domingo, 25 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LVIII. DON QUIJOTE OPINA SOBRE LA LIBERTAD, ENJUICIA AL AMOR Y VIVE UNAS HORAS EN UNA FINGIDA ARCADIA




Cuando don Quijote se vio en el campo, libre ya de los requiebros de Altisidora, se dirigió a Sancho y le dijo: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. (…)las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo.

A este canto a la libertad, Sancho le contestó que había que agradecer los doscientos escudos que el mayordomo le dio, porque no siempre “hallaremos castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen”.

Iban cabalgando con estas conversaciones cuando vieron a unos hombres que en un prado descasaban y comían. Junto a ellos había unos bultos cubiertos de sábanas blancas. Con cortesía, Don Quijote les preguntó a los labradores por los bultos y contestaron que eran imágenes para el retablo de su pueblo. Para que don Quijote viera la importancia de las figuras, uno de los labradores les quitó el lienzo que las cubría. Todas las reconoció y le fue explicando a Sancho quiénes eran cada una de ellas: San Jorge, uno de los mejores caballeros andantes de la milicia divina; San Martín, dadivoso con los pobres. A esto último Sancho contestó que no lo debería ser tanto, pues “para dar y tener, seso es menester” hay que ser prudentes a la hora de entregar bienes); el patrón de las Españas, Santiago, valiente guerrero y azote de los moros " ...la espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas"; San Pablo, el mayor defensor de Iglesia: " Este -dijo don Quijote- fue el mayor enemigo que tuvo la Iglesia de Dios Nuestro Señor en su tiempo y el mayor defensor suyo que tendrá jamás: caballero andante por la vida y santo a pie quedo por la muerte, trabajador incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien sirvieron de escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase el mismo Jesucristo"

Don Quijote mandó que cubrieran las figuras y a continuación dijo que “ellos habían conquistado el cielo a fuerza de su brazos, porque el cielo padece fuerza, y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos”.

Don Quijote se despidió de los labradores; tanto éstos como Sancho admiraron los conocimientos de don Quijote. Continuó conversando con Sancho y le dijo: “esto que el vulgo suele llamar comúnmente agüeros, que no se fundan sobre natural razón alguna, del que es discreto  han de ser tenidos y juzgados por buenos acontecimientos (…) El discreto y cristiano no ha de andar en puntillos con lo que quiere hacer el cielo”. De lo anterior extrae don Quijote la conclusión de que el haberse encontrado con las imágenes era para él un buen suceso.

Sancho cambió de tema y dijo que se sorprendía de la desenvoltura que en el amor manifestaba Altisidora. Le contestó don Quijote que “el amor ni mira respetos ni guarda términos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que la muerte, que así acomete los altos alcázares de los reyes como las humildes chozas de los pastores, y cuando toma entera posesión de un alma, lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza”. Le dice Sancho que no entiende por qué Altisidora se enamoró de él, ya que tenía “más cosas para espantar que para enamorar”. Don Quijote le contestó “que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas esta partes caben y pueden estar en un hombre feo, y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y ventaja”.

Dialogando sobre el amor y la belleza entraron en un bosque y don Quijote fue enredado por unas finas redes de hilo verde. Le pareció que aquello era una nueva aventura, una venganza que los encantadores le habían hecho por haber sido tan riguroso con Altisidora. Pero no era eso, sino que unas hermosas pastoras habían puesto unas redes para cazar pajarillos. Estaban allí con unos familiares y amigos; habían instalado unas tiendas de campaña para pasar unos días en el ambiente pastoril de una nueva Arcadia y pensaban representar dos églogas: una de Garcilaso y otra de Camoes.

Las jóvenes le rogaron que fuera su huésped; tanto ellas como los que los acompañaban, gente principal y rica, conocían la historia del Caballero. Les volvieron a reiterar que les acompañase en la comida.  En atención a la petición se quedaron a comer. Terminada la comida dijo don Quijote: “Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno”. De acuerdo con lo anterior dice que las dos zagalas eran las más hermosas y corteses doncellas que había en el mundo, a excepción de Dulcinea. Quiso proclamarlo a los cuatro vientos y para ello se plantó a caballo en mitad del camino real, desafiando a todo aquel que no reconociese la belleza de las pastoras.

La alegría de don Quijote se vio truncada por una manada de toros que pasaban por allí. Los hombres que los conducían le dieron voces para que se apartara, pero rehusó hacerlo. Los toros pasaron derribándolo, no sólo a él, sino a Sancho, a Rocinante y al rucio. Se levantó como pudo y corriendo detrás de los toros les iba diciendo que se pararan, pues él no era de los que dicen: “al enemigo que huye, hacerle la puente de plata” (al contrario, en algunas ocasiones,  hay que facilitarle la huida).

Cansado se detuvo a esperar a Sancho, Rocinante y al rucio. Montaron como pudieron y, sin despedirse de la Arcadia, siguieron su camino.



Comentario



Básicamente cuatro temas integran el capítulo: a) La libertad; b) El mundo medieval; c) El amor; d) La nueva Arcadia

Antes de realizar el análisis de la libertad, expongo someramente el punto de vista de Anthony Close en Las interpretaciones del Quijote. La crítica de los libros clásicos se puede dividir en dos grandes grupos: a) La que explica el libro en función del dominio lingüístico del autor y de sus lectores contemporáneos; b) La que desde un punto de vista acomodaticio trata de adecuar el sentido del texto a la perspectiva mental del lector moderno . En esta última, el crítico de la obra se hace portavoz de los intereses del personaje. Este último punto de vista es el que sostiene el Premio Nobel, Vargas Llosa, en el artículo Una novela para el siglo XXI. El autor parte del concepto de libertad que enuncia don Quijote al principio del capítulo: “La libertad, Sancho,…Dice el nobel lo siguiente: “Detrás de la frase, y del personaje de ficción que la pronuncia, asoma la silueta de Miguel de Cervantes, que sabía muy bien de lo que hablaba. Los cinco años que pasó cautivo de los moros de Argel, (los cuatro intentos de evadirse), y las tres veces que estuvo en la cárcel en España por deudas y acusaciones de malos manejos cuando era inspector de contribuciones para la Armada debían de haber agudizado en él, como en pocos,  un apetito de libertad (…) que impregna de autenticidad aquella frase y da un particular sesgo libertario a la historia del Ingenioso Hidalgo.

¿Qué idea de la libertad se hace don Quijote? La misma que, a partir del siglo XVIII, se harán en Europa los llamados liberales: libertad es la soberanía de un individuo para decidir su vida sin presiones ni acondicionamientos, en exclusiva función de su inteligencia y de su voluntad. Es decir, lo que varios siglos más tarde, un Isaías Berlin definiría como “libertad negativa”, la de estar  libre de interferencias y coacciones para pensar, expresarse y actuar. Lo que anida en el corazón de esta idea de libertad es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder.

Don Quijote pronuncia su canto a la libertad, una vez que ha dejado el palacio de los duques, donde había sido tratado a cuerpo de rey por el señor del castillo, la encarnación misma del poder. Pero en los halagos y mimos de que fue objeto, el Ingeniosos Hidalgo percibió un invisible corsé que amenazaba y rebajaba su libertad “porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si (los regalos y abundancia que se volcaran sobre él) fueran míos”. El supuesto de esta afirmación es que el fundamento de la libertad es la propiedad privada, y que el verdadero gozo sólo es completo si, al gozar, una persona no se ve recortada su capacidad de iniciativa, su libertad de pensar y de actuar. Porque “las obligaciones de las recompensas y de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear el ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo”. No puede ser más claro: la libertad es individual y requiere un nivel mínimo de prosperidad para ser real. Porque quien es pobre y depende de la dádiva o la caridad para sobrevivir, nunca es totalmente libre”. (Vargas Llosa)

A continuación se encuentran con unos bultos que don Quijote mandó descubrir. Se trata de las cuatro imágenes que representan el mundo medieval. La vida de estos santos tiene un sentido, pues simbolizan la lucha contra la impureza, la caridad, la nación y la conversión. En su lucha, ellos conquistaban el cielo, “pero yo ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo”.  Unamuno en Vida de don Quijote y Sancho. Unamuno sostiene que lo que quiso decir don Quijote es que si tuviera el amor de Aldonza Lorenzo, Dulcinea, le abría mejorado el juicio, hubiera seguido siendo héroe, pero un héroe sin locura.
 Considero apreciable destacar la observación de Salvador de Madariaga en op.cit. pág. 91. "La sonrisa cervantina no es siempre señal de buen humor. A veces es grave; a veces, triste. !Qué secreta amargura destila la frase en que Don Quijote presenta a Sancho al Caballero S. Diego Matamoros (Santiago): "Patrón de las Españas a caballo, la espada ensangrentada...", Continúa diciendo Madariaga "¿cómo no ver el contrate evidente entre Santiago Matamoros y San Pablo"...Santiago todo sangre y matanza ; San Pablo, todo enseñanza y escuelas. El contraste entre las armas-crueldad y las letras-enseñanza que estos retratos de los dos caballeros andantes a lo divino revelan no ha podido ser cosa del mero descuido o azar.  La intención es clara."  

Aparece después la figura de Altisidora, que le sirve a Sancho para hablar de la fuerza del amor. Don Quijote expone su teoría sobre el amor honesto y el deshonesto.  El primero, cuando entra en el alma, “lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza.” Lo explicaría la desenvuelta Altisidora; el segundo es el que eleva el alma: se muestra en “el entendimiento, la honestidad… “

Después de pasar unas horas en la Arcadia, alusión a la región de Grecia y sede de la vida pastoril, se trunca la alegría de la libertad por el atropello de la manada de toros.

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