sábado, 30 de abril de 2011

CAPÍTULO XXX. LA INGENIOSA HISTORIA DE LA PRINCESA MICOMICONA

 


Después que el cura terminó de reprehender a don Quijote por lo que se había hecho al liberar a los galeotes, intervino Sancho para decir que quien lo había realizado había sido su amo, a pesar de que él le había advertido de la clase de gente que era la que liberaba. Don Quijote, al oír esto, montó en cólera diciendo que a los caballeros andantes no les correspondía saber a qué gentes les hacían el favor, sino que su religión le exigía ayudar a los necesitados, “poniendo ojos en sus penas y no en sus bellaquerías”.  En vista de la actitud que tomaba don Quijote, intervino Dorotea para tranquilizarlo y pedirle lo que le había prometido.  Aceptó don Quijote y le pidió que le contara su desgracia.

Contó Dorotea que era huérfana de padre y madre. Su padre, conocedor de la magia, vaticinó que el gigante Pandafilando de la Fosca Vista, le usurparía el reino a menos que ella se casara con él; su padre no se lo recomendaba, ni ella tampoco lo aceptaba. Sí que le había aconsejado que buscase en España a un famoso señor llamado don Azote o don Gigote. Sancho corrigió, llamándole Don Quijote o el Caballero de la Triste Figura. Abundó ella en lo mismo, argumentando que el tal caballero tenía un lunar debajo del hombro. Como don Quijote quiso desnudarse para comprobarlo, Sancho le dijo que no lo hiciera, que él sabía que sí lo tenía. Dorotea, aceptaba el ofrecimiento de don Quijote, diciendo que “con los amigos no se ha de mirar en pocas cosas” (no se ha de reparar en nimiedades), pues basta que haya lunar y esté donde estuviere. Dice que está contenta de haberse encontrado con don Quijote y que cuando desembarcó en Osuna, ya empezó a oír su fama. Después de corregirle el cura –una vez que don Quijote se había dado cuenta de que Osuna no tiene puerto de mar- que fue en Málaga el desembarco, continuó ella, diciéndole a don Quijote que si quisiera casarse con ella, que le entregaría su reino y su persona. Oído esto por Sancho, se puso contento al saberse vasallo del posible emperador, pues sólo se trataba según él, de matar al gigante Pandahilado.  Después de disculparse en lo que no hubiera acertado en la narración de su historia, pues ello se debía a  que “los trabajos continuos y extraordinarios quitan la memoria al que los padece”.

Respondió don Quijote que no se podía casar con ella, pues su corazón era de Dulcinea. Sancho cuando oyó esto se encolerizó, diciéndole que Dulcinea no le llegaba ni al zapato de la que estaba delante.  De esta manera, alcanzar el condado sería como “pedir cotufas en el golfo”  (pedir cosas imposibles). Le recomienda que coja el reino que le viene a las manos “de vobis vobis” ( gratis, sin ningún esfuerzo).

Oído esto por don Quijote, maldiciendo a Sancho, cogió la lanza y le dio dos palos en la espada que lo tiraron por tierra.

Habiéndose dado cuenta de lo mal que le habían sentado sus palabras a don Quijote, se levantó y refugiándose tras el caballo de Dorotea le dijo que no quería ofenderlo, sino que reconsiderara y se casara con la princesa, aunque después se amancebara con Dulcinea, pues así sería emperador y él conde. Oído lo anterior por Dorotea, mandó que no se hablara más del asunto, especialmente de “aquesa señora Tobosa” . Le dice a Sancho que le pida perdón a don Quijote, este lo acepta y se disculpa por los palos que le dio, pues “los primeros movimientos no son en manos de los hombres”. Le pide que tenga cuidado al hablar, pues “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe” (La frecuente exposición al peligro tiene sus riesgos).  Vuelve a disculparse Sancho por lo de Dulcinea y don Quijote le replica que se olvide, pues “A pecado nuevo, penitencia nueva” (cada problema requiere su solución).

Elogia el cura la brevedad del cuento de Dulcinea y contesta ella que sabía qué tenía que decir, pues leía con frecuencia los libros de caballerías, pero desconocía las provincias que tenían puerto de mar, razón por la que se equivocó.

Apartándose don Quijote con Sancho, insiste el primero que le cuente con pelos y señales cómo fue su embajada ante Dulcinea y quién le escribió la carta. Responde Sancho que se la aprendió de memoria y que así se la pudo recitar, pero que la había olvidado. Recordaba lo de “sobajada” o “soberana” y,  el final : “Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura” y  entre una y otra manifestación, había añadido más de mil trecientas palabras enamoradas.



Comentario

Este capítulo lo podemos leer desde distintos puntos de vista: a) Desde una perspectiva realista, hemos de preguntarnos, siguiendo a Parker, por qué le miente Sancho a don Quijote. Está claro que porque: 1. No quiere que se enfade, pues en su locura es capaz de hacer cualquier cosa. En esta misma línea de razonamiento, diremos, siguiendo a Cervantes,  que la verdad se transforma por los intereses de los hombres 2. Quiere seguir con él, pues su codicia le lleva a no darse cuenta de la ilusión de su amo y él quiere participar en esa ilusión de aspirar a ser conde: son las oscilaciones existenciales de las que nos habla Dámaso Alonso.

b)  El perspectivismo lingüístico.  Me referí a él cuando comenté el capítulo XXVI.  También hay perspectivismo en este capítulo. Dorotea finge que su presunto liberador se llama don Azote o don Gigote y Dulcinea del Toboso es aquesa señora Tobosa.

Por su parte, Sancho varía los nombres con mucha frecuencia. No es capaz de retener el nombre real. Lo hace por aproximaciones.  Así, el gigante Pandafilando, se transforma en Pandahilando.

c) Ye aludí en el capítulo XVII al artículo de Lázaro Carreter, la prosa del Quijote. Cuando analiza la heterofonía de la obra, manifiesta que los personajes se expresan de acuerdo con el rango social y cultural que tienen. “Sancho ha de hablar conforme al genus humile que corresponde a su naturaleza rústica.”

En el caso de Dorotea, ella misma manifiesta que era seguidora de los libros de caballerías. Ignoraba la geografía española, pues creía que Osuna tenía puerto de mar. En definitiva, era una persona ignorante. De ahí su afirmación de “aquesa Tobosa”.

d) Guillermo Díaz Plaja, en el libro En torno a Cervantes, concibe el libro “En último término, y bien “teatralmente”, el esqueleto de la novela cervantina es un largo y suculento diálogo. 








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