jueves, 23 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XLIX. EL PROGRAMA DE GOBIERNO DEL GOBERNADOR SANCHO PANZA







Sancho se sentía triste por la propuesta que el socarrón labrador le había hecho. No obstante, a pesar de que todo eran problemas, sabía hacerles frente.

A todos los que con él estaban les dijo: “Ahora verdaderamente entiendo que los jueces y gobernadores deben de ser o han de ser de bronce para no sentir las importunidades de los negociantes…Negociante necio, negociante mentecato, no te apresures: espera sazón y coyuntura para negociar.  Dirigiéndose al doctor Pedro Recio de Tirteafuera, le dijo que  sus recetas más quitaban la vida que la daba, pues el ayuno al que lo sometía no era bueno para su naturaleza. El médico se hizo eco de las quejas de Sancho y aquella noche le permitió que cenara un salpicón de vaca con cebolla y unas manos cocidas de ternera.  Después de cenar, le pidió Sancho al médico que le procurase dar comidas sencillas, nada de manjares exquisitos, sino ollas podridas (“la que además de la carne, tocino y legumbres, tiene en abundancia jamón, aves y embutidos”). Para que todo funcione bien les dice Sancho que no se burlaran de él: vivamos todos y comamos en buena paz y compañía, pues cuando Dios amanece, para todos amanece. Yo gobernaré esta ínsula sin perdonar derecho ni llevar cohecho (ni admitir soborno. Alude al refrán “Ni hagas cohecho, ni pierdas derecho”)  y todo el mundo traiga el ojo alerta y mire por el virote (mire por lo suyo), porque les hago saber que el diablo está en Cantillana (está en todas partes. Alude al refrán “El diablo está en Cantillana, urdiendo la tela y tramando la lana”). No, sino haceos miel, y comeros han las moscas  (“sed blandos y abusarán de vosotros”).

El maestresala habló en nombre de los insulanos para decirle que tenía razón en lo que decía y que todos en la ínsula colaborarían con él. Sancho le contesta que es hora de salir a rondar porque quiere mantener la ínsula limpia de holgazanes, ya que “la gente baldía y perezosa es en la república lo mismo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen”. Antes de salir les expuso su plan de gobierno: “Pienso favorecer a los labradores, guardar las preminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos y, sobre todo tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos”

Cuando salían oyeron la riña de dos hombres. Sancho y la comitiva que lo acompañaba se acercaron; les preguntó que por qué se peleaban. Uno de ellos dijo que el otro, con jugadas dudosas, había ganado dinero en una casa de juego, pero a él, estando como mirón,  que las había apoyado, le quería dar una propina despreciable. Le pedía una parte mayor. Sancho le preguntó al jugador que si eso era verdad. Este le contestó que sí, pero que eran muchas las veces que se las había dado y “los que esperan barato han de ser comedidos y tomar con rostro alegre lo que les dieren”. El mayordomo le preguntó qué se debía de hacer. Sancho le mandó al jugador que le diera cien reales al mirón y, treinta para los pobres de la cárcel. El mirón, por no tener oficio ni beneficio, debía de salir al día siguiente de la ínsula; el jugador se marchó a su casa.

Les comentaba Sancho a los acompañantes su deseo de cerrar todas las casas de juego cuando un corchete le trajo a un joven. Sancho lo interrogó, pero a todas las preguntas contestaba con mucha ironía. Se sintió molesto por las respuestas y decidió que dormiría en la cárcel, pero el joven mostró gran viveza y le contestó que no dormiría por muchas cadenas y grilletes que le pusieran. Sancho reconsideró su mandato y ordenó que lo dejasen en libertad, tras advertirle que no volviese a burlarse de la justicia.

Dos corchetes le trajeron a una joven vestida de hombre. Era hija de Diego de la Llana, un hidalgo principal del pueblo. Les dijo la joven que su padre, desde que falleció su madre, hace diez años, la había tenido encerrada en su casa.; pero no podía contener por más tiempo sus deseos de ver mundo y había decidido aquella noche, vestirse de muchacho y salir con su hermano, disfrazado de doncella, a recorrer las calles de la ciudad. Otro corchete llegó con su hermano; Sancho comprobó que lo que la joven decía era verdad. Los llevaron a su casa y Sancho les dijo que “de aquí adelante no se muestren tan niños, ni tan deseosos de ver mundo, que la doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa, y la mujer y la gallina, por andar se pierden aína, y la que es deseosa de ver, también tiene deseos de ser vista”. (Refranes que advierten de los riesgos a que se exponen las mujeres por no recogerse en su casa).

El maestresala se enamoró de la joven y decidió ir a pedirla al día siguiente. Sancho barruntaba que el hermano sería bueno para Sanchica.

Comentario

Entre las posibles lecturas de este capítulo destaco las siguientes:

a)      La que realiza Luis R. Corteguera en Sancho quiere una ínsula: Cervantes y la política de los labradores gobernantes. La tesis que se defiende en el artículo, muy convincente, es que con el modelo de gobierno que Sancho realiza, Cervantes quiere  que el lector se fije en el modelo del buen gobernante. Sus premisas son: 1. Existe desde la antigüedad la opinión, cuyos sus precedentes se encuentran en Platón, de que la sociedad debe ser gobernada por los más formados intelectualmente; el vulgo y los iletrados no estaban capacitados para ser gobernantes. Esta opinión era sostenida entre otros por pensadores como el español Jerónimo Castillo de Bobadilla, quien en Política para corregidores y señores de vasallos, 1597, sostenía que “el arte de gobernar las ciudades y repúblicas es ciencia real, que pertenece a reyes”. Juan de Castilla y Aguayo, en El perfecto regidor, 1586, defendía que aquel que aspirara a ser un buen regidor debería tener una educación universitaria. 2. Cervantes vivió una época en la que la “vieja idea de que gobernar es juzgar” se enfrentaba a la nueva de “gobernar es administrar”. Esta última enlaza con los principios de La Razón de Estado. Los que propugnaban esta forma de gobernar, consideraban que las decisiones del Estado están por encima de cuestiones morales y éticas. Pues debe prevalecer el statu quo que asegura el predomino del poder administrativo, frente a consideraciones morales y juiciosas o de sentido común.   Para estos pensadores, en la España del XVI y XVII, con conflictos políticos y religiosos, se imponía esta forma de gobernar. Otros sostenían que la forma de gobernar debe estar regida por principios éticos y religiosos. Tal es el caso del jesuita Pedro de Ribadeneira, quien en 1595, en el Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus estados condena la Razón de Estado y le da la primacía a la religión y a las preocupaciones morales.

“Cervantes estaba claramente de lado de quienes defendían la vieja noción de la naturaleza ética del gobierno”  (Luis R. Corteguera). De lo anterior se infiere el programa de gobierno de Sancho: “Pienso favorecer a los labradores, guardar las preminencias a los hidalgos, premiar a los virtuosos y, sobre todo respeto a la religión y a la honra de los religiosos.



b)      Otra lectura consiste en ver el capítulo como una manifestación más del deseo de Cervantes de exponer consideraciones sociales de la época. A finales del XVI y principios del XVII, había muchos problemas económicos en España debido al auge y decadencia de la economía influida por el oro de las indias. En el declive económico, con una fuerte inflación, se forman muchos labradores ricos y también aparecen muchos pobres que aspiran a poder comer como lo hacen los ricos. Sancho sería en este caso un ejemplo de este tipo de pobre labrador, maltratado por el doctor Pedro Recio de Tirteafuera (Pierre Vilar: El tiempo del "Quijote") .  En la ronda se ha encontrado con el jugador y el mirón, con el joven ingenioso y con la doncella que se viste de hombre porque quiere ver mundo. El primero y el último caso ponen de manifiesto cuestiones sociales de la época. Al mirón, sin oficio ni beneficio, le ordena que se marche de la ínsula, al jugador, que reparta parte de su dinero y, sobre las casas de juego, se cuestiona su cierre. El caso del joven ingenioso pone de manifiesto, una vez más, la técnica del humor cervantino en el libro, en este caso con los tipos de respuesta que da el joven; consisten en, de una manera rápida, contratacar a las preguntas que le hace el juez. Por último, el caso de la joven doncella, con su rocambolesca historia de aislamiento, nos presenta “el impulso femenino del deseo”, (Casalduero) tratado por Sancho como una cuestión de “rapacería”, situándolo todo en la España de los Felipes, frente a la del primer Renacimiento del XVI.  


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