sábado, 9 de abril de 2011

CAPÍTULO XXII. LIBERACIÓN DE LOS GALEOTES

Después de la conversación mantenida en el capítulo anterior, cuenta Cide Hamete Benengeli que vieron a un grupo de hombres que venían ensartados por el cuello con una cadena y esposadas las manos. Los custodiaban cuatro guardias. Sancho de inmediato advirtió que se trataba de galeotes que iban forzados por la justicia real a las galeras.

Don Quijote respondió que aquí debía intervenir él, pues su oficio era deshacer entuertos y ayudar a los necesitados. Sancho le volvió a advertir que los mandaba la justicia, en nombre del rey, en pena por los delitos cometidos.

Quiso don Quijote saber las razones por las que iban castigados. Se lo preguntó a un guardia y le contestó que se lo preguntase directamente a ellos. Así lo hizo don Quijote y le fueron respondiendo con ironía: uno va a galeras por enamorado, pero enamorado de “una canasta de colar atestada de ropa blanca”; otro, según el primero, por músico y cantor, es decir, cantar en el ansia, que según el guarda es “confesar en el tormento”: confesó su delito, “ser cuatrero”; otro, por seducir a jóvenes doncellas; otro por alcahuete y hechicero. Sobre lo primero, don Quijote realiza un elogio de los alcahuetes, los cuales son necesarios en una república bien ordenada. Sobre la hechicería dice que “no hay hechiceros en el mundo que puedan mover la voluntad, como algunos simples piensan, que es libre nuestro albedrío y no hay yerba ni encanto que le fuerce”.

 Por último le preguntó a un condenado que iba cargado de cadenas bastante más que los otros. Dijo llamarse Ginés de Pasamonte; que dejó escrita y empeñada la historia de su vida en la cárcel por doscientos reales y aunque le habían echado diez años, pensaba volver y recuperar el libro, cuyo título era La vida de Ginés de Pasamonte. Este libro es “tan bueno…, que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de aquel género se han escrito o se escribieren”. Discute Ginés con el guardia que los llevaba, quiso este alzar la vara para pegarle y don Quijote se lo impidió.

Don Quijote le pide a los guardias que los suelten, argumentando que “lo que se pueda hacer por bien no se haga por mal…porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres…que estos pobres no han cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada uno con su pecado…y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello.”

El comisario le contestó que no le buscara tres pies al gato, pues no estaba autorizado para soltarlos.

Don Quijote arremetió contra él. Cayó al suelo. Los guardias atacaron a don Quijote. Se produjo un momento de gran confusión y los galeotes se quitaron las cadenas y atacaron a los guardias; estos salvaron la vida huyendo.

Sancho le advirtió a don Quijote que se deberían marchar, pues la Santa Hermandad vendría a buscarlos. Don Quijote reunió a los galeotes y les dijo que “Es de gente bien nacida agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”. De acuerdo con lo anterior les pidió que fueran al Toboso, se presentaran ante Dulcinea y le contaran la hazaña que había realizado. Le respondió en nombre de todos Ginés de Pasamonte. Le dijo que eso era imposible porque la justicia podría prenderlos de nuevo y que era como pedir peras al olmo.

Don Quijote montó en cólera al oír la respuesta de Ginés, lo llamó “don hijo de la gran puta, don Ginesillo de Paropillo”. Este, al darse cuenta de que a don Quijote le faltaba el juicio, se puso de acuerdo con los otros galeotes, se apartaron y los apedrearon. Don Quijote cayó al suelo. Se acercó un galeote y le rompió la bacía en la espalda; les quitaron las ropas; a Sancho lo dejaron en pelota. Solos se quedaron el jumento y Rocinante;  don Quijote, afligido; Sancho, temeroso de encontrarse con la Santa Hermandad.


Comentario

El capítulo de los galeotes es interesante para conocer aspectos del tiempo de Cervantes. Pierre Vilar considera que “el español roba y se deja robar. La “sisa” o rapiña del criado sobre las finanzas del dueño está descrita como usual en todos los niveles: familia, comunidad, administración. Cervantes, antiguo soldado  dotado del cargo de recaudador, la practicó con poca habilidad pues fue a parar a la cárcel. La “necesidad” por un lado, y la “ocasión” por otro pueden llevar a la galeras. Por eso don Quijote libera a los galeotes”.

Avalle-Arce, en el comentario que realiza a este capítulo, lo enfoca desde “la polarización de actitudes” que se reflejan: cuando don Quijote interroga a los galeotes, estos contestan con ironía, pues “las respuestas se dan en un nivel lingüístico y el caballero las interpreta en otro”.  El primero dice que va por “amor”, al contestarle don Quijote que no se lo creía, responde el galeote que va porque robó ropa; el segundo, por cantar, explica el primero, que por cantar en el tormento del agua; el tercero, por no tener diez ducados, al decirle don Quijote que le dará veinte, contesta que “es como tener dineros en mitad del golfo y se está muriendo de hambre”.  Cuando llega a Ginés de Pasamonte, dice Avalle-Arce que “este archi-criminal literato tiene el mismo apellido artístico que el real e histórico Jerónimo de Pasamonte, aragonés que fue soldado en Italia en el tercio de Miguel de Moncada (el mismo que sirvió Cervantes), luchó en Lepanto, tuvo otras experiencias militares compartidas con el genial novelista, terminó cautivo en Túnez y escribió su vida. Estos paralelismos…han sido esgrimidos por Martín de Riquer para identificar al soldado Pasamonte con Alonso Fernández de Avellaneda”.

Pérez Reverte, en Galeras, puertos y corsarios. La mar y la navegación en el Quijote, analiza la jerga de las galeras, en palabras como gurapas: voz de germanía; en “Tres precisos de gurapas “ son tres años de galeras. Ginés de Pasamonte dice conocer bien a qué saben el bizcocho y el corbacho. “El bizcocho era la comida básica en el mar: galleta de pan negro reseco molido y vuelto a cocer para que se conservara sin enmohecerse –La ración del galeote era, según Mateo Alemán, de veintiséis onzas. El corbacho era el rebenque o látigo, a menudo vergajo, que llevaba el cómitre o guardián de galeotes.”

Una vez más he puesto en negrita el pensamiento de Cervantes elucidado a través de explicaciones de don Quijote sobre el libre albedrío, el comportamiento con los demás y la gratitud.



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