lunes, 27 de febrero de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO L. EL PAJE, CON TERESA Y SANCHICA, EN EL PUEBLO DE DON QUIJOTE,








La duquesa se enteró de que doña Rodríguez fue a visitar a don Quijote en su dormitorio, según Cide Hamete, porque otra dueña, que la vio, haciendo uso de las costumbres de éstas, chismotear sobre lo que ocurre, se lo dijo; la duquesa, junto con Altisidora, al percatarse de que estaban hablando mal de ellas entraron y, llenas de cólera, los maltrataron a don Quijote y a la dueña doña Rodríguez, como ya se dijo, porque “las afrentas que van derechas contra la hermosura y presunción de las mujeres despierta en ellas en gran manera la ira y encienden el deseo de vengarse”.

Quería la duquesa seguir con la burla y mandó al paje que había hecho de Dulcinea (II, 35) que le llevase a Teresa Panza una carta y unos regalos: una sarta de corales y el traje de paño finísimo que Sancho llevó el día de la cacería.  El paje recibió el encargo con ilusión. Se dirigió al pueblo de Sancho Panza; y, por casualidad, se encontró con Sanchica, la hija de Sancho, que se encontraba lavando ropa en un arroyo de las afueras del pueblo. El paje le pidió que lo acompañara y la joven, tal y como se encontraba, de un salto se colocó delante del caballo y lo condujo a su casa. Llamó a su madre y salió  a medio vestir. El paje, al verla, se arrojó del caballo y se puso a los pies de Teresa, llamándola “dignísima señora de un tal archidignísimo gobernador”. Teresa le pidió que no la llamase así, pues era hija de un pobre agricultor destripaterrones. El paje le entregó la carta de Sancho y tuvo que leérsela porque ella no sabía.

Elogiaba la duquesa la persona y la forma  de gobernar de Sancho, especialmente porque “con dificultad se halla un buen gobernador en el mundo”. Le dice que le manda una sarta de corales, que hubiera deseado que fuera de perlas, y le argumenta con el refrán:  “quien te da el hueso no te quería ver muerta” ( quien te da algo manifiesta su aprecio por ti). Le pide que tenga la bondad de mandarle dos docenas de bellotas y le dice que si necesita algo que se lo pida, despidiéndose como su amiga, La Duquesa.

Teresa y Sanchica encomiaron la sencillez de la duquesa, frente a las hidalgas del lugar, que miraban como inferiores a las labradoras. Le dijo Teresa a su hija que atendiese muy bien al paje, ofreciéndole la comida que tenían: huevos y tocino, mientras ella iba a darle la noticia al cura y al barbero. Se puso Teresa la sarta en el cuello y cogió las cartas; en la calle se encontró con el cura y Sansón Carrasco; se las enseñó y presumió de gobernadora.

Leyeron la carta y se sorprendieron de la petición de las bellotas que hacía la duquesa. Con intención de conocer la verdad fueron con Teresa a su casa para hablar con el paje.  Por las respuestas lo notaron socarrón, pero los regalos de los corales y la finura del traje de caza, deshacían las sospechas.

La madre y la hija se sentían orgullosas de su ascenso social de Sancho y se reían de la envidia que provocarían entre los murmuradores del pueblo, pero Sanchica se satisfacía con el proverbio ándeme yo caliente, y ríase la gente!, (se hizo célebre por la letrilla de Góngora). Teresa se acordaba de que en situaciones como éstas se debían aplicar los refranes que le había oído decir a Sancho: “cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla: cuando te dieren un gobierno, cógele; cuando te dieren un condado, agárrale; y cuando te hicieren tus, tus, con alguna buena dádiva, envásala (cuando te llamen para darte un buen regalo, cógelo; tus, tus, es una forma de llamar a los perros). Sanchica añadió que no le importaba nada que la trataran de fantasiosa, aludiendo al refrán “Viose el perro en bragas de cerro… (el refrán continúa así:” …y no conoció a sus compañeros”, y se refiere a quienes ascienden socialmente y desprecian a quienes fueron sus iguales).

Tanto el cura como el bachiller le dijeron al paje que se negaban a creer que Sancho estuviese de gobernador; el paje los invitó a que lo acompañaran para comprobarlo. Desistieron de ello; Sanchica quiso regresar con él, pero su madre intervino para decirle que no era el momento, pues había que seguir el refrán de “tal el tiempo, tal el tiento” (cada momento pide un comportamiento adecuado).

Pidió el paje de comer, pues regresaba aquella tarde, y el cura lo invitó a que lo acompañara a su casa, pues la pobre Teresa, según el cura, tendría más voluntad que comida en la despensa.  Consciente de la situación, el paje lo acompañó. Teresa recurrió a un monaguillo que sabía escribir para contestar a la carta de su marido y a la de la duquesa.



Comentario

Hemos dejado la ínsula y el palacio de los duques para entrar en el pueblo de Sancho y don Quijote. Nos enteramos de que fueron la duquesa y Altisidora las que vapulearon a doña Rodríguez y a don Quijote porque la dueña se fue de la lengua y había hecho público las úlceras de sus piernas, identificándolas con las fuentes de los jardines del palacio real de Aranjuez. (La metáfora  es otra de las características del humor cervantino).

La duquesa, para seguir con la burla, le encargó al paje que hizo de Dulcinea en el desfile del capítulo XXXV que fuese al pueblo de don Quijote y Sancho y le entregase a Teresa una carta, en las que se elogiaban los méritos de Sancho como gobernador y se le enviaba un regalo. En la actualidad son varios los críticos que interpretan el gobierno de Sancho en la ínsula a partir de las ideas de Bajtin en La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Este es el caso de Daniel Clemente de Pecio en Sancho Panza o el restaurador paródico. Parte el autor de la tesis de Bajtin: la parodia representa una imitación burlesca de los valores y de la lógica del poder de la época. En este sentido, Sancho, un hombre inculto, representante del pueblo iletrado, gobierna con gran acierto. Lo habían puesto de gobernador en la ínsula y se sorprenden por sus aciertos, tanto los duques como sus vasallos. Se ha quebrado la lógica del poder, que mandaba que Sancho, debido a su incultura, hiciese el ridículo. Sancho sabe gobernar por dos razones: a) Sancho gobierna con un sentido cristiano: “si Dios me ayuda, y yo hago lo que debo con buena intención, sin duda que gobernaré mejor que un gerifalte” (II, XXXIV); b) Su racionalidad se nutre del pensamiento popular: los refranes. El cura, cuando ha oído los que Teresa le ha dicho al paje comenta: -“Yo no puedo creer sino que todos los de este linaje de los Panzas nacieron cada uno con un costal de refranes en el cuerpo”.

Por otra parte, el capítulo nos presenta caracteres sociales de la época, a través de los comentarios de Teresa sobre el comportamiento de las hidalgas de su pueblo con las labradoras.

Todo el capítulo me suena a verdad, especialmente la vida que se atisba en el pueblo de don Quijote


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