miércoles, 25 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE.CAPÍTULO XLIII.CONTINÚAN LOS CONSEJOS DE DON QUIJOTE







Los anteriores razonamientos de don Quijote mostraban, una vez más, que su locura se manifestaba solamente cuando tocaba asuntos de caballería.

Se esforzaba Sancho en memorizar los consejos relacionados con las virtudes cuando don Quijote empezó a darle los ya anunciados consejos “para adorno del cuerpo”.

 Le dice que sea limpio, que se corte las uñas, que no ande desceñido, pues era señal de decaído o dejado;  que a sus criados los atendiera con honestidad; que fuera prudente en la comida y en la bebida, pues “el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”;  que procure no eructar ni oler a ajos ni cebollas; que fuera cuidadoso con el estómago ya que de su salud dependía todo el cuerpo; que fuese moderado en el dormir, ya que “el que no madruga con el sol, no goza del día”;  que anduviese despacio y hablase con reposo, pero sin afectación. También le aconsejó cómo debía ir vestido.

Le recomienda también que no introduzca tantos refranes en su conversación, porque con frecuencia no se ajustaban y más parecían disparates que sentencias.

Sancho se disculpó diciendo que no los podía evitar, pues sabía muchos y le venían todos juntos a la boca, peleándose por salir; procuraría utilizarlos de acuerdo con la importancia del cargo que iba a tener, pues “en casa llena, presto se guisa la cena” (donde hay medios no hay dificultades), “y quien destaja no baraja” (no pueden hacerse varias cosas al mismo tiempo) “y a buen salvo está el que repica” ( no hay de qué preocuparse) “y el dar y el tener seso, ha menester (la prudencia es muy necesaria).

Don Quijote, para demostrarle a Sancho que no le había entendido, puesto que había ensartado sin venir a cuento los refranes anteriores, le respondió con ¡Castígame mi madre, y yo trómpogelas! (Me reprende mi madre y yo me burlo de ella. Se usa el refrán para reprender a los que reinciden en algo después de haber sido advertidos).

Sancho le respondió que pronto se les olvidarían, por esta razón le pidió que se los diera por escrito, pues aunque no sabía leer, se los daría a su confesor para que “me los encaje y recapacite cuando fuere menester”. Le critica don Quijote que no sepa leer y aquel le responde que cuando tenga que firmar “fingiré que tengo tullida la mano derecha y otro firmará por mí”, pues “para todo hay remedio, si no es para la muerte y teniendo yo el mando y el palo (tener la facultad de mandar), haré lo que quisiere, cuanto más que el que tiene el padre alcalde...seguro va a juicio (el que cuenta con un poderoso protector).  Con la condición de gobernador Sancho dice que no le temerá a nadie, pues vendrán por lana y volverán trasquilados (si se meten contra él les sucederá lo contrario de lo que esperan), y a quien Dios quiere bien, la casa le sabe (quien tiene buena suerte no tiene de qué preocuparse), y las necedades del rico por sentencias pasan en el mundo. …haceos miel, y paparos han las moscas (convertíos en miel y os comerán las moscas.

Don Quijote le volvió a criticar el uso que hacía de los refranes, a lo que Sancho le respondió que se servía de la única hacienda que tenía, que era refranes y más refranes; le venían cuatro a la memoria, pero no quería seguir porque al buen callar llaman Sancho ( es una variante abreviada de refr. Al buen callar llaman Sancho; al bueno, bueno, Sancho Martínez   (Conviene moderarse en el hablar)). Don Quijote muestra interés en saber qué refranes eran y Sancho los dice: “entre dos muelas cordales nunca pongas tus pulgares” (no hay que entrometerse en problemas de parientes cercanos) y “a idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay responder”(hay cosas que no admiten réplica), y “si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro” ( el daño siempre lo recibe el más débil). Explica a continuación Sancho los refranes anteriores con la intención de decirle a don Quijote que sabe de lo que está hablando y no se diga de él lo de “espantose la muerte de la degollada” (Es más fácil reparar en los defectos ajenos) y “más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena” (en los asuntos propios sabe más aquel a quien pertenecen que el que los ve desde fuera).

Finalmente, don Quijote le dice que duda del gobierno que ejercerá; no obstante, él ha cumplido con su obligación, y espera que Dios “te gobierne en tu gobierno”. Sancho le replicó que si no le parecía adecuado, estaría dispuesto a dejarlo, porque “más quiero un negro de la uña de mi alma que todo mi cuerpo” (la parte más pequeña de mi alma), ya que prefería irse al cielo como Sancho, que al infierno como gobernador.

 Oído lo anterior, don Quijote considera que merecía ser gobernador porque tenía “buen natural, sin el cual no hay ciencia que valga”. Por último, le advierte que se tiene que encomendar en Dios.



Comentario

El Capítulo anterior terminaba con esta afirmación de don Quijote: “Estos que aquí te he dado son documentos que han de adornar tu alma; escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo”.

La lectura de estas series paralelas de consejos las podemos realizar desde los siguientes puntos de vista:

a)      Desde la confrontación de la realidad social, tal y como la vive Sancho y, la experiencia ideal, como la vive don Quijote. Este es el punto de vista de Casalduero. Sancho se hace impenetrable a los ideales, él mismo lo dice cuando afirma: “…todo cuanto vuestra merced ha dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué han de servir, si de ninguna me acuerdo?. Dos figuras aparecen enfrentadas: la espiritual, representada por don Quijote y la material, representada por Sancho. Esta última necesita el apoyo espiritual para obrar en la sociedad, como dice Sancho: “Señor, si a vuestra merced le parece que no soy de pro para este gobierno, desde aquí le suelto, que más quiero un solo negro de la uña de mi alma que a todo mi cuerpo”.

b)      Desde el ámbito sociológico. Los consejos de don Quijote, como afirma Carreras Artau, nos remiten a una sociedad jerárquicamente tutelada en todos sus ámbitos: en el familiar, la ejerce el padre; en el social, las clases superiores tutelan a las inferiores ( el noble, al vasallo; el rico al pobre); en el ámbito administrativo, la red de burocracia tutela oficios, industria y comercio; en el reino, el monarca, a sus súbditos; finalmente, Dios la ejerce sobre todos. Desde este planteamiento, don Quijote aconseja con coherencia a Sancho: “Primeramente, ¡oh hijo! Has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría”, le dijo en el capítulo anterior. “Encomiéndate a Dios, y procura no errar en la primera intención”, le dice al final de este capítulo. Su función tutorial se vuelve a reiterar, una vez más, cuando le dice: “si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza; más consuélome que he hecho lo que debía en aconsejarte con las veras y con la discreción a mí posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa”.  El concepto de derecho, explicado en el capítulo anterior, también justifica este punto de vista.

c)       El aspecto cómico de los refranes de Sancho. Reiteradamente he expuesto en estos comentarios, siguiendo a D. Eisenberg, cómo se expresa el sentido del humor en el Quijote: “el humor surge del contraste entre lo que ocurre y lo que el lector espera que ocurra”.  Dos veces reprende don Quijote a Sancho por el uso que hace de los refranes, mezclándolos en la conversación; sin embargo, nada más terminar de hablar don Quijote, vuelve Sancho a ensartarlos, atormentando a su "tutor".  

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