domingo, 1 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE.CAPÍTULO XXXVII. COLOQUIO SOBRE LAS DUEÑAS



Estaban contentos los duques porque todas las burlas estaban saliendo como estaba previsto. Sancho recelaba de la presencia de dueñas porque, como decía un boticario de Toledo, no traían nada bueno; si además de enfadosas e impertinentes, eran doloridas como la condesa “Tres Faldas o Tres Colas”, tanto peor.  Don Quijote le corrigió, argumentándole que ésta era diferente, pues era condesa que servía de dueña a alguna reina o emperatriz, por lo tanto, tendrá otra dueña que le sirva a ella y, además, venía de tierras lejanas.

 Doña Rodríguez, que estaba en la conversación, le advirtió a Sancho que no hablara mal de  las dueñas, porque si ellas pudieran serían condesas, pero al final se impone el refrán: “allá van leyes do quieren reyes” (Los poderosos acomodan las leyes a sus intereses).  Le avisa también que tenga cuidado y no le vaya a ocurrir como dice el refrán: “quien a nosotras trasquiló, las tijeras le quedaron en la mano” (Quien ha perjudicado a alguien, puede causar daños a otros). Sancho se daba cuenta de que empezar a volver a discutir con doña Rodríguez no le interesaba, y contestó: “será mejor no menear el arroz, aunque se pegue” (Es preferible dejar de hablar de un asunto porque traería peores consecuencias seguir hablándolo). Doña Rodríguez, siguió defendiendo su profesión, argumentando que los escuderos las envidiaban, sin embargo era difícil encontrar una dueña que no tuviera alguna virtud. Apoyó la duquesa a doña Rodríguez, diciéndole que tendría tiempo de demostrarles a todos, y especialmente a Sancho,  lo equivocado que estaba el boticario. Sancho contestó que lo suyo era el gobierno y que el asunto de las dueñas no le importaba.

Se detuvo el coloquio dueñesco cuando oyeron el pífano y los tambores anunciando la llegada de la dueña Dolorida. Le comentó la duquesa al duque la conveniencia o no de salir a recibirla. Sancho se adelantó y contestó que estaría bien recibirla por lo de condesa, pero no por lo de dueña. Le increpó don Quijote por entrometerse en la conversación a lo cual contestó que se metía en las cosas de cortesanía porque en tales cosas,, “tanto se pierde por carta de más como por carta de menos” (Es conveniente dar a cada uno el tratamiento que le corresponde) y “ a buen entendedor pocas palabras bastan” (La persona inteligente comprende fácilmente lo que se le quiere decir). Apoyó el duque las palabras de Sancho, argumentando que verían a la condesa y por el aspecto sacarían la atención o el respeto que le darían.



Comentario

El tema del capítulo es el coloquio dueñesco entre Sancho y doña Rodríguez., convertido en una sátira sobre las dueñas.  Recordemos que no era la primera vez en que se enfrentaban los dos por esta cuestión.

Las dueñas en la literatura de la época eran definidas por sus chismorreos y habladurías. Cervantes, en El celoso extremeño, nos dice: “Oh, dueñas, nacidas y criadas en el mundo para perdición de mil recatados y buenas intenciones”.  También Quevedo, en Epitafio a una dueña, que también puede ser de todas”, la acusa de: “Más necia y presumida que un dichoso,/ más amiga de pícaros que el coso,/más engañosa que el primer manzano; / más que un coche alcahueta/…

Las viudas, que estaban desamparadas, frecuentemente ejercían de celestinas. Los moralistas y la sociedad en general de la época, las trataban de mantener bajo alguna vigilancia.

En el coloquio, tanto Sancho como doña Rodríguez, hablan de la servidumbre que ejercen las dueñas; don Quijote confunde a estas dueñas con las menesterosas de los libros de caballerías. Este es el humor que se establece en la sátira.

A Sancho, no le interesa seguir por el camino del enfrentamiento. Su interés es el de conseguir el gobierno, de ahí el refrán: “será mejor no menear el arroz, aunque se pegue”

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