miércoles, 14 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LV. LA CAÍDA DE SANCHO EN LA SIMA




El haberse entretenido con Ricote le impidió a Sancho llegar aquella noche al palacio de los duques. Cuando se hizo de noche, en vez de continuar, se apartó para descansar, con tan mala fortuna que cayeron él y el rucio en una sima. Pensó que sería el final, pero cuando tocó suelo, comprobó que se encontraban bien los dos. Empezó Sancho a lamentarse comparando el estado en el que estuvo cuando era gobernador y el que tenía ahora, decía en su lamento “… cuán no pensados sucesos suelen suceder a cada paso a los que viven en este mundo miserable!. Compara su suerte con la de don Quijote cuando cayó en la Cueva de Montesinos y saca como conclusión las diferencias entre los dos. Don Quijote estuvo contento y satisfecho por las visiones que tuvo; él, triste y desolado por los sapos y culebras que verá. Le pide perdón al rucio por haberlo llevado hasta allí y le implora que ruegue a la fortuna que los saque de allí, prometiéndole que si eso ocurriera le pondría una corona de laurel en la cabeza y le daría los piensos doblados.

Daba voces en vano, pues nadie lo oía. Buscó en las alforjas del rucio y sacó un trozo de pan, se lo dio, diciéndole que lo tomara porque “los duelos con pan son buenos” (Sancho adapta el refrán “Los duelos con pan son menos”: cualquier cosa mala se supera con abundancia de bienes).

Se dio cuenta Sancho que en una de las paredes de la sima había un hueco por el que apenas cabía una persona. Se introdujo y fue a parar a una larga galería, por cuyo techo entraba un rayo de sol. Volvió y, con una piedra amplió el agujero y sacó al asno. Continuaba Sancho lamentándose de lo accidentado de la sima, temiendo que bajo sus pies se abriera otra y cayera en más profundidad, en otras ocasiones se consolaba diciéndose el refrán: “Bien vengas mal, si vienes solo” ( una desgracia no suele venir sola).

Don Quijote se estaba preparando en el campo para enfrentarse a Tosilos. En una de las carreras que le dio a Rocinante se aproximó a una cueva de la que salían los lamentos de Sancho, llamándose “desdichado desgobernado gobernador”. Don Quijote pronto lo identificó, pero creyó que estaba muerto y era su alma en pena la que pedía auxilio. Se ofreció a ayudarle porque lo mismo socorría “a los vivos que a los muertos”. Sancho reiteró que estaba vivo, que había dejado el gobierno de la ínsula y que anoche cayó en la sima en la que estaba.

Don Quijote fue al castillo de los duques, les contó lo que le había ocurrido con Sancho y se trajo unas cuerdas con las que los sacaron. Cuando salió, un estudiante que lo vio dijo que así deberían de salir del gobierno todos los malos gobernadores: como salía Sancho, muerto de hambre y sin dinero. Sancho que lo oyó, le replicó que en su gobierno en la ínsula ni había hecho cohechos ni cobrados derechos ( no había sacado ningún provecho de forma ilícita), que no se merecía salir así, pero que “el hombre pone y Dios dispone (el logro de las aspiraciones depende, a veces, de imponderables) y Dios sabe lo mejor y lo que está bien a cada uno, y cual el tiempo, tal el tiento (hay que adaptarse a las circunstancias y el momento) y nadie diga “de esta agua no beberé” (nadie diga que no hará lo que otra persona por mucho que lo critique), que adonde se piensa que hay tocinos, no hay estacas (las apariencias engañan). Don Quijote le dijo que no se enojara, que lo importante era vivir con la conciencia tranquila y que “es querer atar la lengua de los maldicientes lo mismo que querer poner puertas al campo” (es imposible ponerle límites a lo que no lo admite).

Llegaron al palacio de los duques y después de acomodar al rucio en la cuadra, se presentó diciéndoles “fui a gobernar vuestra ínsula Barataria , en la cual entré desnudo,  y desnudo me hallo: ni pierdo ni gano  (hay que conformarse cuando no se saca provecho de determinadas situaciones), que aunque había pasado hambre había administrado justicia, que cuando dejó la ínsula cayó en una sima de la cual había salido gracias a don Quijote y que en la ínsula había aprendido que no estaba hecho para el gobierno. Renunciaba a cualquier otra ínsula y se ponía al servicio de su señor don Quijote.

Los duques ordenaron a sus criados que atendiesen en todo al molido y peor parado Sancho Panza.

Comentario

El capítulo de la caída de Sancho en la sima ha sido considerado por la crítica desde los siguientes puntos de vista:

a)      Como lectura deconstructiva que Cervantes realizó del Romance de la Derrota de do Rodrigo y del Romance de la Penitencia. Esto es lo que encuentro en el trabajo de Pierrete Pellen Barde, en Sancho Panza en la sima: un avatar de la penitencia de Rodrig. El autor parte de la tesis de las diferencias que encuentra entre la pérdida de la ínsula por parte de Sancho y la pérdida de España y su posterior lamento por parte del Rey Rodrigo, en los romances del mismo nombre.  En el caso del romance de la penitencia del Rey Rodrigo, se trata de un rey vencido, que santificado por su pena y una muerte voluntaria, encuentra su liberación, poniéndose a disposición de Dios en el cielo. Por otra parte, Sancho, también destronado, ha caído en la sima y encuentra su liberación aferrándose a la vida y poniéndose a disposición de su señor don Quijote.  “El destronamiento carnavalesco de Sancho y el caos burlesco de su caída y de su salvamento le permiten a Cervantes expresar su vena cómica,- recordemos cómo se denomina así Sancho: “desdichado desgobernado gobernador”-.

En el tema de la Fortuna inconstante hay ecos de concomitancia en las palabras de Sancho cuando cae en la sima y los versos del Romance de la derrota:  ¿Quién dijera que el que ayer se vio entronizado gobernador de una ínsula, mandando a sus sirvientes y a sus vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima…?. El Romance de la derrota dice:  -Ayer era rey de España, / hoy no lo soy de una villa; /ayer villas y castillos, /hoy ninguno poseía; / ayer tenía criados/ y gente que me servía, / hoy no me queda una almena / que pueda decir que es mía//.

“Cervantes, a través de este desilusionado gobernador, ha rendido homenaje a uno de los más bellos ciclos del Romancero”  (Pierrette Pellen Barde)

b)      Desde un punto de vista existencial entendemos las lecciones que Sancho ha aprendido de su experiencia en la ínsula:

b.1 Se ha conocido a sí mismo y ha sabido que  no sirve para gobernador:  “el haber aprendido que no soy bueno para gobernar…y que las riquezas que se ganan en tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño”. Esto se lo dijo a Ricote en el capítulo anterior. Esta idea la vuelve a reiterar cuando le cuenta a los duques su experiencia de gobierno: no desea más ser gobernador, no ya de una ínsula, “sino de todo el mundo”.  

b. 2. La Fortuna es inconstante.
b.3. Que siempre va a haber gente que critique la labor de gobierno: pero lo importante es tener la conciencia tranquila, pues ha gobernado sin hacer cohecho

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