jueves, 4 de agosto de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO V. SANCHO Y TERESA RAZONAN SOBRE LAS VENTAJAS E INCONVENIENTES DE ASCENDER EN LA CLASE SOCIAL



Sancho ha ido a su casa a decirle a Teresa que va a iniciar con don Quijote su tercera salida. Los razonamientos de Sancho dictan bastante de lo que de él se conoce: algunos de ellos dan la impresión de ser una persona culta. Por esta razón, dice el traductor de la historia que parece apócrifa.

Sancho llegó alegre y contento a su casa, tanto que su mujer le preguntó por qué ocurría eso. Este contestó que si por una parte iba contento, por otra se sentía triste, pues tenía que dejar a los suyos para emprender la tercera salida con don Quijote; pero esto era el precio que tenían que pagar los pobres si querían progresar en la vida. A él no le gustaba, pero no había más remedio. Le pide que en los tres días que quedan que cuide bien del rucio, pues les esperan difíciles jornadas. Sin embargo, la esperanza de verse gobernador de una ínsula lo merecía todo.

Dado que Sancho insistía en ser gobernador, su mujer lo tranquilizó diciéndole que no se preocupase tanto por ascender en la sociedad, pues eran mucho los que pensaban desde el refrán: “ Viva la gallina, aunque sea con su pepita”(Es mejor vivir, aunque sea con dificultades, que no pasarlo mal por querer mejorar). Le dice que son muchos los que viven sin gobiernos y no por eso dejan de ser personas; el pobre tiene una ventaja: puede adaptarse a todo; lo explica con el refrán: “La mejor salsa del mundo es el hambre; y como ésta no falta en los pobres, siempre comen con gusto”. Sin embargo, Teresa tampoco pierde la esperanza y le dice que si llegara a ser gobernador, que se acuerde de Sanchico, que tiene que ir a la escuela si su tío el abad le ha de dar entrada en la Iglesia. También de su hija Mari Sancha, que quiere casarse y “mejor parece la hija mal casada que bien abarraganada”.

Insiste Sancho en que cuando sea gobernador casará a su hija con uno de este estado; sin embargo, Teresa  se opone, argumentando que el casarla con uno de posición  superior, le traerá problemas. Lo más tranquilo, según  ella es casarla con uno de su misma condición social, según el refrán “Al hijo de tu vecino, límpiale las narices y mételo en tu casa” (Casa a tu hija con uno de su misma clase).

Sancho, que se ve gobernador, despotrica contra Teresa por no tener miras más altas, y argumenta que “el que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no se debe quejar si se le pasa”. Sigue Sancho insistiendo en que cuando él sea gobernador, toda la familia mejorará en su  condición social, pero Teresa opina lo contrario. Quiere ser como le llaman “Teresa Panza”, pues como dice el refrán “allá van reyes do quieren leyes” (allá van leyes, donde quieren reyes: los poderosos imponen la ley; da entender que así la bautizó su padre y así seguirá ella, sin ningún tipo de don).  Persiste Teresa en sus ideas y dice que ni ella ni su hija se moverán de su aldea, de acuerdo con el refrán “la mujer honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta”.

Sancho le replica que no ha entendido nada; que lo refranes que ha dicho no vienen a cuento y que solamente aspira a que su hija tenga una buena posición social. Al preguntarle que por qué se opone a esto, contesta Teresa que el refrán “!Quién te cubre, te descubre!”, lo dice todo (Quien te encumbra socialmente hace posible que se vean tus deficiencias).

Sancho también persiste en su idea, argumentando que ha oído decir que lo importante es el aspecto que presentamos en el presente: “Todas las cosas presentes que los ojos están mirando se presentan, están y asisten en nuestra memoria mucho mejor y con más vehemencia que las cosas pasadas”. De lo anterior concluye que si la persona viste bien y es cortés y educada, nadie se acordará del “borrador de su bajeza”. Le corrige a Teresa varias prevaricaciones idiomáticas y después de decirle que le mandará dinero cuando sea gobernador, se marcha a ver a don Quijote “para dar orden en su partida”.



Comentario

Lázaro Carreter en el artículo "La prosa de El Quijote" demuestra por qué con esta obra se funda la novela moderna. Asume el principio de Bajtin en torno a la relación tan estrecha que existe entre el descubrimiento de lo cotidiano como objeto del relato y la polifonía lingüística, es decir, la variedad de voces que hallamos en el texto. En ese artículo le dedica finas observaciones al diálogo que Sancho mantiene con su mujer. Por lo pertinente del mismo, lo incorporo a este comentario.

"Cervantes se adueña -había aparecido antes en la expresión de  Celestina, Lozana y Justina- definitivamente del recurso del chaparrón refraneril como estímulo cómico, cuando lo ha hecho pasar por boca de una mujer, de Teresa Panza.
El descubrimiento ocurre en el importantísimo coloquio de Sancho con su mujer, en el capítulo 5 de la Segunda parte. Momento difícil para el novelista, porque ha de hacer hablar a dos analfabetos. Se impondría que entre ellos fluyera un coloquio toscamente humilis; pero eso hubiera descompensado la ponderada concertación de la obra, tan delicadamente equilibrada por el escritor...Para prevenir una estrategia que conjure ese riesgo, Cervantes utiliza una admirable argucia. Al frente del capítulo inserta la siguiente advertencia:

"Llegando a escribir el traductor desta historia este quinto capítulo, dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer en su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese..."

De este modo, haciendo que el escudero alce, aunque sea apócrifamente, su calidad expresiva, evitará el insoportable arrusticamiento de los dos aldeanos, y restablecerá el desnivel elocutivo que,  mutatis mutandis, mantienen don Quijote y Sancho.
En efecto, a las primeras de cambio, Teresa amonesta a su marido:

"Mirad, Sancho, que después que os hicisteis miembro de caballero andante, habláis de tan rodeada manera, que no hay quien os entienda."

El traductor señala las réplicas de Panza que, por su elevación, le parecen sospechosas de falsedad:

"Por este modo de hablar, y por lo que más abajo dice Sancho, dijo el traductor de esta historia que tenía por apócrifo este capítulo."

Y es que, en efecto, en ausencia de don Quijote, el escudero asume su palabra. Siendo él tan prevaricador corrige a Teresa por hablar mal, de igual modo que él solía ser corregido. Y cuando ella le advierte:

"Yo no os entiendo, marido; haced lo que quisiéredes, y no me quebréis más la cabeza con vuestras arengas y retóricas. Y si estáis revuelto en hacer lo que decí...

Resuelto has de decir, mujer, y no revuelto

A lo que la rústica replica como su marido al hidalgo:

"Yo hablo como Dios es servido, y no me meto en más dibujos.

Pues bien, en esa conversación Teresa suelta refranes en cascada:

"Eso no, marido mío, viva la gallina aunque sea con su pepita; vivis vos, y llévese el mundo cuantos gobiernos hayen el mundo  (...) La mejor salsa del mundo es la hambre (...). Advertid el refrán que dice "Al hijo de tu vecino, límpiale las narices y métele en tu casa" (...)  Mi hija ni yo, por el siglo de mi madre, no nos hemos de mudar un paso de nuestra aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta..."

La hemorragia refranesca de Panza es incoercible." 



Desde otro punto de vista, Sandra L. Alzate ha analizado las mujeres en la obra, en el artículo "Representación de los espacios femeninos en las novelas intercaladas en el Quijote". La autora, parte de la tesis de Pfalnd, sobre la inferioridad de la mujer con respecto al hombre en el siglo XVI, para concluir que Cervantes fue sensible a este problema. Este es el comentario que sobre Marcela, Dorotea, Luscinda y Zoraida realiza la autora. Nos parece pertinente incluirlo en este capítulo porque sirve para enmarcar el pensamiento de Teresa, que si bien se distancia de las anteriores, refleja bien lo dicho por Pfandl

“A través de su narrativa, Cervantes demuestra ser un escritor sensible a problemas de su tiempo. Además, habiendo él mismo soportado las muchas injusticias sociales que tenían que ver con su falta de pureza de sangre y el no reconocimiento de sus valores militares, entre otros, el escritor no pasa por alto la situación de la mujer en el contexto social de la época. En sus obras se pueden encontrar personajes femeninos que con su manera de actuar y de sentir, dejan ver por un lado, el escenario que vive la mujer en una sociedad donde es el hombre quien dirige los destinos femeninos y por otro, el deseo de éstas de liberarse de este orden simbólico dominante.”



“La mujer del siglo XVII estaba circunscrita en ciertos comportamientos sociales que limitaban su comportamiento psicológico. Ludwig Pfandl, en su estudio sobre las costumbres del pueblo español de los siglos XVI y XVII, señala que la mujer española de la nobleza y la burguesía de esta época contaba con una educación limitada que solo le permitía leer, escribir y aprender las cuatro reglas básicas de aritmética; tener instrucción religiosa dentro de la familia y la iglesia y por supuesto, dedicarse a los trabajos caseros. En su papel como esposa y madre, Pfandl la define como “el ideal más acabado del retiro doméstico, de la modestia edificante y de la religiosidad más profunda; evitaba todo contacto con el exterior y huía del ruido alborotado de las calles y del aire malsano de la vida pública” (126). El acto del matrimonio, además de llevarse a cabo por un propósito afectivo, se hacía también como un acuerdo material. Asimismo, este autor señala que, cuando las mujeres se veían obligadas a la soltería o a la viudez, tenían como única salida el refugiarse en un convento”.



 “Encontramos a una Marcela y a una Zoraida transgresoras de los órdenes simbólicos dominantes; a una Dorotea y a una Luscinda que, aunque tradicionalistas, escapan de los espacios impuestos y tienen la fortaleza de decidir su propio porvenir. A una Camila que, aunque definida por características que no la dejan muy bien posicionada frente a los otros personajes, es una mujer que es llevada al adulterio por los errores de impertinencia de su esposo. En estos espacios, es considerable que cada una de estas mujeres acondiciona sus deseos y comportamientos; ellas mismas diseñan su propia existencia, su propia forma de ser y de vivir. Finalmente debemos decir que, los efectos que provocan los espacios que estos personajes habitan y lo que esos espacios pueden significar, nos hace percibir que Cervantes fue consciente de la injusta situación a la que estaba sometida la mujer de la época y que a través de sus escritos intentó darles una posición mucho mas favorecida que a los personajes masculinos, de los cuales los mas significativos terminaron siendo representados por la ineptitud de Cardenio, la debilidad de Grisóstomo, la impertinencia de Anselmo y la deshonestidad de Fernando.”

Las palabras de Teresa acrisolan la tesis de Ludwig Pfandl anteriormente expuesta. Las voces de Teresa y Sancho ingresan con un timbre diferenciado en el gran conjunto polifónico de El Quijote.  Los planteamientos de Bajtin quedan demostrados: el pensamiento de Teresa queda rubricado por este otro refrán del maestro Correas, por el que se atisba el pensamiento de la época:

               "Madre, ¿qué cosa es casar? -Hija, hilar, parir y llorar"

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