lunes, 5 de marzo de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LII. TERESA PANZA QUIERE IR A LA ÍNSULA Y SENTIRSE GOBERNADORA









Una vez que don Quijote se curó de los arañazos de los gatos, se sintió en la necesidad de continuar su vida de caballero andante y pensó decirles a los duques que próximamente saldría para Zaragoza a participar en unas justas que allí se hacían. Un día, estaba sentado a la mesa con sus anfitriones cuando se presentaron en la sala, llorando, dos mujeres, completamente enlutadas, pidiéndole ayuda. Se lamentaban con tal ahínco que los propios duques dudaban de que fuera una broma. Se descubrieron a petición de don Quijote y doña Rodríguez le pidió ayuda para reponer el honor de su hija que  había sido burlada por el joven y rico labrador que le había prometido matrimonio y no cumplía su palabra.  Le pedía que le hiciese justicia porque desconfiaba de que el duque la fuera a dar, pues eso sería pedir peras al olmo (pretender algo imposible). Con mucha gravedad le prometió a doña Rodríguez que así lo haría. Antes le había advertido a la hija que “le hubiera estado mejor no haber sido tan fácil en creer promesas de enamorados, las cuales por la mayor parte son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir”.

El duque le contestó que aceptaba el desafío en nombre del mozo y que le obligaría a que pelease allí, en el castillo, en un plazo de seis días. Mientras, por orden de la duquesa, doña Rodríguez y su hija, hasta que se hiciese justicia, recibirían el trato especial de señoras aventureras.

Estando en esto entró el paje con dos cartas de Teresa;  una para la duquesa, que decía “Carta para mi señora la duquesa tal de no sé dónde”; y la otra: “A mi marido Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria, que Dios prospere más años que a mí”. La duquesa, que “no se le cocía el pan”,(expresa la inquietud hasta conseguir lo que se desea),la leyó para sí y después en voz alta. Le decía que “en este pueblo todos tienen a mi marido por un porro, y que sacado de gobernar un hato de cabras, no pueden imaginar para qué gobierno pueda ser bueno”. Le suplicaba que le ordenara a su marido que le mandara dinero, porque pensaba ir a la corte y allí la vida está muy cara, ya que el pan vale a real y una libra de carne, treinta maravedís; que en la corte se sorprenderán cuando la vean con Sancho y “a Roma por todo” (el proverbio expresa el ánimo y la confianza con que se comienza una empresa difícil). Finalmente le dice que le manda medio celemín de las mejores bellotas que recogió en el monte, una a una.

En la carta a Sancho, lo llamaba como “Sancho mío de mi alma” y “hermano”. Le expresa la alegría que se llevó cuando recibió su carta, diciéndole que pensó que se iba a caer muerta, pues “así mata la alegría súbita como el dolor grande”. Le aseguraba que, de acuerdo con lo que su madre decía: “es menester vivir mucho para ver mucho”, no pararía hasta verlo “arrendador o alcabalero (recaudador de impuestos), que son oficios que aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros”. Le contaba algunos sucesos recientes del pueblo, que Sanchica hacía encaje y cada día echaba en la alcancía ocho maravedís para ayudarse en su ajuar, que la fuente de la plaza se secó porque le cayó un rayo, “y allí me las den todas”  (expresión proverbial, con el sentido de “y a mi me tiene sin cuidado, allá se las arreglen”)

Hubo júbilo con la lectura de las cartas. Después, el paje le entregó a la duquesa los dos regalos de Teresa: las bellotas y un queso mejor que los de Tronchón.  



Comentario

Entre los grandes méritos del Quijote está el haber introducido en la obra la verdad de lo que ocurre en la calle. Como explica Lázaro Carreter en  LA PROSA DE EL QUIJOTE, “cuando se asegura que éste funda la novela moderna, esto es esencialmente lo que quiere afirmarse: que Cervantes ha enseñado a acomodar el lenguaje a la realidad del mundo cotidiano”.

Los dos núcleos fundamentales del capítulo son las cartas de Teresa a la duquesa y a su marido Sancho Panza. Las cartas son un testimonio vivo de la lengua hablada por los campesinos en el siglo XVII en España. Elena Catena las estudia en: Un comentario de texto para estudiantes extranjeros: Carta de Teresa Panza a Sancho Panza, su marido. El comentario de textos. Ed. Castalia. Lo primero que destaca en la carta de Teresa es la espontaneidad con la que se expresa. Las causas que provocan las reacciones temperamentales son básicamente dos: la noticia de la propia carta y saber que Sancho es gobernador.

La sorpresa de la carta la exterioriza con expresiones tan emotivas como “no faltaron dos dedos para volverme loca de alegría…cuando yo llegué a oír que eres gobernador, me pensé allí caer muerta de puro gozo, que ya sabes tú que dicen que así mata la alegría súbita como el dolor grande”. También Sanchica, su hija, se conmociona de tal manera que “se le fueron las aguas (se orinó) sin sentirlo de puro contento”.

Teresa le manifiesta la duda que tuvo cuando le dijeron que era gobernador, porque “¿quién había de pensar que un pastor de cabras había de venir a ser gobernador de ínsulas?”, pero los regalos que le trajo el paje confirmaban lo que le decían.  Además de la certeza de los regalos, se lo confirma la propia cultura popular que ha vivido: “Ya sabes tú, amigo, que decía mi madre que era menester vivir mucho para ver mucho”.

Le expresa su deseo de ver a su marido administrando dinero porque podría contribuir a salir de la pobreza: no pienso parar hasta verte arrendador o alcabalero (arrendador de impuestos), que son oficios que aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros”. Con la expresión “en fin en fin”, da a entender que hay que comprender que algo de dinero le pueda quedar.

Apela a la duquesa para transmitirle el deseo que tiene de ir a la corte; lo hace con cierta “diplomacia conyugal”, dejándolo a su discreción: “mírate en ello y avísame de tu gusto, que yo procuraré honrarte en ella andando en coche”.

Teresa le cuenta cómo ha sido recibida la noticia de su nombramiento de gobernador en el pueblo: nadie se lo cree. Los que antes se han reído de Sancho y don Quijote son los burlados, y ella se ríe de ellos: “Yo no hago sino reírme y mirar mi sarta y dar traza del vestido que tengo de hacer del tuyo a nuestra hija”.

Después le hace una crónica de lo que ha ocurrido en el pueblo mientras ha estado ausente: la Berruca casó a su hija con un pintor de mala mano…que ya ha dejado el pincel y tomado la azada; el hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados…con intención de hacerse clérigo: súpolo la Minguilla …y hale puesto demanda de que la tiene dada palabra de casamiento. Sanchica hace encaje y “gana cada día tres maravedís. La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas” (no me importa nada).

Con la carta hemos visto la vida del pueblo en la novela, también las aspiraciones de una humilde campesina: marcharse a la ciudad

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