lunes, 29 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO X. DON QUIJOTE ENCUENTRA ENCANTADA A DULCINEA

En este capítulo nos advierte el narrador que el autor mismo se asombra de las locuras que cometió don Quijote, pero para ser fiel a la verdad, las cuenta como las vio, porque la verdad adelgaza y no quiebra, (la verdad prevalece por encima de todo) y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua”.

Tras esconderse en la floresta, se dirigió don Quijote a Sancho, llamándolo “hijo” y “amigo”. Le mandó volver al Toboso, presentarse a Dulcinea y suplicarle que se dejara ver “de su cautivo caballero”. Le advierte que se fije bien en cómo lo recibe, así como las reacciones que tiene cuando oiga su nombre, pues has de saber, Sancho, si no lo sabes, que entre los amantes las acciones y movimientos exteriores que muestran cuando de sus amores se trata son certísimos correos que traen las nuevas de lo que allá en el interior del alma pasa”. Al darse cuenta de que don Quijote se sumergía en una triste soledad, Sancho lo animó, argumentándole que si no tuvieron suerte de ver anoche el palacio, pudiera ser que se lo encontrara hoy, en su embajada, por lo tanto debía quedarse animoso pues  “buen corazón quebranta mala ventura” ( el ánimo ayuda a superar las dificultades) y añade otros refranes para apoyar su suerte:  “donde hay tocinos, no hay estacas” (donde se piensa que hay tocinos, no hay ni estacas donde colgarlos (las apariencias engañan). “Donde no piensa, salta la liebre” (las cosas ocurren cuando menos se esperan).

Sancho vareó su rucio y se dirigió al Toboso, pero nada más darse cuenta de que don Quijote no lo veía, se sentó debajo de un árbol y empezó a reflexionar sobre lo ilógico de su viaje, diciéndose que no tenía sentido, pues ni él ni don Quijote la habían visto jamás, que lo único que podía obtener eran problemas, como dicen los refranes para estos casos: “ándeme yo buscando tres pies al gato” (buscar complicaciones donde no las hay); “así será buscar a Dulcinea por el Toboso como a Marica por Ravena o al bachiller por Salamanca” ( es difícil buscar a alguien entre una muchedumbre ).

Con sus reflexiones, Sancho llegó a la conclusión de que como don Quijote estaba loco, aunque él no le iba a la zaga, de acuerdo con los refranes:  “Dime con quién andas, decirte he quien eres”, y el otro de “No con quien naces, sino con quien paces” (en la vida influyen más las compañías que el origen de cada uno)-, lo mejor sería engañarlo, haciéndole ver que cualquier labradora que pasase era Dulcinea.  Al rato de estar allí, vio que venían del Toboso tres aldeanas, subidas en sus borricas.  De inmediato se fue a donde estaba don Quijote. Le dijo Sancho que el viaje le había ido muy bien, tanto era así que Dulcinea en persona, acompañada de dos doncellas,  venía a verlo. Le describió Sancho, con ciertas prevaricaciones lingüísticas, corregidas por don Quijote, que las aldeanas venían subidas en cananeas por hacaneas (jacas de reinas y grandes señoras)

Don Quijote salió bastante turbado a verla, pero se encontró con tres rústicas aldeanas subidas en sus borricas. Sancho continuó con la patraña y  le insistió en que era Dulcinea y, cuando se aproximaban, cogió el cabestro de una de las aldeanas y parándolo, se puso de rodillas, presentándole pidiéndole al “asenderado caballero don Quijote de la Mancha, llamado por otro nombre el Caballero de la Triste Figura”.

Don Quijote, sin decir palabra, con ojos desencajados y vista turbada, mirando a la moza carirredonda y chata, se postró de hinojos junto a Sancho.  Las aldeanas pidieron que se apartaran, pero como insistió Sancho en que se ablandara viendo a don Quijote como estaba, otra de las aldeanas dijo “¡Jo, que te estrego, burra de mi suegro!”  ( Según Clemencín, “Se aplica a los que se niegan a recibir el bien que se les quiere hacer, a manera de la bestia que resiste los halagos de quien la rasca. En boca de nuestra labriega es irónico, y tilda la inoportunidad del obsequio con que se la detenía”).  A continuación, picó a la borrica, ésta se espantó y descabalgó a la moza. Acudieron don Quijote y Sancho a ayudarlas,  pero ésta se negó y, tomando carrera, de un salto se sentó a horcajadas.

Se quejó don Quijote de su mala suerte, diciendo “yo nací para ejemplo de desdichados y para ser blanco y terrero donde tomen la mira y asesten las flechas de la mala fortuna”. Continúa lamentándose de que  cuando la quiso subir en lo que a Sancho le parecía hacanea y a él borrica, olía a ajos crudos. Sancho despotrica contra los encantadores por haber cambiado a Dulcinea y no haberle dejado ver a don Quijote las perlas de los ojos,  los cabellos de oro purísimo y su silla a la jineta.

Se volvió a lamentar don Quijote por no haber podido ver lo que Sancho decía. Este se contenía la risa al oír las sandeces de su amo.

Continuaron con estas razones y subidos en sus cabalgaduras, se dirigieron a Zaragoza.



Comentario

Varios aspectos hemos de destacar en las posibles lecturas de este capítulo:

 a) La técnica narrativa. Una vez más Cervantes se vale de la ficción del autor Cide Hamete, que se asombra de las locuras que don Quijote realizó, pero que las escribe para ser fiel a la verdad. El narrador omnisciente, quien supuestamente ha traducido El Quijote al español, aplaude su determinación porque “la verdad adelgaza y no quiebra”.

Este narrador omnisciente le ha dado la palabra a Sancho y éste expone en el gracioso soliloquio dramático en el que decide engañar a su amo, toda una manifestación de la técnica del  monólogo interior, aunque de un modo rudimentario:

     “ -Sepamos ahora, Sancho hermano, adonde va vuesa merced. ¿Va a buscar algún jumento que se ha perdido?...

Siguiendo con el análisis de la técnica narrativa hemos de destacar la polifonía lingüística del capítulo. Desde los estudios de Bajtin se viene destacando la íntima relación que existe entre los elementos cotidianos, como objeto del relato y la manifestación lingüística de los actores. En este sentido, como ya he dicho en otras ocasiones, haciéndome eco de lo que Lázaro Carreter dice en La prosa del Quijote, “Cervantes funda la novela moderna”, es decir, nos ha enseñado a acomodar el lenguaje a la realidad del mundo de los personajes.

En la línea anterior, el estudio del lenguaje en la obra, hay que destacar por su importancia el libro de Ángel Rosemblat, La lengua del Quijote, así como el ensayo de Leo Spitzer,  Perspectivismo lingüístico en El Quijote”.  En el primero de los trabajos, destaca Rosemblat,  el realismo lingüístico: los personajes hablan de acuerdo con su formación y procedencia social. Lo vemos claramente en este capítulo. Dice una de las aldeanas: “!Jo, que te estrego, burra de mi suegro”, para indicar que rechazaba la oferta de don Quijote; - ¡Toma que mi agüelo!  (…) ¡Amiguita soy yo de oír resquebrajos!. Sancho, confunde hacaneas, jaca de reinas y señoras, por cananeas.

La tesis de Spitzer, es que el gran mérito de Cervantes es resaltar por encima de todo la obra del artista como escritor. Su perspectivismo consiste en presentarnos la realidad, y con ella el lenguaje, tal y como lo percibimos. Sin embargo, es el escritor el que con toda su libertad, va llevando al lector a que se fije en aquello que a él, como escritor, le interesa.

b)      El engaño de Sancho. Varias veces me he referido a la tesis de Parker, en el sentido de que “la causa por la cual las acciones de los hombres se conforman con la realidad o se oponen a ella, hay que buscarla en que el interés de los personajes porque las cosas sean de un modo o de otro”. En este sentido, Sancho, no quiere decirle la verdad. Desea que su amo continúe con el engaño. De esta manera podrían seguir con sus aventuras y él conseguir alguna ínsula. Sancho es engañador y engañado. No desea reconocer los problemas económicos que España está viviendo. Aspira a medrar como sea, pero no a trabajar.

c)      Martín de Riquer nos dice que “Este episodio señala decididamente una nueva fase de la locura de don Quijote insinuada en algunos episodios de la Primera parte (…) Don Quijote siempre verá la realidad tal cual es  (el episodio de la cueva de Montesinos es un sueño), y serán los que les circundan (Sancho, los Duques) quienes le crearán un mundo de fantasía”.

Cervantes, el genial alarife complutense, construye, una vez más una realidad por la que nos va llevando, sin darnos cuenta, por donde él quiere














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