lunes, 21 de marzo de 2011

CAPÍTULO XIII. ENTIERRO DE GRISÓSTOMO. LA DAMA DEL CABALLERO ANDANTE

Se levantaron muy temprano los pastores para ir al entierro de Grisóstomo. Llamaron a don Quijote y éste le ordenó a Sancho que enalbardase a Rocinante para acompañarlos. Pronto se pusieron en camino. Se incorporaron a un grupo de seis pastores, vestidos de negro, coronadas sus cabezas de ciprés y amarga adelfa. A ellos se les unieron otros dos hombres, a caballo y muy bien vestidos.
Uno de ellos, que se llamaba Vivaldo, le decía a otro que daba por bien el retraso que llevaban, pues de esta manera podían  asistir al entierro de Grisóstomo, que se había quitado la vida por la hermosa Marcela. Intervino don Quijote para interesarse por ella;  pero lo que le dijeron fue lo mismo que la noche anterior había oído de Pedro.
Al ver vestido así a don Quijote, le preguntó Vivaldo que por qué iba así armado por estas tierras tan pacíficas. Don Quijote le contestó que era caballero andante. A continuación explicó el origen de esta caballería, que se asienta en  tiempos del  rey Arturo, fundador de la orden de la Tabla Redonda. Con el tiempo fue extendiéndose por todo el mundo y a ella pertenecían  caballeros tan importantes como  Amadís de Gaula, Felix Marte de Hircania y Tirante el Blanco. También profesaba en la orden de caballería; caminaba en busca de aventuras y ofrecía su ayuda a los necesitados.
La caballería andante –siguió diciendo don Quijote- pasa por muchas estrecheces, al contrario que los cortesanos, que viven regaladamente. No viven con la tranquilidad que tienen los religiosos; estos piden al cielo, pero son los caballeros los que ejecutan la justicia divina. Dándose cuenta de que estaba delante de un orate, le comenta Vivaldo que los caballeros andantes, cuando acometen una aventura, se encomiendan a su dama, en vez de encomendarse a Dios como hacen los cristianos. Don Quijote le contesta que era propio de la caballería andantesca, primero encomendarse a su dama y posteriormente a Dios. Le comenta el caminante que había leído que no todos los caballeros andantes tienen damas y le pone el ejemplo de don Galaor, hermano de Amadís. Don Quijote le contesta que una golondrina no hace verano, para decirle a continuación, de manera secreta, que Galaor también se encomendaba a su dama. Le preguntó a don Quijote por la suya y éste le contestó con una descripción idolatrada de Dulcinea:  “es reina y señora mía, su hermosura, sobre humana”.
Los cabreros oyeron la descripción de don Quijote y se percataron de su falta de juicio. Sancho, que lo conocía, se daba cuenta de que desde que andaba con él, siempre decía lo mismo de Dulcinea, pero que nunca la vio así.
Desde lejos vieron a un grupo de cabreros, vestidos de negro y con guirnaldas en la cabeza. Llevaban una camilla. Pronto se dieron cuenta de que en ella estaba el cuerpo de Grisóstomo. Anselmo hizo una elegía del difunto y de su apasionado amor que lo llevó a la muerte.  Lo iban a enterrar con los papeles que había escrito. Vivaldo le pidió a Anselmo que no lo hiciera, pues podían contener textos importantes. Anselmo le permitió que cogiera uno de esos papeles. Resultó ser la Canción Desesperada.
Comentario                                                                                                                                       
Ya dije anteriormente, de acuerdo con críticos como Segre, que el Quijote es una novela ensartada en la que aparecen otras que guardan alguna relación con la trama amorosa que vive el personaje. En este caso es el del amor que vive Grisóstomo por Marcela. El de don Quijote por Dulcinea, se asienta en la irrealidad; pero el de Grisóstomo lo hace en la realidad. Se quita el amor por Marcela. Toda su historia tiene un aire de verdad y nada resulta extraño cuando el amor se vive como un drama que lleva a la alienación. 
Comparte con don Quijote que adora a su amada, si ser correspondido por ella. Esta adoración es casi religiosa. Don Quijote dice que es “dueña y señora mía”; Grisóstomo, porque lo desdeña, se quita la vida. Vivaldo censura la veneración que los caballeros tienen por sus damas. Esto parece ser lo que critica Cervantes, por ser lo que une a don Quijote y Grisóstomo. Esta es la lección que Cervantes quería que el lector aprendiera y funciona como corolario de la adoración amorosa que lleva a la enajenación.
Con respecto al romance que cita don Quijote cuando se explaya sobre la caballería: Nunca fuera caballero / de damas tan bien servido / como fuera Lanzarote / cuando de Bretaña vino, /, es una prueba del desequilibrio que a don Quijote le ha producido, tanto el romancero como los libros de caballerías. Don Quijote estaba empapado del Romancero. Lo vimos en el capítulo II, en la venta, cuando les dice a las coimas: Nunca fuera caballero / de damas tan bien servido /… También en el capítulo IV, cuando quedó malherido y empezó a pensar en el Romance del Marqués de Mantua: -¿Dónde estás señora mía, / que no te duele mi mal? / Sobre esta base del Romancero, se apoya don Ramón Menéndez Pidal para sostener que al igual que el Bartolo, del Entremés de los Romances, que se vuelve loco del leer el Romancero, Cervantes se inspiró en el Entremés para escribir la primera salida de don Quijote.     

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