martes, 12 de abril de 2011

CAPÍTULO XXIII. ENCUENTROS CON EL "ROTO DE LA MALA FIGURA"

A raíz de lo acontecido con los galeotes, don Quijote le dijo a Sancho que “el hacer bien a villanos es echar agua en el mar…así que paciencia y escarmentar para desde aquí adelante”.

Considera Sancho que no escarmentará don Quijote, pero le advierte que la Santa Hermandad no entiende de asuntos de caballerías y por lo tanto deberían esconderse por algún lugar de Sierra Morena. Don Quijote lo trata de cobarde, pero para que no lo califique de contumaz, acepta su consejo con tal de que no se lo diga a nadie. Sancho lo tranquiliza diciéndole que “el retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para mañana, y no aventurarse todo en un día.”

Se subieron en sus monturas y se adentraron por las montañas para apartarse de la Santa Hermandad. Iba don Quijote sobre Rocinante, pensando en sus aventuras y Sancho, comiendo sobre su rucio, cuando don Quijote encontró en el suelo, un podrido cojín y una deshecha maleta que Sancho abrió; en ella venían varias monedas de oro, que Sancho, con el acuerdo de don Quijote se guardó,  varias camisas de holanda y un librillo de memorias. Cree don Quijote que el dueño fue probablemente asaltado en el camino, pero Sancho le replica que no pues se habían dejado el dinero.

Cogió don Quijote el libro y leyó dos textos. El primero un soneto con el tema del amor sufrimiento por el desdén de la dama; el segundo, una carta con el mismo tema, en la que le reprocha que lo ha dejado por “quien tiene más, no por quien vale más que él”.

Deseaba don Quijote saber quién era el dueño de los objetos para devolvérselos, cuando a lo lejos vieron un joven medio desnudo que iba saltando de risco en risco. Decidió seguirle don Quijote porque se imaginó que era el dueño de las cosas encontradas, pero lo accidentado del terreno se lo impidió. Sancho se opuso alegando que tenía miedo de quedarse solo y que si se encontraba al propietario, se  vería obligado a devolverle los escudos.

No lejos de allí oyeron el silbido de un cabrero. Se dirigieron a él y le comentaron lo de la maleta. Dijo que también la vio él, pero que no quiso abrirla porque no le fueran a tachar de hurto, pues “es el diablo sutil, y debajo de los pies se levanta al hombre cosa donde tropiece y caya sin saber cómo ni  cómo no”. Sancho, que no quería ser tachado de sacre, dijo que  tampoco la abrió, pues “no quiero perro con cencerro”.

A continuación les contó el anciano pastor la historia de “el Roto de la Mala Figura”, que fue como le puso el autor. El joven medio desnudo, de aspecto salvaje, que acababan de ver, se presentó allí hacía unos meses. A veces aparecía de improviso. Les preguntó que cuál era el sitio más escarpado de aquellas sierras y hacia allí se dirigió. Cierto día bajó. Le dieron de comer; al rato se quedó embelesado y se lanzó contra uno de los pastores, llamándolo Fernando, al cual le pensaba sacar el corazón por el mucho daño que le había hecho. En el Roto, alternaban ratos de tranquilidad con otros de locura enfurecida.

Comentó don Quijote que no cesaría hasta conocer a ese hombre; la fortuna quiso que en ese momento, éste se acercara. Don Quijote lo abrazó. Se quedaron mirándose el uno al otro y el Roto empezó a hablar.



Comentario

Resulta ostensible el miedo de Sancho a la Santa Hermandad, pues para escarmiento de malhechores, cuando alguien era condenado a muerte, lo sacaban al campo, lo ataban a una estaca y lo asaeteaban hasta morir.

Cuando Sancho le miente al cabrero respecto a la maleta, le hace una higa a la verdad. Esto viene a elucidar el concepto de verdad cervantina expuesta en el capítulo XI: “la verdad se oscurece…por los intereses de las personas”. Efectivamente, Sancho miente porque no quiere ser tachado de sacre. Lo apoya con el refrán “No quiero perro con cencerro”: no quiero cosas con problemas.

La estructura del Quijote, responde a la de una novela “ensartada” por otras que hacen referencia a la variedad de novelas del XVI, como señaló Menéndez Pelayo. La que se inicia en este capítulo corresponde a la novela sentimental. Todas novelas intercaladas tienen como tema el amor. La lectura de ellas se realiza muy bien a partir de las tesis de Américo Castro. El amor para Cervantes “es la máxima esencia vital; la naturaleza ha hecho del amor un principio armónico. Malhaya quien rompe la ecuación vital, representada en el amor concorde”.

1 comentario:

  1. Estoy en esta página por un comentario que me ha hecho mi hijo Daniel, nuevo lector del libro que nos ocupa. Me ha preguntado si sé si el nombre del dibujante El Roto ( Andrés Rabago, creo que es su nombre) tiene que ver con el personaje de igual nombre que aparece en este capítulo, y, como no lo sé me he adentrado aquí en busca de una posible respuesta. Me ha ocurrido una cosa curiosa y es que he visto un antiguo seudónimo mío que aunque apenas si usé me ha quedado en la memoria pues Sulfur es el principio activo del remedio homeopático que me recetó, hace ya varios años, el magnífico Dtor. Marcos Mantero que me trató con acierto de mis cefaleas en racimos que tanto dolor, hasta conocerle a él, me causaron. En fin que doy por bueno el impulso que me ha traiío hasta aquí y si no he averiguado lo que buscaba si me he ehncontrado con este Sulfur, o no? Le preguntaré a mí amigo Emilio Pascual lo de El Roto, o por ser justo, lo de Los Rotos

    ResponderEliminar