martes, 17 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXVI. ENCUENTROS Y RECONCILIACIONES EN LA VENTA DE JUAN PALOMEQUE EL ZURDO



El ventero, que estaba en la puerta, advirtió a los huéspedes que se acercaba gente. Pronto fue  a esconderse Cardenio ;  Dorotea se cubrió el rostro. Al preguntarle el cura que si venían cerca, este contestó que se  acercaban a caballo cuatro hombres y una mujer con las caras tapadas, a pie venían dos mozos. Cuando llegaron, el cura le preguntó a un mozo que quiénes eran. Contestó que uno de ellos parecía ser gente principal; la mujer debería ir a un convento de monjas, sin vocación monjil, pues se quejaba amargamente de su situación.

Ante los suspiros y sollozos de la dama, Dorotea se acercó ofreciéndose para ayudarla. El que parecía principal, según el mozo que los acompañaba, sujetó a la dama apenada y le dijo a Dorotea -se había presentado también con la cara tapada- , que no le hiciera casado, pues era muy mentirosa. Al oír esa palabra, la mujer le contestó que por ser de palabra verdadera, se encontraba en esa situación, llevada por sus engaños y mentiras. Cuando oyó esta voz, Cardenio lanzó un grito de sorpresa. A su vez, la mujer, cuando oyó la voz de Cardenio, quiso entrar en su aposento. La sujetó nuevamente el caballero por la espalda. Cuando lo hizo se le cayó el tafetán y se le descubrió la cara. Apareció la belleza de Luscinda. Como la tenía sujeta con los dos brazos, se le cayó la protección de la cara al hombre. De inmediato se vio que era don Fernando. Dorotea, de la fuerte impresión, se desmayó. El cura acudió a quitarle el embozo. Don Fernando la reconoció de inmediato, pero no soltaba a Luscinda. Pronto, en suspenso,  se cruzaron todas miradas: Dorotea – Fernando y Cardenio- Luscinda

La primera que habló fue Luscinda. Le pidió a don Fernando que la dejase ir a unirse con quien consideraba realmente su esposo: Cardenio. Había procurado serle fiel y nunca su pensamiento se había apartado de él. Después tomó la palabra Dorotea. Con lágrimas en los ojos le pidió a don Fernando que la reconociese como su legítima esposa, de acuerdo con los siguientes argumentos: a) Fue el culpable de que ahora se encuentre en este estado: vivía honestamente hasta que “a las voces de tus importunidades, te entregué las llaves de mi libertad; b) “No puedes ser de Luscinda porque eres mío, ni ella puede ser tuya porque es de Cardenio; c) Se entregó a su voluntad, por lo tanto no debe sentirse engañado; d) Apela a su palabra de cristiano y caballero;  e) Le pidió que no se fijara en la ascendencia de cada uno. Sus padres eran personas honradas y como labradores habían servido con dignidad a los suyos. “La verdadera nobleza consiste en la virtud”. Le vuelve a pedir que la acepte por esposa, pues si virtud le falta a él, a ella le sobra. Por último apela a su conciencia: “Tu misma conciencia no ha de faltar de dar voces callando en mitad de tus alegrías, volviendo por esta verdad que te he dicho y turbando tus mejores gustos y contentos”.

Don Fernando aceptó las razones de Dorotea.  Cardenio se lanzó a sujetar a Luscinda cuando la dejó don Fernando; este al ver a Cardenio quiso coger la espada, pero Dorotea se lo impidió, diciéndole que dejase a Luscinda encontrarse con su esposo y viniese a ella por ser su legítima. Intervino el cura con estos razonamientos, dirigidos a don Fernando: a) El cielo había propiciado esta situación; b) Solamente la muerte podría separar a Cardenio y Luscinda; c) Debería fijarse en la hermosura de Dorotea, que unida a la honestidad, pueden igualarse a la más alta nobleza; d) Un caballero cristiano debería ser fiel a la palabra dada.

Dorotea seguía a los pies de don Fernando. Este, oídos los razonamientos del cura abrazó a Dorotea y le rogó que lo aceptase y lo disculpase, pero que no lo reprendiese. Se alegraba por el encuentro de Cardenio y Luscinda. Todos los presentes se emocionaron con lo ocurrido. También Sancho Panza, aunque dijo que él no lloraba por el desenlace feliz, sino porque había dejado de existir Micomicona y con ella el condado que esperaba encontrar.

Por último, cada uno contó la historia de sus aventuras: Dorotea, la que ya le contó a Cardenio; Don Fernado, lo que le ocurrió con Luscinda: que cuando se enteró por la carta que le encontraron en el pecho, que su corazón era para Cardenio, la quiso matar. Impedido por sus padres, huyó. Continuó diciendo que ella se había refugiado en un convento; que ”la secuestró y acompañado de estos hombres llegó a esta venta, que para él era el cielo, donde rematan y tienen fin todas las desventuras de la tierra”.
 
Comentario
La venta de Juan Palomeque el Zurdo funciona en este capítulo como una anábasis amorosa del reencuentro de Cardenio- Luscinda y Dorotea-don Fernando.
A esta novelita le han dedicado espléndidos estudios Márquez Villanueva: Temas y personajes del Quijot; Avalle-Arce : Las relaciones amorosas en Sierra Morena; Sandra L Alzate: Representación de los espacios femeninos en las historias intercalas del primer Quijote. Sostiene Márquez Villanueva que lo que pretende Cervantes en esta historia es “Infiltrarnos la presencia de Andalucía en un plano de hábil discreción”. Cuando analizamos los personajes, vemos que todos son andaluces. Especialmente destaca por su valentía, belleza e inteligencia Dorotea. Esta, según Villanueva “no es andaluza por accidente, sino carne y genio de Andalucía, como subsuelo implícito de su contextura de personaje”.
Cervantes, no sólo era consciente de la problemática de la mujer en el siglo XVI, sino que también nos transmite su apreciación y sentimiento hacia la mujer andaluza. Frente a la novela del Curioso impertinente, que se asienta en Florencia y es la historia de un adulterio, la mujer andaluza se nos presenta guardando siempre su honra y la fidelidad al marido. Tanto Luscinda como Dorotea buscan y lo consiguen. Mantienen su honra hasta el final, alcanzando sus propósitos. Los argumentos de Dorotea para don Fernando son totalmente convincente: se siente engañada por él. Apela a su honorabilidad de cristiano y caballero. Pone a los cielos por testigo de la palabra que le dio. No quiere que sus padres vivan con una hija deshonrada, por eso se marcha a Sierra Morena. Por último, argumenta desde la voz de la conciencia. Estamos viendo una manipulación inteligentemente llevada y al final consigue su propósito.  
Para Márquez Villanueva la penitencia caballeresca de don Quijote y sus locuras amorosas se realizan en Sierra Morena. Tiene un sueño nacido de lo literario y encuentra su climax en esta sierra. Como expone L. Alzate, Cardenio, en Sierra Morena se transforma en un salvaje, “saltando de risco en risco y de mata en mata”. Sierra Morena es un lugar de escape porque no es capaza de defender su honor. Márquez Villanueva lo ve como “una damisela atolondrada”. No es sierra Morena para Dorotea, un espacio escapista y evasivo de la realidad como puede serlo para Cardenio. Allí preparará la situación y manipulará con gran perspicacia los hilos de los sentimientos para recuperar su honra.
Comparten Cardenio y Luscinda cierto sentimiento de debilidad. Ambos viven situaciones dramáticas y son incapaces de defender su honra. Cardenio no sacó su espada cuando vio que don Fernando le birlaba a Luscinda; Luscinda no utilizó la daga cuando el matrimonio se lo impusieron sus padres. El primero se aleja de la realidad y se refugia en Sierra Morena; la segunda, se refugia en un convento. Dorotea lucha como mujer valiente e inteligente, consiguiendo al final que don Fernando la tome como esposa.
Con este encuentro épico feliz de las protagonistas femeninas con sus amantes, se bosqueja la visión cervantina del amor como “máxima esencia vital”, según la apreciación de Américo Castro.  







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