lunes, 4 de abril de 2011

CAPÍTULO XX. AVENTURA DE LOS BATANES

Después de haber comido, y dado que no tenían agua, le dijo Sancho a don Quijote que aquel copioso valle era indicio de que por allí había abundante agua. Se adentraron por una zona muy espesa de árboles. Oyeron un gran estruendo similar a un gran salto de agua. Sancho sintió miedo porque además se empezaban a oír los golpes de unos hierros y cadenas que rítmicamente golpeaban algo.

Don Quijote, embrazó su rodela y le soltó una perorata a Sancho sobre la misión que el Caballero andante tenía en el mundo. Especialmente destacaba don Quijote que deseaba resucitar la edad dorada y expulsar la edad de hierro en la que el mundo se encontraba. Dicho esto, inicia su aventura, no sin pedirle a Sancho que si no regresaba, debería decirle a Dulcinea que había muerto por ser digno suyo.

Sancho, que sentía un miedo atroz, le pide que no se vaya. Le dice que el cura del pueblo les aseguraba que el que buscaba peligro perecía en él; que ahora nadie los veía y por lo tanto, si se marchaban de allí, nadie los tacharía de cobardes; que él tiene mujer e hijos, que se ha dejado llevar por la codicia de poseer la ínsula que le prometió y que por favor que no vaya, que el alba llegará pronto. Don Quijote le contesta que ni las lágrimas ni los ruegos lo han de detener de cumplir lo que como caballero tiene que hacer, así que le prepare a Rocinante.

Sancho, para impedir que don Quijote se marchara, ató con el cabestro de su asno las patas de Rocinante. Diciéndole a continuación que si don Quijote persistía en enojar a la fortuna, queriéndose marchar, sería como dar coces contra el agujón. Don Quijote, ante la imposibilidad de mover a Rocinante decidió esperar a que llegase el día. Sancho le dice que se eche a dormir y si no quiere dormir,  que le contará cuentos, a lo que don Quijote le responde que duerma él, que nació para dormir, que él hará lo que le venga en gana.

Al final, don Quijote desea que le cuente un cuento. Sancho  le cuenta el cuento del pastor Lope y la Torralba. Lo narra muy mal, dada su condición de persona inculta; don Quijote le va recriminando la forma de contarlo. El cuento tiene como tema los celos del pastor; su alejamiento de Torralba y cómo esta lo sigue. Sobre esto, dice don Quijote que “era propio de mujeres desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece”. Sancho deja el cuento con un final inesperado y don Quijote lo atribuye a que el ruido que venía le había perturbado el entendimiento.

Trató don Quijote de ver si Rocinante se movía, pero era imposible. El frescor de la noche y el miedo que tenía, llevaron a Sancho a evacuar el vientre. La “esencia” ascendió y don Quijote, tapándose las narices,  le dijo: “Sancho, hueles y no a ámbar”.

Sancho había desatado ya a Rocinante. Don Quijote al darse cuenta de que Rocinante estaba desatado se dispuso a continuar su aventura. Sancho, lloroso lo siguió, prometiéndose no abandonar a su amo hasta el último tránsito y fin de aquel negocio. Por esta razón piensa el autor que era Sancho cristiano viejo.

Llegaron a un prado desde el que vieron un gran torrente de agua que caía cerca de unas casas en ruinas. Pronto se dieron cuenta de que de allí venía el ruido. Entraron y vieron que lo producían seis mazos de batán que rítmicamente golpeaban.

Sancho no pudo evitar la risa y empezó a recitar, a modo de guasa, el discurso heroico que había dicho don Quijote. Este, irritado por la actitud de Sancho, le asestó con la lanza dos palos en la espalda. Trató Sancho de tranquilizarlo y dijo que lo que les había ocurrido era de risa y digno de contarse, a lo que replicó don Quijote que  no era digna de contarse, porque no son todas las personas tan discretas, que sepan poner su punto en las cosas”.  Admite Sancho los palos que le dio don Quijote, pensando en el refrán de “quien bien te quiere te hará llorar”.

Le pide don Quijote que olvide lo que ha pasado, pues “los primeros movimientos no son en manos de hombre”. La risa y los palos han venido porque no se han respetado las distancias, pues “es menester hacer diferencia de amo a mozo, de señor a criado y de caballero a escudero, así es que de hoy en adelante nos hemos de tratar con más respeto, porque de cualquier manera que yo me enoje con vos, ha de ser mal para el cántaro”.

En el supuesto de que no se adjudicase la ínsula y hubiese que acudir a salarios, desea saber Sancho cuánto cobraba un escudero de los de antes y si se le pagaba por días, semanas o meses. Contesta don Quijote que estaban a merced de lo que el amo les deba, pero que él ya había hecho testamento cerrado por lo que le pudiera ocurrir. Promete Sancho no volver a hacer donaires de su amo a lo que contesta don Quijote que “después de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo fuesen”



Comentario

El Quijote se ha analizado desde todas las vertientes. Una de ellas ha sido desde lo económico social. Desde este punto de vista es de destacar el análisis realizado por Pierre Vilar : “El tiempo del Quijote”.  Le dice don Quijote a Sancho que “nació en esta nuestra edad del hierro para resucitar en ella la del oro”. 

La primera parte se publica en 1605. La pregunta que surge es ¿cómo se encontraba España en esta época?.  Algunos hechos nos sirven para explicar la “edad del hierro” que dice don Quijote: a) Una enorme inflación.  El trigo pasa de los 430 maravedís por fanega en 1.595 a los 1.401 en 1598; b) Un fuerte problema de salud. De 1599 a 1601, “el hambre que sube de Andalucía”, enlaza con la peste bubónica que baja de Castilla y ambas están destruyendo la mayor parte de España; c) Hay un problema demográfico en el campo: se producen ciudades superpobladas y campos yermos. Por esta razón, un hortelano de Castilla que cobraba 3470 maravedís en 1599 percibe 9000 en 1603. Según otro investigador Hamilton, esto no significa una edad de oro para los trabajadores, ya que no los hay asalariados. Predominan los arrendatarios de un suelo caprichoso en los que la mayoría de las veces no se gana para comer.

Hay unos rentistas arruinados y un caballero anacrónico que dirige discursos sobre un tiempo que fue y ya no es.

Sancho ha tenido también los mejores análisis. Es de destacar el de Marques Villanueva “La génesis literaria de Sancho Panza”. El modelo de Sancho, el pastor rústico se encuentra ya en el teatro anterior a Lope de Vega: Torres Naharro, Juan del Encina, Sánchez de Badajoz, etc. Todavía estamos viendo esta figura rústica, miedosa y por supuesto, inculta. El propio autor nos dice que es cristiano viejo a tenor de la fidelidad que le presta a su amo.

Sancho sueña con la ínsula. Esta es para él como Dulcinea para don Quijote. Es el ideal que lo mantiene en la obra, aunque en estos primeros momentos raye en pesadumbre por seguir a un orate como don Quijote.

La validez del provecho de don Quijote está restringida muchas veces a su propia época. En algunas ocasiones realiza valoraciones que son ofensivas: tal es el caso de lo que dice de las mujeres: “era propio de las mujeres desdeñar…”; en otras sigue describiendo la naturaleza humana en un ámbito de universalidad. Hay otras que no se corresponden con los valores actuales: “es menes ter hacer diferencia de amo a mozo…”

   

2 comentarios:

  1. Para los que no nayan oído nunca un BATÁN, aquí dejo un video del famoso batán de Grazalema que sigue funcioanando, probablemente muy similar de los que oyera don Quijote...

    http://www.youtube.com/watch?v=D933qWtRCg4
    Un saludo.

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