lunes, 28 de marzo de 2011

CAPÍTULO XVII

EL BÁLSAMO DE FIERABRÁS Y LA HUIDA DE LA VENTA

Se despertaron don Quijote y Sancho e iniciaron una conversación refiriéndose a lo mal que se encontraban por la paliza que les habían dado. Don Quijote le dijo que estaba recibiendo a la seductora hija del ventero cuando recibió del guardián de la doncella unos puñetazos tan fuertes que le provocaron sangre por la boca. Sancho se quejaba de que sin ser caballero andante, también lo habían aporreado.

Entró el ventero en el camaranchón  a interesarse por don Quijote. Al verlo despierto, le preguntó en términos amables, pero poco corteses para un caballero andante,  que cómo se encontraba. Don Quijote se sintió ofendido por la forma en que le habló el ventero y contestó desacertadamente. Irritado por la respuesta el ventero lanzó el candil sobre la frente de don Quijote, provocándole unos chichones. Al verse así le pidió a Sancho que le trajese sal, aceite, vino y romero para hacer el Bálsamo de Fierabrás.

Trajo Sancho lo que le pidió don Quijote. Hizo el bálsamo, cociendo los ingredientes anteriores, y se lo tomó, provocándole un fuerte vómito. Durmió después más de tres horas y se levantó muy aliviado.

Debido a la mejoría que experimentó don Quijote, quiso Sancho probar el famoso bálsamo y, tomándose el que quedaba empezó a sudar de una manera que creía morirse. Después tuvo unas diarreas fortísimas. Según don Quijote, a Sancho le habían provocado unos efectos diferentes a los suyos, debido a que Sancho no había sido armado caballero andante.

Don Quijote que se encontraba bien quiso partir rápidamente, así pues ensilló a Rocinante y enalbardó el rucio de Sancho.

Se disponían a salir de la venta. Don Quijote se dirigió al ventero, tomándolo como señor del castillo y diciéndole que, como caballero andante, se ponía a su disposición. El ventero contestó  que no era señor de ningún castillo, que aquello era una venta y que  sólo necesitaba cobrar. Don Quijote lo llamó sandio y mal hostelero y, picando a Rocinante, salió rápidamente de la venta.

El ventero se dirigió a Sancho pidiéndole que le pagara, pero él contestó con el mismo razonamiento de don Quijote. Si los caballeros andantes no pagaban, tampoco lo hacían los escuderos. Ante esta situación, los presentes, entre los que se encontraban unos mozos pillos y algo taimados,  se dirigieron  a Sancho y con una manta lo mantearon. Sancho daba gritos, a estos acudió don Quijote y, desde la tapia pudo ver cómo manteaban a Sancho.  Cuando lo dejaron, quien únicamente acudió en su ayuda fue la compasiva Maritornes, le trajo agua, pero él pidió vino.

Cuando bebió, salió también rápidamente de la venta Sancho, aunque si sus alforjas con las cuales se quedó en prenda el ventero.



Análisis

La psicología de Sancho, apunta Dámaso Alonso, “es, en su desenvolvimiento, un largo proceso de engaño y desengaño, es decir, de un tipo característico del realismo psicológico, de la pintura de las almas en la literatura española…”

Un claro ejemplo de lo anterior es lo que ocurre en este capítulo. Sancho estaba ilusionado con el Bálsamo de Fierabrás. Lo manifestó en los capítulos anteriores, dando a entender que con aquello se podía ganar dinero.

Don Quijote, después de tomárselo y vomitar quedó como nuevo. Sancho, que tenía fe en su amo, quiso seguir su ejemplo, pero le sucedió lo contrario: cuando se lo tomó le produjo vascas, sudores y dolores de muerte.

Cuando don Quijote se lo vuelve a ofrecer, Sancho contesta: “!Guárdese el licor con todos los diablos, y déjeme a mí!.

Sancho ha pasado de la ilusión al desengaño. Es la tosca realidad con la que nos encontramos todos los días.


Cuando Sancho es manteado por los mozos alegres y apicarados que estaban en la venta, lo pasa muy mal y solamente Maritornes le ofrece primero, agua; posteriormente y a ruego de Sancho, vino. Maritornes, la moza que se refocilaba con los arrieros, que les daba satisfacción a lo que le pedían, también accede, como dice Cervantes, con “espíritu cristiano”, a ofrecerle a Sancho vino, pagándolo de su bolsillo. La caridad cristiana se está perdiendo. Actualmente, se funciona  únicamente por dinero. Este es el dios al que se adora.

Otro de los aspectos que destacan en el capítulo es la actitud de Sancho cuando tiene que pagar en la venta. Actúa como su amo, don Quijote. Tenemos que preguntarnos por qué actúa así Sancho. La respuesta está en el concepto de verdad que Cervantes nos da en el libro. Este aspecto ha sido muy bien estudiado por Alexander A. Parker en “El concepto de verdad en el Quijote”. Este autor sigue el concepto de verdad que Cervantes nos da en el capítulo XI: “La verdad se oscurece por el engaño, la malicia y los interese de las personas”. A Sancho le vale el testimonio de don Quijote para irse sin pagar como hizo su amo. La realidad era otra, pero quiso interpretarla como le interesaba.

Digno de destacarse, como explica Lázaro Carreter en La prosa de El Quijote, es  la respuesta de don Quijote al cuadrillero cuando le llama “buen hombre”. Este le contesta: “¿Úsase en esta tierra hablar desa suerte a los caballeros andantes, majadero?. Don Quijote se cree herido idiomáticamente en su dignidad y contesta de esa manera.  Cervantes nos quiere mostrar, una vez más, la heterofonía del caballero, como señala Lázaro Carreter.

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