jueves, 19 de abril de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LXV. RICOTE EXPONE SUS RAZONES PARA QUEDARSE A VIVIR EN ESPAÑA






A don Antonio Moreno, “no se le cocía el pan hasta saber quién fuese” ( prov. señala la inquietud hasta conseguir lo que se desea) el caballero que venció a don Quijote, por lo tanto, lo siguió junto con una caterva de muchachos por la ciudad. Entraron los dos  en un mesón y el de la Blanca Luna le dijo que era del mismo pueblo de don Quijote; lo llamaban el bachiller Sansón Carrasco; había venido en su búsqueda porque consideraba que el reposo mejoraría su salud. Hacía tres meses que se enfrentó a él con el mismo propósito, pero fue vencido por don Quijote y tuvo que desistir. Dado que don Quijote era muy cumplidor de la palabra dada, ahora lo conseguiría. Le pidió que no dijera quién era. Don Antonio se lo prometió, pero le hizo la siguiente observación: ¡Dios os perdone el agravio que le habéis hecho a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él! ¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos?

El bachiller Sansón Carrasco regresó a su casa; el Virrey, enterado por don Antonio de quién era el de la Blanca Luna, se lamentó de que hubiera hecho esto, argumentando parecidas razones a las de don Antonio. Don Quijote, melancólico, cavilaba sobre lo ocurrido. Sancho lo consolaba, diciéndole que no tenía nada roto, y que como decía el refrán, donde las dan las toman” (refr. “a quien hace daño se le suele pagar con la misma moneda” y que “no siempre hay tocinos donde hay estacas” ( refr. “las apariencias engañan) y “dé una higa al médico” (alude al refr. “Mee yo claro y una higa para el médico”). También trató de hacerle ver que era él quien más había perdido, pues “así vienen a volverse en humo mis esperanzas”. Don Quijote trató de animarlo diciéndole que cuando pasase un año volvería a buscar nuevas aventuras y le conseguiría algún condado. Sancho, para animarse dijo que “más vale buena esperanza que ruin posesión” (refr. es preferible aguardar una ocasión mejor que conformarse con lo poco que se tiene”).

Estando en lo anterior entró don Antonio para darle la buena noticia de que don Gregorio había regresado. Don Quijote hubiera querido ser el héroe del rescate, pero, vencido como estaba, nada podía hacer. Sancho trató de animarlo a que se levantara de la cama y recibiera a don Gregorio,  diciéndole los siguientes refranes: “ Viva la gallina, aunque sea con su pepita”  (“vivamos, aunque sea con dificultades”), que “hoy por ti y mañana por mí  (refr. Tenemos que ser solidarios en el intercambio de favores) y

Llegó don Gregorio. Salió a recibirlo Ricote y su hija Ana Félix; no se abrazaron unos a otros, porque “donde hay mucho amor no suele haber demasiada desenvoltura”, pero el silencio y los ojos de los amantes expresaban el profundo amor que se tenían.

Don Antonio habló con el Virrey, de la forma de gestionar la estancia en España de Ricote y su hija. Aprovecharía que tenía que ir a la corte para tratar otros negocios, dando a entender que “por medio del favor y las dádivas, muchas cosas dificultosas se acaban”.  Ricote, que estaba presente, dijo que don Bernardino de Velasco, encargado por el Rey Felipe III de expulsar a los moriscos, cumplió con su deber y no valen ni dádivas ni favores, aunque es cierto que “mezcla la misericordia con la justicia”. Don Antonio respondió que haría en la Corte todo lo que estuviese en su mano, y que “el cielo decida”.

Llegó el día de las salidas y despedidas: don Antonio para la corte; muy conmovedora la don Gregorio - que iba a ver a sus padres-, de Ana Félix, que se quedaba con la mujer de don Antonio; don Quijote y Sancho partieron  a los dos días. El Ingenioso Hidalgo, desarmado sobre Rocinante; Sancho, a pie, por ir el rucio cargado con las armas.

Comentario

El aspecto más interesante que encuentro en este capítulo lo veo en las palabras de Ricote a don Antonio, diciéndole que con don Bernardino de Velasco, no caben dádivas ni favores. En el capítulo LIV, Ricote reconocía que la expulsión de los moriscos de España, había sido justa. Lo decía con estas palabras: “me parece que fue inspiración divina la que movió a su majestad a poner en efecto tan gallarda resolución…Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro”. Ricote, partió para Alemania porque “allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitantes no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte de ellas se vive con libertad de conciencia”. Por lo tanto, según Ricote, la expulsión de los moriscos fue: a) justa; b) acertada. También decidió ir a Alemania porque había “libertad de conciencia”.

 En este capítulo, Ricote reconoce: a) El encargado de expulsar a los moriscos: don Bernardino de Velasco o Conde de Salazar, era una persona con una rectitud que rayaba en la severidad; b) Deseaba vivir en España, porque la echaba de menos y porque se sentía mejor. Hay que destacar que en España: a) no había libertad de conciencia; b) gobernaba un régimen autoritario.

La pregunta que surge es ¿podemos pensar que fuera éste el pensamiento de  Cervantes? Personalmente, entiendo que no por las siguientes razones:

a)      El gran mérito de Cervantes, como demostró Bajtin,  en Teoría y estética de la novela, es que El Quijote engrandece el género novelesco porque da entrada a los distintos lenguajes que encontramos en la sociedad. Desde este planteamiento han analizado la obra, entre otros, los profesores Lázaro Carreter en La prosa del Quijote, y Darío Villanueva en El Quijote: Dialogismo y verosimilitud. Para Bajtin, esta obra es el modelo de lo que él denomina  “novela dialógica” o de diálogo de lenguajes. Cada personaje se expresa de acuerdo con su cultura y con los intereses que lo mueven.  El autor sería un mero notario que recogería lo que los personajes dicen y sienten.

b)      Ricote ha vivido en Alemania donde había una gran libertad de conciencia; pero él no se identificaba con este tipo de sociedad, en la que cada uno podía pensar y actuar de acuerdo con sus creencias.  No olvidemos que estamos en el siglo XVII, y lo mismo que hoy también hay personas que les gustaría vivir en épocas dictatoriales, no nos debe extrañar la actitud de Ricote. Este quiere vivir en una sociedad autoritaria. Por otra parte, en la novela se nos dice que tanto él como su hija, Ana Féix, eran fervientemente católicos; él, además, generoso con sus riquezas, como lo demuestra pagando el viaje para sacar de Berbería a don Gaspar Gregorio. Si a esto unimos: 1. La belleza de su hija; 2. Su religiosidad; 3. La mezcla de” misericordia con la justicia” con que había llevado el encargo de expulsión el Conde de Salazar, parece lógico pensar, que Ricote le diga a don Antonio que argumente desde estas premisas el permiso para poderse quedar en España.

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