domingo, 15 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXV. LA LUCHA CONTRA LOS CUEROS DE VINO Y EL FINAL DEL "CURIOSO IMPERTINENTE"


Estaba el cura terminando de leer la novela cuando entró Sancho dando voces, diciendo que su señor le había cortado la cabeza cercén a cercén (completamente) al gigante enemigo de la princesa Micomicona.  Fueron todos a ver qué ocurría cuando vieron a don Quijote medio desnudo, con las piernas muy flacas, llenas de vello y nonadas limpias. Llevaba la espada en la mano derecha y daba cuchilladas, todavía durmiendo, por todas partes. El ventero cuando vio que le había destrozado  los cueros de vino, estando todo este por el suelo, se lanzó sobre él con los puños cerrados y si no es por el cura y Cardenio, ahí hubiera terminado don Quijote. Viendo que a pesar de esto no despertaba, el barbero le lanzó un cubo de agua fría.

Sancho buscaba ansiosamente la cabeza del gigante, pues de su muerte dependía el condado prometido por don Quijote. Viendo que no aparecía, relacionó su pérdida con los manteos que en la venta le dieron a él, diciendo que otra vez los encantadores habían intervenido, pues él había visto correr la sangre del cuerpo como de una fuente. El ventero que lo oyó, intervino furiosamente para decirle que la sangre que él veía era el vino de los cueros destrozados.

Tenía el cura sujetado a don Quijote por los brazos, y este, creyéndose que estaba delante de la princesa Micomicona se arrodilló, diciéndole que el gigante usurpador había sido destrozado. Sancho volvió a recuperar otra vez la confianza en conseguir el condado,  asegurando que ¡ciertos son los toros: mi condado está de molde! (Prov. que se  utiliza para expresar la certeza de una cosa).

Entre Cardenio, el cura y el barbero se llevaron a don Quijote a dormir, mientras que tanto el ventero como la ventera maldijeron a don Quijote y a la caballería andante. Especialmente la última, que recordó que antes se marchó sin pagar y ahora le había destrozado los cueros de vino; mientras, la hija callaba y se sonreía.

El cura tranquilizó a la ventera diciendo que se les pagaría todos los daños de don Quijote. Sancho le prometía a Dorotea que había visto rodar la cabeza del gigante; esta lo contentaba respondiéndole que una vez que estuviese en su reino le daría el mejor condado. Una vez que todos se tranquilizaron le pidieron al cura que terminara de leer la novela.

Anselmo se sentía muy orgulloso de su mujer. Lotario le dijo que no consideraba prudente ir por su casa, pues Camila se mostraba apesadumbrada con su presencia. Anselmo le insistía que acudiese.

Leonela, aprovechándose de lo que sabía, recibía cada vez con más frecuencia a su novio. Una noche, Anselmo oyó ruidos en el dormitorio de Leonela. Entró y al entrar vio que un embozado saltaba por la ventana. Cogiendo una daga obligó a Leonela a que le dijera quién era. Dijo que era su marido, pues se había casado en secreto y que a la mañana siguiente le contaría cosas interesantes.

Volvió Anselmo a la habitación de Camila; le contó lo que le había dicho Leonela. Se turbó por lo que oyó de su esposo y, temiendo que Leonela la traicionase,  cuando estuvo dormido se marchó, después de coger las joyas, a casa de Lotario. Le pidió que se pusieran a salvo y, después de haber cogido el dinero Lotario salió de su casa, camino de un convento, donde dejó a Camila. Fue Anselmo, al día siguiente al dormitorio de Leonela, vio que no estaba allí; fue a la habitación de Camila y se dio cuenta de que también se había ido; se trasladó a casa de Lotario y los criados le dijeron que se había marchado. Desesperado volvió a su casa; no encontró a nadie. Decidió ausentarse de la ciudad e irse al pueblo de su amigo.

En el camino se encontró a un viajero que venía de Florencia; le preguntó que qué se contaba por allí. Le dijo que todos hablaban del suceso de los dos amigos. Camila, la mujer de Anselmo el Rico se había marchado con Lotario.

Consumido de tristeza, volvió a casa de su amigo, y se encerró en un aposento donde dejó en el bufete un escrito en el que reconocía que toda su tragedia se debía a su necia impertinencia

Camila murió a los pocos días, después de haberse enterado que Lotario había muerto en Nápoles peleando a las órdenes del Gran Capitán.

El cura dio su impresión general de la novela: estaba bien contada, pero la historia le parecía inverosímil

Comentario

Se presta este capítulo a leerlo desde el punto de vista de Vargas Llosa. La tesis del premio nobel es que la ficción se ha apoderado de la vida de don Quijote y lo transforma completamente haciéndole perder el juicio; por lo tanto la ficción desrealiza la propia vida; nos hace vivirla e ilusionarnos con ella. Don Quijote “se desquicia por las fantasías de los libros de caballerías, y, creyendo que el mundo es como lo describen las novelas de Amadises y Palmerines, se lanza a él en busca de unas aventuras que vivirá de una manera paródica, provocando y padeciendo pequeñas catástrofes”. En este sentido don Quijote en sus sueños se ha enfrentado al gigante y lo ha destrozado, llevándose por delante los cueros de vino. La modernidad de este pasaje se vería, una vez más en el espíritu rebelde y justiciero, puesto al servicio de Micomicona, pero, como siempre, con un resultado contrario al esperado.

La ficción también opera en el cura y el barbero. Asumen papeles inventados para traerse a don Quijote a su casa; lo mismo le acontece a Dorotea, cuando toma el papel de la princesa Micomicona. La hija de la ventera calla y ríe cuando su madre se queja de los gastos de don Quijote. Está pensando también en la ficción, en este caso en los libros de caballerías. La realidad se ha perdido una vez más, para Sancho. Este vive la ficción del condado del que le habló don Quijote y le prometió Dorotea.

La última parte del capítulo corresponde al final de la novela “El Curioso Impertinente”. En el capítulo anterior dimos la lectura que de la misma realiza Antony van Beystervaldt. Para este profesor el tema de la novela es la manipulación.

Francisco Ayala la estudia desde el punto de vista psicoanalítico. La conducta de Anselmo en sus pretensiones de probar la fidelidad de su esposa es el resultado de su homosexualidad encubierta: “Lo que Anselmo pretende conseguir es la satisfacción vicaria a través de su mujer  (carne de su carne en virtud del matrimonio) para los turbios deseos que hasta entonces había mantenido larvados o, mejor dicho, sublimados en las formas nobles de la camaradería”







   




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