jueves, 29 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XVII. LA AVENTURA DE LOS LEONES



Don Quijote, al ver el carro que venía hacia ellos, llamó a Sancho a voces, pidiéndole el yelmo. Sancho, que estaba comprando unos requesones, se marchó rápido hacia donde estaba don Quijote. Debido a la prisa, echó los requesones en la celada. Cuando llegó Sancho, el del Verde Gabán, le dijo que lo que veía era un carro, que por sus banderas, pertenecía al rey. Don Quijote le contestó que se preparaba para una nueva aventura, pues “hombre apercibido, medio combatido” (hombre preparado tiene medio combate ganado).

Don Quijote se colocó la celada. Inmediatamente empezaron a derretirse los requesones, bañándole el rostro y las barbas. Al darse cuenta de que se trataba del suero de la leche, se indignó con Sancho,  pero éste, con bastante cachaza, le echó la culpa a los encantadores. Después de haberse limpiado la celada, don Quijote sacó la espada y esperó a que el carro de las banderas viniera. A las preguntas de don Quijote, el carretero le contestó que llevaba enjaulados dos grandes y fieros leones, regalo del general de Orán al rey. Don Quijote le contestó con la frase ¿Leoncitos a mí? (Indica que alguien no se asusta ante los peligros). A continuación le exigió que les abriera la puerta de la jaula.

Los que estaban presentes trataron de evitarlo y el del Verde Gabán trató de hacerle ver la diferencia entre valentía y temeridad, argumentándole que “la valentía que se entra en la jurisdicción de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza”, por lo tanto, no entendía que acometiera una aventura en la que no había esperanza de salir con vida.

No le hizo caso a don Diego Miranda. Volvió a amenazar al carretero con  la espada si se negaba a abrirles la puerta a los leones. Sancho se le acercó llorando, pidiéndole que desistiese de tal empresa, pues comparándola con las de los molinos de viento, la de los batanes y otras, éstas eran tortas y pan pintado (las anteriores eran buenas, comparándolas con esta).

Cuando el leonero, al fin, abrió las puertas de la jaula del macho. Don Quijote lo esperaba de pie, con el escudo en una mano y la espada en  la otra. El león se revolvió en la jaula, se desperezó, sacó la cabeza fuera de la jaula y, después de mirar a todas partes, volvió la espalda a don Quijote, le enseñó el trasero y con gran flema se volvió a echar en la jaula.

Le pidió don Quijote al leonero que azuzase al león para que saliera, pero éste desistió argumentando que el primero que moriría sería él y que don Quijote ya había demostrado su valentía, pues “cuando un bravo peleante desafía a su enemigo y éste no acude, en él se queda la infamia y en el primero la gloria”.  Admitió el razonamiento don Quijote y después de llamar a  los que se habían alejado, le dijo a Sancho: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”. Después de haberle dicho el leonero que contaría la aventura, don Quijote le contestó que si el rey preguntaba por el nombre del que lo había hecho, que contestara que había sido el Caballero de los Leones.

El carretero siguió su camino y don Quijote, Sancho y don Diego continuaron el suyo. Don Diego no había dicho nada hasta entonces, en su monólogo pensaba en lo que don Quijote decía y en lo que hacía. Su discurso era cuerdo, pero sus acciones eran las de un loco, por lo tanto, a veces le parecía un loco cuerdo y otras un cuerdo loco. Don Quijote intuyó lo que don Diego pensaba y justificó su acción diciendo que se cometían muchas locuras y no se criticaban, puso el ejemplo del caballero que se enfrentaba a los toros, el que compite con otro en alegres justas delante de las damas, o lo que en ejercicios militares, entretienen las cortes de los príncipes. Tiene más importancia alcanzar fama ayudando a los necesitados que requebrando a una doncella en la ciudad. Dice que fue una temeridad acometer a los leones, porque bien sé lo que es la valentía, que es una virtud que está puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad: pero menos mal será que el que es valiente toque y suba al punto de lo temerario que no baje y toque en el punto de lo cobarde, que así como es más fácil venir el pródigo a ser liberal que el avaro, así es más fácil dar el temerario en verdadero valiente que no el cobarde subir a la verdadera valentía (…) que antes se ha de perder por carta de más que de menos ( Es preferible excederse que no llegar). Alabó don Diego el razonamiento de don Quijote. Continuaron el camino y sobre las dos de la tarde llegaron a la casa del Caballero del Verde Gabán.



Comentario



El episodio del león no es de los más estudiados en El Quijote. Sobre este episodio dice Martín de Riquer que “Cervantes parodia este tipo de episodios legendarios, frecuentes en las novelas de caballerías, dando así remate cómico a la tradición del león domeñado por el caballero. La extraña aparición de tales fieras alcanza la verosimilitud al venir los leones enjaulados, en un carro, y destinados como regalo al rey de España” ( A. Basanta).

Sin embargo es un episodio importante. Daniel Eisemberg, en el libro ya mencionado, destaca de este episodio que hay cierta ambigüedad en el protagonista. Anteriormente se nos dijo de don Quijote que” es un loco digno de atar”.  Sancho lo califica al enfrentarse a los leones como “no… loco, sino atrevido”. El mismo don Quijote le da importancia a su aventura, tanto es así que decide cambiarse el nombre por “El Caballero de los leones”. Cuando va a enfrentarse al león, se encomienda a Dios y a Dulcinea y el narrador nos dice que tenía “maravilloso denuedo y corazón valiente”. En  el razonamiento que le hace don Quijote a Sancho le dice: “los encantadores podrán quitarme ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”. Estas palabras son perfectamente lógicas y coherentes. Es también inteligente el paralelismo que establece con el torero. Don Diego Miranda dice que a veces es un loco cuerdo y otras un cuerdo loco. De todo esto inferimos que Cervantes se propuso reiterar, una vez más el humor en la obra. Si tenemos en cuenta el libro de López Pinciano en el que dice que la risa se encuentra bien en las obras o en las palabras, y éste es un libro que probablemente Cervantes leyó, hemos de suponer que Cervantes quiso intensificar las extravagancias ridículas de don Quijote y también la coherencia de su razonamiento. Eisemberg, después de resaltar el comportamiento del león dice al respecto: “El texto no explica qué ha ocurrido, pero podemos suponer con seguridad que hay una explicación, puesto que las cosas no ocurren por casualidad: “”No se mueve una hoja sin la voluntad de Dios” (Rinconete y Cortadillo); “no ay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden , buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos”. La explicación de don Quijote seguramente sería que el resultado de su desafío al león era la voluntad de Dios, ¿y cómo podemos no estar de acuerdo.”



Otra lectura que podemos realizar de esta capítulo es desde el ámbito de la Filosofía, en concreto, de la influencia que Aristóteles ejerció en Cervantes. Así analiza este capítulo Luis E. Rodríguez en Atmósfera universitaria de Cervantes.

Conviene partir de la Ética a Nicómaco, en el cap. VII, dice: “En las acciones, asimismo, hay exceso y defecto y término medio (…) La virtud es una posición intermedia, puesto que apunta al término medio”. Esta doctrina del término medio formaba parte de la cosmovisión común de la época, tanto en la Filosofía, la Ciencia, la Política o la Ética. Ya había defendido el Canónigo de Toledo en la primera parte esta teoría, inclinándose a ser valiente sin temeridad y osado sin cobardía: “Esta si será lectura digna del buen entendimiento de vuestra merced, señor don Quijote mío, de la cual saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad, osado en la cobardía, y todo esto, para honra de Dios y fama de la Mancha (Quijote I, cap. XLIIX). Sancho también defiende la valentía como término medio entre los dos extremos de cobarde y temerario: “Y más que yo he oído decir , y creo que a mi señor mismo, si mal no me acuerdo, que entre los dos extremos de cobarde y de temerario, está en medio la valentía” (Quijote II, cap. IV). El propio don Quijote también defiende el término medio en este capítulo: “”bien sé lo que es la valentía…”

Una vez más, vemos que es tal la enjundia del Quijote que se hace imposible establecer, una única hermenéutica.    




viernes, 23 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XVI. EL CABALLERO DEL VERDE GABÁN Y LOS CONSEJOS DE DON QUIJOTE



Después de la victoria con el bachiller se consideraba don Quijote el más valiente caballero del mundo. No se acordaba de las dificultades, derrotas y problemas que tuvo anteriormente. Pensaba que si pudiera desencantar a Dulcinea, no envidiaría la mejor de las aventuras que el mejor caballero andante pudo alcanzar.

Sancho, sin embargo, iba preocupado por el gran parecido que el de los Espejos y su escudero tenían con el bachiller y su compadre Tomé Cecial. Se lo manifestó  a don Quijote y éste le contestó que no eran ellos. Todo había sido obra de sus enemigos los encantadores. Pues no había razones para que el bachiller, que era su amigo, viniera a enfrentársele todo armado. Le puso el ejemplo de la transformación de Dulcinea en zafia labradora. Sancho, que conocía la verdad, no le quiso contestar.

Estaban en la conversación anterior cuando pasó cerca de ellos un caballero, vestido con un gabán de fino paño verde, subido sobre una yegua tordilla con un buen aderezo. El caballero llevaba alfanje morisco, pendiente de un ancho tahalí de verde oro. Las espuelas estaban tan bruñidas que aventajaban a las de oro.

Don Quijote lo invitó a andar juntos el camino. Aceptó el caballero, no sin antes conocer las reacciones que Rocinante podría tener por la presencia de su yegua. Lo tranquilizó  Sancho de este temor.  Al darse cuenta don Quijote que lo miraba sorprendido, se presentó diciéndole que era caballero andante, que tenía como misión ayudar a los necesitados y que sus aventuras y reconocimiento se conocían en todo el mundo, pues se habían impreso más de treinta mil volúmenes, pero como las propias alabanzas envilecen, no quiere continuar; se ha visto obligado a decir las suyas porque no hay nadie presente para decirlas. Siguió sorprendido el del verde gabán por encontrase ante un caballero andante que se dedicaba a hacer el bien como decía don Quijote, pero especialmente porque creía que tales caballeros ya no existían.

Se presentó el del verde gabán con el nombre de don Diego de Miranda; era un hidalgo, medianamente rico, que poseía unas seis docenas de libros, aunque ninguno de ellos de caballerías, era moderadamente amigo de la caza y de la pesca, no le gustaba murmurar, oía misa cada día, se llevaba bien con sus vecinos y repartía de sus bienes con los pobres, “sin hacer alarde de las buenas obras, por no dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que blandamente se apoderan del corazón más recatado”.

Después de elogiarlo Sancho, considerándolo casi como un santo, habló don Diego de su hijo diciéndole que lo tenía preocupado porque andaba muy embebido en la poesía clásica y miraba con desdén las obras compuestas en romance.  A él le gustaría que estudiara la carrera de leyes y la de teología; pues nuestros reyes premian las virtuosas y buenas letras: porque  letras sin virtud son perlas en el muladar.

Le respondió don Quijote con ponderada sindéresis de los siguientes temas:

 a) La educación de los hijos.  Los hijos (…) son pedazos de las entrañas de sus padres , y, así, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida. A los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la virtud, de la buena crianza y de las buenas y cristianas costumbres, para que cuando grandes sean báculo de la vejez de sus padres y gloria de su posteridad, y en lo de forzarles que estudien esta o aquella ciencia, no lo tengo por acertado, aunque el persuadirles no será dañoso, y cuando se ha de estudiar para pane lucrando, siendo tan venturoso el estudiante que le dio el cielo padres que se lo dejen, sería yo de parecer que le dejen seguir aquella ciencia a que más le vieren inclinado;

b) Sobre la poesía (…) La poesía… a mi parecer es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá de oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran.

c) El concepto de vulgo. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo a la gente plebeya y humilde, que todo aquel que no sabe, aunque sea señor o príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo. Y, así, el que con los requisitos que he dicho y tratare y tuviere a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo.

d)  La poesía en romance. Y a lo que decís, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, doyme a entender que no anda muy acertado en ello, y la razón es ésta: el grande Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió en griego, porque era latino; en resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche (…) y siendo esto así, razón sería que se extendiese esta costumbre por todas naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno que escribe en la suya;

e) El poeta. Según es opinión verdadera , el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta, y con aquella inclinación que le dio el cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas, que hace verdadero al que dijo: “Est Deus in nobis”, etc. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiere serlo (…) Riña vuesa merced a su hijo si hiciere sátiras que perjudiquen las honras ajenas, y castíguele, y rómpaselas ; pero si hiciere sermones al modo de Horacio, donde reprehenda los vicios en general, (…) alábele, porque lícito es al poeta escribir contra la envidia, y decir en sus versos mal de los envidiosos, y así de los otros vicios, con que no señale persona alguna. (…) La pluma es lengua del alma: cuales fueron los conceptos que en ella se engendraren , tales serán sus escritos”.

Don Diego quedó admirado de los razonamientos de don Quijote. Sancho, que se había apartado de ellos para pedirles un poco de leche a unos pastores, oyó de pronto la voz de don Quijote que lo llamaba.  Había visto un carro lleno de banderas reales y pensó que entraría en una nueva aventura.+

Comentario

El capítulo se puede leer desde distintos ángulos:

a)      Desde la vertiente que inicia Amárico Castro en el libro tantas veces presente, El pensamiento de Cervantes. Uno de los problemas que explica Castro es la forma de presentarse la realidad. Esta cambia en función del espectador : “Cada observador posee un especial ángulo de percepción, en función del cual varían las representaciones y los juicios” (Américo Castro).  Siguiendo esta línea de pensamiento, Predmore, en El mundo del “Quijote”, “ha señalado la frecuencia y el cuidado con que el libro distingue entre las cosas que son verdaderas, las que por inferencia deben serlo, y las que sólo parecen serlo. Varios personajes, y no solo don Quijote, luchan con el hecho de que las apariencias pueden engañar y que el mundo a menudo no se corresponde con afirmaciones o ideas preconcebidas acerca de él. El Caballero del Bosque y su escudero resultan ser Sansón Carrasco  y Tomé Cecial, para sorpresa de Sancho. El caballero del Verde Gabán, quiere creer que no hay caballeros andantes, encuentra a un hombre que dice serlo” ( D. Eisenberg. La interpretación cervantina del Quijote). Por lo tanto, desde este punto de vista, la realidad es cambiante y con ella surge el tema del “engaño a los ojos”.

El mismo Castro explica que, para Cervantes, algunas realidades no cambian. No valen distintas percepciones. Son realidades tanto físicas como morales. Tienen una existencia establecida dogmáticamente. Entre estas destaca el amor. En sus diversas facetas, la naturaleza ha hecho del amor un principio armonía entre los seres. En el discurso de don Quijote lo encontramos: a) En el que existe entre padres e hijos. Los primeros tienen la obligación de educarlos de acuerdo con las costumbres cristianas; b) Exaltación de la lengua vernácula: tema recurrente en el siglo XVI y que continúa en la actualidad; c) Sobre la naturaleza del poeta. Otro tema clásico que se inició ya en el diálogo platónico Ion; d) La libertad: principio fundamental de la naturaleza humana.

b)      El caballero del Verde Gabán. Este personaje ha tenido diversas interpretaciones. A.Castro nos dice lo siguiente: “Don Diego surge ahí como ejemplo del señor bien acomodado con la España de los cristianos viejos”.

Casalduero, en Sentido y forma del Quijote, lo analiza desde una vertiente social y dice lo siguiente: “Mientras la sociedad está desarrollando el tipo espléndido de gran señor, todo forma y apariencia, que distinto del hombre del Renacimiento, no equilibra armas y letras, sino que vive en el reducido recinto de la corte la aventura del mundo, Cervantes crea al caballero virtuoso, el Caballero del Verde Gabán. (…)

Don Diego Miranda ha presentado el nuevo tipo de vida, e inmediatamente Sancho la eleva a rango de santidad. No es una vida que describa el valor del medio como opuesto a los extremos, sino que la reclusión laica, la reserva, el fuero de la conciencia, la vida privada. Todo el alarde de las armas queda amortiguado en la caza con perdigón manso y la pesca; de las buenas obras se excluye todo el aparato externo. El ansia de saber se ha transformado en una posesión intelectual del mundo.  En la actividad del hidalgo, el hervor de las pasiones ha quedado sometido a la moral, y ésta todavía conserva su sentido religioso. La aristocracia brillará aún durante mucho tiempo, y su pompa será aún la flor de los siglos XVII y XVIII; pero con Don Diego Miranda la burguesía “más que medianamente rica” ha triunfado no sólo en dinero, sino en capacidad creadora: ciencias, artes y política. Y en ella residen los verdaderos valores espirituales.”


martes, 20 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XV. EXPLICACIÓN DE LA LOCURA DEL CABALLERO DE LOS ESPEJOS Y DE SU ESCUDERO



Don Quijote iba contento por haber vencido al de los Espejos, pero especialmente porque esperaba que volviese y le contase si seguía Dulcinea encantada; sin embargo este último sólo buscaba como bizmarse.

El autor de la historia explica a continuación cómo surgió que el bachiller Sansón Carrasco se enfrentase a don Quijote. Según dice se fraguó esta salida cuando se reunieron en casa del cura, éste, el barbero y el bachiller. Allí decidieron no oponerse a la salida de don Quijote para no contravenirle. Posteriormente sería el bachiller el que le saliera al encuentro y, con algún pretexto, se enfrentarían con él, lo vencería y le pondría como condición que no volviera a salir de su casa en dos años. No lo logró, “por no haber hallado nidos donde pensó hallar pájaros” (Expresa que no se ha logrado aquello que se pretende; salió todo al revés de como se esperaba)

Dado el resultado de la aventura, Tomé Cecial le dijo al bachiller: “tenemos nuestro merecido: con facilidad se piensa y se acomete una empresa, pero con dificultad las más veces se sale de ella. Don Quijote loco, nosotros cuerdos, él se va sano y riendo; vuestra merced queda molido y triste. Sepamos, pues, ahora cuál es más loco, el que lo es por no poder menos o el que lo es por su voluntad”.

Tomé Cecial regresó a su pueblo y el bachiller fue a buscar un algebrista que lo curara y a imaginarse cómo se vengaría de don Quijote.



Comentario

Una vez más aparece el tema de la locura en este capítulo. En capítulos anteriores, he citado el libro de Avalle Arce, Don Quijote como forma de vida, en el que defiende la tesis de que probablemente Cervantes leyó el tratado de Ánima et vita, de Juan Luis Vives. Sostiene allí Juan Luis Vives que en el alma existen las siguientes cuatro facultades: la imaginativa, la memoria, la fantasía y la estimativa. Don Quijote, según Avalle Arce, tiene lesionadas la imaginativa y la fantasía.  

R.O. Jones, en el tomo 2 de la Historia de la Literatura Española considera que es muy probable que el concepto de locura lo tomara Cervantes de dos libros:

 a) El examen de ingenios, del doctor  Huarte de San Juan, que explicaba la psicología humana ateniéndose a la teoría de los humores;

b) El Elogio de la locura, de Erasmo.  En este libro,” la locura elogia todas su manifestaciones entre los hombres como acto de homenaje a ella, permitiendo con esto a Erasmo satirizar un amplio campo de la conducta humana” (R.O. Jones).  La locura, que es la que habla en el libro, parte de la premisa de que la mayoría de los hombres están locos, y de que ella es más apreciada que la sabia razón. Nos dice la locura que “se ven locos por todas partes riéndose los unos de los otros, consiguiendo así divertirse mutuamente, hasta el punto de que el más loco ríe de mejor gana que el que no lo es tanto”. Si vemos lo que le dice Tomé Cecial al bachiller, “Don Quijote loco, nosotros cuerdos, él se va sano y riendo; vuestra merced queda molido y triste”. ¿Acaso estas palabra de Tomé, comentando la escena del enfrentamiento entre don Quijote y el bachiller, no son el ejemplo de lo que anteriormente dice Erasmo?
Anteriormente, en el libro,  la locura ha elogiado el Amor  Propio como uno de los componentes de la felicidad.: “es él quien hace que cada uno se muestre orgulloso de su aspecto, de su ingenio, de su cuna, de su condición, de sus costumbres y de su patria”. El bachiller se sintió humillado en su amor propio por el castigo que le infringió don Quijote. En respuesta a Tomé que le había pedido que regresaran a sus casas, contesta el bachiller: “pensar que yo he de volver a la mía hasta haber molido a palos a don Quijote es pensar en lo excusado”. El bachiller se sentía superior a don Quijote: era más fuerte que él. Por esta razón, quiere vivir con la misma ilusión que antes. Es el Amor Propio de la locura el que lo anima a

viernes, 16 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XIV. EL COMBATE DEL CABALLERO DEL BOSQUE, "QUE FUE A POR LANA Y VOLVIÓ TRASQUILADO"




El del Bosque hablaba con don Quijote, explicándole que su Casildea de Vandalia le había prometido entregársele si realizaba aventuras muy arriesgadas. Le cuenta bastantes de estos aventuras: vencer a la Giralda, pesar los toros de Guisando o bajar a la sima de Cabra; pero la petición más relevante es la de ir por toda España y sojuzgar a todos los caballeros andantes. Se da por satisfecho porque venció a don Quijote de la Mancha y le hizo confesar lo que quería Casildea: ella era la más hermosa mujer de cuantas hoy viven. Por lo tanto, su honra y fama se ha transferido a su persona, como dicen estos versos:

Y tanto el vencedor es más honrado

cuanto más el vencido es reputado;”

Don Quijote lo puso en duda y le dijo que probablemente fuese otro que se le parecía. A continuación le pidió que le diese los datos de su vencido. Entonces le realizó una descripción exacta del vencido.  A continuación, el de la Triste Figura se identificó y le dijo que el vencido sería una mera copia suya realizada por los encantadores. Para probar su opinión le dijo que la defendería luchando contra él. El del Bosque aceptó el desafío, contestando que  “Al buen pagador no le duelen prendas” ( Al que lleva razón no le importa comprometerse) y si antes lo venció, lo volvería a derrotar. Acordaron que combatirían al amanecer y que el vencido debía quedar a merced del vencedor y ejecutar todo lo que le ordenase.

Se fueron a donde estaban los escuderos, los despertaron y les ordenaron que prepararan los caballos para la “sangrienta y singular batalla”. Obedecieron los escuderos y mientras iban a prepararlos, el del Bosque le planteó la Sancho la conveniencia de seguir la costumbre de los escuderos de los caballeros andantes: deberían de pelear entre ellos cuando se enfrentaban entre sí sus amos. Sancho rehusó tal enfrentamiento porque no tenía sentido. El del Bosque siguió insistiendo en que podían enfrentarse a talegazos, pero Sancho también lo rechazó, diciendo que no estaba bien que se enfrentara con quien había comido y bebido. Vuelve a insistir el del Bosque, diciéndole que para arrancarlo a pelear le daría tres o cuatro bofetadas. Sancho le contestó que si lo intentaba se llevaría unos cuantos garrotazos, pues “lo más acertado sería dejar dormir su cólera a cada uno, que no sabe nadie el alma de nadie(nadie conoce de verdad al prójimo), y tal suele venir por lana y vuelve trasquilado” ( a menudo las cosas salen al revés de lo que se esperaban).

Se hizo de día. Sancho vio el rostro del otro escudero. Destacaba por encima de todo su enorme nariz que imponía espanto. Quiso don Quijote verle la cara a su oponente, pero este le dijo que después del enfrentamiento, bien como vencido o vencedor se la vería. Se dispusieron  para el combate. Tomaron distancia. Cuando el del Bosque se aproximaba, detuvo su caballo al ver que don Quijote conversaba con Sancho. Creyó  don Quijote que el de los Espejos  venía contra él. Espoleó a Rocinante y se lanzó sobre su oponente. Cayó al suelo el del Bosque, quedando como muerto. Desmontó don Quijote y le quitó el yelmo. Descubrió, asombrado, que era el bachiller Sansón Carrasco. Llamó a Sancho y le dijo que contemplara lo que los hechiceros habían realizado. Llegó el escudero del de los Espejos con sus narices en la mano.  Le dijo que no lo hiciera, pues se trataba del bachiller Sansón Carrasco. Cuando Sancho lo vio  se dio cuenta de que era su vecino y compadre Tomé Cecial, que para cambiar de aspecto se había puesto unas narices de pasta y barniz.

Don Quijote obligó al de los Espejos a que confesara que Dulcinea aventajaba en belleza a Casildea de Vandalia, a que iría al Toboso y se pondría a su disposición. Confesado lo anterior, lo ayudaron a levantarse don Quijote y  Tomé Cecial. Finalmente, el de los Espejos y su escudero se apartaron para sobreponerse del enfrentamiento. Don Quijote y Sancho se dirigieron a Zaragoza.



Comentario

Varias lecturas podemos realizar de este capítulo: a) Para Valle Arce, este capítulo anticipa varios aspectos de la aventura de don Quijote en la cueva de Montesinos, que veremos más adelante el 22-24;  ambos caballeros descienden a las  respectivas simas ( Cabra/ cueva de Montesinos); ambos van en busca del conocimiento (lo que se encierra en Cabra/fuentes en las lagunas de Ruidera y del Guadiana); y ambos vuelven con la información deseada:  “el que planta en la imaginativa de don Quijote un descenso a una sima es un bachiller”, y el que guía y ayuda al héroe en la cueva de Montesinos es un estudiante y humanista; ambos, este caballero-bachiller y el citado estudiante-guía, ensartan abundantes disparates, algunos de los cuales son comunes (Avalle –Arce);

b) Para Joaquín Casalduero, en Sentido y forma del Quijote la función del bachiller en la obra está relacionada con el encanto de Dulcinea. En este capítulo, en el que es vencido, lo reta bajo el argumento de la diferencia que hay entre Casildea de Vandalia y Dulcinea; en el LXIV, cuando lo venza bajo el nombre de La Blanca Luna, también lo desafiará bajo el pretexto de las diferencias que existen entre la belleza de su dama y Dulcinea. Las distintas relaciones temáticas que se van a ir estableciendo en el Quijote de 1615 son una manifestación de la racionalidad de la segunda parte. Entre estas relaciones cabe destacar la anteriormente destacada por Avalle Arce: el descenso a la sima de Cabra por el bachiller y la de don Quijote a la cueva de Montesinos.

Otro de los temas que aparecen en este capítulo es la valoración que podemos realizar de Sancho. Muchos se preguntan si esta actitud es de cobardía o de sensatez. La respuesta la tenemos ya en el análisis que hice en el capítulo anterior, sobre la fidelidad de Sancho. Tomé Cecial le pidió a Sancho que abandonara a don Quijote. Este le contestó, después de resaltar su bondad, que “le quiero como a las telas de mi corazón y no me amaño a dejarle”. Ahora le pide que peleen entre ellos como manifestación de la lealtad que profesan a sus amos en el cumplimiento de las órdenes de caballería. Sancho se niega. Este negarse a pelear no es una actitud de cobardía. Sancho no se siente encadenado a nadie. Es una prueba de su madurez y de su racionalidad. Tomé Cecial dice que deben pelear porque concibe la lealtad como un dominio o subordinación de él a su señor. Tiene que aguantar lo que la caballería ordena. Sancho se manifiesta como una persona libre, que actúa conforme a lo que su conciencia le dicta. Es un comportamiento atingente a la antropología de la sensatez.  Esta es la lección que nos da el escudero.








miércoles, 14 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XIII. LOS RAZONAMIENTOS DE LOS ESCUDEROS

Los dos escuderos empezaron a contarse lo embarazoso de sus vidas. Después de decir el del Bosque que las dificultades que tenían era la propia del ser humano: ganarse el pan con el sudor de su frente, Sancho matizó que si comían se podían dar por satisfechos, pues “los duelos con pan son menos”, ya que hay días que no comen nada. Continúan con la conversación sobre las esperanzas que tienen los escuderos de los caballeros andantes. Comenta el del Bosque que se puede soportar todo pensando en que se puede obtener una ínsula. Asiente a ello Sancho, diciendo que ya se lo ha pedido a don Quijote; el del Bosque añade que se contenta con una canonjía. Después de decir Sancho lo difícil que sería para él servir a la Iglesia dado su analfabetismo, añade el del Bosque que no piense que el gobierno de la ínsula es fácil de llevar. Las hay pobres y difíciles y todas conllevan muchos quebraderos de cabeza para el gobernante. Dado esto, lo mejor sería volver a casa y, con poco que se tenga, salir adelante.

El hecho de volver a sus casas les trae a uno y otro a hablar de su familia. Si volvieran a sus casas uno y otro se dedicarían a criar a sus hijos. Sancho le cuenta que tiene dos. A la hija, que tiene quince años y está fuerte y lozana, la cría para que algún día pueda ser condesa. A la presentación que de ella hace, sobre la juventud y lozanía, responde el del Bosque diciendo que además de condesa podrá ser “ninfa del verde bosque”. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe tener la bellaca!. Sancho se sintió molesto por estas palabras y le respondió que ni su madre era puta, ni ella, ni lo serían. Le matiza el otro que estas expresiones se utilizan cuando se quiere enaltecer la cualidad de una persona.

Sancho le dice que tiene ganas de volver a verlos, pero lo retiene allí el deseo de volver a encontrarse con “un talego lleno de doblones” como el que encontró cuando iban por Sierra Morena: “que me parece que a cada paso le toco con la mano y me abrazo con él y lo llevo a mi casa, y echo censos y fundo rentas y vivo como un príncipe”.

Sabe Sancho que su amo tiene más de loco que de caballero, pero la esperanza del dinero lo mantiene en el oficio. Interviene el oro escudero para decir que el suyo no está menos loco, pues conociendo el refrán que dice “Cuidados ajenos matan el asno” ( Los que se meten en asuntos ajenos acaban sufriendo las consecuencias), se hace su amo pasar por loco para que otro caballero recobre el juicio.

Le pregunta Sancho que si su amo está también enamorado. Le contesta que sí, de una tal Casildea de Vandalia, una mujer cruel y embustera. A esto replica Sancho que “No hay camino tan llano que no tenga algún tropezón o barranco; en otras casas cuecen habas, y en la mía a calderadas” (En todos los sitios hay problemas, y los míos son los mayores); más acompañados y paniaguados debe tener la locura que la discreción (los locos tienen más sirvientes que los juiciosos). Sancho se queda satisfecho de haber encontrado a otro que sirve a un amo tan tonto como el suyo; pero no era malo, “tiene un alma como un cántaro” (es ingenuo y bonachón) y “no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos”, por eso no se amañaba a dejarle, por más disparates que hiciese. Le replica el otro que tenga cuidado, pues “si el ciego guía al ciego, ambos van en peligro de caer al hoyo” (Cuando alguien se deja influir por otra persona poco capacitada está expuesto a terminar mal).

Sintieron hambre y el del Bosque trajo una bota de vino y una gran empanada de conejo. Sancho se admiró de lo bien provisto que iba y lo elogió diciéndole que era un buen escudero “moliente y corriente” (provisto de todo lo necesario); sin embargo él sólo llevaba en las alforjas un trozo de queso duro, unas pocas algarrobas, avellanas y nueces. Comieron y bebieron hasta hartarse. Sancho demostró ser buen catador de vinos, pues entre sus antepasados figuraban los dos mejores mojones de la Mancha.

Insistió el del Bosque en que deberían volver a sus casas con el argumento de “tenemos hogazas, no busquemos tortas”, ( Alude al refrán “A falta de pan, buenas son tortas”:  Tenemos lo bueno, no busquemos lo peor).  Sancho se mantuvo en su decisión de continuar con su amo. Después se quedaron dormidos.



Comentario

Varias veces he aludido a las formas de vida de ciertas clases sociales en la España del XVI y XVII, me refiero a los ricos y a los que aspiraban a ello. Estas personas se hacían servir. Recordemos que en El Lazarillo, incluso el mendigo ciego, tenía su criado. Bataillon, en Erasmo y España, nos recuerda el caso del humanista que está con cuatro servidores, recluido en un convento, por la Inquisición. Por tanto, las figuras de Sancho y el del Bosque, como tales sirvientes,  eran personajes corrientes en la España de la época.

Por otra parte, en esta España era frecuente que se robara y se dejara robar. Como apunta Pierre Vilar en El tiempo del “Quijote”, “ La “sisa” o rapiña del criado sobre las finanzas del dueño está descrita como usual en todos los niveles: familia, comunidad y administración”. Recordemos que Sancho cuando se encontró los escudos de oro  (I, 23), no hizo nada por devolverlos, ni siquiera don Quijote le instó a que averiguara de quién eran.

En la España del XVII, el oro que venía de América les hacía a los españoles soñar. El espejismo de las Indias los envolvía. Sancho es el prototipo del español soñador: aspira a ganar una ínsula y de inmediato algún “talego lleno de doblones”. Esta sería una de las lecturas que podemos hacer de este capítulo. Sancho y otros muchos españoles como él esperan ganar algo, siguiendo la ambición de sus amos. Las ilusiones de Sancho: “eho censos y fundo rentas y vivo como un príncipe”, en definitiva, “colocar el dinero y vivir de los intereses eran generalmente compartidas en la España del 1615. Las crisis monetarias, las hambrunas y la retracción del comercio con las subidas de precios habían quitado todo atractivo a las inversiones productivas; quienes disponían de capital preferían emplearlo en papel del estado (juros), en préstamos con intereses (censos) y, en especial en hacerse con tierras de señorío, “comprar algún título con qué vivir descansado todos los días de mi vida (como también quisiera Sancho)”, ( Don Quijote de la Mancha. Real Academia Española).

Otro de los temas que aparecen en este capítulo es la fidelidad que Sancho demuestra tenerle a don Quijote. Cervantes, como muy bien explica Eisenberg, en La interpretación cervantina del Quijote, “creía firmemente que la literatura tenía que ser didáctica, que no solamente tenía que entretener y producir un placer estético, sino que también tenía que educar”.

Uno de los valores que al lector le comunica el capítulo es el de la fidelidad. Sancho, cuando decidió salir con don Quijote en la tercera salida (VII, 2), prometió que iría con él hasta el final. Lo animaba el conseguir una ínsula, sabía que estaba loco, pero era una buena persona. Este es uno de los valores que Sancho destaca para continuar con él. Sancho tiene fe en don Quijote, porque éste es una persona fiable por su bondad. Así se lo dice al del Bosque, cuando el segundo califica a su amo de” más bellaco que tonto y que valiente”. Sancho se unió a don Quijote, a pesar de los avatares que la vida le iba dando. No solamente soñaba con la ínsula y con los doblones de oro, especialmente era fiel a la promesa dada. Quiere serle leal a don Quijote. Le es leal porque don Quijote es una buena persona: “tiene un alma como un cántaro y no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos”.  Por encima de la locura que encierra don Quijote,  Sancho le muestra fidelidad por su bondad.

Otro de los aspectos de interés lo tenemos en el habla de los escuderos cuando valoran lo que las personas realizan. Es una muestra más de cómo Cervantes incorpora al libro el habla de la calle. La polifonía, a través de la heteroglosia de los escuderos, está  una vez más presente en este capítulo.



























  










lunes, 5 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XII. EL TEATRO Y LA VIDA. APARECE EL CABALLERO DEL BOSQUE

Después de dejar a los comediantes, don Quijote y Sancho pasaron la noche debajo de unos frondosos árboles. En la conversación que mantuvieron mientras cenaban, Sancho se sentía contento de haber seguido el refrán de “más vale pájaro en mano que buitre volando (no hay que dejar lo seguro por cosas mejores, pero dudosas). Le había dicho a su señor que prefería las crías de las tres yeguas antes que los despojos de la primera aventura. Don Quijote le contestó que si hubiera perseguido a los comediantes le habría conseguido la corona de la emperatriz; a esto respondió Sancho que “Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsante fueron de oro puro, sino de oropel o hoja lata”.

Don Quijote elogia la reflexión de Sancho y añade que es lógico que así sea, pues todo es una comedia y “todos (los que las representan y los que las componen) son instrumentos de hacer un gran bien a la república, poniéndonos un espejo a cada paso por delante, donde se ven al vivo las acciones de la vida humana, y ninguna comparación hay que más al vivo nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes”. Sigue don Quijote explicando la imagen del mundo como un teatro, en el que cada uno hace su papel, pero en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y todos quedan iguales en la sepultura”.   Sancho añade que también se puede comparar el mundo con una partida de ajedrez, pues todas las fichas acaban al final en la misma bolsa. Elogia don Quijote la comparación y la discreción de Sancho. Este contesta que la discreción se le ha pegado de él, pues “las tierras que de suyo son estériles y secas, estercolándolas y cultivándolas vienen a dar buenos frutos”. A continuación explica la metáfora: su ingenio era estéril, pero las conversaciones mantenidas con él y el tiempo que lo lleva acompañando, están dando como resultado las palabras que oye.

Se rio don Quijote del razonamiento de Sancho, el cual lo iba alternado con decir refranes, vinieran o no a cuento.

Antes de echarse a dormir, Sancho dejó en libertad al rucio. De inmediato, los animales, que se tenían gran amistad, se juntaban a para rascarse mutuamente. Tal amistad debe ser ejemplo para los hombres, que no se la saben guardar, como dicen los versos: No hay amigo para amigo: / las cañas se vuelven lanzas ( Lo que empezó como un juego acabó mal), o bien este otro: “De amigo a amigo, la chinche, etc” (No hay que fiarse de los que se llaman amigos). Continúa el narrador explicando las enseñanzas que los hombres han recibido de los animales.

Terminaron los dos por coger el sueño, pero al poco, oyó don Quijote un ruido: eran dos hombres que el desmontaban de sus caballos. Uno de ellos se dejó caer en la yerba y, al ruido de las armas, comprendió que era un caballero andante. Despertó a Sancho y pronto oyeron que el “Caballero del Bosque”,  templando un laúd, se disponía a cantar. Don Quijote quiere escucharlo y le dice a Sancho que preste atención, pues “ por el hilo sacaremos el ovillo de sus pensamientos”, si es que canta, que “de la abundancia del corazón habla la lengua” . Entonó el caballero un soneto en el que se lamenta de la indiferencia de su dama, Casildea de Vandalia. También decía que su hermosura había sido proclamada por todos los caballeros andantes, incluidos los de La Mancha. En voz alta don Quijote se quejó a Sancho que ese caballero desvariaba. Oído por el del Bosque se acercó a don Quijote. Se saludaron y comenzaron a hablar sobre el amor que profesaban a sus respectivas damas. Intervino Sancho en la conversación y fue amonestado por el del Bosque, por mezclarse en la conversación sin  permiso de su señor. Sancho responde que puede hablar delante de quien quiera y aun “quédese aquí, que es peor meneallo” ( mejor es no hablar de aquello que no tiene remedio).

Se acercó a Sancho el escudero del Bosque y lo invitó a que se apartasen de sus amos y charlaran “escuderilmente”. Sancho asintió.



Comentario

Varios temas encontramos en este capítulo:

a)      La farsa de la vida. Sancho ha ido evolucionando por su convivencia con don Quijote. Sancho comprende que mucha gente engaña como lo hace él mismo. Es difícil encontrar personas auténticas. Los héroes, las personas famosas por sus hazañas y sus virtudes, son difíciles de encontrar. La mayoría finge serlo. Unamuno, en Vida de don Quijote y Sancho, lee este capítulo y el anterior desde la farsa que muchos van representando en la vida.  Basa su argumentación en las palabras de Sancho: “Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsantes fueron de oro puro, sino de oropel o hojalata”.

b)      El teatro y la vida humana. A partir de la reflexión anterior de Sancho, intervino don Quijote para decir que todo es una comedia, y tanto los que participan en ella, como las componen,  “son instrumentos de hacer un gran bien a la república” y estos lo son, por ser el teatro, un espejo “donde se ve al vivo las acciones de la vida humana”.

A partir de aquí el tema se vuelve más grave al proseguir don Quijote, explicando la comparación entre el teatro y la vida. Varios autores: Valbuena Prat, Díaz Plaja… leen el capítulo anterior desde una óptica teatral. “ Cervantes formula un tema que alcanzó su apoteosis en El gran teatro del mundo. Este tema fue formulado por primera vez por Epicteto, y alcanzó popularidad al ser traducido por Quevedo, en 1635, con el título Epicteto y Focílides español.”  (Díaz Plaja, En torno a Cervantes)

c)       La educación. Cervantes, por boca de Sancho, formula una de las últimas tendencias educativas: la validez que encierra toda persona. La falta de confianza en eso que se llama coeficiente intelectual. Esa manera de clasificar a los individuos en función de los test. Como muy bien intuyó Cervantes, la inteligencia es un complejo de variables en las que influye la educación y especialmente la voluntad. Dándole buen abono a los campos, aunque sean estériles, pueden dar buenos frutos si así nos lo proponemos. Sancho quiere aumentar su ingenio, tiene voluntad y presta atención a lo que don Quijote dice.

d)      La amistad.  Aristóteles, en los libros VIII y IX de la Ética a Nicómaco, nos habla de la amistad como una virtud de las más necesarias para la vida. La clasifica en tres clases. Todas ellas exigen la reciprocidad: a) La amistad perfecta; b) la basada en el interés; c) la basada en el gusto o placer. La más importante es la primera, se da muy poco, pues exige hombres buenos en sí mismos, personas auténticas. Ya vimos antes, cuando Sancho nos dijo que “nunca los cetros y coronas de emperadores farsantes fueron de oro puro, sino de oropel o hojalata”, nos estaba diciendo que difícilmente encontraríamos personas auténticas. Es lo que ejemplifica el refrán de “amigo a amigo, la chinche”: no se puede fiar uno de los que dicen llamarse amigos.

e)      La farsa del Caballero del Bosque. Sansón Carrasco se disfraza ridículamente de caballero andante, continuando con el engaño de la vida. Como vemos, una vez más, la verdad está disfrazada por la mentira.













  










jueves, 1 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XI. LA CARRETA DE "LAS CORTES DE LA MUERTE"



Iba don Quijote, subido en Rocinante, triste y pensativo por el encantamiento de Dulcinea. El caballo deambulaba de un sitio a otro. Sancho, para animarlo le dijo: “-Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte”.

Se sentía don Quijote culpable de la desgracia del encantamiento de Dulcinea. Le reprochaba a Sancho lo mal que describió su hermosura y éste le contestó que tal belleza lo turbó, tanto como a él su fealdad, “Pero encomendémoslo todo a Dios, que Él es el sabidor de las cosas que han de suceder en este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería”. Le dice Sancho que le preocupa el estado de Dulcinea, porque los vencidos por don Quijote que tuvieran que presentarse ante ella, no la reconocerán. Don Quijote le replica que quizá para ellos no haya sufrido transformación alguna la belleza de Dulcinea, teniéndola sólo para él y Sancho. Este le contesta que hay que pasarlo bien, “dejando al tiempo que haga de las suyas, que él es el mejor médico de estas y de otras mayores enfermedades”.

No pudo don Quijote seguir el diálogo con Sancho porque se les cruzó una carreta, conducida por un demonio y en la que iban la Muerte, un ángel, el emperador, Cupido y “un caballero de punta en blanco”, (preparado para entrar en combate), y otras figuras. Todas ellas iban con la clara descubierta. Don Quijote, que en un principio se impresionó, reaccionó después y deteniendo a los de la carreta, les conminó a que le dijeran quiénes eran. El que la conducía le explicó que eran una compañía de comediantes, que habían representado el auto de Las Cortes de la Muerte y, por tener que representarla esa tarde en un pueblo vecino, ni siquiera se habían desvestido. Le contestó don Quijote que creía que se le presentaba otra nueva aventura, añadiendo que “ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño”. Se pone a su disposición y añade que “desde muchacho fui aficionado a la carátula, y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula”.

Uno de la compañía, el bojiganga, empezó a danzar delante de Rocinante y a dar con unas vejigas de vaca en el suelo. Rocinante se espantó, salió huyendo y dio con d0on Quijote en tierra. Sancho acudió en su ayuda y dejó el rucio; el comediante se subió y salió huyendo con el rucio hacia donde iban a realizar la fiesta. Cuando llegó a donde estaba don Quijote le dijo que el diablo se había llevado el rucio. Don Quijote subió en Rocinante y salió en persecución de los cómicos, reclamando el rucio de Sancho.  Después de que el payaso se tiró del rucio por imitar a don Quijote, no se pudo subir y el rucio regresó. Sancho advirtió a don Quijote que no se enfrentara a los comediantes, diciéndole que “nunca se tome con farsantes, que es gente favorecida”.

Como salió detrás de ellos, desafiándolos, los comediantes se tiraron del carro, cogieron piedras y puestos en combate se dispusieron a recibir a don Quijote. Sancho que vio la que se avecinaba, desaconsejó a don Quijote en su aventura. Argumentó que los oponentes no eran caballeros andantes.  El argumento anterior lo convenció, contestándole a Sancho que debería ser él el que se enfrentara. Este contestó que “ No hay para qué, señor (…) tomar venganza de nadie, pues no es de buenos cristianos tomarla de los agravios”.

Don Quijote elogió el consejo y lo aceptó por “bueno, discreto, cristiano y sincero”. Dieron la vuelta y los comediantes de la carreta de la Muerte continuaron su viaje.



Comentario



Cuando expliqué el capítulo anterior, me referí a la tesis de Spitzer, para decir que el artista Cervantes, nos presenta la voz de los personajes tal y como se presentan en la realidad. Por eso leemos en bastantes ocasiones las prevaricaciones lingüísticas de Sancho y también de las aldeanas confundidas con Dulcinea y sus doncellas. Sin embargo hay cuestiones, como por ejemplo las que se refieren al catolicismo español, en las que Cervantes nos presenta una única perspectiva: la que concibe a Dios como criador del universo, que lo conserva y rige con su providencia. Por esto le dice Sancho a don Quijote: “Encomendémoslo todo a Dios, que Él es el sabidor de todas las cosas…”. Dice a este respecto Spitzer: “el artista Cervantes nunca niega a Dios ni sus instituciones, el Rey y el Estado. Por tanto, Dios no puede quedar dentro de su perspectivismo de artista; más bien el Dios de Cervantes está situado por encima de las perspectivas del lenguaje”.

Perspectivismo se presenta también en la forma de enfocar el problema de Dulcinea por parte de don Quijote: los vencidos que se presenten a ella porque él los ha enviado, probablemente la vean con la belleza que él la imagina; sin embargo, él la ve en su rusticidad, por el encantamiento que sufre.

Fuera del perspectivismo queda la verdad. La frase de don Quijote al ver la realidad de la carreta de Las Cortes de la Muerte, “ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño”, nos permite inferir la objetividad que, para Cervantes, tiene la verdad y la prudencia con que debemos andar para no engañarnos.

Interesante también en este capítulo son los ecos teatrales de don Quijote.  Díaz Plaja, en el librito En torno a Cervantes estudia su proyección teatral. En este capítulo se nos muestra a un don Quijote que además de las lecturas de libros de caballerías nos dice que “desde muchacho fui aficionado a la carátula, y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula”. A los comediantes los llama “buena gente” y “turba alegre y regocijada”. De lo anterior infiere Díaz Plaja : “De la misma manera que el Quijano lector de libros caballerescos nos trae la proyección de Cervantes, evidente apasionado de los mismos en su mocedad, hasta el punto de que toda su juventud en la milicia y el cautiverio está teñida de una ética “caballeresca”; del mismo modo, digo, este Don Quijote espectador apasionado del teatro es una proyección del Cervantes adolescente que se encandilaba ante las representaciones de Lope de Rueda”.

Unamuno, cuando interpreta este capítulo, nos dice que “La del carro de la muerte parece una de las más heroicas  (aventuras) que llevó a feliz término nuestro hidalgo, pues en ella se nos muestra venciéndose a sí mismo con su cordura.