domingo, 12 de junio de 2011

CAPÍTULO XLVII. LA SALIDA DE LA VENTA Y LA LLEGADA DEL CANÓNIGO DE TOLEDO



Don Quijote, al verse enjaulado en un carro de bueyes, llamó a Sancho para mostrarle su extrañeza, diciéndole que lo que él había leído en los libros de caballerías sobre los caballeros, cuando eran encantados, era que solían ser trasladados, bien en alguna nube o subidos en algún hipogrifo; en cambio iba él subido en un carro de bueyes, moviéndose con gran lentitud. Sancho le contestó que “no era católico” (no era cierto) todo lo que decía. No entendió el sentido don Quijote y respondió que era evidente que no podía ser católico, puesto que eran demonios los que allí iban. Sancho, que notaba el perfume de don Fernando, contestó que de demonios nada, pues estos huelen a azufre y allí se olía a ámbar.

Se adelantó la salida para que Sancho no le explicase a don Quijote lo que estaba pasando. El grupo, organizado por el cura, salió de la siguiente manera: abría la marcha el carretero con el carro, don Quijote, sentado en la jaula, con las manos atadas, tendidos los pies y arrimado a la verja; flanqueaban el carro los dos cuadrilleros de la Santa Hermandad, con sus escopetas. Sancho, subido sobre el rucio, tiraba de Rocinante; algo más retrasados, el cura y el barbero sobre sus mulas. La ventera, su hija y Maritornes, fingiendo que lloraban salieron a despedirlo.

Don Quijote al verlas llorar quiso consolarlas, diciéndoles que lo que le ocurría era propio de los caballeros andantes importantes, porque los que no lo son les tienen envidia; “pero al final se impondrá la virtud, vencedora de todo trance y dará luz en el mundo como la da el sol en el cielo.”. Después pidió perdón por si algún mal había hecho. Se despidieron también los que en la venta estaban, especialmente don Fernando, que le insistió al cura que le escribiese contándole cómo le iba a don Quijote. Especial despedida tuvo el ventero, pues, ya que no sabía leer, le entregó al cura un cartapacio en el que iba la novela de Rinconete y Cortadillo, junto con la del Curioso impertinente.

Después de haber andado dos leguas, la comitiva fue alcanzada por un grupo a cuyo frente venía un canónigo de Toledo. Al verlo de esta manera les preguntó a los cuadrilleros la razón por la que lo llevaban así.  Al no saber decirla ellos, Don Quijote le contestó que sólo respondería si sabía algo de la caballería andante. Al decirle el canónigo que la conocía muy bien, don Quijote le dijo que iba encantado en la jaula por la envidia y mala fe de los encantadores, pues “la virtud más es perseguida de los malos que amada por los buenos”. El cura, que lo estaba oyendo, reiteró lo que dijo don Quijote, argumentando que era “el Caballero de la Triste Figura, cuyas valerosas hazañas serán escritas en bronces duros y en eternos mármoles”.

Sancho, que se había dado cuenta de todo, le espetó al cura que don Quijote no iba encantado, sino preso, pues los encantados, según él ha oído decir ni comen, ni duermen ni hablan, y su amo “habla más que veinte procuradores”. Le echa en cara al cura lo mal que lo está haciendo, porque “donde reina la envidia no puede vivir la virtud, ni donde hay escaseza la liberalidad”. Después de decirle que por su culpa don Quijote no se ha casado con la princesa Micomicona, comprendía lo que se suele decir: “que la rueda de la fortuna anda más lista que una rueda de molino y que los que ayer estaban en pinganitos (arriba) hoy están por el suelo”. Especialmente lo sentía por sus hijos, que no lo verían entrar en el pueblo “como gobernador o visorrey de alguna ínsula o reino”. Después de recriminarle el barbero a Sancho que se estaba volviendo como su amo, Sancho le replicó diciendo que “si ínsulas deseo, otros desean cosas peores, y cada uno es hijo de sus obras; y debajo de ser hombre puedo venir a ser papa (y por el hecho de ser hombre, puedo ser papa); pasa después a decirle que “algo va de Pedro a Pedro”, es decir, no todos somos iguales, por lo tanto, diferencias hay entre él y don Quijote.

El barbero no le quiso responder para no descubrirle a don Quijote lo que pasaba. El cura le hizo una señal al canónigo de que se adelantara para explicarle todo lo que pasaba a don Quijote.

El canónigo comentó el daño que hacen los libros de caballerías, pues “este género de escritura cae dentro de las fábulas milesias, que son cuentos disparatados, que atienden solamente a deleitar, y no a enseñar, al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente”. Parte del principio de que es agradable aquello que es verosímil y se adapta a la realidad, por lo tanto es desagradable aquello que manifiesta desproporción y falta de realidad. Pone como ejemplo el caso de una batalla en el que se enfrentan el protagonista del libro “contra un millón de competientes …. ¿habemos de entender que el tal caballero alcanzó la victoria por solo el valor de su fuerte brazo?. Pasa a continuación a dar reglas sobre cómo escribir: “Hanse de casar las fábulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, allanando las grandezas, suspendiendo los ánimos, admiren, suspendan alborocen y entretengan, de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas; y todas estas cosas no podrá hacer el que huyere de la verosimilitud y de la imitación, en quien consiste la perfección de lo que escribe”.

A pesar de todo lo anterior, dijo que la materia era adecuada para un buen escritor, siempre que describiera bien el ambiente y las cualidades del protagonista, no perdiendo nunca el fin de los escritos: “enseñar y deleitar juntamente”.



Comentario

Don Quijote, lo ha dicho muy bien Lázaro Carreter, es una novela “que va transitando por el mundo del lenguaje y la literatura, por lo tanto parece lógico que nos preguntemos por los antecedentes de la escena en la que vemos a don Quijote enjaulado en el carro de bueyes. La parodia vuelve a hacer acto de presencia, en este caso de una novela de caballerías medieval, de las leyendas artúricas, Li chevaliers de la charrete, (El Caballero de la Carreta) de Cherétien de Troyes, de la segunda mitad del siglo XII, en la que el protagonista, Lancelot, Lanzarote en los textos hispanos, es transportado en una carreta, conducida por un enano. En esta parodia caballeresca, que es el Quijote, Cervantes, la tuvo en cuenta cuando imaginó el regreso de don Quijote a su aldea. (Martín de Riquer)

Importancia tiene también en este capítulo el habla de Sancho, ya explicada en el comentario del capítulo anterior.

El tercer aspecto que hay que destacar en este capítulo tiene que ver con la teoría literaria de Cervantes que ha empezado a exponer el canónigo de Toledo. Antes debemos recordar que en el prólogo nos dijo Cervantes  por boca del amigo “…que, si bien caigo en la cuenta, este vuestro libro…todo él es una invectiva contra los libros de caballerías…”. Por lo tanto, la premisa inicial del libro es la de ser un alegato contra estos libros. Lo hemos visto con ejemplos, especialmente de don Quijote. Este pierde la razón cuando alguna cuestión caballeresca se cruza por su imaginación. Cuando esto no ocurre, razona con cordura. A este respecto conviene recordar a Huarte de San Juan en su Examen de Ingenios, ya explicado.

Hemos visto a otros personajes como el ventero o Maritornes, con un nivel cultural muy bajo, que son también seguidores de estos libros.

Entre las razones que da el canónigo están: “atienden solamente a deleitar y no enseña”; están llenos de disparates; hay desproporción de las partes con el todo y del todo con las partes: pone el ejemplo de un mozo que da una cuchillada  a un gigante, tan grande como una torre y lo divide en dos partes.

Pasa a continuación a decir que aunque los que los componen los escriben tratando cosas falsas y por lo tanto, “no están obligados a mirar con delicadezas ni verdades”, no por ello se ha de evitar que traten las mentiras como si fueran verdades, es decir, lo que digan ha de ser creíble.

Los libros de caballerías podrían ser buenos si la historia se contase bien, es decir, que fuera razonable. Para ello se ha de unir la fantasía con la verosimilitud. Se han de explicar bien las cualidades del héroe. Pone a continuación una serie de antonomasias, identificando las cualidades con las personas que más destacaron: Ulises, en la astucia; Eneas, en la piedad; Aquiles, en la valentía…etc. Pues bien, estas cualidades “son las que pueden hacer a un varón ilustre, ahora poniéndolas en uno solo, ahora dividiéndolas en muchos “.

Este capítulo es especialmente significativo porque la teoría literaria de Cervantes, queda acrisolada con ejemplos positivos y negativos sobre la manera de escribir un libro.














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