leyeron la carta y se sorprendieron de la petición de las bellotas que hacía la duquesa. Con intención de conocer la verdad fueron con Teresa a su casa para hablar con el paje.  Por las respuestas lo notaron socarrón, pero los regalos de los corales y la finura del traje de caza, deshacían las sospechas.

La madre y la hija se sentían orgullosas de su ascenso social de Sancho y se reían de la envidia que provocarían entre los murmuradores del pueblo, pero Sanchica se satisfacía con el proverbio ándeme yo caliente, y ríase la gente!, (se hizo célebre por la letrilla de Góngora). Teresa se acordaba de que en situaciones como éstas se debían aplicar los refranes que le había oído decir a Sancho: “cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla: cuando te dieren un gobierno, cógele; cuando te dieren un condado, agárrale; y cuando te hicieren tus, tus, con alguna buena dádiva, envásala (cuando te llamen para darte un buen regalo, cógelo; tus, tus, es una forma de llamar a los perros). Sanchica añadió que no le importaba nada que la trataran de fantasiosa, aludiendo al refrán “Viose el perro en bragas de cerro… (el refrán continúa así:” …y no conoció a sus compañeros”, y se refiere a quienes ascienden socialmente y desprecian a quienes fueron sus iguales).

Tanto el cura como el bachiller le dijeron al paje que se negaban a creer que Sancho estuviese de gobernador; el paje los invitó a que lo acompañaran para comprobarlo. Desistieron de ello; Sanchica quiso regresar con él, pero su madre intervino para decirle que no era el momento, pues había que seguir el refrán de “tal el tiempo, tal el tiento” (cada momento pide un comportamiento adecuado).

Pidió el paje de comer, pues regresaba aquella tarde, y el cura lo invitó a que lo acompañara a su casa, pues la pobre Teresa, según el cura, tendría más voluntad que comida en la despensa.  Consciente de la situación, el paje lo acompañó. Teresa recurrió a un monaguillo que sabía escribir para contestar a la carta de su marido y a la de la duquesa.



Comentario

Hemos dejado la ínsula y el palacio de los duques para entrar en el pueblo de Sancho y don Quijote. Nos enteramos de que fueron la duquesa y Altisidora las que vapulearon a doña Rodríguez y a don Quijote porque la dueña se fue de la lengua y había hecho público las úlceras de sus piernas, identificándolas con las fuentes de los jardines del palacio real de Aranjuez. (La metáfora  es otra de las características del humor cervantino).

La duquesa, para seguir con la burla, le encargó al paje que hizo de Dulcinea en el desfile del capítulo XXXV que fuese al pueblo de don Quijote y Sancho y le entregase a Teresa una carta, en las que se elogiaban los méritos de Sancho como gobernador y se le enviaba un regalo. En la actualidad son varios los críticos que interpretan el gobierno de Sancho en la ínsula a partir de las ideas de Bajtin en La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Este es el caso de Daniel Clemente de Pecio en Sancho Panza o el restaurador paródico. Parte el autor de la tesis de Bajtin: la parodia representa una imitación burlesca de los valores y de la lógica del poder de la época. En este sentido, Sancho, un hombre inculto, representante del pueblo iletrado, gobierna con gran acierto. Lo habían puesto de gobernador en la ínsula y se sorprenden por sus aciertos, tanto los duques como sus vasallos. Se ha quebrado la lógica del poder, que mandaba que Sancho, debido a su incultura, hiciese el ridículo. Sancho sabe gobernar por dos razones: a) Sancho gobierna con un sentido cristiano: “si Dios me ayuda, y yo hago lo que debo con buena intención, sin duda que gobernaré mejor que un gerifalte” (II, XXXIV); b) Su racionalidad se nutre del pensamiento popular: los refranes. El cura, cuando ha oído los que Teresa le ha dicho al paje comenta: -“Yo no puedo creer sino que todos los de este linaje de los Panzas nacieron cada uno con un costal de refranes en el cuerpo”.

Por otra parte, el capítulo nos presenta caracteres sociales de la época, a través de los comentarios de Teresa sobre el comportamiento de las hidalgas de su pueblo con las labradoras.

Todo el capítulo me suena a verdad, especialmente la vida que se atisba en el pueblo de don Quijote


jueves, 23 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLIX. EL PROGRAMA DE GOBIERNO DEL GOBERNADOR SANCHO PANZA







Sancho se sentía triste por la propuesta que el socarrón labrador le había hecho. No obstante, a pesar de que todo eran problemas, sabía hacerles frente.

A todos los que con él estaban les dijo: “Ahora verdaderamente entiendo que los jueces y gobernadores deben de ser o han de ser de bronce para no sentir las importunidades de los negociantes…Negociante necio, negociante mentecato, no te apresures: espera sazón y coyuntura para negociar.  Dirigiéndose al doctor Pedro Recio de Tirteafuera, le dijo que  sus recetas más quitaban la vida que la daba, pues el ayuno al que lo sometía no era bueno para su naturaleza. El médico se hizo eco de las quejas de Sancho y aquella noche le permitió que cenara un salpicón de vaca con cebolla y unas manos cocidas de ternera.  Después de cenar, le pidió Sancho al médico que le procurase dar comidas sencillas, nada de manjares exquisitos, sino ollas podridas (“la que además de la carne, tocino y legumbres, tiene en abundancia jamón, aves y embutidos”). Para que todo funcione bien les dice Sancho que no se burlaran de él: vivamos todos y comamos en buena paz y compañía, pues cuando Dios amanece, para todos amanece. Yo gobernaré esta ínsula sin perdonar derecho ni llevar cohecho (ni admitir soborno. Alude al refrán “Ni hagas cohecho, ni pierdas derecho”)  y todo el mundo traiga el ojo alerta y mire por el virote (mire por lo suyo), porque les hago saber que el diablo está en Cantillana (está en todas partes. Alude al refrán “El diablo está en Cantillana, urdiendo la tela y tramando la lana”). No, sino haceos miel, y comeros han las moscas  (“sed blandos y abusarán de vosotros”).

El maestresala habló en nombre de los insulanos para decirle que tenía razón en lo que decía y que todos en la ínsula colaborarían con él. Sancho le contesta que es hora de salir a rondar porque quiere mantener la ínsula limpia de holgazanes, ya que “la gente baldía y perezosa es en la república lo mismo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen”. Antes de salir les expuso su plan de gobierno: “Pienso favorecer a los labradores, guardar las preminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos y, sobre todo tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos”

Cuando salían oyeron la riña de dos hombres. Sancho y la comitiva que lo acompañaba se acercaron; les preguntó que por qué se peleaban. Uno de ellos dijo que el otro, con jugadas dudosas, había ganado dinero en una casa de juego, pero a él, estando como mirón,  que las había apoyado, le quería dar una propina despreciable. Le pedía una parte mayor. Sancho le preguntó al jugador que si eso era verdad. Este le contestó que sí, pero que eran muchas las veces que se las había dado y “los que esperan barato han de ser comedidos y tomar con rostro alegre lo que les dieren”. El mayordomo le preguntó qué se debía de hacer. Sancho le mandó al jugador que le diera cien reales al mirón y, treinta para los pobres de la cárcel. El mirón, por no tener oficio ni beneficio, debía de salir al día siguiente de la ínsula; el jugador se marchó a su casa.

Les comentaba Sancho a los acompañantes su deseo de cerrar todas las casas de juego cuando un corchete le trajo a un joven. Sancho lo interrogó, pero a todas las preguntas contestaba con mucha ironía. Se sintió molesto por las respuestas y decidió que dormiría en la cárcel, pero el joven mostró gran viveza y le contestó que no dormiría por muchas cadenas y grilletes que le pusieran. Sancho reconsideró su mandato y ordenó que lo dejasen en libertad, tras advertirle que no volviese a burlarse de la justicia.

Dos corchetes le trajeron a una joven vestida de hombre. Era hija de Diego de la Llana, un hidalgo principal del pueblo. Les dijo la joven que su padre, desde que falleció su madre, hace diez años, la había tenido encerrada en su casa.; pero no podía contener por más tiempo sus deseos de ver mundo y había decidido aquella noche, vestirse de muchacho y salir con su hermano, disfrazado de doncella, a recorrer las calles de la ciudad. Otro corchete llegó con su hermano; Sancho comprobó que lo que la joven decía era verdad. Los llevaron a su casa y Sancho les dijo que “de aquí adelante no se muestren tan niños, ni tan deseosos de ver mundo, que la doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa, y la mujer y la gallina, por andar se pierden aína, y la que es deseosa de ver, también tiene deseos de ser vista”. (Refranes que advierten de los riesgos a que se exponen las mujeres por no recogerse en su casa).

El maestresala se enamoró de la joven y decidió ir a pedirla al día siguiente. Sancho barruntaba que el hermano sería bueno para Sanchica.

Comentario

Entre las posibles lecturas de este capítulo destaco las siguientes:

a)      La que realiza Luis R. Corteguera en Sancho quiere una ínsula: Cervantes y la política de los labradores gobernantes. La tesis que se defiende en el artículo, muy convincente, es que con el modelo de gobierno que Sancho realiza, Cervantes quiere  que el lector se fije en el modelo del buen gobernante. Sus premisas son: 1. Existe desde la antigüedad la opinión, cuyos sus precedentes se encuentran en Platón, de que la sociedad debe ser gobernada por los más formados intelectualmente; el vulgo y los iletrados no estaban capacitados para ser gobernantes. Esta opinión era sostenida entre otros por pensadores como el español Jerónimo Castillo de Bobadilla, quien en Política para corregidores y señores de vasallos, 1597, sostenía que “el arte de gobernar las ciudades y repúblicas es ciencia real, que pertenece a reyes”. Juan de Castilla y Aguayo, en El perfecto regidor, 1586, defendía que aquel que aspirara a ser un buen regidor debería tener una educación universitaria. 2. Cervantes vivió una época en la que la “vieja idea de que gobernar es juzgar” se enfrentaba a la nueva de “gobernar es administrar”. Esta última enlaza con los principios de La Razón de Estado. Los que propugnaban esta forma de gobernar, consideraban que las decisiones del Estado están por encima de cuestiones morales y éticas. Pues debe prevalecer el statu quo que asegura el predomino del poder administrativo, frente a consideraciones morales y juiciosas o de sentido común.   Para estos pensadores, en la España del XVI y XVII, con conflictos políticos y religiosos, se imponía esta forma de gobernar. Otros sostenían que la forma de gobernar debe estar regida por principios éticos y religiosos. Tal es el caso del jesuita Pedro de Ribadeneira, quien en 1595, en el Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus estados condena la Razón de Estado y le da la primacía a la religión y a las preocupaciones morales.

“Cervantes estaba claramente de lado de quienes defendían la vieja noción de la naturaleza ética del gobierno”  (Luis R. Corteguera). De lo anterior se infiere el programa de gobierno de Sancho: “Pienso favorecer a los labradores, guardar las preminencias a los hidalgos, premiar a los virtuosos y, sobre todo respeto a la religión y a la honra de los religiosos.



b)      Otra lectura consiste en ver el capítulo como una manifestación más del deseo de Cervantes de exponer consideraciones sociales de la época. A finales del XVI y principios del XVII, había muchos problemas económicos en España debido al auge y decadencia de la economía influida por el oro de las indias. En el declive económico, con una fuerte inflación, se forman muchos labradores ricos y también aparecen muchos pobres que aspiran a poder comer como lo hacen los ricos. Sancho sería en este caso un ejemplo de este tipo de pobre labrador, maltratado por el doctor Pedro Recio de Tirteafuera (Pierre Vilar: El tiempo del "Quijote") .  En la ronda se ha encontrado con el jugador y el mirón, con el joven ingenioso y con la doncella que se viste de hombre porque quiere ver mundo. El primero y el último caso ponen de manifiesto cuestiones sociales de la época. Al mirón, sin oficio ni beneficio, le ordena que se marche de la ínsula, al jugador, que reparta parte de su dinero y, sobre las casas de juego, se cuestiona su cierre. El caso del joven ingenioso pone de manifiesto, una vez más, la técnica del humor cervantino en el libro, en este caso con los tipos de respuesta que da el joven; consisten en, de una manera rápida, contratacar a las preguntas que le hace el juez. Por último, el caso de la joven doncella, con su rocambolesca historia de aislamiento, nos presenta “el impulso femenino del deseo”, (Casalduero) tratado por Sancho como una cuestión de “rapacería”, situándolo todo en la España de los Felipes, frente a la del primer Renacimiento del XVI.  


viernes, 17 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLVIII. DON QUIJOTE, EN SU DORMITORIO, CON DOÑA RODRÍGUEZ






Don  Quijote estaba una noche entristecido en su aposento, sin poder dormir, dolido por los arañazos de los gatos y pensando en cómo era perseguido por Altisidora, cuando oyó que abrían la puerta del dormitorio. Pensó de inmediato en la enamorada doncella y temió que hubiese venido a comprometer su honestidad; pero en vez de entrar Altisidora, como esperaba don Quijote, lo hizo una dueña, vestida con largas y blancas tocas, con anteojos en la cara y, llevando una vela en la mano. Don Quijote, de pie sobre la cama, envuelto en una concha amarilla, tocado con un gorro de dormir y, con el rostro y los bigotes vendados por los arañazos de los gatos, empezó a santiguarse nerviosamente, porque creía que alguna bruja había entrado en su aposento. La dueña, cuando se acercaba y vio el aspecto de don Quijote, se asustó tanto que se le cayó la vela y, al intentar huir en la obscuridad, se pisó las faldas y cayó al suelo.

Creía que era un fantasma y  le conjuró a que le dijera qué quería de él, pues como tal caballero andante, su oficio se extiendía a hacer el bien hasta las ánimas del purgatorio. Se dio a conocer la dueña. Era doña Rodríguez y venía a exponerle sus cuitas y a pedirle ayuda. Don Quijote, que no se fiaba de las dueñas, le respondió que si su petición era celestinesca, él sólo estaba para Dulcinea. Al final accedió a escucharla, quedándose él acostado en su lecho, asomando sólo la cabeza; ella sentada en una silla a una enorme distancia.

Doña Rodríguez era asturiana. Su padre la trajo a Madrid y la acomodó a servir como doncella de labor en casa de una señora principal; al poco de llegar quedó huérfana. Se enamoró de un escudero de la casa. La señora, para evitar comentarios, los casó. Tuvieron una hija; al poco tiempo falleció su marido a consecuencia del trauma que le produjo el maltrato de su señora doña Casilda.

Tenía fama de buena costurera y, cuando se quedó viuda la duquesa se la trajo con ella al reino de Aragón. Su hija tenía dieciséis años, era muy bella y poseía grandes cualidades. Se había enamorado de ella el hijo de un rico labrador; le había dado palabra de ser su esposo, pero ahora no quería cumplirla. Por eso venía a pedirle ayuda. Termina destacando el valor de su hija frente a Altisidora y la duquesa; en la primera porque “no es oro todo cuanto reluce” (refr. Las apariencias engañan), pues le huele la boca; en la segunda, porque tiene llagas en las piernas.

Nada más terminar de hablar abrieron la puerta; del sobresalto, se le cayó la vela a doña Rodríguez y se quedó la habitación a obscuras. Dos manos la cogieron por la garganta y otra persona le levantó las faldas y le dio varios azotes con una chinela. A don Quijote le pellizcaron por todas las partes y le dieron mamporros. Tuvo que  defenderse a puñadas.



Comentario



Las interpretaciones más abundantes de este capítulo son dos:

A)     Las que lo sitúan en un ambiente teatral como hacen Díaz Plaja en la obra En torno a Cervantes, y la que lo interpreta concretamente como un paso de entremés, como es el caso de Domingo Ynduráin en las “Notas al capítulo XLVIII”. Para este autor, “No faltan ninguno de los ingredientes propios del género: figuras estrafalarias y tipificadas, parodias con recuerdos clásicos de las relaciones amorosas caballerescas y refinadas, críticas a las dueñas y final a palos y a oscuras. Pero sobre este esquema, Cervantes borda algunos de los elementos esenciales que caracterizan toda la obra. Tal es el contraste entre imaginación y realidad: el caballero, que espera Altisidora, se encuentra con una dueña a la que confunde con una aparición diabólica. Comparándolo este capítulo con otros en los que se evidencia el contraste entre lo imaginado y lo real, Ynduráin destaca la ironía que suponen los juicios sobre el espantable aspecto de doña Rodríguez y las consideraciones de don Quijote sobre la dueña, como tentadora y apetecible. Preguntando don Quijote si estaría seguro al recibir a tales horas a doña Rodríguez y contestando ésta que sí. Responde él:

-          ”porque ni yo soy de mármol, ni vos de bronce, ni ahora son las diez del día, sino media noche…y en una estancia más cerrada y secreta que lo debió de ser la cueva donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido”.

B)      Desde un    punto de vista social. La dueña hace honor al apelativo de alcahueta, como explica Casalduero: “Cervantes, nos ha presentado las bellísimas piernas de Altisidora ; doña Rodríguez nos descubrirá las de la Duquesa, con unas fuentes “por donde se desagua todo el mar humor de quien dicen los médicos que está llena”. Doña Rodríguez nos da a conocer el secreto de los médicos; nos hace, querámoslo o no, presenciar el cuerpo de la Duquesa en su realidad verdadera, e igualmente nos entera de la vida del Duque y nos aproxima a Altisidora, todo esto después de habernos hecho pasear por Madrid y conocer la corte”.  Recordemos que cuando expone la historia de su seducida hija por el hijo de un rico labrador, “pedídole (al Duque) mande que el tal labrador se case con mi hija, hace orejas de mercader y apenas quiere oírme, y es la causa que como el padre del burlador es tan rico y le presta dineros y le sale por fiador de sus trampas por momentos, no le quiere descontentar ni dar pesadumbre”.

                     

jueves, 9 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLVII. EL BANQUETE DE SANCHO







Del juzgado llevaron a Sancho al comedor de un palacio; se sentó en la única silla que había en la mesa, llena de frutas y diversos manjares. Delante de él, que tenía mucha hambre, fueron desfilando suculentos platos de comida sin poderlos probar  porque el médico que velaba por su salud, los mandaba retirar. Lo único que le autorizó fueron unos barquillos finos y “unas tajadicas sutiles de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión”. No pudo aguantar tanta impertinencia y mandó echar de la sala al doctor Pedro Recio de Agúero, natural de Tirteafuera, llamado por Sancho Pedro Recio de Mal Agüero; a continuación ordenó que le diesen de comer o se tomaran su gobierno, “que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas”.

Se marchaba Pedro Recio cuando apareció un correo con una carta del duque. Éste le avisaba que tomase precauciones porque había espías en la ínsula y se preparaba un ataque que tenía como objetivo acabar con su vida También le decía que tuviese cuidado con la comida, pues podía estar envenenada. Sancho se quedó perplejo. El maestresala le recomendó que no comiera de aquellos platos porque los habían traído unas monjas y, como suele decirse, “detrás de la cruz está el diablo”  (Detrás de lo que aparenta ser bueno puede ocultarse algo malo). A Sancho no le convenció lo que dijo el maestresala, contestándole que necesitaba comer, porque “tripas llevan corazón, que no corazón tripas” (Es una variante del refrán “tripas llevan pies, que no pies a tripas (es necesario alimentarse para tener buen ánimo)). Como estaba hambriento pidió que le trajeran pan y uvas. Lo interrumpió en su comida un labrador que pedía audiencia. Dando muchos rodeos le presentó su problema: su hijo, un joven endemoniado y epiléptico se quería casar con Clara Perlerina, una grotesca figura, enferma de perlesía. Le pedía que intercediese ante su consuegro, una persona pudiente, para que permitiera el casamiento. También solicitaba una pensión de seiscientos ducados para la dote de su hijo.

Sancho, cogiendo la silla en la que estaba sentado, amenazó con lanzársela a la cabeza si no se retiraba de su presencia.

El narrador, después de decir refrán “ándese la paz en el corro”, (se aplica a aquellas reuniones o corros en que hay disputas o riña) prometió que volvería a contar cosas de la historia de don Quijote.



Comentario: Dos interpretaciones, entre otras, tiene este capítulo:


a) Una de las líneas poéticas más importante del Renacimiento español fue la que practicó Fray Luis de León en la famosa oda a la Vida Solitaria, inspirada en el tópico del Beatus ille Horaciano o “Dichoso aquel que lejos de los negocios”… También en este capítulo, envuelto en el humorismo con que Cervantes quería que se leyese su obra, encuentro una alusión a la intranquilidad que produce el poder cuando no se puede disfrutar de los bienes materiales que conlleva.

Sancho fue recibido con todo el fausto propio del cargo que ostentaba. Lo llevan a un “suntuoso palacio”, lo sientan en una mensa llena de manjares y lo torturan presentándole exquisitas comidas que en vez de satisfacer su apetito le aumentan el hambre.

La ironía cervantina se centra también en los médicos: el doctor Pedro Recio de Agüero, natural de Tirteafuera,  atormenta con su tratamiento tanto a Sancho, que lo despide llamándolo Pedro Recio de Mal Agüero.

La carta que recibe del Duque le sirve para aumentarle las preocupaciones, pues se avecinan tiempos de guerra y, además, tiene que tener cuidado con la comida, pues lo pueden envenenar. Cuando se ha decidido a comer solamente pan y uvas, llega el labrador de Miguel Turra a explicarle su problema y a pedirle dinero. Sancho, ni ha comido ni ha podido descansar.

Su experiencia de gobierno es negativa. El mito de que el poder da la felicidad ha caído destrozado. La oda de Fray Luis antes mencionada, ya lo anunciaba: ¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal rüido, / y sigue la escondida / senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido; / que no le enturbie el pecho / de los soberbios grandes el estado, / ni del dorado techo / se admira, fabricado / del sabio moro, en jaspes sus tentado! //.

Una vez más, la ironía prismática de Cervantes le hace vivir a Sancho la realidad del gobierno que muchos desconocen.

b) El tópico del mundo al revés, es decir, ver la realidad invertida cuando las personas no cumplen la función que la naturaleza o la sociedad les ha asignado, era ya patente en la Literatura de la época. Este hecho se reflejaba especialmente en las fiestas de carnaval. Desde este punto de vista analiza los capítulo de la ínsula Agustín Redondo en Tradición carnavalesca y creación literaria: del personaje de Sancho Panza al episodio de la ínsula Barataria en el Quijote. El autor defiende la tesis de que tanto don Quijote como Sancho representan dos figura que entroncan con la tradición del carnaval en España. Sancho, en la ínsula, respondería al tópico del mundo al revés:un personaje tosco es nombrado gobernador. En el palacio se le presentan abundantes  manjares para satisfacer su voracidad, que se ve frustrada. "Lo que más le apetece es una olla podrida, plato sustancioso, típico de Carnestolendas". 
"Hasta el famoso combate simbólico entre el Carnaval y la Cuaresma aparece muy a las claras desde el momento en que el gobernador se prepara a comer, lo que no puede hacer por impedírselo el doctor Pedro Recio de Agüero, natrural de Tierteafuera 

miércoles, 8 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLVI. CONSEJOS A ALTISIDORA SOBRE LA HONESTIDAD Y EL MATRIMONIO






Don Quijote había pasado la noche desvelado porque las palabras de Altisidora habían actuado “como pulgas”, pero “como es ligero el tiempo y no hay barranco que le detenga”, llegó la mañana, se vistió solemnemente y, con gran gravedad, salió a la antesala en la que lo esperaban los duques. Al pasar por la galería se encontró con Altisidora y su amiga Emerencia. La primera fingió desmayarse y al acercarse don Quijote la otra lo llamó desagradecido. Don Quijote le pidió un laúd para desengañar a la joven enamorada aquella noche, pues “en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados”. Tras lo cual se marchó rápidamente para que no lo viesen hablando con la doncella.

Las jóvenes informaron a la duquesa de la petición de don Quijote; los duques concertaron para esa noche una nueva burla. La duquesa despachó a un paje para que le llevase a Sancho sus cartas y alguna ropa.

Cuando don Quijote entró a acostarse encontró en el dormitorio una vihuela y, templándola le cantó a Altisidora el siguiente romance que le había compuesto:   “Suelen las fuerzas de amor / sacar de quicio a las almas, / tomando por instrumento / la ociosidad descuidada. //

Suele el coser y el labrar / y el estar siempre ocupada / ser antídoto al veneno / de las amorosas ansias. //

Las doncellas recogidas / que aspiran a ser casadas, /  la honestidad es la dote / y la voz de sus alabanzas.//

Los andantes caballeros / y los que en la corte andan / requiébranse con las libres, / con las honestas se casan.//

Hay amores de levante, /que entre huéspedes se tratan, / que llegan presto al poniente, / porque en el partir se acaban.// (Para algunos transeúntes (huéspedes), el amor es como la salida y puesta  del sol).

El amor recién venido, / que hoy llegó y se va mañana, / las imágenes no deja / bien impresas en el alma//.

La firmeza en los amantes / es la parte más preciada, / por quién hace amor milagros/  y a sí mismo los levanta. //

Cuando don Quijote terminó de cantar descolgaron desde una ventana encima de su dormitorio una cuerda que llevaba atados más de cien cencerros. Al final de la cuerda, un saco lleno de gatos con cencerros atados a las colas. Algunos gatos entraron en su dormitorio y, en sus carreras,  apagaron las velas; los maullidos de los gatos y el ruido de los cencerros le hicieron creer a don Quijote que habían llegado sus enemigos encantadores; sacó la espada y comenzó a dar reveses a diestro y siniestro; uno de los gatos le saltó a la cara y le dejó “acribado el rostro” (como una criba o un colador). Los duques entraron para ayudarle. Altisidora le curó las heridas y, con voz baja, le dijo que lo que le había ocurrido era por su dureza con ella; que, mientras ella viviese,  ojalá Dulcinea se mantenga encantada y no la pueda gozar, porque lo adoraba.



No le contestó don Quijote, solamente suspiró y se recostó en su lecho: tuvo que guardar cama durante cinco días.



Comentario

Posibles interpretaciones:

a)      Existencial

El amor puede dar lugar a un insatisfecho estado de paz espiritual: ¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!, nos decía Garcilaso. Esta situación afectiva fue, mutatis mutandis, la que sufrió don Quijote cuando oyó la parodia amorosa que representó Altisidora en el capítulo anterior, porque la razón le decía que su amor era para otra persona: Dulcinea. Lo dijo anteriormente: “Llore o cante Altisidora, desespérese Madama, por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado, que yo tengo que ser de Dulcinea cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la Tierrra”. Se lo reitera más adelante en sus consejos: “La firmeza en los amantes  / es la parte más preciada, / por quien hace amor milagros / y a sí mismo los levanta /.

Su experiencia amorosa anterior la había tenido en la venta de Juan Palomeque, el Zurdo, en I,16. Don Quijote soñaba en el camaranchón con la hija del ventero, pero en vez de ésta cayó en sus brazos Maritornes, y las consecuencias fueron desastrosas porque fue “aporreado”. Tales golpes se le quedarían gravados como nos recordó en el capítulo anterior: “Llore o cante Altisidora, desespérase Madama, por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado, que yo tengo de ser de Dulcinea, cocido o asado, , limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra”.

Era amigo de dar consejos sobre el amor y la honestidad: “La mujer hermosa y honrada cuyo marido es pobre merece ser coronada con laureles..”, les decía  a Basilio y Quiteria, después de las Bodas de Camacho. Honestidad que vuelve a resaltar en los consejos a Altisidora: “Las doncellas recogidas / que aspiran a ser casadas, la honestidad es la dote / y voz de sus alabanzas.//.

Lamentablemente, sus consejos lo único que consiguen es “irritar la feminidad social”, como dice Casalduero. Los gatos le llenan la cara de arañazos y la misma Altisidora lo cura, mientras le dice al oído: “Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios se le olvide a Sancho, tu escudero, el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro”. ¡Pobre don Quijote, el amor, un valor absoluto para ti, es utilizado como burla por otros!. Cierto relativismo encuentro en este capítulo

b)      Desde el punto de vista de la filosofía realista

Las personas nos movemos por aquello que nos es beneficioso. A veces ni siquiera reparamos en las consecuencias que tendrán nuestras acciones. Los duques se habían propuesto pasárselo lo mejor posible a costa de don Quijote y para nada consideraron los medios. Le dicen a Altisidora que parodie sus escenas de amor, sin importarle cómo las sentirá don Quijote: éste es un mero instrumento en sus manos.




jueves, 2 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLV. LOS JUICIOS DEL JUEZ PANZA EN LA ÍNSULA BARATARIA







Empieza el capítulo el narrador pidiéndole al sol que lo alumbre en su ingenio para contar ordenadamente el gobierno de Sancho.

Éste, acompañado de su séquito llegó a un lugar cercado, de unos mil vecinos, llamado la ínsula Barataria. Los recibieron, con gran alegría, los insulanos acompañados del consejo municipal; lo llevaron a la iglesia para dar gracias a Dios, le entregaron las llaves del pueblo, lo nombraron gobernador perpetuo y posteriormente lo llevaron al juzgado.

Sentado en la silla, el mayordomo del duque le dijo que era costumbre preguntarle al gobernador unas preguntas para que los insulanos valoraran el ingenio de la respuesta. Un letrero en las paredes daba la bienvenida a don Sancho Panza. Sancho rechazó el don, alegando que en todo su linaje, nunca lo tuvieron.

Entraron dos hombres: un sastre y su cliente. Éste le había dado un trozo pequeño de paño para que le hiciera tantas caperuzas como pudiera. Le hizo cinco, pero eran inservibles por el tamaño. Se quejaba el sastre de que el cliente no le quería pagar el trabajo realizado. Sancho sentenció que el sastre se quedara sin sus honorarios y el cliente sin el paño, pues los dos habían actuado con malicia. Las caperuzas se deberían llevar a los presos de la cárcel.

A continuación entraron dos ancianos. Uno venía apoyado en un bastón de caña. El denunciante decía que le había prestado al otro, diez monedas de oro y no se las había devuelto. Se le pedía al juez que solucionara el problema. Sancho le pidió que jurara que había devuelto las monedas. Le dejó el prestatario al prestador el bastón de caña y juró que se las había devuelto.  Sancho sospechó la verdad; pidió la caña y la rompió. En su interior estaban los diez escudos que devolvió a su dueño.

Después entraron una mujer muy alterada y un ganadero. Denunciaba ella que él la había violado y pedía justicia. El respondió que venía de vender cuatro puercos, cuyo importe casi se lo habían llevado los impuestos; en el camino se encontró con ella y, después de haberle pagado, yogaron juntos. Lo traía ante el juez y lo denunciaba por violación. Sancho le dijo al ganadero que le diese a la mujer el dinero que llevaba encima. La mujer, con muchas zalemas, salió del juzgado. Después le dijo a él que fuese tras de ella y le quitase el dinero a la fuerza. Intentó, pero no pudo, por lo que volvieron los dos al juzgado. Le pidió Sancho la bolsa a la mujer y se la devolvió al hombre, diciéndole a ella que si hubiese defendido su cuerpo como defendió la bolsa, hubiera sido imposible hacerle lo que ella había contado.

El hombre le dio las gracias y todos admiraron el buen juicio y las sentencias de Sancho.



   Comentario



Entre las posibles lecturas del capítulo destaco las siguientes:

a)      Estilística. Se inicia el capítulo con un apóstrofe al sol, pidiéndole el autor que lo ilumine para narrar el gobierno de Sancho. El pasaje del amanecer está descrito con un tono humorístico en el que se mezcla la descripción mitológica hacha del mundo, con el vivo exabrupto realista o grotesco de el meneo dulce de las cantimploras.

Otro de los rasgos estilísticos que la crítica ha destacado es el perspectivismo lingüístico (Leo Spitzer). Cuando Sancho llega a su gobierno lo hace a “un lugar de hasta mil vecinos…Diéronle a entender que se llamaba “la ínsula Barataria”, o ya porque el lugar se llamaba “Baratario” o ya por el barato con que se le había dado el gobierno”. La ironía cervantina se manifiesta en presentarnos las cosas reflejadas a través de un  prisma. En el fragmento anterior nos ha dado dos explicaciones de la misma palabra: la del regalo y engaño (“el barato”) y la real o etimológica.

b)      El punto de vista esotérico. Así lo denomina Anthony Close, en Las interpretaciones del Quijote. “Pertenecen a este grupo los que sostenían que el Quijote era una sutil alegoría alusiva a la biografía del autor y la historia contemporánea. Uno de los autores que lee el Quijote como una representación cinematográfica del XVI es Tomás Carreras en Filosofía del Quijote”. Cuando analiza La conocimientos jurídicos de Cervantes dice lo siguiente: “Constituyen los casos expuestos, un archivo de candor, de ingenio, de travesura poética, pero no arguyen ningún conflicto serio de Derecho. Destejidos por los toscos personajes del Quijote, y rematados espontáneamente por el juez Panza serán siempre bellos: aquellos mismos casos atribuidos reflexivamente a Cervantes, empingorotados hasta la categoría de hombre de leyes, y encargados de interpretarlas, no pasarán de una solemne inocentada. Ni en broma es lícito hablar de la Jurispericia de Cervantes. Nótese que es tan pobres de recursos el Manco en su improvisada función jurispericial, que se limita a glosar por lo común unos cuentos populares.”

Cuando los analiza desde el ámbito del Derecho Procesal, sostiene que en estos juicios se constatan los siguientes caracteres:”un exceso de juez, que se patentiza en la iniciativa extraordinaria que se le otorga no ya para el ejercicio y apreciación de las pruebas, sino incluso para la aplicación de la pena, procedimientos judiciales sumarísimos, forma oral, instancia única y ejecución inmediata, todo lo cual redunda en falta de garantías” (José Antonio López Calleja. El Catoblepas. Filosofía del Quijote)