jueves, 9 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLVII. EL BANQUETE DE SANCHO







Del juzgado llevaron a Sancho al comedor de un palacio; se sentó en la única silla que había en la mesa, llena de frutas y diversos manjares. Delante de él, que tenía mucha hambre, fueron desfilando suculentos platos de comida sin poderlos probar  porque el médico que velaba por su salud, los mandaba retirar. Lo único que le autorizó fueron unos barquillos finos y “unas tajadicas sutiles de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión”. No pudo aguantar tanta impertinencia y mandó echar de la sala al doctor Pedro Recio de Agúero, natural de Tirteafuera, llamado por Sancho Pedro Recio de Mal Agüero; a continuación ordenó que le diesen de comer o se tomaran su gobierno, “que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas”.

Se marchaba Pedro Recio cuando apareció un correo con una carta del duque. Éste le avisaba que tomase precauciones porque había espías en la ínsula y se preparaba un ataque que tenía como objetivo acabar con su vida También le decía que tuviese cuidado con la comida, pues podía estar envenenada. Sancho se quedó perplejo. El maestresala le recomendó que no comiera de aquellos platos porque los habían traído unas monjas y, como suele decirse, “detrás de la cruz está el diablo”  (Detrás de lo que aparenta ser bueno puede ocultarse algo malo). A Sancho no le convenció lo que dijo el maestresala, contestándole que necesitaba comer, porque “tripas llevan corazón, que no corazón tripas” (Es una variante del refrán “tripas llevan pies, que no pies a tripas (es necesario alimentarse para tener buen ánimo)). Como estaba hambriento pidió que le trajeran pan y uvas. Lo interrumpió en su comida un labrador que pedía audiencia. Dando muchos rodeos le presentó su problema: su hijo, un joven endemoniado y epiléptico se quería casar con Clara Perlerina, una grotesca figura, enferma de perlesía. Le pedía que intercediese ante su consuegro, una persona pudiente, para que permitiera el casamiento. También solicitaba una pensión de seiscientos ducados para la dote de su hijo.

Sancho, cogiendo la silla en la que estaba sentado, amenazó con lanzársela a la cabeza si no se retiraba de su presencia.

El narrador, después de decir refrán “ándese la paz en el corro”, (se aplica a aquellas reuniones o corros en que hay disputas o riña) prometió que volvería a contar cosas de la historia de don Quijote.



Comentario: Dos interpretaciones, entre otras, tiene este capítulo:


a) Una de las líneas poéticas más importante del Renacimiento español fue la que practicó Fray Luis de León en la famosa oda a la Vida Solitaria, inspirada en el tópico del Beatus ille Horaciano o “Dichoso aquel que lejos de los negocios”… También en este capítulo, envuelto en el humorismo con que Cervantes quería que se leyese su obra, encuentro una alusión a la intranquilidad que produce el poder cuando no se puede disfrutar de los bienes materiales que conlleva.

Sancho fue recibido con todo el fausto propio del cargo que ostentaba. Lo llevan a un “suntuoso palacio”, lo sientan en una mensa llena de manjares y lo torturan presentándole exquisitas comidas que en vez de satisfacer su apetito le aumentan el hambre.

La ironía cervantina se centra también en los médicos: el doctor Pedro Recio de Agüero, natural de Tirteafuera,  atormenta con su tratamiento tanto a Sancho, que lo despide llamándolo Pedro Recio de Mal Agüero.

La carta que recibe del Duque le sirve para aumentarle las preocupaciones, pues se avecinan tiempos de guerra y, además, tiene que tener cuidado con la comida, pues lo pueden envenenar. Cuando se ha decidido a comer solamente pan y uvas, llega el labrador de Miguel Turra a explicarle su problema y a pedirle dinero. Sancho, ni ha comido ni ha podido descansar.

Su experiencia de gobierno es negativa. El mito de que el poder da la felicidad ha caído destrozado. La oda de Fray Luis antes mencionada, ya lo anunciaba: ¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal rüido, / y sigue la escondida / senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido; / que no le enturbie el pecho / de los soberbios grandes el estado, / ni del dorado techo / se admira, fabricado / del sabio moro, en jaspes sus tentado! //.

Una vez más, la ironía prismática de Cervantes le hace vivir a Sancho la realidad del gobierno que muchos desconocen.

b) El tópico del mundo al revés, es decir, ver la realidad invertida cuando las personas no cumplen la función que la naturaleza o la sociedad les ha asignado, era ya patente en la Literatura de la época. Este hecho se reflejaba especialmente en las fiestas de carnaval. Desde este punto de vista analiza los capítulo de la ínsula Agustín Redondo en Tradición carnavalesca y creación literaria: del personaje de Sancho Panza al episodio de la ínsula Barataria en el Quijote. El autor defiende la tesis de que tanto don Quijote como Sancho representan dos figura que entroncan con la tradición del carnaval en España. Sancho, en la ínsula, respondería al tópico del mundo al revés:un personaje tosco es nombrado gobernador. En el palacio se le presentan abundantes  manjares para satisfacer su voracidad, que se ve frustrada. "Lo que más le apetece es una olla podrida, plato sustancioso, típico de Carnestolendas". 
"Hasta el famoso combate simbólico entre el Carnaval y la Cuaresma aparece muy a las claras desde el momento en que el gobernador se prepara a comer, lo que no puede hacer por impedírselo el doctor Pedro Recio de Agüero, natrural de Tierteafuera 

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