sábado, 12 de marzo de 2011

CAPÍTULO VIII. LOS MOLINOS DE VIENTO Y OTROS SUCESOS NOTABLES


Iban en su conversación cuando divisaron a lo lejos treinta o cuarenta molinos de viento. Don Quijote, movido por la fama que buscaba, pronto los identificó con gigantes y se dispuso a enfrentarse a ellos. Sancho le advirtió de inmediato que aquellos no eran gigantes, sino molinos. Don Quijote lo tachó de miedoso. Con la rodela en una mano y la lanza en otra, arremetió contra ellos. Debido a que se levantó viento, las aspas se movieron y golpearon a don Quijote, cayendo al suelo, en tal estado que casi no se movía. Recriminado por Sancho, don Quijote contestó diciendo: Calla, amigo Sancho, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza” .
Levantándose como pudo, se dirigieron al Puerto Lápice. Iba don Quijote de medio lado sobre Rocinante y con muy mal aspecto por los golpes recibidos. La lanza se le había roto y le iba comentando a Sancho que cuando encontrase una buena encina se haría otra igual o mejor que la primera. Sancho sintió ganas de comer, don Quijote dijo que lo hiciera él, pues no tenía hambre.
Aquella noche la pasaron entre unos árboles. Sancho, durmiendo a pierna suelta. Don Quijote, después de haberse hecho la lanza, pensando en Dulcinea. A la mañana siguiente tampoco quiso desayunar don Quijote, pues se alimentaba con los recuerdos de Dulcinea. Le pidió a Sancho que si tenía que entrar en una nueva aventura,  solamente le ayudase si se trataba de canalla y gente baja”; no, si eran caballeros andantes.
Estando en esta conversación aparecieron a lo lejos dos frailes subidos en sus mulas. Detrás de ellos venía un coche con cuatro o cinco hombres a caballo y dos mozos a pie. En el coche iba una señora vizcaína que se dirigía a Sevilla. Don Quijote confundió de inmediato a los frailes por encantadores que llevaban secuestrada una princesa. Siguiendo su propósito de deshacer entuertos se dispuso a atacarlos. Sancho le volvió a corregir al igual que en los molinos. Desistió de la advertencia de Sancho y tomando carrera envistió contra los frailes. Uno, al verlo venir, salió corriendo; el otro cayó al suelo. Sancho se dirigió al caído y quiso despojarlo del hábito y de sus pertenencias porque le pertenecían, según había acordado con Don Quijote. Los mozos al ver lo que Sancho hacía, se dirigieron a él, aprovechando que don Quijote se había ido hacia el coche. Golpearon sin compasión a Sancho. El fraile cuando pudo se levantó, se subió en su mula y rápidamente huyó, “haciéndose más cruces que si llevara el diablo a espaldas”.
Do Quijote se dirigió a la señora que iba en el coche, diciéndole que sus secuestradores estaban en el suelo; que él era el famoso don Quijote de la Mancha y que solamente le pedía que fuese al Toboso y le dijera a Dulcinea lo que había visto. Dado que no dejaba pasar el coche, un vizcaíno que acompañaba a la mujer, se dirigió a don Quijote, en una “mala lengua castellana y peor vizcaína”, amenazándolo si  no los dejaba pasar. Don Quijote que oyó la amenaza se dirigió furiosamente contra el vizcaíno. Este, protegiéndose con una almohada blandió su espada contra don Quijote.
Comentario



Este capítulo da pie a plantear algunas de las interpretaciones más importantes que se han dado del Quijote. En concreto, la advertencia de Sancho a don Quijote, diciéndole que “aquellos que allí se parecen  no son gigantes, sino molinos de viento”.  Con este “parecer” se inicia la doble perspectiva con la que don Quijote y Sancho ven la realidad. La teoría del perspectivismo o puntos de vista diferentes con que las cosas se contemplan en el libro, la desarrolló ampliamente Américo Castro en El pensamiento de Cervantes. Antes de referirme a Castro, considero que tengo que hacer referencia a Vicente de los Ríos que ya, en 1780, para el prólogo de la edición de la Real Academia, en su Análisis del Quijote, planteó la tesis del doble punto de vista con el que Cervantes realiza su obra: a) las visiones que don Quijote tiene de las cosas, que están formadas por lo que su fantasía le dicta, moldeada por la lectura de los libros de caballerías. En este capítulo se halla en la confusión de molinos con gigantes y en la de los frailes de la orden de San Benito con encantadores;   b) la que nosotros, lectores, tenemos al ver la realidad como es; b.1) la de percibir el modo de captar don Quijote las cosas que le ocurren: “El lector siente un secreto placer en ver primero estos objetos como son en sí, y contemplar después el estraordinario modo con que los aprende D. Quijote. Este placer  es una de aquellas gracias privativas del Quijote, que no pueden tener las fábula heroicas…, pues estos mismos hechos, mirados con la lente de la locura de este héroe, le representan como un caballero valiente y afortunado. ”(Análisis del Quijote). Anthony Close, en Las interpretaciones del Quijote, definió el punto de vista anterior diciendo que “Lo que Vicente de los Ríos realizó es un penetrante análisis de la dicotomía entre ilusión y realidad en que se funda la novela”

La de Américo Castro, que en El pensamiento de Cervantes, defiende la tesis de que para Cervantes, no hay una forma única de ver las cosas. La realidad es cambiante y los juicios de valor son relativos. Sin embargo hay unas realidades morales cuya existencia es absoluta. Este es el caso de la libertad amorosa. Cuando esta verdad absoluta se rompe porque se ha producido un error o desacuerdo en su apreciación recíproca, se produce una tragedia. Sobre esta base “de la desarmonía (error) y concordancia o (atracción vital, sobre todo en el amor), discurren unos u otros personajes cervantino”.  Cuando el error consiste en la falsa interpretación de una realidad física (venta –castillo; molinos –gigantes…) sus resultados se sitúan siempre en la gama de lo cómico”.  Este es el caso de las aventuras que encontramos en este capítulo.

Sobre el principio del perspectivismo, con el sentido de que “no hay verdad inmutable”, es decir, que “el mundo es engañoso y proteiforme”, analiza Dominique Breton este capítulo en “Una lectura literal del significante aventura”, defendiendo el perspectivismo en la obra.    

A la tesis de Américo Castro se opone Alexander Parker, quien en El concepto de la verdad en el Quijote, defiende la tesis de la objetividad de la verdad: “si la causa por la cual las acciones de los hombres se conforman con la realidad o se oponen a ella la buscamos en el interés de los personajes porque las cosas sean de un modo o de otro, la visión de la vida humana en el Quijote se presta a un análisis que da a la novela un sentido preciso, válido para cualquier época”. Por qué motivo falsea don Quijote la verdad, diciendo que unos molinos son gigantes, se pregunta Parker.  “Porque quiere lograr fama de héroe. Sus lecturas le han enseñado que el heroísmo es algo extravagante y fantástico, es decir, no han dado testimonio de la verdad”

Ya en el título del capítulo podemos ver la ironía con que Cervantes lo enfoca: “Del buen suceso”. Sus afán de notoriedad y fama lo llevan a identificar molinos con gigantes. En la apacible y tranquila Mancha, Don Quijote busca una vez más que el mundo recuerde sus famosas aventuras y para ello vemos su extraño enfrentamiento con los molinos-gigantes y el grotesco resultado.  La respuesta a Sancho sobre su osadía también queda enmarcada por su ingenio: “Calla, amigo Sancho, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza”. Todo cambia y nada permanece; tan pronto se encuentra uno abajo como arriba. Esta parece ser una de las reflexiones morales de Cervantes.
Claudio Guillén en su Comentario a este capítulo acierta plenamente cuando dice: “Han sido otras a lo largo de los siglos las lecturas de esta aventura, familiar y proverbial en tantas lenguas. La posteridad ha recogido la fuerza de voluntad de un David condenado al fracaso, el riesgo desmesurado al servicio de un generoso idealismo, la futilidad del sueño, la valentía inútil, pero admirable por  inútil, la prioridad de la motivación sobre el cálculo del resultado”

 

Uno de los personajes que resultan graciosos por su forma de hablar en este capítulo es el vizcaíno. Su habla refuerza el perspectivismo lingüístico en la obra

  

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario