jueves, 18 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO VIII. DON QUIJOTE LE EXPLICA A SANCHO CÓMO CONSEGUIR LA BUENA FAMA





Dice el narrador que en este capítulo Cide Hamete manifiesta que está contento porque don Quijote y Sancho inician una nueva salida en dirección al Toboso.  Le pide al lector que se olvide de las pasadas aventuras y preste atención a las nuevas.

Cuando se marchó el bachiller, relinchó Rocinante y “suspiró” el rucio, Sancho tuvo lo anterior por señal de buen agüero.

A medida que caminaban, la noche se echaba encima y don Quijote temía que a la mañana siguiente no estarían en el Toboso para poder recibir la bendición de Dulcinea, “porque ninguna cosa de esta vida hace más valientes a los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas”.  Sancho, -que ya tenía el precedente de la carta que don Quijote le dijo que le llevara a Dulcinea, cuando él estaba en Sierra Morena(1,25)-, le contestó que sólo la podría ver por las bardas del corral, lo anterior molestó a don Quijote. Contestó que no serían bardas, sino corredores de algún palacio. “Todo puede ser”, replicó Sancho, pero a mí “bardas me parecieron”. Continúa don Quijote idealizando la figura de Dulcinea, argumentando que irá a verla, pues los rayos de su belleza le darían fuerza para continuar. Sancho le replica que difícilmente saldrán rayos si está haciendo lo mismo que cuando él la vio: cribando trigo. Lo anterior le sentó mal a don Quijote, pues eso era impropio de personas importantes. Según éste, Dulcinea sería similar a las ninfas que salen del río, en alusión a la égloga III de Garcilaso; pero si no era como ellas, sería debido a que la envidia de algún encantador le ha cambiado a la persona más valiosa para él.  La envidia es ¡” raíz de infinitos males y carcoma de virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias”.

Al hilo de lo anterior, Sancho manifiesta que es posible que algún encantador haya escrito mal de él,  a pesar de que “desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano” (no debo nada a nadie); no obstante si han hablado mal, le importa un bledo, pues la fama de verse impreso en libros lo vale todo.

Lo anterior le sirve a don Quijote para glosar la fama a lo largo del tiempo. Pone ejemplos de personajes que han ido tras la fama, desde la antigüedad hasta el Renacimiento, argumentándole que “ Todas estas y otras  grandes y diferentes hazañas son, fueron y serán obras de la fama, que los mortales desean como premios y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos merecen”, pero los cristianos, los católicos y los caballeros andantes no debemos aspirar a la vanidad de la fama, sino a la gloria eterna; “nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira , en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los extremos de alabanzas que consigo trae la buena fama.”

Sancho intensifica el argumento de la buena fama, diciendo que quienes la tienen son santos; por lo tanto a eso es a lo que debían aspirar ellos y pone como ejemplo a dos frailes que beatificaron hace unos días. Don Quijote le replicó que “no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo: religión es la caballería, caballeros santos hay en la gloria.”.

Con los anteriores diálogos pasaron la noche. Quiso don Quijote que pasaran el día entre unas encinas y al anochecer, bastante inquietos, llegaron al Toboso.



Comentario

La fama en El Quijote es un tema importante. Se le han dedicado varios estudios a este respecto. Uno de los más lúcidos es el de Edward c. Riley: La singularidad de la fama en D. Quijote. Otro estudio interesante es el de Marcelino Javier Suárez, La idea de fama en el Quijote.

Voy a ir comentando aspectos de estos estudios para centrarme después en el capítulo que comentamos.

Creo que es importante partir del ensayo de Gustavo Bueno, La idea de fama, analizada desde el materialismo filosófico. Distingue el profesor Bueno entre:

a)      Fama habitual. Es la “propia de todo sujeto que vive en grupo. Es propia de los sujetos humanos.” Todos tenemos una fama dentro del grupo al que pertenecemos: unos son torpes o otros listos, audaces o cobardes,…etc. . “Viene a ser la representación y valoración (estima positiva o negativa ) que el grupo se forma respecto de cada uno de los sujetos que lo integran;

b)      “Fama de notoriedad. Sólo afecta a sujetos humanos cuya singularidad ha sido distinguida por las razones que sean”.

Una y otra tienen un espacio de resonancia. Lugar en el que la fama es conocida.  El de la fama habitual puede ser la familia, compañeros, amigos, etc. El de notoriedad, es más amplio. Los sujetos de este espacio de resonancia no necesitan tener percepción directa del afamado. Sólo lo conocen de oídas.

Javier Suárez, parte del ensayo de Gustavo Bueno. Según Suárez, en El Quijote, el término “fama” aparece 387 veces. Si se asocia al de “gloria”, se eleva a 333; junto a los anteriores aparece el término “honra”, un total de 78 veces. El autor concluye que los tres términos alternan en el libro con un significado equivalente. Los tres términos quedarían englobados en el título del capítulo primero; “Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha”.

A partir de lo anterior, el autor concluye su tesis de que El Quijote es un proceso en el que, partiendo de la fama habitual del hidalgo, desborda su espacio para transformarse en fama de notoriedad.

El artículo de Riley parte del concepto de héroe medieval, al cual imita don Quijote por encarnar la virtud. Esta es una parte “integral de la fama”. Pone como ejemplo la escena en la que don Quijote va enjaulado. “Cuando está enjaulado en el carro, camino a su casa, y encuentran al canónigo de Toledo en la carretera, don Quijote le explica que va encantado por envidia de los malos encantadores, que la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos”.

Pone ejemplos de lo que Bueno llama fama de notoriedad. En el capítulo 2 de la Segunda Parte, cuando Sancho comunica a su amo que, según el bachiller,  la historia ha salido de la imprenta, y con éxito comercial. La “caja de resonancia”, siguiendo al profesor Bueno, se ha ampliado. Don Quijote es conocido por sus aventuras entre los personajes de la novela; pero además, los lectores de la época que sea también conocemos a don Quijote. “Es un golpe maestro con consecuencias profundas. Ahora se efectúa una confrontación entre las dos especies de fama: la de tipo heroico y caballeresco que se ha imaginado don Quijote como suya, y la fama literaria que le ha ganado la publicación de su historia”.

Curiosamente ninguno de los dos comentaristas se refiere al análisis de la fama que don Quijote realiza en este capítulo.  De entrada, voy a sostener la tesis de que este capítulo es erasmista y creo que prueba que Cervantes leyó el Elogio de la locura de Erasmo. La influencia de Erasmo en Cervantes la han sostenido varios autores: Américo Castro, en el libro tantas veces aludido, Marcel Bataillon, Antonio Vilanova, Aurora Egido y Márquez Vilanueva.

En el Elogio de la locura, ésta está personificada, elogia todas sus manifestaciones entre los hombres como actos de homenaje a ella; esto le permite a Erasmo satirizar un amplio campo de la conducta humana (R.O. Jones). La locura afirma que la mayoría de los hombres están locos: son todos aquellos que viven obsesionados con la caza, el juego, o bien con otras ocupaciones irracionales, aunque los más locos son aquellos que creen que por medio de las prácticas religiosas vacías pueden salvar su alma sin hacer ningún esfuerzo de vivir de acuerdo con la virtud.

Para explicar este tipo de fama, don Quijote le cuenta a Sancho varios casos que entran dentro de la locura erasmista: la de la prostituta que se queja de no haber sido puesta en la lista de las damas cortesanas; la del caballero romano que le dijo al Emperador, cuando estaban en la claraboya, que le había entrado ganas de arrojarse desde ella, “por dejar de mi fama eterna en el mundo”. Así cita varios casos de personajes que por la fama realizan varias locuras.

Todos los personajes que don Quijote ha puesto como ejemplos de buscar la fama tienen el común denominador de ser locos, insensatos y estúpidos.  Oigamos a Erasmo lo que nos dice en el Elogio de la locura: ¿habrá personas más felices que aquellos a quienes se les da ordinariamente el maravillosos apelativo de locos, insensatos y estúpidos(…) son personajes que no temen a la muerte, no conocen los devoradores remordimientos de una mala conciencia (…) En una palabra , no son presa de esa serie de preocupaciones que asaltan continuamente la vida humana”

Don Quijote le dice  a Sancho que los cristianos no deben aspirar a la fama, sino a la gloria eterna: “nuestras obras no han de salir del límite…”.

De lo anterior se puede inferir que el núcleo último que Cervantes ha circunvalado en este capítulo de la buena fama es el de la vida virtuosa y ordenada. Muchos la ponen como secundaria a las grandes hazañas que les dé fama inmortal




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