martes, 31 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE. LOS ENCANTADORES. LA POBREZA. LA ENAMORADA ALTISIDORA






Cide Hamete justificó la inclusión de las novelas El curioso impertinente y El capitán cautivo en la primera parte por el tedio que suponía hablar siempre de don Quijote y Sancho; muchos, llevados por las hazañas de don Quijote, no les han concedido la importancia que por sí solas tienen. En esta segunda parte no ha querido intercalar ninguna novela, sino algún episodio que lo parezca y siempre relacionado con el tema de la obra.

Sancho salió aquella tarde, acompañado de su séquito, a gobernar su ínsula.  Notó que tanto el rostro como la voz del mayordomo que lo acompañaba, se parecían a la Dolorida. Se lo dijo a don Quijote, y éste respondió que no sabía lo que quería decir con que “el rostro de la Dolorida es el del mayordomo; pero no por eso el mayordomo es la Dolorida, que a serlo implicaría contradicción…es menester rogar a Nuestro Señor nos libre a los dos de malos hechiceros y de malos encantadores”. Sancho se despidió de los duques; les besó las manos y, don Quijote con lágrimas en los ojos le dio su bendición.

Se quedó don Quijote entristecido cuando se marchó Sancho. La condesa le ofreció, como consuelo, cuatro de sus doncellas más hermosas  para que lo atendieran, pero él rehusó tal atención porque quería poner una barrera entre sus deseos y su honestidad. Aceptó la duquesa la voluntad de don Quijote, le admiró su honesta virtud y le deseó que Sancho cumpliera su promesa de azotarse para que el mundo pudiera volver a ver la hermosura de Dulcinea.

Después de cenar don Quijote con los duques se recluyó en su cuarto. Cuando se desnudaba, al descalzarse se le rompió una media. No tenía hilo para remendarlas y se sintió humillado. Cide Hamete, reflexiona sobre la pobreza. Dice que no entiende por qué el poeta cordobés (Juan de Mena) la llama “dádiva santa desagradecida”. La increpa y le pregunta “¿por qué quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos más que con la otra gente”. Añadió: “Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos”. ¡Miserable de aquel, digo, que tiene la honra espantadiza y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato…!

Aquella noche hacía calor y don Quijote no podía dormir; abrió un poco la ventana y oyó que una de las jóvenes, Altisidora, le confesaba a otra, Emerencia, la pasión que le había despertado don Quijote. Ésta la animó a que se desahogase cantando con el arpa su amor al caballero. Le contestó que se esforzaba en hacerlo porque deseaba seguir el refrán que dice “más vale vergüenza en cara que mancilla en el corazón” ( es preferible la verdad a los remordimientos que resultan de no decirla). A continuación oyó don Quijote el sonido de un arpa que le trajo a la memoria las historias que se oían en los libros de caballerías. Supuso que alguna de las doncellas de la duquesa se había enamorado de él.  Para que se dieran cuenta de que estaba despierto, don Quijote tosió. Altisidora al darse cuenta de que don Quijote la oía entonó con tonos burlescos un romance en el que le declaraba su amor y se hacía su esclava.

Oído el romance se lamentó don Quijote de cómo era perseguido por todas doncellas que se encontraba; pero él siempre lo rehusaría porque se sentía únicamente de Dulcinea, “cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra”.



Comentario



El capítulo lo podemos analizar, entre otros, desde los siguientes puntos de vista:

a)      Desde el realismo filosófico. En el inicio del capítulo, cuando Sancho se dirige a la ínsula, se da cuenta de que el mayordomo que lo acompaña es el que realizó el papel de la Dolorida y se lo dice a don Quijote.  “Miró don Quijote atentamente al mayordomo, y habiéndole mirado, dijo a Sancho: No hay para qué te lleve el diablo, Sancho…que el rostro de la Dolorida es el del mayordomo; pero no por eso el mayordomo es la Dolorida, que a serlo implicaría contradicción muy grande, y no es tiempo de hacer ahora estas averiguaciones, que sería entrarnos en intrincados laberintos. Créeme, amigo, que es menester rogar a nuestro Señor de veras que nos libre de malos hechiceros y de malos encantadores”.

Es evidente que la verdad se ha distorsionado por obra del duque, que es el encantador. Su interés en enmascarar la realidad es porque quiere reírse de don Quijote. La conducta de las personas se puede dirigir a descubrir la realidad o a oponerse a ella porque no le interesa presentarla como es: este es uno de loa juicios que se extrae de la lectura de la obra.

b)      Desde la propia coherencia de la novela,  en torno a la pobreza del hidalgo como lo realiza Casalduero.  En el capítulo II de esta segunda parte, cuando Sancho visita a don Quijote, éste le pregunta por lo que se dice de él en el pueblo.  Aquel le responde: “Los hidalgos dicen que…se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra, y con un trapo a tras y otro delante. Dicen los caballeros que no querrían que los hidalgos se opusiesen a ellos especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde” . “En este capítulo vemos que don Quijote se ha roto las medias verdes –el color del hilo se ha convertido en el de las medias-, y se las hubiera zurcido “aunque fuera con seda de otro color, que es una de las mayores señales de miserias que un hidalgo puede dar en el discurso de su propia estrechez”.

b.1) La pobreza social vista a través del hidalgo pobre creado por el autor del Lazarillo: “Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa  que le obligue a limpiárselos”.

b.2) La estrechez material que sufrió Cervantes:”¡Miserable de aquel que tiene la honra espantadiza y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato…”.

c) La ingenuidad de don Quijote y la comicidad de Altisidora






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