martes, 22 de marzo de 2011

CAPÍTULO XIV. LA CANCIÓN DESESPERADA. LAS RAZONES DE MARCELA


Vivaldo empezó a leer la canción desesperada de Grisóstomo. Aparece en ella el autor como una persona terriblemente dolida por el despecho que le ha hecho Marcela. Su dolor es tan grande que ni siquiera el aullido y las quejas de dolor de los más fieros animales pueden comparársele en su intensidad. Sus quejas se extenderán por todo el mundo. No hay asomo de esperanza. Ante esta situación desea vehementemente un hierro o una soga para quitarse la vida. A esto lo lleva la hermosura y frialdad de la amada. Pero no quiere que por ello se turbe, al contrario, que sea para ella una fiesta. Desea que todos los mitos del sufrimiento se refugien en él antes de arrojarse al vacío.
Los presentes dijeron que no se correspondía lo que decía la canción con lo que se comentaba sobre el buen crédito y fama de Marcela. Estando en esto apareció Marcela. Cuando esto ocurrió, Ambrosio le recriminó su presencia, pues, según él, ella había sido la causa de la muerte de Grisóstomo. A esto respondió ella defendiéndose en un largo parlamento
Comienza su discurso Marcela diciendo que está allí para recriminar a todos aquellos que creen en las razones de Grisóstomo. Empieza diciendo que si ella es hermosa es porque el cielo  lo ha querido; pero no por ello está obligada a amar a quien la ama. No debemos desear todo lo que es hermoso, pues siendo esto múltiple, múltiple sería el deseo y la voluntad, lo cual sería un error por lo mucho que nos confundiría. Y “el verdadero amor no se divide y ha de ser voluntario y no forzoso”. A partir de aquí, razona Marcela llevando el argumento al absurdo: “si el cielo la hubiera hecho fea, ¿tendría que quejarse porque no la querían?”. Continúa razonando Marcela desde el plano moral, diciendo que la honra y las virtudes son adornos del alma. Si una persona se enamora del cuerpo, no por eso se debe perder la honestidad que es patrimonio del alma, por complacer al deseo del amante. Dice que vive en la soledad de la naturaleza y ella es su compañera. Si los deseos se mantienen con esperanzas, ella no ha dado ninguna a Grisóstomo, por lo tanto, lo ha matado su porfía contra la esperanza, que nunca ella le mostró. 
 Una vez que terminó, se alejó de los que estaban. Don Quijote que también estaba presente dijo que no se atreviera nadie a seguirla, pues había demostrado con claras y contundentes razones que ella era libre, honrada y honesta y para nada tenía que ver con la muerte de Grisóstomo.
Las razones de don Quijote convencieron a todos y nadie se atrevió a seguirla. Enterraron el cuerpo de Grisóstomo, diciendo Ambrosio que mandaría poner un epitafio en la tumba, explicando la causa de su muerte.
Esparcieron flores en la sepultura y se separaron. Vivaldo le dijo a don Quijote que lo acompañara a Sevilla porque encontraría muchas aventuras. Contestó que antes tenía que limpiar de malhechores aquellas tierras.
Comentario
Nos encontramos con un capítulo en el que se oponen la locura que manifiesta Grisóstomo en la Canción Desesperada a la sindéresis que muestran Marcela y don Quijote en sus razonamientos. Especialmente el discurso de la primera. Como demuestra muy bien Martín de Riquer, en Aproximación al Quijote, “el estilo está perfectamente adecuado a la trama principal de la novela”.
 Con este capítulo termina la novela pastoril de Marcela y Grisóstomo. Era un género de novela muy en boga en la época y Cervantes se hace eco de ella. Los protagonistas eran unos pastores idealizados o pastores poetas como es el caso de Marcela y Grisóstomo.
 El discurso de Marcela pertenece al oratorio y es un ejemplo de la heterofonía de la obra. Con su discurso, Marcela ingresa de pleno en defensa de la dignidad de la mujer. Marcela pretende convencer a los oyentes de su inocencia y lo consigue. Empieza su discurso hablando de la naturaleza de la hermosura, para pasar después a explicar las circunstancias que la acompañan. Se centra después en la muerte de Grisóstomo y las circunstancias relacionadas con la causa, para terminar hablando de la honestidad y su naturaleza a la que prosigue. Su influencia en el ánimo de los oyentes es tal que todos se quedan parados y ninguno la acosa. Don Quijote, con gran cordura asume todo lo dicho por ella.
Cervantes se adelanta en el tiempo y nos describe personas con valores intemporales. Este es el caso de Marcela. Prototipo de mujer independiente, defensora de su libertad. Defiende ella, con gran razón, que no se puede someter una persona a otra simplemente porque uno de ellos esté enamorado del otro. El amor es una ecuación y ha de ser correspondido por los dos. Por encima de todo la persona tiene que ser libre para aceptar al otro. Es una ley de la naturaleza, y esta ley no se puede franquear. Así debe ser, pues cuando ese sentimiento no está establecido, difícilmente se puede crear. Unamuno lo llamó amor inductivo, a primera vista, aunque después madure y pueda persistir o romperse. Esta es la lección que Cervantes nos da en este capítulo. Con este discurso, la voz de Marcela se convierte en paladín de los derechos de la mujer e ingresa por derecho propio en las voces próceres de los derechos civiles:  una razón más para saber por qué Cervantes es un clásico.

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