martes, 8 de marzo de 2011

CAPÍTULO IV LA AVENTURA CON ANDRÉS Y LOS MERCADERES TOLEDANOS


CAPÍTULO IV

LA AVENTURA CON ANDRÉS Y CON LOS MERCADERES TOLEDANOS

Don Quijote, muy contento, al verse armado caballero,  dejó la venta pensando que,  de acuerdo con el ventero, tenía que volver a su casa, coger dinero y buscar un escudero. Pensó en un labrador vecino suyo.

Iba don Quijote sobre Rocinante cuando oyó las voces de un muchacho llorando. Se trataba de un pastor, Andrés, que, “desnudo de medio cuerpo arriba”, era azotado por su amo, un rico labrador. Este le pegaba porque, según decía,  Andrés no guardaba bien el rebaño y le desaparecían las ovejas; sin embargo, el muchacho comentó que el dueño decía esto para evitar tener que pagarle lo que le debía. Don Quijote, oído lo anterior, le dijo al labrador que lo desatara y le  pagara lo que le adeudaba. Hizo la cuenta don Quijote y ésta ascendía a setenta y tres reales. Andrés Haldudo, que así se llamaba el labrador, contestó que se los pagaría y aún sahumados. El pastor le dijo a don Quijote que no se fiara de Haldudo. Don Quijote contestó que cada uno es hijo de sus obras, no del nombre que lleva. Una vez que se hubo marchado don Quijote, Haldudo volvió a azotar al muchacho,  de tal manera que lo dejó casi muerto.

Don Quijote continuó camino de su aldea, acordándose de Dulcinea, a la cual le ofreció el mérito de lo que acababa de realizar.

Llegado a un cruce de caminos, se dejó ir por donde Rocinante quiso, éste se dirigió a su cuadra.  Iba pensando en Dulcinea cuando aparecieron un grupo de comerciantes toledanos que se dirigían a Murcia a comprar seda. Pronto se plantó delante de ellos y, lanza en ristre, les pidió que reconocieran a Dulcinea como  Emperatriz de la Mancha y mujer más hermosa del mundo. Uno de ellos, dándose cuenta del personaje, le contestó que le enseñara un retrato y si tal era, de inmediato lo reconocería. Lo mismo le contestó otro de los que iban, pues si les enseñaba un retrato, por pequeño que fuese y dado que por el hilo se saca el ovillo, rápidamente lo reconocerían, aunque fuese fea y tuerta. Don Quijote que oyó lo anterior, arremetió contra ellos, pero Rocinante tropezó y cayó al suelo. Los mercaderes siguieron su camino, mas don Quijote los increpó llamándoles “ruin canalla y gente miserables”. Oído esto por un mozo de los que iban, dándose cuenta de cómo estaba don Quijote, cogió la lanza, la rompió y descargó toda su cólera sobre el caballero.

Do Quijote no se podía levantar, mas no por eso dejó de comprender que lo que le había ocurrido era propio de caballeros andantes.      

Comentario

Después de la ceremonia de ser armado caballero, don Quijote, siguiendo los consejos del ventero, regresa a su casa a buscar todo lo que le faltaba, especialmente un escudero. Pensó en contratar a “un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería”. Como observa Casalduero, “con esta frase irónica, dentro siempre de la nota generalizadora de la época, se presenta completa la figura de Sancho.

De camino a su aldea,  tiene lugar la segunda aventura: impedir que el labrador Juan Haldudo siga abusando físicamente de otro más débil, su criado y pastor Andrés. Don Quijote intervino de inmediato y,  como juez, dictó sentencia. Andrés alabó su intervención, calificándolo de “buen caballero” y de “valeroso y buen juez”. El episodio ha servido para opinar sobre la justicia en la obra. Algunos de los planteamientos más significativos que encuentro son:

a)      El artículo de Mario Alano di Filipo: La justicia en el Quijote. El autor sostiene la tesis de que al ser don Quijote un personaje fuera de la realidad de su época, quiere practicar la justicia;  a pesar de sus buenos propósitos, arregla los conflictos de una forma inadecuada. Lo único que consigue es lo contrario de lo que busca, pues es sabido que cuando se marchó don Quijote, Haldudo volvió a azotar a Andrés y, como dice Cervantes, cuando lo desató, “él (Andrés) se partió llorando y su amo se quedó riendo…Y de esta manera deshizo el agravio el valeroso don Quijote.”

b)      Enrique Vivó de Undabarrena, en Cervantes y su vocación por el Derecho, estima que al ver a un hombre más fuerte abusar físicamente de otro más débil, don Quijote toma partido por este último para deshacer el “entuerto que se le está haciendo al Derecho Natural”.

c)       Niceto Alcalá Zamora, en El pensamiento del Quijote visto por un abogado, destaca como punto cardinal de la flaqueza judicial de don Quijote “la invasión constante de la jurisdicción pública, serena e imparcial del Estado, por la débil y parcial justicia privada”.

d)      Carlos Prat Westerlindh, en La justicia en el Quijote, defiende la tesis de que Cervantes toma como referencia en este capítulo “la justicia compensatoria e igualitaria”.  “Pretende compensar unos agravios con otros, si bien considera que la parte más débil, aquella que ha sufrido el daño físico, debe ser compensada económicamente. En este sentido, los azotes, rechazados por don Quijote por la forma brutal y excesiva,  compensan la deuda que tiene Andrés. Su fallo, que lo ponga en libertad y que le abone el salario que le debe es “una solución justa”…. “Del capítulo se extraen dos consecuencias: la primera se refiere a la necesidad de que las sentencias no se queden en meras declaraciones de intenciones (recuérdese que don Quijote, se fía de Juan Haldudo cuando dice que le pagará a Andrés lo que le debe, cosa que no cumplió); por lo tanto, para que la libertad sea garantizada, es imprescindible que las sentencias sean ejecutables. La segunda consecuencia deriva del llamado principio de exclusividad, es decir de la necesidad de unos Jueces y Tribunales imparciales”.

e)      Otra interpretación de este capítulo la podemos realizar desde los planteamientos de Daniel Eisemberg en La interpretación Cervantina del Quijote. Sobre el humor en el libro sostiene el autor que es muy posible que Cervantes creyera que “el humor surge del contraste entre lo que ocurre y lo que el lector piensa que sería lo adecuado”.  Con su intervención, don Quijote consigue todo lo contrario de lo que pretendía.

 

Si en la primera aventura don Quijote se enfrenta con los arrieros; en la segunda la realiza buscando principios de justicia, en la tercera lo hará buscando la proclamación de la belleza de Dulcinea. Don Quijote quiere que los comerciantes toledanos proclamen que no hay mujer más hermosa que “la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso. Pronto se dan cuenta del estado mental de don Quijote. Le siguen la corriente y no les importará decir de Dulcinea lo que el caballero quiere. Necesitan un motivo para justificar su afirmación, por eso le piden el retrato, apoyándose en el refrán de que “por el hilo se saca el ovillo”. La intención de los comerciantes es la de acomodar la verdad a la situación. Don Quijote los maltrata llamándolos  “ruin canalla y gentes miserables”. Su opinión era despreciativa para los que no tenían la categoría de caballero. La reacción del mozo, moliendo a don Quijote como cibera, cuando se encuentra en el suelo, tiene tal grado de vesania como la del caballero.

 

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