miércoles, 8 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLVI. CONSEJOS A ALTISIDORA SOBRE LA HONESTIDAD Y EL MATRIMONIO






Don Quijote había pasado la noche desvelado porque las palabras de Altisidora habían actuado “como pulgas”, pero “como es ligero el tiempo y no hay barranco que le detenga”, llegó la mañana, se vistió solemnemente y, con gran gravedad, salió a la antesala en la que lo esperaban los duques. Al pasar por la galería se encontró con Altisidora y su amiga Emerencia. La primera fingió desmayarse y al acercarse don Quijote la otra lo llamó desagradecido. Don Quijote le pidió un laúd para desengañar a la joven enamorada aquella noche, pues “en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados”. Tras lo cual se marchó rápidamente para que no lo viesen hablando con la doncella.

Las jóvenes informaron a la duquesa de la petición de don Quijote; los duques concertaron para esa noche una nueva burla. La duquesa despachó a un paje para que le llevase a Sancho sus cartas y alguna ropa.

Cuando don Quijote entró a acostarse encontró en el dormitorio una vihuela y, templándola le cantó a Altisidora el siguiente romance que le había compuesto:   “Suelen las fuerzas de amor / sacar de quicio a las almas, / tomando por instrumento / la ociosidad descuidada. //

Suele el coser y el labrar / y el estar siempre ocupada / ser antídoto al veneno / de las amorosas ansias. //

Las doncellas recogidas / que aspiran a ser casadas, /  la honestidad es la dote / y la voz de sus alabanzas.//

Los andantes caballeros / y los que en la corte andan / requiébranse con las libres, / con las honestas se casan.//

Hay amores de levante, /que entre huéspedes se tratan, / que llegan presto al poniente, / porque en el partir se acaban.// (Para algunos transeúntes (huéspedes), el amor es como la salida y puesta  del sol).

El amor recién venido, / que hoy llegó y se va mañana, / las imágenes no deja / bien impresas en el alma//.

La firmeza en los amantes / es la parte más preciada, / por quién hace amor milagros/  y a sí mismo los levanta. //

Cuando don Quijote terminó de cantar descolgaron desde una ventana encima de su dormitorio una cuerda que llevaba atados más de cien cencerros. Al final de la cuerda, un saco lleno de gatos con cencerros atados a las colas. Algunos gatos entraron en su dormitorio y, en sus carreras,  apagaron las velas; los maullidos de los gatos y el ruido de los cencerros le hicieron creer a don Quijote que habían llegado sus enemigos encantadores; sacó la espada y comenzó a dar reveses a diestro y siniestro; uno de los gatos le saltó a la cara y le dejó “acribado el rostro” (como una criba o un colador). Los duques entraron para ayudarle. Altisidora le curó las heridas y, con voz baja, le dijo que lo que le había ocurrido era por su dureza con ella; que, mientras ella viviese,  ojalá Dulcinea se mantenga encantada y no la pueda gozar, porque lo adoraba.



No le contestó don Quijote, solamente suspiró y se recostó en su lecho: tuvo que guardar cama durante cinco días.



Comentario

Posibles interpretaciones:

a)      Existencial

El amor puede dar lugar a un insatisfecho estado de paz espiritual: ¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!, nos decía Garcilaso. Esta situación afectiva fue, mutatis mutandis, la que sufrió don Quijote cuando oyó la parodia amorosa que representó Altisidora en el capítulo anterior, porque la razón le decía que su amor era para otra persona: Dulcinea. Lo dijo anteriormente: “Llore o cante Altisidora, desespérese Madama, por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado, que yo tengo que ser de Dulcinea cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la Tierrra”. Se lo reitera más adelante en sus consejos: “La firmeza en los amantes  / es la parte más preciada, / por quien hace amor milagros / y a sí mismo los levanta /.

Su experiencia amorosa anterior la había tenido en la venta de Juan Palomeque, el Zurdo, en I,16. Don Quijote soñaba en el camaranchón con la hija del ventero, pero en vez de ésta cayó en sus brazos Maritornes, y las consecuencias fueron desastrosas porque fue “aporreado”. Tales golpes se le quedarían gravados como nos recordó en el capítulo anterior: “Llore o cante Altisidora, desespérase Madama, por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado, que yo tengo de ser de Dulcinea, cocido o asado, , limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra”.

Era amigo de dar consejos sobre el amor y la honestidad: “La mujer hermosa y honrada cuyo marido es pobre merece ser coronada con laureles..”, les decía  a Basilio y Quiteria, después de las Bodas de Camacho. Honestidad que vuelve a resaltar en los consejos a Altisidora: “Las doncellas recogidas / que aspiran a ser casadas, la honestidad es la dote / y voz de sus alabanzas.//.

Lamentablemente, sus consejos lo único que consiguen es “irritar la feminidad social”, como dice Casalduero. Los gatos le llenan la cara de arañazos y la misma Altisidora lo cura, mientras le dice al oído: “Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios se le olvide a Sancho, tu escudero, el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro”. ¡Pobre don Quijote, el amor, un valor absoluto para ti, es utilizado como burla por otros!. Cierto relativismo encuentro en este capítulo

b)      Desde el punto de vista de la filosofía realista

Las personas nos movemos por aquello que nos es beneficioso. A veces ni siquiera reparamos en las consecuencias que tendrán nuestras acciones. Los duques se habían propuesto pasárselo lo mejor posible a costa de don Quijote y para nada consideraron los medios. Le dicen a Altisidora que parodie sus escenas de amor, sin importarle cómo las sentirá don Quijote: éste es un mero instrumento en sus manos.




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