lunes, 29 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO X. DON QUIJOTE ENCUENTRA ENCANTADA A DULCINEA

En este capítulo nos advierte el narrador que el autor mismo se asombra de las locuras que cometió don Quijote, pero para ser fiel a la verdad, las cuenta como las vio, porque la verdad adelgaza y no quiebra, (la verdad prevalece por encima de todo) y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua”.

Tras esconderse en la floresta, se dirigió don Quijote a Sancho, llamándolo “hijo” y “amigo”. Le mandó volver al Toboso, presentarse a Dulcinea y suplicarle que se dejara ver “de su cautivo caballero”. Le advierte que se fije bien en cómo lo recibe, así como las reacciones que tiene cuando oiga su nombre, pues has de saber, Sancho, si no lo sabes, que entre los amantes las acciones y movimientos exteriores que muestran cuando de sus amores se trata son certísimos correos que traen las nuevas de lo que allá en el interior del alma pasa”. Al darse cuenta de que don Quijote se sumergía en una triste soledad, Sancho lo animó, argumentándole que si no tuvieron suerte de ver anoche el palacio, pudiera ser que se lo encontrara hoy, en su embajada, por lo tanto debía quedarse animoso pues  “buen corazón quebranta mala ventura” ( el ánimo ayuda a superar las dificultades) y añade otros refranes para apoyar su suerte:  “donde hay tocinos, no hay estacas” (donde se piensa que hay tocinos, no hay ni estacas donde colgarlos (las apariencias engañan). “Donde no piensa, salta la liebre” (las cosas ocurren cuando menos se esperan).

Sancho vareó su rucio y se dirigió al Toboso, pero nada más darse cuenta de que don Quijote no lo veía, se sentó debajo de un árbol y empezó a reflexionar sobre lo ilógico de su viaje, diciéndose que no tenía sentido, pues ni él ni don Quijote la habían visto jamás, que lo único que podía obtener eran problemas, como dicen los refranes para estos casos: “ándeme yo buscando tres pies al gato” (buscar complicaciones donde no las hay); “así será buscar a Dulcinea por el Toboso como a Marica por Ravena o al bachiller por Salamanca” ( es difícil buscar a alguien entre una muchedumbre ).

Con sus reflexiones, Sancho llegó a la conclusión de que como don Quijote estaba loco, aunque él no le iba a la zaga, de acuerdo con los refranes:  “Dime con quién andas, decirte he quien eres”, y el otro de “No con quien naces, sino con quien paces” (en la vida influyen más las compañías que el origen de cada uno)-, lo mejor sería engañarlo, haciéndole ver que cualquier labradora que pasase era Dulcinea.  Al rato de estar allí, vio que venían del Toboso tres aldeanas, subidas en sus borricas.  De inmediato se fue a donde estaba don Quijote. Le dijo Sancho que el viaje le había ido muy bien, tanto era así que Dulcinea en persona, acompañada de dos doncellas,  venía a verlo. Le describió Sancho, con ciertas prevaricaciones lingüísticas, corregidas por don Quijote, que las aldeanas venían subidas en cananeas por hacaneas (jacas de reinas y grandes señoras)

Don Quijote salió bastante turbado a verla, pero se encontró con tres rústicas aldeanas subidas en sus borricas. Sancho continuó con la patraña y  le insistió en que era Dulcinea y, cuando se aproximaban, cogió el cabestro de una de las aldeanas y parándolo, se puso de rodillas, presentándole pidiéndole al “asenderado caballero don Quijote de la Mancha, llamado por otro nombre el Caballero de la Triste Figura”.

Don Quijote, sin decir palabra, con ojos desencajados y vista turbada, mirando a la moza carirredonda y chata, se postró de hinojos junto a Sancho.  Las aldeanas pidieron que se apartaran, pero como insistió Sancho en que se ablandara viendo a don Quijote como estaba, otra de las aldeanas dijo “¡Jo, que te estrego, burra de mi suegro!”  ( Según Clemencín, “Se aplica a los que se niegan a recibir el bien que se les quiere hacer, a manera de la bestia que resiste los halagos de quien la rasca. En boca de nuestra labriega es irónico, y tilda la inoportunidad del obsequio con que se la detenía”).  A continuación, picó a la borrica, ésta se espantó y descabalgó a la moza. Acudieron don Quijote y Sancho a ayudarlas,  pero ésta se negó y, tomando carrera, de un salto se sentó a horcajadas.

Se quejó don Quijote de su mala suerte, diciendo “yo nací para ejemplo de desdichados y para ser blanco y terrero donde tomen la mira y asesten las flechas de la mala fortuna”. Continúa lamentándose de que  cuando la quiso subir en lo que a Sancho le parecía hacanea y a él borrica, olía a ajos crudos. Sancho despotrica contra los encantadores por haber cambiado a Dulcinea y no haberle dejado ver a don Quijote las perlas de los ojos,  los cabellos de oro purísimo y su silla a la jineta.

Se volvió a lamentar don Quijote por no haber podido ver lo que Sancho decía. Este se contenía la risa al oír las sandeces de su amo.

Continuaron con estas razones y subidos en sus cabalgaduras, se dirigieron a Zaragoza.



Comentario

Varios aspectos hemos de destacar en las posibles lecturas de este capítulo:

 a) La técnica narrativa. Una vez más Cervantes se vale de la ficción del autor Cide Hamete, que se asombra de las locuras que don Quijote realizó, pero que las escribe para ser fiel a la verdad. El narrador omnisciente, quien supuestamente ha traducido El Quijote al español, aplaude su determinación porque “la verdad adelgaza y no quiebra”.

Este narrador omnisciente le ha dado la palabra a Sancho y éste expone en el gracioso soliloquio dramático en el que decide engañar a su amo, toda una manifestación de la técnica del  monólogo interior, aunque de un modo rudimentario:

     “ -Sepamos ahora, Sancho hermano, adonde va vuesa merced. ¿Va a buscar algún jumento que se ha perdido?...

Siguiendo con el análisis de la técnica narrativa hemos de destacar la polifonía lingüística del capítulo. Desde los estudios de Bajtin se viene destacando la íntima relación que existe entre los elementos cotidianos, como objeto del relato y la manifestación lingüística de los actores. En este sentido, como ya he dicho en otras ocasiones, haciéndome eco de lo que Lázaro Carreter dice en La prosa del Quijote, “Cervantes funda la novela moderna”, es decir, nos ha enseñado a acomodar el lenguaje a la realidad del mundo de los personajes.

En la línea anterior, el estudio del lenguaje en la obra, hay que destacar por su importancia el libro de Ángel Rosemblat, La lengua del Quijote, así como el ensayo de Leo Spitzer,  Perspectivismo lingüístico en El Quijote”.  En el primero de los trabajos, destaca Rosemblat,  el realismo lingüístico: los personajes hablan de acuerdo con su formación y procedencia social. Lo vemos claramente en este capítulo. Dice una de las aldeanas: “!Jo, que te estrego, burra de mi suegro”, para indicar que rechazaba la oferta de don Quijote; - ¡Toma que mi agüelo!  (…) ¡Amiguita soy yo de oír resquebrajos!. Sancho, confunde hacaneas, jaca de reinas y señoras, por cananeas.

La tesis de Spitzer, es que el gran mérito de Cervantes es resaltar por encima de todo la obra del artista como escritor. Su perspectivismo consiste en presentarnos la realidad, y con ella el lenguaje, tal y como lo percibimos. Sin embargo, es el escritor el que con toda su libertad, va llevando al lector a que se fije en aquello que a él, como escritor, le interesa.

b)      El engaño de Sancho. Varias veces me he referido a la tesis de Parker, en el sentido de que “la causa por la cual las acciones de los hombres se conforman con la realidad o se oponen a ella, hay que buscarla en que el interés de los personajes porque las cosas sean de un modo o de otro”. En este sentido, Sancho, no quiere decirle la verdad. Desea que su amo continúe con el engaño. De esta manera podrían seguir con sus aventuras y él conseguir alguna ínsula. Sancho es engañador y engañado. No desea reconocer los problemas económicos que España está viviendo. Aspira a medrar como sea, pero no a trabajar.

c)      Martín de Riquer nos dice que “Este episodio señala decididamente una nueva fase de la locura de don Quijote insinuada en algunos episodios de la Primera parte (…) Don Quijote siempre verá la realidad tal cual es  (el episodio de la cueva de Montesinos es un sueño), y serán los que les circundan (Sancho, los Duques) quienes le crearán un mundo de fantasía”.

Cervantes, el genial alarife complutense, construye, una vez más una realidad por la que nos va llevando, sin darnos cuenta, por donde él quiere














martes, 23 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO IX. EN EL TOBOSO, BUSCANDO EL PALACIO DE DULCINEA



Entraron a la media noche en el Toboso. Ladraban los perros y mayaban los gatos. Todo era tenido por nuestros protagonistas como signo de mal agüero. Era la noche “entreclara”, pero Sancho hubiera querido noche cerrada para que no se viera su mentira sobre la carta de Dulcinea

A pesar de los malos presagios, don Quijote le pide a Sancho que lo guíe al palacio de Dulcinea. Sancho le contesta que no existe tal palacio, que él la vio en una casa muy pequeña; pero que, aunque fuera palacio, como él decía, no era hora de dar aldabonazos, “como hacen los abarraganados”.

Le insiste don Quijote en que continúen y ambos van dando su punto de vista sobre la casa de Dulcinea. Ve un bulto con su sombra a lo lejos y se creyó que era el palacio de Dulcinea; se acercó y se encontró con la iglesia del pueblo. Don Quijote le dijo a Sancho “Con la iglesia hemos dado”. (La frase se ha proverbializado en “Con la iglesia hemos topado”, para indicar que la Iglesia o una autoridad extraña se interpone a la realización de un proyecto”.

Le advierte Sancho que vayan con cuidado, pues lo mismo podrían dar con el cementerio, pues ya había advertido él que la casa de Dulcinea estaba en una callejuela sin salida. Esto enfureció a don Quijote pues el palacio de su señora no podía estar en sitios como los que Sancho decía. Sancho contestó que “en cada tierra su uso”, y lo mismo podía ser que en el Toboso fuera costumbre edificar palacios en callejuelas. Don Quijote, que se dio cuenta de la ironía le contestó: “Tengamos la fiesta en paz” (No compliquemos más la situación) y “No arrojemos la soga tras el caldero” (No llevemos las cosas al límite).

Sancho, que entendió las palabras de don Quijote, le dijo que le era imposible llevarlo a casa de Dulcinea, pues es de noche y antes la vio sólo una vez. Parece más lógico que sea don Quijote que la ha visto miles de veces. Don Quijote le contesta que sólo la conoce de oídas, replicándole Sancho que ni él la había visto ni don Quijote tampoco. Lo toma don Quijote por una burla y le advierte que “Tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas”.

Iban con esta conversación cuando oyeron a un mozo de mulas que iba cantando un romance . Don Quijote lo tomó por signo de buen agüero y le preguntó que si conocía dónde estaba el palacio de Dulcinea. Le contestó que llevaba poco tiempo allí y estaba “sirviendo a un labrador rico en la labranza del campo”. No conocía tal palacio, aunque sí había oído que en el pueblo vivían señoras principales.

El día llegaba, Sancho se dio cuenta de que don Quijote se estaba poniendo triste y  le sugirió  que lo mejor es que salieran al campo, se emboscase don Quijote en alguna floresta y él volviera al Toboso a buscar el palacio. Le pareció bien a don Quijote. Sancho se alegró porque evitó hablar del engaño de la respuesta a la carta que don Quijote le mandó a Dulcinea cuando estaba en Sierra Morena.  



Comentario

En este capítulo aparecen varios temas relacionado con las posibles lecturas que admite El Quijote:

a)      El engaño. Sancho ya había engañado a don Quijote cuando éste, estando en Sierra Morena, lo envió con una carta para Dulcinea. El tema del engaño, que aparece varias veces en la obra, está relacionado con el problema de la verdad en el Quijote y el concepto de la verdad para Cervantes. Hemos ido demostrando que, en varios capítulos del libro se pone de manifiesto que el concepto de verdad objetiva, es decir la correspondencia con los hechos era un principio que asumía Cervantes. Sin embargo, las personas cuando no les interesa reconocer los hechos, engañan. Esto es lo que le ocurre a Sancho. Recordemos una vez más lo que Cervantes nos decía en el capítulo I, XI.  La verdad se obscurece por el engaño, la malicia y los intereses de las personas;

b)      Con la Iglesia hemos dado.  – Ya lo veo  -respondió Sancho-, y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura.

La frase, literalmente, en su propio contexto, no tiene mayor sentido que haber visto unas sombras, aproximarse a ellas y encontrarse con que es la iglesia del pueblo. No obstante, la frase se ha proverbializado como “Con La iglesia hemos topado” con el significado ya explicado de que alguien o algo importante se opone a la realización de nuestro proyecto.

Joaquín Casalduero, en Sentido y forma del Quijote, dice sobre la frase lo siguiente: “Aunque no es absolutamente improbable que esta frase encierre una alusión contra

La Iglesia, (…), lo que conviene apuntar es cómo los sentimientos y resentimientos dan forma y sentido a una frase. No depende de la intención de su autor, ni ésta es lo importante en este caso; lo importantes  notar cómo los anhelos de un pueblo buscan la frase en que expresarse”;

c)       El ambiente. Don Quijote y Sancho llegan al Toboso una noche “entreclara”. El pueblo duerme. Un silencio de sosiego y reposo recibe a don Quijote y a Sancho;  se rompe el silencio por los gruñidos de los perros, el maullar de los gatos y el gruñido de los cerdos. El repiqueteo de un arado , acompañado por el canto de un romance por parte de un mozo que sirve a un rico labrador, que anuncia el alba, los despide. “Para empezar y terminar el capítulo, esa potente captación de lo concreto e inmediato” (Casalduero). Los hechos pueden ocurrir en cualquier pueblo castellano. Al fondo, la silueta del campanario de la Iglesia. De aquí se deduce, que en su contexto, la frase de “Con la Iglesia hemos dado”, en su interpretación literal no tiene más sentido que el se le atribuye a dos personas que cuando entran en un lugar se encuentran con la Iglesia. No ocurre así, como muy bien apunta Casalduero, al significado que el pueblo le da;

d)       El mozo que sirve al rico labrador. Así se define el que lleva el arado: “estoy en el pueblo sirviendo a un labrador rico en la labranza del campo”. Varias veces aparece en la obra la figura del rico labrador. A este respecto nos dice Pierre Vilar en El tiempo del Quijote. “ En la sociedad de finales del XVI y principios del XVII,” las fortunas feudales o coloniales han dado lugar a unas vidas de loco artificio”  (…)”Hay, es cierto, el potentado del lugar. Varios lugareños de Cervantes llevan el sobrenombre de “Rico” que define una excepción típica: el labrador capaz de acumular, usurero, arrendatario de impuestos, acaparador en los momentos de hambre (…)

Las interpretaciones que he dado de estudiosos de la obra –Parker, Casalduero, Vilar- sirven para sugerir, una vez más, lecturas plurales de la obra.






jueves, 18 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO VIII. DON QUIJOTE LE EXPLICA A SANCHO CÓMO CONSEGUIR LA BUENA FAMA





Dice el narrador que en este capítulo Cide Hamete manifiesta que está contento porque don Quijote y Sancho inician una nueva salida en dirección al Toboso.  Le pide al lector que se olvide de las pasadas aventuras y preste atención a las nuevas.

Cuando se marchó el bachiller, relinchó Rocinante y “suspiró” el rucio, Sancho tuvo lo anterior por señal de buen agüero.

A medida que caminaban, la noche se echaba encima y don Quijote temía que a la mañana siguiente no estarían en el Toboso para poder recibir la bendición de Dulcinea, “porque ninguna cosa de esta vida hace más valientes a los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas”.  Sancho, -que ya tenía el precedente de la carta que don Quijote le dijo que le llevara a Dulcinea, cuando él estaba en Sierra Morena(1,25)-, le contestó que sólo la podría ver por las bardas del corral, lo anterior molestó a don Quijote. Contestó que no serían bardas, sino corredores de algún palacio. “Todo puede ser”, replicó Sancho, pero a mí “bardas me parecieron”. Continúa don Quijote idealizando la figura de Dulcinea, argumentando que irá a verla, pues los rayos de su belleza le darían fuerza para continuar. Sancho le replica que difícilmente saldrán rayos si está haciendo lo mismo que cuando él la vio: cribando trigo. Lo anterior le sentó mal a don Quijote, pues eso era impropio de personas importantes. Según éste, Dulcinea sería similar a las ninfas que salen del río, en alusión a la égloga III de Garcilaso; pero si no era como ellas, sería debido a que la envidia de algún encantador le ha cambiado a la persona más valiosa para él.  La envidia es ¡” raíz de infinitos males y carcoma de virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias”.

Al hilo de lo anterior, Sancho manifiesta que es posible que algún encantador haya escrito mal de él,  a pesar de que “desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano” (no debo nada a nadie); no obstante si han hablado mal, le importa un bledo, pues la fama de verse impreso en libros lo vale todo.

Lo anterior le sirve a don Quijote para glosar la fama a lo largo del tiempo. Pone ejemplos de personajes que han ido tras la fama, desde la antigüedad hasta el Renacimiento, argumentándole que “ Todas estas y otras  grandes y diferentes hazañas son, fueron y serán obras de la fama, que los mortales desean como premios y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos merecen”, pero los cristianos, los católicos y los caballeros andantes no debemos aspirar a la vanidad de la fama, sino a la gloria eterna; “nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira , en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los extremos de alabanzas que consigo trae la buena fama.”

Sancho intensifica el argumento de la buena fama, diciendo que quienes la tienen son santos; por lo tanto a eso es a lo que debían aspirar ellos y pone como ejemplo a dos frailes que beatificaron hace unos días. Don Quijote le replicó que “no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo: religión es la caballería, caballeros santos hay en la gloria.”.

Con los anteriores diálogos pasaron la noche. Quiso don Quijote que pasaran el día entre unas encinas y al anochecer, bastante inquietos, llegaron al Toboso.



Comentario

La fama en El Quijote es un tema importante. Se le han dedicado varios estudios a este respecto. Uno de los más lúcidos es el de Edward c. Riley: La singularidad de la fama en D. Quijote. Otro estudio interesante es el de Marcelino Javier Suárez, La idea de fama en el Quijote.

Voy a ir comentando aspectos de estos estudios para centrarme después en el capítulo que comentamos.

Creo que es importante partir del ensayo de Gustavo Bueno, La idea de fama, analizada desde el materialismo filosófico. Distingue el profesor Bueno entre:

a)      Fama habitual. Es la “propia de todo sujeto que vive en grupo. Es propia de los sujetos humanos.” Todos tenemos una fama dentro del grupo al que pertenecemos: unos son torpes o otros listos, audaces o cobardes,…etc. . “Viene a ser la representación y valoración (estima positiva o negativa ) que el grupo se forma respecto de cada uno de los sujetos que lo integran;

b)      “Fama de notoriedad. Sólo afecta a sujetos humanos cuya singularidad ha sido distinguida por las razones que sean”.

Una y otra tienen un espacio de resonancia. Lugar en el que la fama es conocida.  El de la fama habitual puede ser la familia, compañeros, amigos, etc. El de notoriedad, es más amplio. Los sujetos de este espacio de resonancia no necesitan tener percepción directa del afamado. Sólo lo conocen de oídas.

Javier Suárez, parte del ensayo de Gustavo Bueno. Según Suárez, en El Quijote, el término “fama” aparece 387 veces. Si se asocia al de “gloria”, se eleva a 333; junto a los anteriores aparece el término “honra”, un total de 78 veces. El autor concluye que los tres términos alternan en el libro con un significado equivalente. Los tres términos quedarían englobados en el título del capítulo primero; “Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha”.

A partir de lo anterior, el autor concluye su tesis de que El Quijote es un proceso en el que, partiendo de la fama habitual del hidalgo, desborda su espacio para transformarse en fama de notoriedad.

El artículo de Riley parte del concepto de héroe medieval, al cual imita don Quijote por encarnar la virtud. Esta es una parte “integral de la fama”. Pone como ejemplo la escena en la que don Quijote va enjaulado. “Cuando está enjaulado en el carro, camino a su casa, y encuentran al canónigo de Toledo en la carretera, don Quijote le explica que va encantado por envidia de los malos encantadores, que la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos”.

Pone ejemplos de lo que Bueno llama fama de notoriedad. En el capítulo 2 de la Segunda Parte, cuando Sancho comunica a su amo que, según el bachiller,  la historia ha salido de la imprenta, y con éxito comercial. La “caja de resonancia”, siguiendo al profesor Bueno, se ha ampliado. Don Quijote es conocido por sus aventuras entre los personajes de la novela; pero además, los lectores de la época que sea también conocemos a don Quijote. “Es un golpe maestro con consecuencias profundas. Ahora se efectúa una confrontación entre las dos especies de fama: la de tipo heroico y caballeresco que se ha imaginado don Quijote como suya, y la fama literaria que le ha ganado la publicación de su historia”.

Curiosamente ninguno de los dos comentaristas se refiere al análisis de la fama que don Quijote realiza en este capítulo.  De entrada, voy a sostener la tesis de que este capítulo es erasmista y creo que prueba que Cervantes leyó el Elogio de la locura de Erasmo. La influencia de Erasmo en Cervantes la han sostenido varios autores: Américo Castro, en el libro tantas veces aludido, Marcel Bataillon, Antonio Vilanova, Aurora Egido y Márquez Vilanueva.

En el Elogio de la locura, ésta está personificada, elogia todas sus manifestaciones entre los hombres como actos de homenaje a ella; esto le permite a Erasmo satirizar un amplio campo de la conducta humana (R.O. Jones). La locura afirma que la mayoría de los hombres están locos: son todos aquellos que viven obsesionados con la caza, el juego, o bien con otras ocupaciones irracionales, aunque los más locos son aquellos que creen que por medio de las prácticas religiosas vacías pueden salvar su alma sin hacer ningún esfuerzo de vivir de acuerdo con la virtud.

Para explicar este tipo de fama, don Quijote le cuenta a Sancho varios casos que entran dentro de la locura erasmista: la de la prostituta que se queja de no haber sido puesta en la lista de las damas cortesanas; la del caballero romano que le dijo al Emperador, cuando estaban en la claraboya, que le había entrado ganas de arrojarse desde ella, “por dejar de mi fama eterna en el mundo”. Así cita varios casos de personajes que por la fama realizan varias locuras.

Todos los personajes que don Quijote ha puesto como ejemplos de buscar la fama tienen el común denominador de ser locos, insensatos y estúpidos.  Oigamos a Erasmo lo que nos dice en el Elogio de la locura: ¿habrá personas más felices que aquellos a quienes se les da ordinariamente el maravillosos apelativo de locos, insensatos y estúpidos(…) son personajes que no temen a la muerte, no conocen los devoradores remordimientos de una mala conciencia (…) En una palabra , no son presa de esa serie de preocupaciones que asaltan continuamente la vida humana”

Don Quijote le dice  a Sancho que los cristianos no deben aspirar a la fama, sino a la gloria eterna: “nuestras obras no han de salir del límite…”.

De lo anterior se puede inferir que el núcleo último que Cervantes ha circunvalado en este capítulo de la buena fama es el de la vida virtuosa y ordenada. Muchos la ponen como secundaria a las grandes hazañas que les dé fama inmortal




lunes, 15 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO VII. SANCHO TRATA DE CONSEGUIR UN SUELDO FIJO POR SERVIR A DON QUIJOTE






Cuando llegó Sancho, don Quijote se encerró con él en su aposento. El ama sospechó de inmediato que se volvería a marchar y fue a decírselo al bachiller para que viniera y lo persuadiera a no irse

Cuando llegó a casa del bachiller le dijo que don Quijote se disponía a emprender su tercera salida: “mi amo se sale”, le dijo el ama. Se sale “por la puerta de su locura”. El socarrón del bachiller le dijo que regresara a su casa, preparara una buena comida y posteriormente iría él.

El bachiller fue a decírselo al cura. Mientras, Sancho le comentaba a don Quijote las condiciones económicas de su acompañamiento como escudero. Empezó por decirle que Teresa le había dicho que “ate bien mi dedo con vuestra merced” (que aclare bien las condiciones en que le sirvo), “y que hablen cartas y callen barbas”(que se concrete el trato por escrito), “pues más vale un toma que dos te daré”( No hay que dejar lo seguro por cosas mejores, pero dudosas). Y yo digo que “el consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco” (Las mujeres rara vez dan consejos, pero cuando lo hacen son certeros). Después de elogiarle don Quijote su forma de hablar, Sancho reanudó su conversación diciendo que “todos estamos sujetos a la muerte, y que hoy somos y mañana no, y que tan presto se va el cordero como el carnero (la muerte trata a todos por igual).

Don Quijote termina por decirle que diga qué es lo que quiere. Sancho le replica que se le asigne un salario determinado, que se le pague de su hacienda, pues no quiere estar pendiente de pagos ocasionales, “que llegan tarde o mal o nunca”. En fin, yo quiero saber lo que gano, (…), “que sobre un huevo pone la gallina” (que por algo se empieza), “que muchos pocos hacen un mucho”, y mientras se gana algo no se pierde nada”.

Después de decirle don Quijote que lo ha entendido perfectamente, le comenta que no le puede asignar un sueldo porque en la caballería andante, los escuderos no cobraban sueldo alguno; solamente percibían, si la suerte acompañaba a su señor, una ínsula o cosa equivalente. Le dice que se lo diga a Teresa y, si quiere continuar con él, bene quidem (de acuerdo); “ si  no, tan amigos como antes” pues “si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas” (si hay ganancia a la vista, no faltarán escuderos), “que más vale buena esperanza que ruin posesión, y buena queja que mala paga”( es preferible la esperanza a una mala compensación).

Sancho, cuando oyó la determinación de don Quijote de salir sin él, quedó alicaído. En ese momento llegó el bachiller. Empezó elogiando a don Quijote por sus memorables hazañas y por su determinación a reparar las injusticias cometidas. Le pide que se ponga pronto en camino y que si le falta escudero, él se prestará a servirlo.

Don Quijote le agradece su ofrecimiento y le pide que continúe con sus estudios en Salamanca. El encontrará otro escudero ya que Sancho no quiere acompañarlo.

Oído lo anterior, Sancho revocó sus propias palabras, diciendo “No se dirá por mí, señor mío, “el pan comido, y la compañía desecha” (no se podrá decir que soy desagradecido). Después de decirle a don Quijote que la petición del sueldo fue por complacer a su mujer, “la cual cuando toma la mano a persuadir una cosa, no hay mazo que tanto apriete los aros de una cuba como ella aprieta a que se haga lo que quiere”. Le pide a don Quijote que ordene su testamento, “en modo que no se pueda revolcar”. Esto último provocó mucha risa en el bachiller, llegando a la conclusión de que locos como estos no se habrían visto en el mundo.

Se abrazaron don Quijote y Sancho;  maldijeron el ama y la sobrina al bachiller por incitar a don Quijote a salir de nuevo y al tercer día, al anochecer, –después de haberse pertrechado bien las alforjas y la bolsa-,  salieron en dirección del Toboso. Sansón salió a despedirlos suplicándoles que le avisasen de la suerte que corrían.

Comentario



Hay aspectos sociales interesantes, en este capítulo, que se deben comentar:

 a) Por una parte el interés de Sancho en conseguir un sueldo por servir a don Quijote. Según él, es su mujer, Teresa quien le dice que le pida un salario: que aclare bien las condiciones económicas  y que las pongan por escrito.

 Es un hecho conocido, y ya expuesto en comentarios anteriores, la crisis económica que atraviesa España desde finales del XVI. Tanto es así que se producen ocho suspensiones de pagos por parte del Estado. Hamilton, que es uno de los historiadores que más datos ha aportado para conocer los aspectos económicos del XVII, en concreto los precios, nos dice, según Pierre Vilar, que “el trigo andaluz pasa de los 430 maravedís por fanega en 1595 a 1401 en 1598; el trigo castellano, de 408 en 1595 a 908 en 1598”. Ante esta subida tan espectacular de los precios, no es de extrañar que Teresa, representativa de muchas mujeres aldeanas, le pida a su marido que exija un salario. Si no es así es imposible mantener a la familia. No hay que olvidar que el hambre es la seña de identidad de las clases inferiores.  Son pocos los trabajadores asalariados. La mayoría arañan “un sueldo caprichoso”, que estaba a merced del señor. De aquí se infiere la promesa de don Quijote de pagarle a Sancho con la ínsula que conquiste.

b) Otro aspecto interesante es el comportamiento del bachiller Sansón Carrasco. Éste engaña al ama, a la sobrina y a don Quijote. Si nos preguntamos por qué las engaña, llegamos a la conclusión de que lo hace porque quiere, porque desea aprovecharse de la bondad del ama. Sabe que tiene buenas gallinas, que cocina bien y le dice que prepare una buena comida que pronto irá él a casa de don Quijote, comerán y todo lo arreglará. No dice la verdad, porque no le interesa. Su interés es burlarse de ellas y pasárselo bien. Recordemos que los tiempos presentes, comparados con los antiguos han empeorado en lo que se refiere a la verdad, como nos decía Cervantes, por boca de don Quijote en el capítulo XI. En aquellos tiempos “no había fraude, ni se mezclaba el engaño y la mentira con la verdad y la llaneza”. Hay más, Sansón Carrasco sabía que Sancho le pedía a don Quijote un salario. Para reforzar la tesis de don Quijote de que no debe pagárselo, se ofrece él mismo a ser escudero. De esta manera, la mentira de don Quijote queda reforzada por la mentira del bachiller. La verdad existe, parece querer decirnos Cervantes, pero cuando se mezcla con el engaño, surge la confusión y la discordia del famoso campo de Agramante, como nos advirtió en el capítulo (1,45)

c) La fidelidad de Sancho. Cuando éste se da cuenta de que don Quijote está dispuesto a partir sin su acompañamiento, le contesta que él no es un desagradecido y que por lo tanto no lo abandonará. Pero esto lo dice una vez que ha oído de don Quijote los refranes: “si al palomar no le falta cebo no le faltarán palomas”; “Más vale buena esperanza que ruin posesión”.  Las respuestas a estos planteamientos la dio Juan Antonio Maravall en “Utopía y contrautopía en El Quijote. La utopía presenta dos planos. Cito a Montera Reguera: “El Quijote y la crítica contemporánea”. La tesis que sostiene allí Maravall es que El Quijote desarrolla la visión utópica del caballero tradicional del siglo XVI, pero una visión desde la vertiente satírica, ridícula, mostrada a través del “espejo de la ironía”. Esta visión utópica entronca con el poder del dinero, representado por Sancho y por otros muchos como él. Esta utopía los lleva a caballero y escudero de fracaso en fracaso. Este ir dando vueltas da origen a la contrautopía que Cervantes quiere reflejar. De ahí se infiere el refrán de don Quijote: “si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas”.

  








miércoles, 10 de agosto de 2011

CAPÍTULO VI. RAZONAMIENTOS DE DON QUIJOTE SOBRE LAS VIRTUDES DEL CABALLERO Y LOS LINAJES SOCIALES





El ama y la sobrina se proponían que don Quijote no volviera a salir, pero “todo era predicar en el desierto y majar en hierro frío”. Argumenta el ama que si no sienta la cabeza y se queda en su casa, que se ha de quejar a Dios y al rey para que ponga remedio. A esto último contesta don Quijote que “si yo fuera rey me excusara de responder a tanta infinidad de memoriales impertinentes como cada día le dan, que uno de los mayores trabajos que los reyes tienen, entre otros muchos, es el estar obligados a escuchar a todos y a responder a todos”.

Le pregunta el ama que por qué no se queda en la corte a servir a su rey, siendo un caballero. A esto responde don Quijote que “no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesano pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber en el mundo, y aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo el mundo mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies, y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser”.

Después de decirle que los príncipes deben estimar más a los últimos por ser necesarios para el reino, intervino la sobrina para decir que todas esas historias de caballerías son fábulas y mentiras y deberían llevar “un sambenito”, como prueba de su falsedad.

A lo anterior le reprocha don Quijote que los que son buenos, como Amadís, te hubieran perdonado; pero no todos pueden estar “al toque de la piedra de la verdad” (no todos son buenos). “Hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer hombres bajos: aquellos se levantan o con la ambición o con la virtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio”.

Elogia la sobrina el ingenio de su tío, pero no acaba de comprender por qué se hace llamar caballero, cuando en realidad no lo era ¡“porque aunque lo puedan ser los hidalgo, no lo son los pobres…! Don Quijote les contesta al ama y a la sobrina que “a cuatro suertes de linajes (…) se pueden reducir todos los que hay en el mundo, que son éstas: unos, que tuvieron principios humildes y se fueron extendiendo y dilatando hasta llegar a una suma grandeza; otros, que tuvieron principios grandes y los fueron conservando y los conservan y mantienen en el ser que comenzaron; otros, que, aunque tuvieron principios grandes, acabaron en punta, como pirámide, habiendo disminuido y aniquilado su principio hasta parar en nonada, como lo es la punta de la pirámide, que respecto de su basa o asiento no es nada; otros hay, y éstos son los más, que ni tuvieron principio bueno ni razonable medio, y así tendrán el fin, sin nombre, como el linaje de la gente plebeya y ordinaria”. Pone ejemplos de cada uno de ellos para terminar diciendo que los linajes grandes e ilustres “lo muestran en la virtud y en la riqueza y liberalidad de sus dueños. Dije virtudes, riquezas y liberalidades, porque el grande que fuere vicioso será viciosos grande, y el rico no liberal será un avaro mendigo, que al poseedor de riquezas no le hace dichoso el tenerlas (…) , sino el saberlas bien gastar. Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo caritativo”. Vuelve la sobrina a alabar las cualidades de don Quijote y, en ese momento llegó Sancho Panza. Don Quijote salió a recibirlo.



Comentario

Este es uno de los capítulos más interesantes para entender las clases sociales en la época de Cervantes.

Ante la advertencia del ama, diciéndole que si no sienta la cabeza, lo pondrá en conocimiento del rey, don Quijote contesta que si él fuera rey se abstendría de contestar a tanto memorial impertinente como le presentan. En la España de Cervantes era muy frecuente dirigir memoriales al rey solicitando un puesto o cargo en la corte. Pensemos que el valido del rey Felipe IV, el Conde Duque de Olivares, unos años más tarde, entre 1621 y 1625, comenzó a realizar reformas en la administración, reduciendo los excesivos empleos públicos; en la sociedad, legislando contra el lujo y la vagancia, para evitar la malversación de fondos públicos.

Domínguez Ortiz en La España del Quijote lo expresa muy bien al decir que la oposición del reinado entre Carlos V y Felipe II, -y no olvidemos que las circunstancias históricas que vivió Cervantes fueron las de Felipe II-, en el ámbito político-social fue que los magnates no tenían fuerza para oponerse al rey en la época de Felipe II; aparecen totalmente sometidos y su máxima aspiración era ser admitidos en la corte y en el estrecho círculo que rodea al monarca y formar parte de su servidumbre.

La distinción que nuevamente realiza don Quijote entre los dos tipos de caballeros: los cortesanos y los andantes, también se explica por lo que anteriormente he expuesto sobre las aspiraciones de muchos magnates a entrar en la corte y servir al rey en todos los ámbitos de la organización civil y militar de la casa real.

El problema no terminó con la muerte de Felipe II.  Cuando entró Felipe III, su valido el duque de Lerma colocó en la corte toda una caterva de amigos y familiares. Domínguez Ortiz lo expresa diciendo:  

“Por desgracia, el caudal de confianza que se otorgaba a cada nuevo soberano se agotó pronto, al comprobar la inoperancia del tercer Felipe, su total entrega a don Francisco Gómez de Sandoval, marqués de Denia, pronto decorado con el título de duque de Lerma, la inmoralidad y avidez del favorito y de la cohorte de familiares y amigos que lo acompañaba”

Tiene lugar después la distinción de los distintos tipos de linajes. Don Quijote realiza la distinción en función de haberse sabido gobernar en la vida hasta alcanzar el máximo bien, que es la virtud. Desde mi punto de vista encuentro conexión con la virtud senequista de la prudencia. Los textos de Séneca, como apunta Anthony Close, es probable que los utilizara cuando estudió en Madrid en la Academia de López de Hoyos.

En esta España de finales del XVI y principios del XVII, cuando tantos arribistas están llegando a los aledaños del poder, don Quijote nos enseña que la posición social debe ser catalizada por la virtud.

jueves, 4 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO V. SANCHO Y TERESA RAZONAN SOBRE LAS VENTAJAS E INCONVENIENTES DE ASCENDER EN LA CLASE SOCIAL



Sancho ha ido a su casa a decirle a Teresa que va a iniciar con don Quijote su tercera salida. Los razonamientos de Sancho dictan bastante de lo que de él se conoce: algunos de ellos dan la impresión de ser una persona culta. Por esta razón, dice el traductor de la historia que parece apócrifa.

Sancho llegó alegre y contento a su casa, tanto que su mujer le preguntó por qué ocurría eso. Este contestó que si por una parte iba contento, por otra se sentía triste, pues tenía que dejar a los suyos para emprender la tercera salida con don Quijote; pero esto era el precio que tenían que pagar los pobres si querían progresar en la vida. A él no le gustaba, pero no había más remedio. Le pide que en los tres días que quedan que cuide bien del rucio, pues les esperan difíciles jornadas. Sin embargo, la esperanza de verse gobernador de una ínsula lo merecía todo.

Dado que Sancho insistía en ser gobernador, su mujer lo tranquilizó diciéndole que no se preocupase tanto por ascender en la sociedad, pues eran mucho los que pensaban desde el refrán: “ Viva la gallina, aunque sea con su pepita”(Es mejor vivir, aunque sea con dificultades, que no pasarlo mal por querer mejorar). Le dice que son muchos los que viven sin gobiernos y no por eso dejan de ser personas; el pobre tiene una ventaja: puede adaptarse a todo; lo explica con el refrán: “La mejor salsa del mundo es el hambre; y como ésta no falta en los pobres, siempre comen con gusto”. Sin embargo, Teresa tampoco pierde la esperanza y le dice que si llegara a ser gobernador, que se acuerde de Sanchico, que tiene que ir a la escuela si su tío el abad le ha de dar entrada en la Iglesia. También de su hija Mari Sancha, que quiere casarse y “mejor parece la hija mal casada que bien abarraganada”.

Insiste Sancho en que cuando sea gobernador casará a su hija con uno de este estado; sin embargo, Teresa  se opone, argumentando que el casarla con uno de posición  superior, le traerá problemas. Lo más tranquilo, según  ella es casarla con uno de su misma condición social, según el refrán “Al hijo de tu vecino, límpiale las narices y mételo en tu casa” (Casa a tu hija con uno de su misma clase).

Sancho, que se ve gobernador, despotrica contra Teresa por no tener miras más altas, y argumenta que “el que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no se debe quejar si se le pasa”. Sigue Sancho insistiendo en que cuando él sea gobernador, toda la familia mejorará en su  condición social, pero Teresa opina lo contrario. Quiere ser como le llaman “Teresa Panza”, pues como dice el refrán “allá van reyes do quieren leyes” (allá van leyes, donde quieren reyes: los poderosos imponen la ley; da entender que así la bautizó su padre y así seguirá ella, sin ningún tipo de don).  Persiste Teresa en sus ideas y dice que ni ella ni su hija se moverán de su aldea, de acuerdo con el refrán “la mujer honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta”.

Sancho le replica que no ha entendido nada; que lo refranes que ha dicho no vienen a cuento y que solamente aspira a que su hija tenga una buena posición social. Al preguntarle que por qué se opone a esto, contesta Teresa que el refrán “!Quién te cubre, te descubre!”, lo dice todo (Quien te encumbra socialmente hace posible que se vean tus deficiencias).

Sancho también persiste en su idea, argumentando que ha oído decir que lo importante es el aspecto que presentamos en el presente: “Todas las cosas presentes que los ojos están mirando se presentan, están y asisten en nuestra memoria mucho mejor y con más vehemencia que las cosas pasadas”. De lo anterior concluye que si la persona viste bien y es cortés y educada, nadie se acordará del “borrador de su bajeza”. Le corrige a Teresa varias prevaricaciones idiomáticas y después de decirle que le mandará dinero cuando sea gobernador, se marcha a ver a don Quijote “para dar orden en su partida”.



Comentario

Lázaro Carreter en el artículo "La prosa de El Quijote" demuestra por qué con esta obra se funda la novela moderna. Asume el principio de Bajtin en torno a la relación tan estrecha que existe entre el descubrimiento de lo cotidiano como objeto del relato y la polifonía lingüística, es decir, la variedad de voces que hallamos en el texto. En ese artículo le dedica finas observaciones al diálogo que Sancho mantiene con su mujer. Por lo pertinente del mismo, lo incorporo a este comentario.

"Cervantes se adueña -había aparecido antes en la expresión de  Celestina, Lozana y Justina- definitivamente del recurso del chaparrón refraneril como estímulo cómico, cuando lo ha hecho pasar por boca de una mujer, de Teresa Panza.
El descubrimiento ocurre en el importantísimo coloquio de Sancho con su mujer, en el capítulo 5 de la Segunda parte. Momento difícil para el novelista, porque ha de hacer hablar a dos analfabetos. Se impondría que entre ellos fluyera un coloquio toscamente humilis; pero eso hubiera descompensado la ponderada concertación de la obra, tan delicadamente equilibrada por el escritor...Para prevenir una estrategia que conjure ese riesgo, Cervantes utiliza una admirable argucia. Al frente del capítulo inserta la siguiente advertencia:

"Llegando a escribir el traductor desta historia este quinto capítulo, dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer en su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese..."

De este modo, haciendo que el escudero alce, aunque sea apócrifamente, su calidad expresiva, evitará el insoportable arrusticamiento de los dos aldeanos, y restablecerá el desnivel elocutivo que,  mutatis mutandis, mantienen don Quijote y Sancho.
En efecto, a las primeras de cambio, Teresa amonesta a su marido:

"Mirad, Sancho, que después que os hicisteis miembro de caballero andante, habláis de tan rodeada manera, que no hay quien os entienda."

El traductor señala las réplicas de Panza que, por su elevación, le parecen sospechosas de falsedad:

"Por este modo de hablar, y por lo que más abajo dice Sancho, dijo el traductor de esta historia que tenía por apócrifo este capítulo."

Y es que, en efecto, en ausencia de don Quijote, el escudero asume su palabra. Siendo él tan prevaricador corrige a Teresa por hablar mal, de igual modo que él solía ser corregido. Y cuando ella le advierte:

"Yo no os entiendo, marido; haced lo que quisiéredes, y no me quebréis más la cabeza con vuestras arengas y retóricas. Y si estáis revuelto en hacer lo que decí...

Resuelto has de decir, mujer, y no revuelto

A lo que la rústica replica como su marido al hidalgo:

"Yo hablo como Dios es servido, y no me meto en más dibujos.

Pues bien, en esa conversación Teresa suelta refranes en cascada:

"Eso no, marido mío, viva la gallina aunque sea con su pepita; vivis vos, y llévese el mundo cuantos gobiernos hayen el mundo  (...) La mejor salsa del mundo es la hambre (...). Advertid el refrán que dice "Al hijo de tu vecino, límpiale las narices y métele en tu casa" (...)  Mi hija ni yo, por el siglo de mi madre, no nos hemos de mudar un paso de nuestra aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta..."

La hemorragia refranesca de Panza es incoercible." 



Desde otro punto de vista, Sandra L. Alzate ha analizado las mujeres en la obra, en el artículo "Representación de los espacios femeninos en las novelas intercaladas en el Quijote". La autora, parte de la tesis de Pfalnd, sobre la inferioridad de la mujer con respecto al hombre en el siglo XVI, para concluir que Cervantes fue sensible a este problema. Este es el comentario que sobre Marcela, Dorotea, Luscinda y Zoraida realiza la autora. Nos parece pertinente incluirlo en este capítulo porque sirve para enmarcar el pensamiento de Teresa, que si bien se distancia de las anteriores, refleja bien lo dicho por Pfandl

“A través de su narrativa, Cervantes demuestra ser un escritor sensible a problemas de su tiempo. Además, habiendo él mismo soportado las muchas injusticias sociales que tenían que ver con su falta de pureza de sangre y el no reconocimiento de sus valores militares, entre otros, el escritor no pasa por alto la situación de la mujer en el contexto social de la época. En sus obras se pueden encontrar personajes femeninos que con su manera de actuar y de sentir, dejan ver por un lado, el escenario que vive la mujer en una sociedad donde es el hombre quien dirige los destinos femeninos y por otro, el deseo de éstas de liberarse de este orden simbólico dominante.”



“La mujer del siglo XVII estaba circunscrita en ciertos comportamientos sociales que limitaban su comportamiento psicológico. Ludwig Pfandl, en su estudio sobre las costumbres del pueblo español de los siglos XVI y XVII, señala que la mujer española de la nobleza y la burguesía de esta época contaba con una educación limitada que solo le permitía leer, escribir y aprender las cuatro reglas básicas de aritmética; tener instrucción religiosa dentro de la familia y la iglesia y por supuesto, dedicarse a los trabajos caseros. En su papel como esposa y madre, Pfandl la define como “el ideal más acabado del retiro doméstico, de la modestia edificante y de la religiosidad más profunda; evitaba todo contacto con el exterior y huía del ruido alborotado de las calles y del aire malsano de la vida pública” (126). El acto del matrimonio, además de llevarse a cabo por un propósito afectivo, se hacía también como un acuerdo material. Asimismo, este autor señala que, cuando las mujeres se veían obligadas a la soltería o a la viudez, tenían como única salida el refugiarse en un convento”.



 “Encontramos a una Marcela y a una Zoraida transgresoras de los órdenes simbólicos dominantes; a una Dorotea y a una Luscinda que, aunque tradicionalistas, escapan de los espacios impuestos y tienen la fortaleza de decidir su propio porvenir. A una Camila que, aunque definida por características que no la dejan muy bien posicionada frente a los otros personajes, es una mujer que es llevada al adulterio por los errores de impertinencia de su esposo. En estos espacios, es considerable que cada una de estas mujeres acondiciona sus deseos y comportamientos; ellas mismas diseñan su propia existencia, su propia forma de ser y de vivir. Finalmente debemos decir que, los efectos que provocan los espacios que estos personajes habitan y lo que esos espacios pueden significar, nos hace percibir que Cervantes fue consciente de la injusta situación a la que estaba sometida la mujer de la época y que a través de sus escritos intentó darles una posición mucho mas favorecida que a los personajes masculinos, de los cuales los mas significativos terminaron siendo representados por la ineptitud de Cardenio, la debilidad de Grisóstomo, la impertinencia de Anselmo y la deshonestidad de Fernando.”

Las palabras de Teresa acrisolan la tesis de Ludwig Pfandl anteriormente expuesta. Las voces de Teresa y Sancho ingresan con un timbre diferenciado en el gran conjunto polifónico de El Quijote.  Los planteamientos de Bajtin quedan demostrados: el pensamiento de Teresa queda rubricado por este otro refrán del maestro Correas, por el que se atisba el pensamiento de la época:

               "Madre, ¿qué cosa es casar? -Hija, hilar, parir y llorar"

martes, 2 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO IV. SANCHO Y EL BACHILLER ALIENTAN A DON QUIJOTE A BUSCAR NUEVAS AVENTURAS

En el capítulo anterior, el bachiller quiso saber quién era el autor del hurto del rucio de Sancho. Este se había marchado a su casa sin decirlo. Cuando regresó le dijo al bachiller que el autor del robo fue Ginés de Pasamonte. Se lo robó una noche cuando dormían en Sierra Morena, después de que se escondieron, cuando huían de la Santa Hermandad. Lo recuperó cuando acompañaba a la princesa Mitomicona. Iba Ginés en el rucio disfrazado de gitano.

Respecto a la segunda pregunta que hizo el bachiller: qué fue de los escudos que Sancho encontró, éste contestó que los gastó en favor de su persona, de su mujer y de sus hijos,  a cambio de los muchos palos que recibió; razonando, a continuación, que “cada uno meta la mano en su pecho y no se ponga a juzgar lo blanco por negro y lo negro por blanco, que cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”

Quiso saber don Quijote si habría una segunda parte, le contestó Sansón que unos opinaban que “Nunca segundas partes fueron buenas”, mientras que otros sí la esperaban; sin embargo, movido por el interés, si el autor encontraba material para su historia, seguro que la escribirá. Sancho, que lo oyó, le dijo que si buscaba el dinero, sería difícil que acertara, pues “las obras que se hacen aprisa nunca se acaban con la perfección que requieren”; continúa  diciendo que se fije bien el autor en lo que escribe, que ya le darían ellos motivos para escribir, pues si piensa que “nos dormimos aquí en las pajas” (no hacemos nada), “ténganos el pie al errar y verá del que cosqueamos”  (Haga por conocernos y verá quiénes somos). A continuación le pide a don Quijote que vuelvan a salir y a retomar las aventuras.

Relinchó Rocinante y tomándolo don Quijote por buen agüero, le pidió parecer al bachiller de cuál sería el mejor sitio para ir. Este le contestó que a Zaragoza, donde se celebraban unas justas en las que “podría ganar gran fama entre todos los caballeros aragoneses, que sería ganarla entre todos los del mundo”. A continuación,  le alabó su determinación de ir y le dijo que se cuidase, pues su vida le pertenecía a los muchos que lo necesitaban.

Sancho, tomando como referencia la frase que le había oído a don Quijote: “entre los extremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía”, puntualizó que su señor había sido demasiado osado  en sus aventuras y debía ser más moderado. Le advierte a don Quijote que si se digna en llevarlo con él, se limitaría a serle buen escudero y a cuidarlo, pero no a pelear contra nadie. Si después de todo le da una isla, la recibirá con agrado, pues “cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla” y “cuando viene el bien, mételo en tu casa”(Los dos dicen lo mismo: hay que aprovechar las ocasiones cuando se presentan). Después de elogiarle el bachiller lo bien que habla, le dice que don Quijote no le dará una isla, sino un reino. Sancho contesta que “Tanto es lo demás como lo de menos” (Tan malo es pasarse como quedarse corto), aunque él siempre sería Sancho; a esto contesta el bachiller que “Los oficios mudan las costumbres, y podría ser que viéndoos gobernador no conociésedes a la madre que os parió)

Por último le pide don Quijote al bachiller que componga unos versos que traten de la despedida que le pensaba hacer a Dulcinea del Toboso. Le pide que no diga a nadie nada, pues saldría dentro de unos días. Sancho se marchó para preparar las cosas necesarias para la partida.

Comentario

Cuando inicié el blog pensé que deberíamos estudiar el concepto de verdad en El Quijote. He recurrido a lo largo de los comentarios al libro de Américo Castro, El pensamiento de Cervantes; pero además, he tenido en cuenta otros estudios que creo que complementan lo ya dicho por Castro. He resaltado el artículo de Alexander Parker, El concepto de verdad en el Quijote. La tesis de Parker, que he expuesto en otros comentarios es que la verdad es la correspondencia con los hechos. En este sentido, las personas pueden modelar la verdad, pues como dice Sancho, “cada uno es como Dios le hizo”, pero eso no quita para que la realidad es como es. La realidad es algo objetivo. Sin embargo, cuando la interpretamos lo hacemos movidos por un cúmulo de circunstancias de las cuales la más importante es el interés.

Sancho, cuando salió de su casa iba engañado, creyendo que conseguiría una isla. Ello le proporcionaría riquezas y poder. Se dio cuenta de que su señor estaba loco, pero la ambición pudo más. No se olvidaba de su familia y cuando encontró los cien escudos los guardó, pensando en su mujer y sus hijos. No quiso indagar en saber quién era el dueño del dinero. Se justifica desde lo particular, desde lo que su caso representa. Probablemente el dinero pertenecía a Cardenio; Sancho y don Quijote se lo deberían haber preguntado: esta es la verdad y la realidad. Sin embargo, el interés, en este caso, mirar por su familia, le hace aplicar un principio: “cada uno meta la mano en su pecho…”, para modelar la realidad y la verdad.

Cuando don Quijote le preguntó al bachiller que si iba a salir una segunda parte, este le contesta que las opiniones de la gente estaban divididas, mientras que unos consideraban que “nunca segundas partes fueron buenas”, otros querían seguir divirtiéndose con los lances de don Quijote. Sin embargo, añadía él, si salen nuevas aventuras, seguro que se publicarán, pues el interés, entiéndase el dinero que proporciona la publicación del libro, estimulará al autor. Queda bien patente que el interés, mueve la voluntad y con ella la forma de apreciar la verdad

El bachiller era muy socarrón, “amigo de donaires y de burlas” y para ser coherente con la frase de Sancho, “cada uno es como Dios le hizo”, continúa burlándose y mintiendo a don Quijote. ¿Por qué le miente?. Sencillamente, para divertirse. Alaba a don Quijote, sabiendo que estaba loco, esta era la realidad, pero él la interpreta a su gusto y manera. Por lo tanto, la verdad está cambiada porque así le interesa a él. La verdad y con ella la realidad es que el bachiller debería haberse abstenido de incitar a don Quijote a salir de nuevo; sin embargo, quiere que don Quijote siga siendo motivo de risa y elogia sus acciones.
De lo anterior deduzco que el viejo axioma: realidad y verdad se corresponden; lo tuvo muy en cuenta Cervantes. Son los intereses de las personas los que hacen que la verdad cambie, según en lo que les afecte a ellas.

He dejado para el final del comentario de este capítulo el problema que la pérdida del rucio de Sancho presenta en las ediciones del Quijote: 
a)En la edición prínceps , de 1604, publicada en 1605, se alude a la falta del asno y se presenta a Sancho sin él, sin contar "cuándo ni como desapareció el animal".( Francisco Rico. op. cit.)
b) Ante las críticas que suscita este hecho, en una segunda edición de 1605, Cervantes inserta en esta nueva impresión dos referencias al burro que presentan incoherencias en la aparición del animal: primero nos sitúa a Sancho cabalgando sobre el pollino y posteriormente echándolo de menos.
c) La forma que tiene Cervantes de salir de esta embrollo es poniendo en boca de Sancho en la segunda parte del Quijote, de 1615, en el capítulo que comento, una aserción tan desmedrada de lo que había ocurrido,  en las ediciones de 1605, que parece un sarcasmo del "yerro cometido en la segunda edición de 1605: intercalar la adición relativa a la pérdida del asno del punto que le corresponde".  (He seguido, en este resumen,  a Francisco Rico en la op. cita. Los que quieran consultar este problema filológico deben acudir a Rico en la op cit. págs 1107-1111)