martes, 17 de abril de 2012

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO LXIV. EL CABALLERO DE LA BLANCA LUNA VENCE A DON QUIJOTE



Ana Félix fue muy bien recibida por la mujer de don Antonio Moreno en su casa. Don Quijote hubiera querido ir con sus armas a liberar a don Gregorio, tomando como ejemplo lo que don Gaiferos hizo con Melisendra, (lo contó maese Pedro en II, 26.). Sancho que lo oyó, le contestó que hubiese sido imposible porque entre Berbería y España estaba la mar por medio. Don Quijote le replicó que “Para todo hay remedio, si no es para la muerte”.  Sancho le replicó que “del dicho al hecho hay un gran trecho” (refr. “Es más fácil hacer promesas que cumplirlas”. Al final lograron disuadirle.

Don Quijote salió una mañana a pasear por la playa, a caballo y armado con todas sus armas. Desde lejos le dio voces otro caballero, tan armado como él, vestido de blanco y con un escudo en el que llevaba pintada una luna resplandeciente. Se presentó como el Caballero de la Blanca Luna y venía  a desafiar a don Quijote para hacerle confesar que su dama, “sea quien fuere”,  es más hermosa que Dulcinea. Si vencía el de la Blanca Luna, don Quijote estaba obligado a retirarse a su pueblo por el tiempo de un año, sin echar mano de la espada y sin salir de aventuras.

Don Quijote, se sorprendió, pero “con reposo y ademán severo”, aceptó el desafío y le dijo que eligiera la parte del campo que quisiera, y “a quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga” (refr. “es necesario resignarse ante la suerte de cada uno”).

Desde la ciudad habían avisado al virrey de la presencia del Caballero de la Blanca Luna. Se presentó con don Antonio y con otros caballeros allí. Creyendo que se trataba de una burla más a don Quijote, permitió el enfrentamiento.

Don Quijote se encomendó al cielo y a Dulcinea. Se distanciaron; volvieron las riendas a sus caballos y se arrojaron, especialmente el de la Blanca Luna,  con tal ímpetu sobre don Quijote, que éste cayó junto con Rocinante al suelo. Le puso la lanza en la visera y con “voz debilitada y enferma manifestó: “Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra”.

El de la Blanca Luna, después de elogiar la fama de la hermosura de Dulcinea, le exigió que se retirara a su lugar un año, como habían concertado antes del combate. Aceptó don Quijote en presencia de todos; el de la Blanca Luna, después de hacer una reverencia al Virrey, se dirigió  a la ciudad.

Recogieron a don Quijote desvaído y trasudado;  Sancho, lleno de tristeza, creyó que todo aquello era sueño y encantamiento; se imaginó oscurecidas las glorias pasadas y se representó deshechas sus esperanzas como el humo en el viento.

Llevaron a don Quijote a la ciudad en una silla de manos y El Virrey quiso saber quién era el Caballero de la Blanca Luna.



Comentario

Todas las interpretaciones del capítulo tienen como rasgo en común la muerte del plan de vida de don Quijote. Empiezo por destacar la de Avalle Arce en Don Quijote como forma de vida”. Parte Avalle de que cada uno lleva en su interior un quijote, en dosis y exteriorizaciones variables, según los individuos. Ya lo observó Ortega y Gasset, en Historia como sistema.  La clave del vivir, consiste en inventarse un plan de vida, vivirlo de acuerdo con el personaje que uno se ha creado,  teniendo en cuenta las circunstancias que nos rodean. De acuerdo con lo anterior, Alonso Quijano se ha inventado como don Quijote de la Mancha, imitando al caballero andante Amadís de Gaula. Su misión es deshacer agravios y conseguir honra y fama. Esto lo enajena y lo lleva a la locura. El plan de vida que se ha inventado está basado en obras de ficción, en libros de caballerías, en personajes de obras de arte.

“En este capítulo, asistimos a la expulsión de don Quijote del mundo caballeresco al derrotarle y obligarle a volver a su aldea. Esto equivale a obligar a don Quijote a salirse de las páginas de los libros de caballerías donde obstinadamente ha vivido hasta el momento. Con involuntaria crueldad el caballero de la Blanca Luna ha obligado a Don Quijote, con la punta de su lanza, a abandonar un ideal de vida como obra de arte” ( Avalle Arce)

Joaquín Casalduero considera que con la caída de don Quijote ante el Caballero de la Blanca Luna se da término a “una época, una ilusión, en estilo que se acaba, cuando todavía no se sabe cómo será el mundo del Caballero de los Espejos y de la Blanca Luna.”

Uno de los aspectos más significativos de este capítulo es lo que nos dice el narrador cómo queda don Quijote cuando el de la Blanca Luna le puso la lanza en la visera: Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma dijo:

Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra…Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra”.  Don Quijote ha perdido su honra y con ella la fe en sus ideales. Su plan de vida se ha roto. Sancho lo confirma cuando el narrador nos dice: “Veía a su señor rendido y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la gloria de sus hazañas escurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como se deshace el humo con el viento”.




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