jueves, 2 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLV. LOS JUICIOS DEL JUEZ PANZA EN LA ÍNSULA BARATARIA







Empieza el capítulo el narrador pidiéndole al sol que lo alumbre en su ingenio para contar ordenadamente el gobierno de Sancho.

Éste, acompañado de su séquito llegó a un lugar cercado, de unos mil vecinos, llamado la ínsula Barataria. Los recibieron, con gran alegría, los insulanos acompañados del consejo municipal; lo llevaron a la iglesia para dar gracias a Dios, le entregaron las llaves del pueblo, lo nombraron gobernador perpetuo y posteriormente lo llevaron al juzgado.

Sentado en la silla, el mayordomo del duque le dijo que era costumbre preguntarle al gobernador unas preguntas para que los insulanos valoraran el ingenio de la respuesta. Un letrero en las paredes daba la bienvenida a don Sancho Panza. Sancho rechazó el don, alegando que en todo su linaje, nunca lo tuvieron.

Entraron dos hombres: un sastre y su cliente. Éste le había dado un trozo pequeño de paño para que le hiciera tantas caperuzas como pudiera. Le hizo cinco, pero eran inservibles por el tamaño. Se quejaba el sastre de que el cliente no le quería pagar el trabajo realizado. Sancho sentenció que el sastre se quedara sin sus honorarios y el cliente sin el paño, pues los dos habían actuado con malicia. Las caperuzas se deberían llevar a los presos de la cárcel.

A continuación entraron dos ancianos. Uno venía apoyado en un bastón de caña. El denunciante decía que le había prestado al otro, diez monedas de oro y no se las había devuelto. Se le pedía al juez que solucionara el problema. Sancho le pidió que jurara que había devuelto las monedas. Le dejó el prestatario al prestador el bastón de caña y juró que se las había devuelto.  Sancho sospechó la verdad; pidió la caña y la rompió. En su interior estaban los diez escudos que devolvió a su dueño.

Después entraron una mujer muy alterada y un ganadero. Denunciaba ella que él la había violado y pedía justicia. El respondió que venía de vender cuatro puercos, cuyo importe casi se lo habían llevado los impuestos; en el camino se encontró con ella y, después de haberle pagado, yogaron juntos. Lo traía ante el juez y lo denunciaba por violación. Sancho le dijo al ganadero que le diese a la mujer el dinero que llevaba encima. La mujer, con muchas zalemas, salió del juzgado. Después le dijo a él que fuese tras de ella y le quitase el dinero a la fuerza. Intentó, pero no pudo, por lo que volvieron los dos al juzgado. Le pidió Sancho la bolsa a la mujer y se la devolvió al hombre, diciéndole a ella que si hubiese defendido su cuerpo como defendió la bolsa, hubiera sido imposible hacerle lo que ella había contado.

El hombre le dio las gracias y todos admiraron el buen juicio y las sentencias de Sancho.



   Comentario



Entre las posibles lecturas del capítulo destaco las siguientes:

a)      Estilística. Se inicia el capítulo con un apóstrofe al sol, pidiéndole el autor que lo ilumine para narrar el gobierno de Sancho. El pasaje del amanecer está descrito con un tono humorístico en el que se mezcla la descripción mitológica hacha del mundo, con el vivo exabrupto realista o grotesco de el meneo dulce de las cantimploras.

Otro de los rasgos estilísticos que la crítica ha destacado es el perspectivismo lingüístico (Leo Spitzer). Cuando Sancho llega a su gobierno lo hace a “un lugar de hasta mil vecinos…Diéronle a entender que se llamaba “la ínsula Barataria”, o ya porque el lugar se llamaba “Baratario” o ya por el barato con que se le había dado el gobierno”. La ironía cervantina se manifiesta en presentarnos las cosas reflejadas a través de un  prisma. En el fragmento anterior nos ha dado dos explicaciones de la misma palabra: la del regalo y engaño (“el barato”) y la real o etimológica.

b)      El punto de vista esotérico. Así lo denomina Anthony Close, en Las interpretaciones del Quijote. “Pertenecen a este grupo los que sostenían que el Quijote era una sutil alegoría alusiva a la biografía del autor y la historia contemporánea. Uno de los autores que lee el Quijote como una representación cinematográfica del XVI es Tomás Carreras en Filosofía del Quijote”. Cuando analiza La conocimientos jurídicos de Cervantes dice lo siguiente: “Constituyen los casos expuestos, un archivo de candor, de ingenio, de travesura poética, pero no arguyen ningún conflicto serio de Derecho. Destejidos por los toscos personajes del Quijote, y rematados espontáneamente por el juez Panza serán siempre bellos: aquellos mismos casos atribuidos reflexivamente a Cervantes, empingorotados hasta la categoría de hombre de leyes, y encargados de interpretarlas, no pasarán de una solemne inocentada. Ni en broma es lícito hablar de la Jurispericia de Cervantes. Nótese que es tan pobres de recursos el Manco en su improvisada función jurispericial, que se limita a glosar por lo común unos cuentos populares.”

Cuando los analiza desde el ámbito del Derecho Procesal, sostiene que en estos juicios se constatan los siguientes caracteres:”un exceso de juez, que se patentiza en la iniciativa extraordinaria que se le otorga no ya para el ejercicio y apreciación de las pruebas, sino incluso para la aplicación de la pena, procedimientos judiciales sumarísimos, forma oral, instancia única y ejecución inmediata, todo lo cual redunda en falta de garantías” (José Antonio López Calleja. El Catoblepas. Filosofía del Quijote)

1 comentario:

  1. Enhorabuena por el blog, hoy he pasado un buen rato leyendo tus artículos y comentarios ¡Un saludo!

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