martes, 23 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO IX. EN EL TOBOSO, BUSCANDO EL PALACIO DE DULCINEA



Entraron a la media noche en el Toboso. Ladraban los perros y mayaban los gatos. Todo era tenido por nuestros protagonistas como signo de mal agüero. Era la noche “entreclara”, pero Sancho hubiera querido noche cerrada para que no se viera su mentira sobre la carta de Dulcinea

A pesar de los malos presagios, don Quijote le pide a Sancho que lo guíe al palacio de Dulcinea. Sancho le contesta que no existe tal palacio, que él la vio en una casa muy pequeña; pero que, aunque fuera palacio, como él decía, no era hora de dar aldabonazos, “como hacen los abarraganados”.

Le insiste don Quijote en que continúen y ambos van dando su punto de vista sobre la casa de Dulcinea. Ve un bulto con su sombra a lo lejos y se creyó que era el palacio de Dulcinea; se acercó y se encontró con la iglesia del pueblo. Don Quijote le dijo a Sancho “Con la iglesia hemos dado”. (La frase se ha proverbializado en “Con la iglesia hemos topado”, para indicar que la Iglesia o una autoridad extraña se interpone a la realización de un proyecto”.

Le advierte Sancho que vayan con cuidado, pues lo mismo podrían dar con el cementerio, pues ya había advertido él que la casa de Dulcinea estaba en una callejuela sin salida. Esto enfureció a don Quijote pues el palacio de su señora no podía estar en sitios como los que Sancho decía. Sancho contestó que “en cada tierra su uso”, y lo mismo podía ser que en el Toboso fuera costumbre edificar palacios en callejuelas. Don Quijote, que se dio cuenta de la ironía le contestó: “Tengamos la fiesta en paz” (No compliquemos más la situación) y “No arrojemos la soga tras el caldero” (No llevemos las cosas al límite).

Sancho, que entendió las palabras de don Quijote, le dijo que le era imposible llevarlo a casa de Dulcinea, pues es de noche y antes la vio sólo una vez. Parece más lógico que sea don Quijote que la ha visto miles de veces. Don Quijote le contesta que sólo la conoce de oídas, replicándole Sancho que ni él la había visto ni don Quijote tampoco. Lo toma don Quijote por una burla y le advierte que “Tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas”.

Iban con esta conversación cuando oyeron a un mozo de mulas que iba cantando un romance . Don Quijote lo tomó por signo de buen agüero y le preguntó que si conocía dónde estaba el palacio de Dulcinea. Le contestó que llevaba poco tiempo allí y estaba “sirviendo a un labrador rico en la labranza del campo”. No conocía tal palacio, aunque sí había oído que en el pueblo vivían señoras principales.

El día llegaba, Sancho se dio cuenta de que don Quijote se estaba poniendo triste y  le sugirió  que lo mejor es que salieran al campo, se emboscase don Quijote en alguna floresta y él volviera al Toboso a buscar el palacio. Le pareció bien a don Quijote. Sancho se alegró porque evitó hablar del engaño de la respuesta a la carta que don Quijote le mandó a Dulcinea cuando estaba en Sierra Morena.  



Comentario

En este capítulo aparecen varios temas relacionado con las posibles lecturas que admite El Quijote:

a)      El engaño. Sancho ya había engañado a don Quijote cuando éste, estando en Sierra Morena, lo envió con una carta para Dulcinea. El tema del engaño, que aparece varias veces en la obra, está relacionado con el problema de la verdad en el Quijote y el concepto de la verdad para Cervantes. Hemos ido demostrando que, en varios capítulos del libro se pone de manifiesto que el concepto de verdad objetiva, es decir la correspondencia con los hechos era un principio que asumía Cervantes. Sin embargo, las personas cuando no les interesa reconocer los hechos, engañan. Esto es lo que le ocurre a Sancho. Recordemos una vez más lo que Cervantes nos decía en el capítulo I, XI.  La verdad se obscurece por el engaño, la malicia y los intereses de las personas;

b)      Con la Iglesia hemos dado.  – Ya lo veo  -respondió Sancho-, y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura.

La frase, literalmente, en su propio contexto, no tiene mayor sentido que haber visto unas sombras, aproximarse a ellas y encontrarse con que es la iglesia del pueblo. No obstante, la frase se ha proverbializado como “Con La iglesia hemos topado” con el significado ya explicado de que alguien o algo importante se opone a la realización de nuestro proyecto.

Joaquín Casalduero, en Sentido y forma del Quijote, dice sobre la frase lo siguiente: “Aunque no es absolutamente improbable que esta frase encierre una alusión contra

La Iglesia, (…), lo que conviene apuntar es cómo los sentimientos y resentimientos dan forma y sentido a una frase. No depende de la intención de su autor, ni ésta es lo importante en este caso; lo importantes  notar cómo los anhelos de un pueblo buscan la frase en que expresarse”;

c)       El ambiente. Don Quijote y Sancho llegan al Toboso una noche “entreclara”. El pueblo duerme. Un silencio de sosiego y reposo recibe a don Quijote y a Sancho;  se rompe el silencio por los gruñidos de los perros, el maullar de los gatos y el gruñido de los cerdos. El repiqueteo de un arado , acompañado por el canto de un romance por parte de un mozo que sirve a un rico labrador, que anuncia el alba, los despide. “Para empezar y terminar el capítulo, esa potente captación de lo concreto e inmediato” (Casalduero). Los hechos pueden ocurrir en cualquier pueblo castellano. Al fondo, la silueta del campanario de la Iglesia. De aquí se deduce, que en su contexto, la frase de “Con la Iglesia hemos dado”, en su interpretación literal no tiene más sentido que el se le atribuye a dos personas que cuando entran en un lugar se encuentran con la Iglesia. No ocurre así, como muy bien apunta Casalduero, al significado que el pueblo le da;

d)       El mozo que sirve al rico labrador. Así se define el que lleva el arado: “estoy en el pueblo sirviendo a un labrador rico en la labranza del campo”. Varias veces aparece en la obra la figura del rico labrador. A este respecto nos dice Pierre Vilar en El tiempo del Quijote. “ En la sociedad de finales del XVI y principios del XVII,” las fortunas feudales o coloniales han dado lugar a unas vidas de loco artificio”  (…)”Hay, es cierto, el potentado del lugar. Varios lugareños de Cervantes llevan el sobrenombre de “Rico” que define una excepción típica: el labrador capaz de acumular, usurero, arrendatario de impuestos, acaparador en los momentos de hambre (…)

Las interpretaciones que he dado de estudiosos de la obra –Parker, Casalduero, Vilar- sirven para sugerir, una vez más, lecturas plurales de la obra.






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