miércoles, 28 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LIX. SANCHO ACONSEJA A DON QUIJOTE CÓMO SALIR DE LA DESESPERACIÓN





Después del atropello de los toros, don Quijote y Sancho se dirigieron a una fresca arboleda y se sentaron cerca de una fuente clara y limpia. Sancho sacó comida de las alforjas y sin esperar, como era lo cortés, a don Quijote comenzó a embaularla.

Don Quijote, cuando lo vio comer de esa manera, le dijo que eso demostraba que le importaba mucho la vida, sin embargo él, hundido en sus pensamientos y desgracias, era lo contrario, porque “Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo”. Le explicó don Quijote la causa de su desesperación diciéndole que había pasado de ser respetado por los duques y amado por doncellas a ser “acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces”. Esto le quitaba las ganas de comer y por eso quería dejarse morir de hambre.  Sancho le contestó que entendía que don Quijote no aprobara el refrán “Muera Marta, y muera harta” (Crítica que se realiza a los que quieren hacer su gusto, aunque esto les pueda (ocasionar un gran daño).  Le dice a continuación “que no hay mayor locura que la que toca en querer desesperarse como vuestra merced, y créame y después de comido échese a dormir un  poco (…), y verá como cuando despierte se halla algo más aliviado”. A la petición que le hizo don Quijote de que se azotase para desencantar a Dulcinea, Sancho le contestó que lo haría, pero que ahora que comiera y descansara.  Así lo hicieron.

Cuando se despertaron siguieron camino a Zaragoza. Pararon en una venta que a una legua se veía, y entraron a pasar la noche. Después de dejar las bestias en la caballeriza y recogerse en su estancia, tuvo lugar un gracioso diálogo entre el ventero y Sancho sobre la oferta de platos que la cocina ofrecía. Tuvo que contentarse el escudero con dos uñas de vaca, cocidas con garbanzos, cebolla y tocino.

Estaba cenando don Quijote en su habitación cuando oyó que en la contigua estaban hablando dos hombres de la segunda parte de don Quijote de la Mancha. Uno le decía al otro que era peor que la primera y que lo que le disgustaba es que pinta a don Quijote desenamorado de Dulcinea. Don Quijote que lo oyó, lleno de ira, en voz alta para que se oyera, dijo que eso era falso y mentía el que lo decía. Al preguntar desde el otro aposento que quién era el que respondía, Sancho contestó que el mismísimo don Quijote de la Mancha, que podría demostrar lo que ha dicho, pues “A buen pagador no le duelen prendas” (El refrán explica que el que desea cumplir con lo que debe, no le importa proporcionar alguna garantía de ello).

Entraron los dos caballeros en la habitación de don Quijote. Lo abrazaron emocionados. Le entregaron el libro que quería suplantarlo y don Quijote, después de hojearlo, se lo devolvió y le indicó los defectos del falso Quijote: ciertas palabras insultantes del prólogo, el lenguaje es aragonés porque escribe sin artículos, se equivoca en el nombre de la mujer de Sancho Panza, presenta a Sancho como comilón y bebedor. Este contestó que mejor hubiera sido que no se acordara de él, porque “quien las sabe las tañe”, (Cada uno debe dedicarse a lo que sabe) y Bien se está San Pedro en Roma (Cuando desconoces una cosa, es mejor dejarlo como está).

Los caballeros invitaron a don Quijote a que se pasase a su aposento a cenar con ellos. Se pasó para no desairarlos. A unas preguntas que le hicieron sobre Dulcinea les contó lo sucedido en la cueva de Montesinos. Uno de los caballeros dijo que se debía ordenar que únicamente tratase de don Quijote, Cide Hamete. El Hidalgo contestó que lo retratara el que quisiere, pero que no lo maltrataran porque “Muchas veces suele caerse la paciencia cuando cargan las injurias”. Le pidió uno de los caballeros que leyera más el libro, contestó que lo daba por leído y lo consideraba necio del todo, pues “De las cosas obscenas y torpes los pensamientos se han de apartar, cuanto más los ojos”. Al decirle el caballero las simplezas que se contaban de la estancia del falso Quijote en Zaragoza, respondió el Ingenioso Hidalgo: no pondré los pies en Zaragoza y “así sacaré a la plaza del mundo la mentira de ese historiador moderno”. Se retiraron y al día siguiente, de madrugada, emprendió el camino para Barcelona.



Comentario



Después de la humillación que sufrió don Quijote cuando fue pisoteado por los toros al final del capítulo anterior, cae en una desesperación. Como él dice muy bien, se sintió respetado por los duques y admirado por Altisidora; su fama se había extendido y era ya conocida, gracias a la divulgación de la primera parte de la obra. Sin embargo, la fortuna cambió. Cuando esperaba “palmas, triunfos y coronas”, se vio pisoteado por los toros. Su dolor se acentúa y dice que quiere dejarse morir de hambre. Sancho lo incita a vivir diciéndole: “no hay mayor locura que la que toca en querer desesperarse”. Le da una recomendación: que coma bien y que duerma. Con esto consigue que se recupere y llegan a la venta. Da la impresión de que Sancho quiere que don Quijote se apegue a la vida; que encuentre nuevamente ilusiones y para ello, la receta es comer y dormir más.

Sin embargo, el punto de vista anterior, defendido por Sancho: aferrarse a la vida, serle fiel a ella y gozarla es visto de manera distinta por otros estudiosos de la obra. Salvador Muñoz Iglesias, en Lo religioso en el Quijote, considera que el término desesperación alude al suicidio. Esto está prohibido por la moral religiosa, defendida en le época por la Inquisición. Por lo tanto, la tesis de Sancho es que hay que mantener la vida hasta que Dios quiera. Parte el autor de la premisa inicial que le dice don Quijote a Sancho cuando lo ve embaular la comida: “sustenta la vida, que más que a mi te importa, y déjame morir a mi a manos de mis pensamientos y a fuerza de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo. Sancho le contesta…”yo tiraré mi vida comiendo hasta que llegue el fin que le tiene determinado el cielo; y sepa, señor, que no hay mayor locura que la que toca en querer desesperarse como vuestra merced”.

No puedo realizar una aserción que nos incline por una u otra interpretación.

A partir de aquí nos encontramos con dos escenas: la graciosa del entremesil entre Sancho y el ventero socarrón y la del Quijote apócrifo de Avellaneda.

domingo, 25 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LVIII. DON QUIJOTE OPINA SOBRE LA LIBERTAD, ENJUICIA AL AMOR Y VIVE UNAS HORAS EN UNA FINGIDA ARCADIA




Cuando don Quijote se vio en el campo, libre ya de los requiebros de Altisidora, se dirigió a Sancho y le dijo: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. (…)las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo.

A este canto a la libertad, Sancho le contestó que había que agradecer los doscientos escudos que el mayordomo le dio, porque no siempre “hallaremos castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen”.

Iban cabalgando con estas conversaciones cuando vieron a unos hombres que en un prado descasaban y comían. Junto a ellos había unos bultos cubiertos de sábanas blancas. Con cortesía, Don Quijote les preguntó a los labradores por los bultos y contestaron que eran imágenes para el retablo de su pueblo. Para que don Quijote viera la importancia de las figuras, uno de los labradores les quitó el lienzo que las cubría. Todas las reconoció y le fue explicando a Sancho quiénes eran cada una de ellas: San Jorge, uno de los mejores caballeros andantes de la milicia divina; San Martín, dadivoso con los pobres. A esto último Sancho contestó que no lo debería ser tanto, pues “para dar y tener, seso es menester” hay que ser prudentes a la hora de entregar bienes); el patrón de las Españas, Santiago, valiente guerrero y azote de los moros; San Pablo, el mayor defensor de Iglesia.

Don Quijote mandó que cubrieran las figuras y a continuación dijo que “ellos habían conquistado el cielo a fuerza de su brazos, porque el cielo padece fuerza, y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos”.

Don Quijote se despidió de los labradores; tanto éstos como Sancho admiraron los conocimientos de don Quijote. Continuó conversando con Sancho y le dijo: “esto que el vulgo suele llamar comúnmente agüeros, que no se fundan sobre natural razón alguna, del que es discreto  han de ser tenidos y juzgados por buenos acontecimientos (…) El discreto y cristiano no ha de andar en puntillos con lo que quiere hacer el cielo”. De lo anterior extrae don Quijote la conclusión de que el haberse encontrado con las imágenes era para él un buen suceso.

Sancho cambió de tema y dijo que se sorprendía de la desenvoltura que en el amor manifestaba Altisidora. Le contestó don Quijote que “el amor ni mira respetos ni guarda términos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que la muerte, que así acomete los altos alcázares de los reyes como las humildes chozas de los pastores, y cuando toma entera posesión de un alma, lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza”. Le dice Sancho que no entiende por qué Altisidora se enamoró de él, ya que tenía “más cosas para espantar que para enamorar”. Don Quijote le contestó “que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas esta partes caben y pueden estar en un hombre feo, y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y ventaja”.

Dialogando sobre el amor y la belleza entraron en un bosque y don Quijote fue enredado por unas finas redes de hilo verde. Le pareció que aquello era una nueva aventura, una venganza que los encantadores le habían hecho por haber sido tan riguroso con Altisidora. Pero no era eso, sino que unas hermosas pastoras habían puesto unas redes para cazar pajarillos. Estaban allí con unos familiares y amigos; habían instalado unas tiendas de campaña para pasar unos días en el ambiente pastoril de una nueva Arcadia y pensaban representar dos églogas: una de Garcilaso y otra de Camoes.

Las jóvenes le rogaron que fuera su huésped; tanto ellas como los que los acompañaban, gente principal y rica, conocían la historia del Caballero. Les volvieron a reiterar que les acompañase en la comida.  En atención a la petición se quedaron a comer. Terminada la comida dijo don Quijote: “Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno”. De acuerdo con lo anterior dice que las dos zagalas eran las más hermosas y corteses doncellas que había en el mundo, a excepción de Dulcinea. Quiso proclamarlo a los cuatro vientos y para ello se plantó a caballo en mitad del camino real, desafiando a todo aquel que no reconociese la belleza de las pastoras.

La alegría de don Quijote se vio truncada por una manada de toros que pasaban por allí. Los hombres que los conducían le dieron voces para que se apartara, pero rehusó hacerlo. Los toros pasaron derribándolo, no sólo a él, sino a Sancho, a Rocinante y al rucio. Se levantó como pudo y corriendo detrás de los toros les iba diciendo que se pararan, pues él no era de los que dicen: “al enemigo que huye, hacerle la puente de plata” (al contrario, en algunas ocasiones,  hay que facilitarle la huida).

Cansado se detuvo a esperar a Sancho, Rocinante y al rucio. Montaron como pudieron y, sin despedirse de la Arcadia, siguieron su camino.



Comentario



Básicamente cuatro temas integran el capítulo: a) La libertad; b) El mundo medieval; c) El amor; d) La nueva Arcadia

Antes de realizar el análisis de la libertad, expongo someramente el punto de vista de Anthony Close en Las interpretaciones del Quijote. La crítica de los libros clásicos se puede dividir en dos grandes grupos: a) La que explica el libro en función del dominio lingüístico del autor y de sus lectores contemporáneos; b) La que desde un punto de vista acomodaticio trata de adecuar el sentido del texto a la perspectiva mental del lector moderno . En esta última, el crítico de la obra se hace portavoz de los intereses del personaje. Este último punto de vista es el que sostiene el Premio Nobel, Vargas Llosa, en el artículo Una novela para el siglo XXI. El autor parte del concepto de libertad que enuncia don Quijote al principio del capítulo: “La libertad, Sancho,…Dice el nobel lo siguiente: “Detrás de la frase, y del personaje de ficción que la pronuncia, asoma la silueta de Miguel de Cervantes, que sabía muy bien de lo que hablaba. Los cinco años que pasó cautivo de los moros de Argel, (los cuatro intentos de evadirse), y las tres veces que estuvo en la cárcel en España por deudas y acusaciones de malos manejos cuando era inspector de contribuciones para la Armada debían de haber agudizado en él, como en pocos,  un apetito de libertad (…) que impregna de autenticidad aquella frase y da un particular sesgo libertario a la historia del Ingenioso Hidalgo.

¿Qué idea de la libertad se hace don Quijote? La misma que, a partir del siglo XVIII, se harán en Europa los llamados liberales: libertad es la soberanía de un individuo para decidir su vida sin presiones ni acondicionamientos, en exclusiva función de su inteligencia y de su voluntad. Es decir, lo que varios siglos más tarde, un Isaías Berlin definiría como “libertad negativa”, la de estar  libre de interferencias y coacciones para pensar, expresarse y actuar. Lo que anida en el corazón de esta idea de libertad es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder.

Don Quijote pronuncia su canto a la libertad, una vez que ha dejado el palacio de los duques, donde había sido tratado a cuerpo de rey por el señor del castillo, la encarnación misma del poder. Pero en los halagos y mimos de que fue objeto, el Ingeniosos Hidalgo percibió un invisible corsé que amenazaba y rebajaba su libertad “porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si (los regalos y abundancia que se volcaran sobre él) fueran míos”. El supuesto de esta afirmación es que el fundamento de la libertad es la propiedad privada, y que el verdadero gozo sólo es completo si, al gozar, una persona no se ve recortada su capacidad de iniciativa, su libertad de pensar y de actuar. Porque “las obligaciones de las recompensas y de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear el ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo”. No puede ser más claro: la libertad es individual y requiere un nivel mínimo de prosperidad para ser real. Porque quien es pobre y depende de la dádiva o la caridad para sobrevivir, nunca es totalmente libre”. (Vargas Llosa)

A continuación se encuentran con unos bultos que don Quijote mandó descubrir. Se trata de las cuatro imágenes que representan el mundo medieval. La vida de estos santos tiene un sentido, pues simbolizan la lucha contra la impureza, la caridad, la nación y la conversión. En su lucha, ellos conquistaban el cielo, “pero yo ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo”. La mejor interpretación que encuentro de este pasaje es la de Unamuno en Vida de don Quijote y Sancho. Unamuno sostiene que lo que quiso decir don Quijote es que si tuviera el amor de Aldonza Lorenzo, Dulcinea, le abría mejorado el juicio, hubiera seguido siendo héroe, pero un héroe sin locura.

Aparece después la figura de Altisidora, que le sirve a Sancho para hablar de la fuerza del amor. Don Quijote expone su teoría sobre el amor honesto y el deshonesto.  El primero, cuando entra en el alma, “lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza.” Lo explicaría la desenvuelta Altisidora; el segundo es el que eleva el alma: se muestra en “el entendimiento, la honestidad… “

Después de pasar unas horas en la Arcadia, alusión a la región de Grecia y sede de la vida pastoril, se trunca la alegría de la libertad por el atropello de la manada de toros.

miércoles, 21 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LVII. DON QUIJOTE ACUSADO DE LADRÓN POR ALTISIDORA









Don Quijote sentía la necesidad de salir del castillo de los duques porque estaba cansado de encontrarse ocioso y porque consideraba que en el cielo le pedirían cuenta por haber abandonado su misión: ayudar a los necesitados.

La duquesa entregó a Sancho las cartas de su mujer. Lloró éste cuando vio cómo habían cambiado las ilusiones de Teresa al verlo gobernador, convertidas ahora en la frustración de tener que seguir con las aventuras de su señor don Quijote. No obstante le quedaba la satisfacción de ver el buen comportamiento de su esposa cuando le mandó bellotas a la duquesa. Esto no se podía interpretar como soborno, sino como prueba de agradecimiento por el bien recibido; él había obrado en conciencia y se resignaba de acuerdo con el refrán: “Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano” (hay que conformarse cuando no se saca provecho de determinadas situaciones).

Al día siguiente, se encontraban en la plaza para salir, don Quijote y Sancho, éste con las alforjas bien provistas y, contento  porque, a escondidas de don Quijote, el mayordomo del duque le había entregado doscientos escudos de oro. De pronto, se oyó la voz de Altisidora entonando un romance satírico burlesco en el que criticaba el comportamiento que don Quijote había tenido con ella; lo calificaba de falso, monstruo y burlador que se llevaba lo más íntimo de sus entrañas. Le deseaba que nunca Dulcinea fuera desencantada y lo acusaba de haberle robado  tres tocadores y unas ligas.

La duquesa se admiró del ingenio y  desenvoltura de Altisidora. El duque quiso reforzar la burla y lo retó a un duelo por ladrón si no le devolvía a su doncella las prendas que le había quitado.

Don Quijote le preguntó a Sancho por la verdad de lo que Altisidora dijo que le faltaba y éste contestó que los tocadores sí los llevaba, pero las ligas, como “por los cerros de Úbeda” (prov. que se dice del que va por camino equivocado. Se da a entender que lo que se dice no es cierto). Rehusó don Quijote enfrentarse al duque, argumentando que jamás había sido ladrón y que la doncella hablaba como enamorada, de lo cual él no tenía la culpa. Se disculpó de la acusación que le había hecho, pues las ligas las llevaba puestas.

Hizo don Quijote una reverencia a los duques y, cabalgando, seguido de Sancho, se dirigió a Zaragoza.



Comentario



Se inicia el capítulo contando el narrador cómo don Quijote no se sentía a gusto de estar encerrado en el castillo de los duques porque su conciencia le decía que estaba faltando a su principal misión: salir a los caminos y ayudar a los necesitados. De esto tendría que dar cuenta al cielo y no lo podía soportar. De aquí se deduce una crítica a los escrúpulos que la rígida interpretación religiosa puede ocasionar en la conciencia de las personas

Por otra parte, Sancho sentía la frustración que recibiría Teresa cuando se enterase que había dejado de ser gobernador para seguir a don Quijote en sus aventuras. Al mismo tiempo, refleja sus escrúpulos de conciencia, descartando el regalo de Teresa como soborno a la duquesa por haberlo nombrado gobernador. Dice haber obrado de acuerdo con la filosofía popular del refrán “Desnudo nací… y se descarga de cualquier escrúpulo de conciencia.

El tercer personaje, con voz propia en este capítulo es Altisidora. En su romance satírico burlesco nos descubre los entresijos de su alma alicaída por el abandono de don Quijote. Escenifica todo un cuadro de carnavalización literaria, en el sentido de Bajtin, por su conducta desvergonzada, la comicidad de las acusaciones –don Quijote le ha quitado las ligas y los gorros de dormir-y la mezcla de la hilaridad con lo dramático de resistirse Sancho a desencantar a Dulcinea.

También en este proceso de carnavalización literaria entraría el sarcasmo del duque acusando a don Quijote de ladrón, en una prueba más de lo que para estos personajes suponía el caballero andante. Pretendían reírse y lo hacían a cualquier precio.     






viernes, 16 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LVI. EL AMOR VENCE A TOSILOS







Había llegado el día del desafío de don Quijote al joven que había deshonrado a la hija de doña Rodríguez. El duque, siguiendo las instrucciones de la cristiandad (Concilio de Trento), había advertido a Tosilos que debía vencer a don Quijote, pero sin herirle. De acuerdo con lo anterior, ordenó que les quitasen los hierros a las lanzas. Don Quijote no se opuso.

 Se había preparado el campo del combate. En el centro se había elevado una amplia tarima en la que estarían los árbitros y las demandantes: madre e hija. Los duques se acomodaron en una elevada galería. Había llegado gente de las aldeas vecinas a presenciar el combate.

Don Quijote se encontraba en la plaza cuando Tosilos entró. Lo hizo, luciendo fuertes armas y subido en un poderoso caballo frisón. Paseó la plaza y llegó hasta donde estaban las demandantes. Miró a la joven dama y parece ser que en ese momento la encontró la mujer más hermosa del mundo, haciendo honor al dicho de que “el amor es invisible y entra y sale por do quiere, sin que nadie le pida cuenta de sus hechos.”

El juez partió el sol a los combatientes y cada uno se situó en su puesto. Sonaron los tambores y las trompetas. Don Quijote se encomendó a Dios y a Dulcinea y arremetió.

Tosilos no se movió. Llamó al maese de campo y le dijo que se declaraba vencido porque quería casarse con la joven. Dirigiéndose a su madre, se la pidió por esposa, argumentando que “no quiero alcanzar por pleitos ni contiendas lo que puedo alcanzar por paz y sin peligro de la muerte”. Don Quijote que lo oyó contestó “pues Dios Nuestro Señor se la dio, San Pedro se la bendiga (“es necesario resignarse ante la suerte de cada uno”).

Tosilos le confirmó al duque lo que le dijo al maese de campo y, Sancho, que estaba presente, afirmó que hacía lo correcto porque “lo que has de dar al mur (al ratón), dalo al gato, y sacarte ha de cuidado” (“se debe aceptar lo mejor”).

Cuando Tosilos se descubrió, quitándose la celada, tanto doña Rodríguez como su hija se quejaron porque decían que las habían engañado, ya que aquel no era el mozo burlador que la había deshonrado, sino el lacayo Tosilos. El duque estaba encolerizado por la inesperada actitud del lacayo. Don Quijote echó la culpa del cambio a los encantadores y le pidió a la dama que se casara con el lacayo, pues era el mismo que el que ella deseaba como esposo.

La hija accedió a casarse. El duque dio su consentimiento, a condición de que Tosilos quedase encerrado en el castillo quince días, para ver si los encantadores le devolvían su prístina figura.

Todos aclamaron a don Quijote por su victoria, pero muchos quedaron tristes y defraudados porque los combatientes no se habían destrozado.



Comentario



Un capítulo más en el que conviven lo dramático con lo cómico. Se ha dispuesto el combate siguiendo las reglas que la novela caballeresca exigía. Pero lo duques, cuyo propósito es reírse de don Quijote, al haberse marchado el mozo burlador, acuerdan enfrentarlo con el lacayo Tosilos, bien armado y subido sobre un fuerte caballo frisón. Ellos esperan que el viejo caballero caiga ante el joven y fuerte Tosilos, pero hace su aparición el amor y, este valor moral, que para Cervantes, en frase de Américo Castro, es “la máxima esencia vital”, triunfa una vez más.

El proceso dialógico entre el duelo caballeresco y el amor, se ha quebrado a favor de éste. Don Quijote se muestra comprensivo ante una realidad moral que está por encima de los humanos. Lo expresa en tono dogmático: “pues Dios Nuestro Señor se la dio, San Pedro se la bendiga”. Al lado del tono trágico-cómico del combate, el pronunciamiento lógico y coherentes de Tosilos y, en parte los de don Quijote. En este último, vuelven a coexistir los dos planos: el de la locura que mueve a risa cuando culpa a los encantadores del cambio del novio por Tosilos y la cordura del consejo que da a la demandante joven.

Importancia tiene también el contraste que vive el duque: esperaba reírse con el combate de don Quijote y, el resultado fue llenarse de ira por la frustración de su deseo. Tanto es así que ordenó que encerraran al joven lacayo durante quince días.

Una vez más hemos visto en este capítulo las añagazas que Cervantes le tiende al lector.   


miércoles, 14 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LV. LA CAÍDA DE SANCHO EN LA SIMA




El haberse entretenido con Ricote le impidió a Sancho llegar aquella noche al palacio de los duques. Cuando se hizo de noche, en vez de continuar, se apartó para descansar, con tan mala fortuna que cayeron él y el rucio en una sima. Pensó que sería el final, pero cuando tocó suelo, comprobó que se encontraban bien los dos. Empezó Sancho a lamentarse comparando el estado en el que estuvo cuando era gobernador y el que tenía ahora, decía en su lamento “… cuán no pensados sucesos suelen suceder a cada paso a los que viven en este mundo miserable!. Compara su suerte con la de don Quijote cuando cayó en la Cueva de Montesinos y saca como conclusión las diferencias entre los dos. Don Quijote estuvo contento y satisfecho por las visiones que tuvo; él, triste y desolado por los sapos y culebras que verá. Le pide perdón al rucio por haberlo llevado hasta allí y le implora que ruegue a la fortuna que los saque de allí, prometiéndole que si eso ocurriera le pondría una corona de laurel en la cabeza y le daría los piensos doblados.

Daba voces en vano, pues nadie lo oía. Buscó en las alforjas del rucio y sacó un trozo de pan, se lo dio, diciéndole que lo tomara porque “los duelos con pan son buenos” (Sancho adapta el refrán “Los duelos con pan son menos”: cualquier cosa mala se supera con abundancia de bienes).

Se dio cuenta Sancho que en una de las paredes de la sima había un hueco por el que apenas cabía una persona. Se introdujo y fue a parar a una larga galería, por cuyo techo entraba un rayo de sol. Volvió y, con una piedra amplió el agujero y sacó al asno. Continuaba Sancho lamentándose de lo accidentado de la sima, temiendo que bajo sus pies se abriera otra y cayera en más profundidad, en otras ocasiones se consolaba diciéndose el refrán: “Bien vengas mal, si vienes solo” ( una desgracia no suele venir sola).

Don Quijote se estaba preparando en el campo para enfrentarse a Tosilos. En una de las carreras que le dio a Rocinante se aproximó a una cueva de la que salían los lamentos de Sancho, llamándose “desdichado desgobernado gobernador”. Don Quijote pronto lo identificó, pero creyó que estaba muerto y era su alma en pena la que pedía auxilio. Se ofreció a ayudarle porque lo mismo socorría “a los vivos que a los muertos”. Sancho reiteró que estaba vivo, que había dejado el gobierno de la ínsula y que anoche cayó en la sima en la que estaba.

Don Quijote fue al castillo de los duques, les contó lo que le había ocurrido con Sancho y se trajo unas cuerdas con las que los sacaron. Cuando salió, un estudiante que lo vio dijo que así deberían de salir del gobierno todos los malos gobernadores: como salía Sancho, muerto de hambre y sin dinero. Sancho que lo oyó, le replicó que en su gobierno en la ínsula ni había hecho cohechos ni cobrados derechos ( no había sacado ningún provecho de forma ilícita), que no se merecía salir así, pero que “el hombre pone y Dios dispone (el logro de las aspiraciones depende, a veces, de imponderables) y Dios sabe lo mejor y lo que está bien a cada uno, y cual el tiempo, tal el tiento (hay que adaptarse a las circunstancias y el momento) y nadie diga “de esta agua no beberé” (nadie diga que no hará lo que otra persona por mucho que lo critique), que adonde se piensa que hay tocinos, no hay estacas (las apariencias engañan). Don Quijote le dijo que no se enojara, que lo importante era vivir con la conciencia tranquila y que “es querer atar la lengua de los maldicientes lo mismo que querer poner puertas al campo” (es imposible ponerle límites a lo que no lo admite).

Llegaron al palacio de los duques y después de acomodar al rucio en la cuadra, se presentó diciéndoles “fui a gobernar vuestra ínsula Barataria , en la cual entré desnudo,  y desnudo me hallo: ni pierdo ni gano  (hay que conformarse cuando no se saca provecho de determinadas situaciones), que aunque había pasado hambre había administrado justicia, que cuando dejó la ínsula cayó en una sima de la cual había salido gracias a don Quijote y que en la ínsula había aprendido que no estaba hecho para el gobierno. Renunciaba a cualquier otra ínsula y se ponía al servicio de su señor don Quijote.

Los duques ordenaron a sus criados que atendiesen en todo al molido y peor parado Sancho Panza.

Comentario

El capítulo de la caída de Sancho en la sima ha sido considerado por la crítica desde los siguientes puntos de vista:

a)      Como lectura deconstructiva que Cervantes realizó del Romance de la Derrota de do Rodrigo y del Romance de la Penitencia. Esto es lo que encuentro en el trabajo de Pierrete Pellen Barde, en Sancho Panza en la sima: un avatar de la penitencia de Rodrig. El autor parte de la tesis de las diferencias que encuentra entre la pérdida de la ínsula por parte de Sancho y la pérdida de España y su posterior lamento por parte del Rey Rodrigo, en los romances del mismo nombre.  En el caso del romance de la penitencia del Rey Rodrigo, se trata de un rey vencido, que santificado por su pena y una muerte voluntaria, encuentra su liberación, poniéndose a disposición de Dios en el cielo. Por otra parte, Sancho, también destronado, ha caído en la sima y encuentra su liberación aferrándose a la vida y poniéndose a disposición de su señor don Quijote.  “El destronamiento carnavalesco de Sancho y el caos burlesco de su caída y de su salvamento le permiten a Cervantes expresar su vena cómica,- recordemos cómo se denomina así Sancho: “desdichado desgobernado gobernador”-.

En el tema de la Fortuna inconstante hay ecos de concomitancia en las palabras de Sancho cuando cae en la sima y los versos del Romance de la derrota:  ¿Quién dijera que el que ayer se vio entronizado gobernador de una ínsula, mandando a sus sirvientes y a sus vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima…?. El Romance de la derrota dice:  -Ayer era rey de España, / hoy no lo soy de una villa; /ayer villas y castillos, /hoy ninguno poseía; / ayer tenía criados/ y gente que me servía, / hoy no me queda una almena / que pueda decir que es mía//.

“Cervantes, a través de este desilusionado gobernador, ha rendido homenaje a uno de los más bellos ciclos del Romancero”  (Pierrette Pellen Barde)

b)      Desde un punto de vista existencial entendemos las lecciones que Sancho ha aprendido de su experiencia en la ínsula:

b.1 Se ha conocido a sí mismo y ha sabido que  no sirve para gobernador:  “el haber aprendido que no soy bueno para gobernar…y que las riquezas que se ganan en tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño”. Esto se lo dijo a Ricote en el capítulo anterior. Esta idea la vuelve a reiterar cuando le cuenta a los duques su experiencia de gobierno: no desea más ser gobernador, no ya de una ínsula, “sino de todo el mundo”.  

b. 2. La Fortuna es inconstante.
b.3. Que siempre va a haber gente que critique la labor de gobierno: pero lo importante es tener la conciencia tranquila, pues ha gobernado sin hacer cohecho

lunes, 12 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LIV. EL MORISCO RICOTE CUENTA SU HISTORIA






El mozo que engañó a la hija de doña Rodríguez había huido a Flandes, evitando a la suegra. Los duques decidieron que lo representara en el combate el criado Tosilos. Lo aleccionaron sobre la fórmula del desafío. Tenía que presentarse “en el campo armado como caballero, y sustentaría como la doncella mentía por mitad de la barba, y aun por toda la barba entera, si se afirmaba que él le hubiese dado palabra de casamiento”. Don Quijote esperaba alborozado el día de la pelea.

Sancho, que ya había partido de la ínsula subido en su rucio, se encontró en el camino con seis peregrinos tudescos que pedían limosna. Le hablaron en una lengua que no entendía. Sospechaba que le pedían de comer y les ofreció lo que llevaba: pan y queso. Ellos lo rechazaron y le dieron a entender que querían dinero. Él, que no tenía ni un céntimo, se abrió paso entre la fila. En ese momento, uno de ellos lo reconoció; era su vecino el tendero: el morisco Ricote, que, con los de su nación, había sido expulsado de España hacía algún tiempo.  Sancho se sorprendió del atrevimiento que había tenido en regresar por las penas que se les imponía. Ricote le respondió que si él no lo descubría, nadie lo reconocería.

A petición de Ricote, todos se sentaron a comer en una alameda cercana. Sobre el mantel de la hierba pusieron abundante comida, desde frutos secos a caviar, tocado todo con abundante vino. Los peregrinos, que eran buenos mozos, comían despacio y alzaban la bota con mucho gusto. Sancho, siguiendo el refrán de “cuando a Roma fueres, haz lo que vieres”, empinó la bota tan bien como ellos. Brindaron por la camaradería de españoles y alemanes.

Se apartaron del grupo Sancho y Ricote. Éste le contó cómo sufrió con la pena del destierro a la que los bandos del Rey sometieron a los moriscos. A él le pareció que tal resolución fue “de inspiración divina”, porque la mayor parte de los moriscos eran culpables y suponían un grave peligro para España. Abandonó su casa y, pasando por Francia, fue a parar a Alemania: allí, “cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte de ella se vive con libertad de conciencia”. Se había juntado con estos peregrinos, que tienen por costumbre venir a España porque son bien recibidos; en los pueblos les daban de comer y también dinero;  volvían a Alemania con más de cien escudos que cambiaban por oro que sacaban en los huecos de los bordones. Ha regresado porque quiere desenterrar un tesoro que ocultó en su pueblo y llevarse a su familia, que está en Argel. Le pidió a Sancho que le ayudara a recuperarlo, diciéndole que le daría doscientos ducados, pero Sancho se negó argumentando que ni era codicioso, ni quería traicionar a su rey, pues sabía que “lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño” (refr. “ lo bien ganado se lo lleva el diablo, y lo malo, a ello y a su amo”). Le aseguró que no lo descubriría a la justicia y le informó de la salida de su familia: el cuñado de Ricote la había llevado a Argel; la hija iba bellísima y todos los despidieron llorando. Especialmente lo sintió, su pretendiente, el joven y rico mayorazgo Pedro Gregorio. Desapareció del pueblo y nada se sabe de él.

Llegó la hora de despedirse. Se dieron un abrazo y, Sancho, montado en su rucio, partió al castillo de los duques.



Comentario

El capítulo se inicia con tintes grotescos: el mozo se marchó a Flandes porque no quería tener como suegra a doña Rodríguez; la fórmula que sostendría Tosilos en su combate contra don Quijote es que “la doncella mentía por mitad de la barba, y aún por toda la barba entera, si se afirmaba que él le hubiese dado palabra de casamiento”. De inmediato se percibe la intención cómico-burlesca en la fórmula del juramento. En la literatura caballeresca, éste era un acto solemne. Aquí, en alusión a este acto, se utiliza la ambigüedad del sentido de la palabra barba, para referirse a él mismo y a la doncella.

A continuación se entra en la realidad político social de la España de Cervantes. A este respecto comenta Domínguez Ortiz, en La España del Quijote: “Eran muy dadivosos los españoles de la época y no sólo los naturales sino muchos extranjeros se beneficiaban de su generosidad”. Lo anterior lo confirma la acción de los peregrinos alemanes, que bajo el hecho espiritual del peregrinaje, escondían la picardía de conseguir dinero que, “trocados en oro, o ya en el hueco de los bordones o entre los remiendos de las esclavinas…los sacan del reino y los pasan a sus tierras”. Después conocemos la historia personal de Ricote, un buen documente para ver cómo Cervantes consideró la expulsión de los moriscos.

 Los hechos son los siguientes: los moriscos eran los mudéjares, (musulmanes que vivían en territorio cristiano en la Edad Media) oficialmente convertidos al cristianismo. No se asimilaron al resto de la población española ni en Granada, a raíz de las guerras de 1500-1502 en que los Reyes Católicos les dieron la alternativa de convertirse o emigrar, ni en Valencia en la guerra de las Germanías. Felipe II, ante el temor de que se organizase una confrontación interior musulmana, organizó una fuerte represión religiosa. Los moriscos granadinos iniciaron una sublevación en la Alpujarras. Terminó con ella don Juan de Austria y el rey ordenó que los dispersaran por distintos puntos de España. En 1609 se ordenó su expulsión de Valencia por el rey Felipe III, a cuyo frente del gobierno estaba el duque de Lerma. Parece ser que fue debido  a presiones del clero y del ejército, asustados por las relaciones que los moriscos  tenían con Francia y con los turcos. Esta expulsión se extendió en 1610 a Aragón y a Castilla. En total salieron de España más de trescientos mil. Esto supuso el comienzo de la decadencia agrícola. (Isabel Rivero. Síntesis de Historia de España)

En el bando de expulsión de Valencia (1609), se dice:

 2. “Que cualquiera de los dichos Moriscos que, publicado este Bando y cumplidos los tres días, fuere hallado desmandado fuera de su propio lugar por caminos u otros lugares…pueda cualquiera persona sin incurrir en pena alguna prenderle y desbalijarle, entregándole al Justicia  del lugar más cercano; y si se defendiere le pueda matar (…)

3. Item, que qualquiera de dichos Moriscos que escondiere, o enterrare ninguna de la hazienda que tuviere, por no poderla llevar consigo…incurran en la dicha pena de muerte los vecinos del lugar donde esto sucediere”. Si lo conocían, estaban obligados a denunciarlo.

La interpretación del bando, entiendo que se puede realizar teniendo en cuenta los siguientes hechos:

a)      El bando es una orden que dicta el rey, se supone que después de haber entendido los problemas que había con los moriscos. Este dictamen general es claramente injusto, puesto que afecta a todos los moriscos, y como él dice, no todos son iguales, pues “yo sé cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota mi mujer son católicas cristianas, y aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro”. A esta solución general, se opone, las individuales que ha dado Sancho, las cuales han sido reconocidas por todos como ecuánimes juicios. De aquí se extrae ya una primera conclusión: las sentencias pronunciadas contra una colectividad, nunca son justas.

b)      Es cierto que Ricote califica el bando del rey como “gallarda resolución”, pero no debemos olvidar que Cervantes escribía para los lectores del XVII y, difícilmente podría estar en contra de este bando real. En las palabras de Ricote encuentro una crítica clara a la falta de misericordia en la justicia política.

c)       El dolor del destierro lo expresa Ricote de una forma dramática: “Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural”. El acogimiento en el norte de África no era bueno; pasó a Francia y, “aunque allí nos hacían buen acogimiento”, quiso pasar a Alemania, “y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitantes no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte de ella se vive con libertad de conciencia”. Lo anterior ha provocado distintas interpretaciones sobre lo que Cervantes quiso decir con “libertad de conciencia”. Apoyo aquellas tesis que sostienen que la frase encierra una crítica a la intolerancia religiosa en España: tesis de Américo Castro, Márquez Villanueva o Juan Goytisolo.
Márquez Villanueva, en su último libro, Moros, moriscos y turcos de Cervantes: ensayos críticos, lee este capítulo en clave de la adoxografía que abundaba en la retórica de la época. Consistía en elogiar a personas que no eran merecedoras de ello y tenía una clara connotación irónica. Esto explica la frase de Ricote alabando la expulsión de los moriscos decretado por Felipe III y calificándolo como "gallarda resolución".

jueves, 8 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LIII. SANCHO SE FRUSTRA COMO GOBERNADOR





El tiempo del gobierno de Sancho se pasó rápidamente. Por esta razón nos cuenta el narrador que el autor Cide Hamete reflexionó con gran cordura en los siguientes términos: “Pensar que en esta vida las cosas de ella han de durar siempre es pensar en lo excusado, antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el viento, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten”.

Cansado de juzgar y de dar pragmáticas y con hambre por la rigidez de las dietas, se había acostado Sancho la séptima noche de su estancia en la ínsula cuando fue despertado por un gran estruendo de campanas, voces, trompetas y atambores. Se levantó a ver qué ocurría y se encontró con más de veinte personas que, con antorchas,  venían hacia él, diciéndole que la ínsula había sido invadida y que, como gobernador, debía dirigirlos en su defensa. Les argumentó que desconocía los temas de las armas, pero no consiguió disuadirlos.

Le colocaron dos paveses, uno delante y otro detrás, se los ataron con cuerdas,  y por unos agujeros le sacaron los brazos; le dieron una lanza y le pidieron que los animase a todos, pues siendo él su norte, su lanterna y su lucero, tendrían buen fin sus negocios”. Sancho quedó “como galápago, encerrado y cubierto en sus conchas, o como medio tocino metido entre dos artesas, o bien como barca que da al través en la arena”. Intentó caminar y cayó al suelo; se apagaron las antorchas, con grandes voces, llamando a las armas,  pasaban por encima de él; con las espadas golpeaban sobre los escudos y él, recogiéndose en el interior como pudo, rogaba a Dios que se perdiese de una vez la ínsula y terminara la angustia y el sufrimiento que soportaba.  

Se oyeron voces de “!victoria!”; levantaron a Sancho, pidió un trago de vino y, tras beberlo,  se desmayó del miedo que había pasado.

Cuando se despertó estaba amaneciendo; empezó a vestirse y, “sepultado en un enorme silencio”, se fue a donde estaba el rucio y con lágrimas en los ojos le dio un beso de paz en la frente; recordó lo feliz que era cuando sólo se preocupaba de cuidarlo, pero que desde que lo dejó y “me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos”

Subido en el rucio, pidió que le abrieran paso y se despidió diciendo: “dejadme volver a mi antigua libertad”; “Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido”. Les sigue diciendo que quiere vivir en su libertad y que “sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas”. El doctor Pedro Recio le pidió que se quedara, prometiéndole darle de comer lo que quisiera, pero Sancho contestó: “Tarde piache” (Tarde te quejas);”No son estas burlas para dos veces”. No deseaba más ser gobernador, argumentándoles que deseaba seguir como antes estaba:  “Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos, en alusión al refrán, “Por su mal le nacieron alas a la hormiga (algunas cosas que por sí son buenas, pueden ser motivo de desgracia); Cada oveja con su pareja ( la persona debe relacionarse sólo con los de su clase); Nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana (nadie debe querer ir más allá de sus capacidades).

El mayordomo ensalzó su ingenio y su cristiano proceder. Sancho les pidió un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él; Se despidió llorando, los fue abrazando a todos y se dirigió al castillo de los duques.



Comentario

El capítulo ha tenido básicamente dos interpretaciones:

a)      La experiencia de la práctica del gobierno de Sancho en la ínsula. Quería ser gobernador porque deseaba salir de la miserable vida de labrador que tenía. Ha gobernado concienzudamente, cumpliendo en todo momento con su responsabilidad. Lo que ha obtenido es cansancio y fatiga por tomarse su tarea con la rectitud que el gobierno exige. Esto, y el hambre que le hace pasar el doctor Pedro Recio de Tirteafuera, pero especialmente la burla de verse inmovilizado en el suelo, entre dos escudos, con todos los insulanos pasando por encima de él, le han dado una lección que no quiere que se repita. Por eso le contesta al médico “Tarde piacho” cuando se le pide que se quede; persistiendo en ello con las razones populares de los refranes: “Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga”; “Cada oveja con su pareja”; “Nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana. La lección que ha sacado es clara: él no nació para gobernar.

b)      El capítulo se inicia con una reflexión sobre la ligereza de la vida presente, que camina inexorablemente hacia la muerte, sin posibilidad alguna de renovarse, frente a la duración de la vida eterna. Esta reflexión le sirve a Cervantes para ironizar sobre la brevedad del gobierno de Sancho, que se acabó, se consumió y se deshizo “en sombra y en humo”. En coherencia con la premisa principal, la ligereza e inestabilidad de la vida presente, las angustias y sufrimientos de Sancho terminan cuando éste intuye que tiene que buscar la libertad que le dio su vida anterior. Se da entrada al Beatus ille horaciano. Frente a la inquietud y desesperación que conllevan la vida de gobierno y el poder, por las cuales “me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos”, la paz y la tranquilidad de la vida alejada del mundo de la “ambición y de la soberbia”. Sancho lo expresa simbólicamente con el “beso de paz en la frente” que le dio a su rucio, al alejarse de la prisión en la que se encontraba y rencontrarse con la imagen de la libertad social en la que creció.

lunes, 5 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LII. TERESA PANZA QUIERE IR A LA ÍNSULA Y SENTIRSE GOBERNADORA









Una vez que don Quijote se curó de los arañazos de los gatos, se sintió en la necesidad de continuar su vida de caballero andante y pensó decirles a los duques que próximamente saldría para Zaragoza a participar en unas justas que allí se hacían. Un día, estaba sentado a la mesa con sus anfitriones cuando se presentaron en la sala, llorando, dos mujeres, completamente enlutadas, pidiéndole ayuda. Se lamentaban con tal ahínco que los propios duques dudaban de que fuera una broma. Se descubrieron a petición de don Quijote y doña Rodríguez le pidió ayuda para reponer el honor de su hija que  había sido burlada por el joven y rico labrador que le había prometido matrimonio y no cumplía su palabra.  Le pedía que le hiciese justicia porque desconfiaba de que el duque la fuera a dar, pues eso sería pedir peras al olmo (pretender algo imposible). Con mucha gravedad le prometió a doña Rodríguez que así lo haría. Antes le había advertido a la hija que “le hubiera estado mejor no haber sido tan fácil en creer promesas de enamorados, las cuales por la mayor parte son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir”.

El duque le contestó que aceptaba el desafío en nombre del mozo y que le obligaría a que pelease allí, en el castillo, en un plazo de seis días. Mientras, por orden de la duquesa, doña Rodríguez y su hija, hasta que se hiciese justicia, recibirían el trato especial de señoras aventureras.

Estando en esto entró el paje con dos cartas de Teresa;  una para la duquesa, que decía “Carta para mi señora la duquesa tal de no sé dónde”; y la otra: “A mi marido Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria, que Dios prospere más años que a mí”. La duquesa, que “no se le cocía el pan”,(expresa la inquietud hasta conseguir lo que se desea),la leyó para sí y después en voz alta. Le decía que “en este pueblo todos tienen a mi marido por un porro, y que sacado de gobernar un hato de cabras, no pueden imaginar para qué gobierno pueda ser bueno”. Le suplicaba que le ordenara a su marido que le mandara dinero, porque pensaba ir a la corte y allí la vida está muy cara, ya que el pan vale a real y una libra de carne, treinta maravedís; que en la corte se sorprenderán cuando la vean con Sancho y “a Roma por todo” (el proverbio expresa el ánimo y la confianza con que se comienza una empresa difícil). Finalmente le dice que le manda medio celemín de las mejores bellotas que recogió en el monte, una a una.

En la carta a Sancho, lo llamaba como “Sancho mío de mi alma” y “hermano”. Le expresa la alegría que se llevó cuando recibió su carta, diciéndole que pensó que se iba a caer muerta, pues “así mata la alegría súbita como el dolor grande”. Le aseguraba que, de acuerdo con lo que su madre decía: “es menester vivir mucho para ver mucho”, no pararía hasta verlo “arrendador o alcabalero (recaudador de impuestos), que son oficios que aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros”. Le contaba algunos sucesos recientes del pueblo, que Sanchica hacía encaje y cada día echaba en la alcancía ocho maravedís para ayudarse en su ajuar, que la fuente de la plaza se secó porque le cayó un rayo, “y allí me las den todas”  (expresión proverbial, con el sentido de “y a mi me tiene sin cuidado, allá se las arreglen”)

Hubo júbilo con la lectura de las cartas. Después, el paje le entregó a la duquesa los dos regalos de Teresa: las bellotas y un queso mejor que los de Tronchón.  



Comentario

Entre los grandes méritos del Quijote está el haber introducido en la obra la verdad de lo que ocurre en la calle. Como explica Lázaro Carreter en  LA PROSA DE EL QUIJOTE, “cuando se asegura que éste funda la novela moderna, esto es esencialmente lo que quiere afirmarse: que Cervantes ha enseñado a acomodar el lenguaje a la realidad del mundo cotidiano”.

Los dos núcleos fundamentales del capítulo son las cartas de Teresa a la duquesa y a su marido Sancho Panza. Las cartas son un testimonio vivo de la lengua hablada por los campesinos en el siglo XVII en España. Elena Catena las estudia en: Un comentario de texto para estudiantes extranjeros: Carta de Teresa Panza a Sancho Panza, su marido. El comentario de textos. Ed. Castalia. Lo primero que destaca en la carta de Teresa es la espontaneidad con la que se expresa. Las causas que provocan las reacciones temperamentales son básicamente dos: la noticia de la propia carta y saber que Sancho es gobernador.

La sorpresa de la carta la exterioriza con expresiones tan emotivas como “no faltaron dos dedos para volverme loca de alegría…cuando yo llegué a oír que eres gobernador, me pensé allí caer muerta de puro gozo, que ya sabes tú que dicen que así mata la alegría súbita como el dolor grande”. También Sanchica, su hija, se conmociona de tal manera que “se le fueron las aguas (se orinó) sin sentirlo de puro contento”.

Teresa le manifiesta la duda que tuvo cuando le dijeron que era gobernador, porque “¿quién había de pensar que un pastor de cabras había de venir a ser gobernador de ínsulas?”, pero los regalos que le trajo el paje confirmaban lo que le decían.  Además de la certeza de los regalos, se lo confirma la propia cultura popular que ha vivido: “Ya sabes tú, amigo, que decía mi madre que era menester vivir mucho para ver mucho”.

Le expresa su deseo de ver a su marido administrando dinero porque podría contribuir a salir de la pobreza: no pienso parar hasta verte arrendador o alcabalero (arrendador de impuestos), que son oficios que aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros”. Con la expresión “en fin en fin”, da a entender que hay que comprender que algo de dinero le pueda quedar.

Apela a la duquesa para transmitirle el deseo que tiene de ir a la corte; lo hace con cierta “diplomacia conyugal”, dejándolo a su discreción: “mírate en ello y avísame de tu gusto, que yo procuraré honrarte en ella andando en coche”.

Teresa le cuenta cómo ha sido recibida la noticia de su nombramiento de gobernador en el pueblo: nadie se lo cree. Los que antes se han reído de Sancho y don Quijote son los burlados, y ella se ríe de ellos: “Yo no hago sino reírme y mirar mi sarta y dar traza del vestido que tengo de hacer del tuyo a nuestra hija”.

Después le hace una crónica de lo que ha ocurrido en el pueblo mientras ha estado ausente: la Berruca casó a su hija con un pintor de mala mano…que ya ha dejado el pincel y tomado la azada; el hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados…con intención de hacerse clérigo: súpolo la Minguilla …y hale puesto demanda de que la tiene dada palabra de casamiento. Sanchica hace encaje y “gana cada día tres maravedís. La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas” (no me importa nada).

Con la carta hemos visto la vida del pueblo en la novela, también las aspiraciones de una humilde campesina: marcharse a la ciudad

jueves, 1 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LI. LAS CONSTITUCIONES DEL GRAN GOBERNADOR SANCHO PANZA





Aquella mañana se levantó Sancho y volvió a sufrir la crudeza de la dieta del doctor Pedro Recio de Tirteafuera porque sólo le permitía desayunar un  poco de conserva y cuatro tragos de agua fría. Hambriento como estaba, tuvo que juzgar el siguiente caso: Unos jueces han oído hablar del talento que reflejaban sus sentencias. A ellos se les ha presentado un caso y no saben qué decidir. Mandan a un hombre a que le plantee a Sancho el problema y diga la solución. En un lugar, cuatro jueces velaban para que se cumpliera una ley que a la entrada de un puente decía: “El que cruce este puente debe jurar adónde va y por qué va. Si lo que ha jurado es verdad, le deben dejar pasar; si es mentira debe morir en la horca”. Un hombre juró que, por el juramento que hacía, iba a morir en la horca. El hombre cruzó el puente y lo jueces reflexionaron sobre el juramento que había hecho, llegando a la siguiente conclusión: si el hombre dice que va a morir es la horca es porque no ha dicho la verdad y por lo tanto debe morir; pero como dice que va a morir en la horca, dice la verdad, y por lo tanto, debe quedar libre. Sancho argumentó que había las mismas razones para condenarlo que para salvarlo, por lo tanto lo debían dejar pasar libremente,  “pues siempre es alabado más el hacer el bien que el mal” y don Quijote ya le había aconsejado que “cuando la justicia estuviese en duda me decantase y acogiese a la misericordia”. El mayordomo se admiró de su sabio entendimiento y dio orden de que se le diese de comer lo que le apeteciera.

Después de comer llegó una carta de don Quijote y Sancho le mandó a su secretario que la leyese. Le decía don Quijote que le daba gracias “al cielo porque del estiércol sabe levantar los pobres, y de los tontos hacer discretos”. A continuación le sigue dando consejos: “el buen adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden…Vístete bien, que un palo compuesto, no parece palo…

Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos (agradable con todos); y la otra procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que el hambre y la carestía.

No hagas muchas pragmáticas,  (decretos), y si las hicieres, procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen.

Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos extremos. Consuela a los presos; es coco a los carniceros, que por entonces igualan los pesos (pesan correctamente).No te muestres …codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería (te atacarán).

Escribe a tus señores y muéstrateles agradecido, que la ingratitud es hija de la soberbia”.

Terminaba la carta don Quijote diciendo que pensaba dejar pronto aquella vida ociosa, a pesar de que los señores le han propuesto un negocio, pero él quería seguir siendo fiel a su profesión, según “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Platón es amigo, pero es más amiga la verdad).

Sancho respondió inmediatamente, por medio de su secretario.  Le dice que está muy ocupado, pues no tenía tiempo, según él, ni para rascarse la cabeza; le comenta el hambre que pasa, debido a las dietas del doctor Pedro Recio, natural de Tirteafuera; le pide que evite problemas con los duques porque repercutiría en su gobierno y, por último, que le cuente cómo están su mujer, su casa y sus hijos.

Terminada la carta empezó Sancho a dictar unas ordenanzas sobre el buen gobierno que consistieron en prohibir la especulación con los alimentos de primera necesidad; moderar los precios, ponerle tasa a los salarios; prohibir los cantares lascivos y las coplas de ciego que cantaban milagros. Creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que comprobasen si en realidad lo eran.

Estas buenas ordenanzas se guardan en la ínsula con el nombre de “Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza.



Comentario

En el capítulo se prolongan las buenas prácticas de Sancho, sus sabios consejos y ordenanzas sobre el buen gobierno, en clara concordancia con El Reloj de Príncipes, de Antonio de Guevara, 1529 que, por supuesto, Cervantes conocía.   A Sancho, como juez,  le presentan una variante de la célebre paradoja de Epiménides, también conocida como paradoja del mentiroso. Sancho recurre para resolverla a principios de moral cristiana: cuando la justicia estuviese en duda, decántate por la misericordia, recordando el consejo de su mentor.

A partir de aquí continúa don Quijote proponiéndole consejos en la línea de los que antes le dio. Termina con las ordenanzas que aparecen en sus famosas Constituciones del gran gobernador Sancho Panza.

Uno de los estudios que encuentro más significativos sobre la visión que Cervantes tenía del derecho y que sirve para explicar su sentido de la justicia,  es el del profesor Enrique Viñó Undabarrena en, Cervantes y su vocación al Derecho. El autor sostiene la tesis y demuestra que “A través de la ironía y la sátira, Cervantes realiza una premonición hacia una más depurada realización humana de la justicia”. Cervantes enfoca la justicia desde la moral cristiana.

Las ordenanzas que Sancho mandó que se guardasen en la ínsula reflejan según R. del Arco y Garay, en La sociedad española en la época de Cervantes, la armonización de las directrices del Concilio de Trento, 1563 y las que el Consejo de Castilla dictaría en 1620, es decir cinco años más tarde de la publicación de la 2ª parte, para observancia de las reformas de las costumbres pedidas por el Concilio de Trento.

Su programa reformador se concreta en las siguientes normas:

1.       Se prohíbe especular con los alimentos de primera necesidad. Parece ser que la reventa era práctica habitual en la época y estaba relacionada con la usura y el lucro indebido.  “…ordenó que no hubiese regatones de los bastimentos en la república”. Los regatones hacían venta por menor de bastimentos o provisiones básicas para el sustento de la ciudad.  Sobre esto dictó el Consejo de Castilla “No vendan por las calles, ni por las tiendezuelas los que puedan trabajar…los regatones son ladrones públicos, castíguense como tales.

2.       Se autoriza el libre comercio.-“Se ordenó que pudiesen meter en ella (en Barataria) vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y valor”.

3.       Control de precios:” Desde un punto de vista distinto al de Viñó Undabarrena, Pierre Vilar, en El tiempo del Quijote, dice: “Duras realidades las del año 1600. En la cumbre de la gran subida de los precios del siglo XVI, en la que España ha marchado a la cabeza, el alza se exaspera repentinamente. El trigo andaluz pasa de los 430 maravedís por fanega en 1595 a 1401 en 1598; el trigo castellano, de 408 en 1595 a 908 en 1598”. Con este panorama parece lógico pensar en una mínima intervención en la economía, lo que hoy en día llamaríamos economía mixta. En esta línea dice: “Moderó el precio de todo el calzado, principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia

4.       Control de salarios. La inflación había puesto los precios por las nubes. Pierre Vilar, citando a Hamilton, dice: “Un hortelano de Castilla que cobraba 3470 maravedís en 1599, percibe 9000 en 1603. De 1601 a 1603, el “salario real” del trabajador español hace un salto en su historia.”. Con esas tasas de inflación, no es de extrañar, que Sancho avanzara ideas sobre economía que se consideran necesarias para ordenarla, tal y como ocurre hoy en día.  Sobre el control de salarios dice: “Puso tasa en los salarios, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese”.

5.       Sobre costumbres: a) Los cantares lascivos y de ciego. A estas obras anónimas, que tanta importancia tienen en los estudios de Bajtin, le dedicó también Sancho una ordenanza diciendo: “…puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos…; ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no trujese testimonio auténtico de ser verdadero”. También fueron prohibidos por las Ordenanzas de los Alcaldes de Casa y Corre, de 1585 ( Undabarrena). Recordemos que el amo del Lazarillo “decía saber oraciones para muchos y diversos efectos: para mujeres que no parían, para las que estaban de parto, para las malcasadas”.

6.       El problema de la mendicidad: el alguacil de pobres. Era frecuente que pícaros se hiciesen pasar por personas necesitadas, mostrando impedimentos físicos que eran engañosos. Ya en las Cortes de Valladolid de 1555 habían solicitado que en todos los pueblos hubiesen “padres de pobres para darles en que trabajen los que puedan para ello, y los otros remedien y curen conforme a las provisiones e instrucciones que para ello están dadas”.  Sancho se hace eco del problema: “Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha”.

Estas intuiciones cervantinas se perciben con mayor acuidad y transparencia cuando se mira la economía del presente