viernes, 14 de octubre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XX. LAS BODAS DE CAMACHO O EL DESBORDAMIENTO DE LOS SENTIDOS

Amaneció. Don Quijote se levantó y llamó a Sancho, pero éste roncaba. Antes de despertarlo,  invocó la suerte que tenía por ser criado, frente a él que es señor y como tal tiene que procurar el sustento a quien le sirve; Sancho dormía, mientras que él velaba.

Sancho se despertó y a lo primero que se refirió es al buen olor a comida que llegaba. A continuación manifestó su opinión sobre la boda, diciendo que el pobre Basilio fue un ingenuo al creer que Quiteria se casaría con él, porque “el pobre debe de contentarse con lo que hallare y no pedir cotufas en el golfo” (no pedir imposibles). Mantiene Sancho que hizo bien Quiteria en casarse con Camacho porque éste tiene bienes y el otro, gracia y habilidades y con esto no se vive, pues sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero.

Subieron en sus monturas y se dirigieron al lugar de las bodas. Sancho de inmediato se fijó en la abundancia de comida: se estaba asando un novillo, en cuyo vientre había doce tiernos y pequeños lechones; en las ollas de alrededor se embebía y encerraban carneros enteros. Las liebres sin pellejo, las gallinas sin plumas y las aves, colgadas para que se orearan, eran numerosas. Contó Sancho más de sesenta zaques de vino, había rimeros de pan y una muralla de quesos. Era rústico el aparato de la boda, pero suficiente para sustentar un ejército.

Sancho le pidió a uno de los cocineros que le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas; el cocinero le dio un caldero con tres gallinas y dos gansos.

Don Quijote, a través de la enramada vio que entraban doce labradores subidos en sus yeguas, con ricos y vistosos jaeces de campo y con muchos cascabeles en los petrales. Al poco entraron diferentes danzas y entre ellas una de espadas. En una de las danzas bailaban al son de la gaita zamorana jóvenes doncellas hermosas, guiadas por un venerable viejo y una anciana matrona. A continuación entró una danza de artificio, hablada y con figuras alegóricas entre las que se encontraban la Poesía, el Buen linaje, la Valentía, la Liberalidad, el Tesoro y el Interés. Se disputaban la posesión de una hermosa doncella. Al final de la disputa venció el interés. Don Quijote comentó la representación diciendo que el autor de la misma debía de ser un autor satírico, más amigo de Camacho que de Basilio.

Sancho se disponía a chascar su desayuno y, después de contemplar  la escena, dijo: El rey es mi gallo: A Camacho me atengo (Expresión que quiere decir apuesto por el poderoso). Después de recriminarle don Quijote que era de los que “Viva quien vence”, Sancho contesta que “dos linajes solos hay en el mundo (…), que son el tener y el no tener; (…) y el día de hoy, (…) antes se toma el pulso al haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo enalbardado.

Don Quijote le reprochó lo mucho que hablaba; que antes moriría él que Sancho, con lo cual no lo vería callado. Sancho contestó diciendo que” no hay que fiar en la descarnada, digo en la muerte, la cual tan bien come cordero como carnero; y a nuestro cura he oído decir que con igual pie pisaba las altas torres de los reyes como las humildes chozas de los pobres. Tiene esta señora más de poder que de melindre; no es nada asquerosa: de todo come y a todo hace, y de toda suerte de gentes, edades y preeminencias hinche sus alforjas. No es segador que duerme las siestas, que a todas horas siega, y corta así la seca como la verde yerba; y no parece que masca, sino que engulle y traga cuanto se le pone delante, porque tiene hambre canina, que nunca se harta; y aunque no tiene barriga, da a entender que está hidrópica y sedienta de beber a solas las vidas de cuantos viven, como quien se bebe un jarro de agua fría.”

 Por las palabras anteriores le dijo don Quijote que podría ser un buen predicador, a lo que contestó Sancho que” Bien predica quien bien vive” (El ejemplo persuade más que la palabra).



Comentario

Casalduero comenta los capítulos de las Bodas de Camacho, tomando como referentes ciertas claves de la época: El Barroco. Lo que dice de este capítulo es lo siguiente: “Un diálogo comienza el capítulo XX y lo termina otro diálogo de los mismos personajes; estos diálogos encuadran las vituallas abundantes de la comida de la boda y las damas que la preceden. Un pequeño arabesco ricamente decorativo –blanca aurora, luciente Febo, líquidas perlas , cabellos de oro- sirve de escenario al primer gesto de Don Quijote al despertarse, dramatizando Cervantes el tema del Beatus ille: Don Quijote contempla a Sancho dormido. En cuanto Don Quijote ha dicho su aria ¡Oh tú, bienaventurado! Sancho despierta. El tema aparece completamente renovado; sin embargo, conserva todo el movimiento de gran escuela, en fuerte y poderosos contraste con el despertar del gracioso, quiero decir de Sancho. “Despertó en fin soñoliento y perezoso, y volviendo el rostro a todas partes dijo: -“De la parte de esta enramada sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan (…) deben ser abundantes y generosas”.

En seguida discuten de la boda, y Don Quijote manda a Sancho que calle. El último diálogo comienza discutiendo la boda de nuevo; dice Don Quijote a su Escudero que calle, y entonces Sancho introduce la muerte: “No hay que fiar en la descarnada, digo, en la muerte, la cual tan bien come cordero como carnero…” Se ve cómo las Bodas de Camacho, todo ese rebosar de la glotonería de los sentidos –olfato, gusto, vista- ha jugado de una manera muy barroca con una muerte muy tragona y devoradora.

“Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo…” Así comienza la descripción de los preparativos del banquete, la cual termina “En el dilatado vientre del novillo estaban doce tiernos y pequeños lechones que, cosidos por encima, servían de darle sabor y enternecer”. Dentro de este encuadre, el espectáculo enorme: carneros, liebres, gallinas, pájaros y caza, arrobas de vino, rimeros de pan, murallas de queso, aromándolo todo un arca de especies. Y para expresar las incapacidades de Sancho para alejar su deseo, le acerca al cocinero, quien le dice que busque un cucharón, y como no lo encuentra, él mismo pone en un caldero gallinas y gansos; pero Sancho no tiene donde echarlos, “Pues llevaos –dijo el cocinero- la cuchara y todo”.

Sancho el glotón se retira al margen de la escena, y las danzas comienzan. Entra primero un tropel de jinetes, que con sus correrías llenan de alboroto el prado, rápidamente seguidos de la danza de las espadas; un cuerpo de doncellas hermosísimas aquieta con su baile esa pulsación para dar lugar a la danza hablada”

Desde un punto de vista social enmarca las Bodas de Camacho Pierre Vilar en El tiempo del Quijote. Este historiador, después de explicar la crisis del XVII, sitúa como una excepción las figuras de los labradores ricos que aparecen en la obra. El momento económico es muy difícil, debido a la fuerte inflación que se ha producido en los precios y en los salarios. Valga como ejemplo que “un hortelano de Castilla que cobraba 3470 maravedís en 1599, percibe 9000 en 1603; entre 1602 y 1605 la fanega de trigo andaluz pasa de 204 a 1301 maravedís”. Ante esta situación de inflación, el dinero del nuevo rico se gana y se desvaloriza tan de prisa que le parece mejor gastarlo en bodas gargantuescas”  (Pierre Vilar)   

Otro aspecto interesante de este capítulo nos lo ofrece la mudanza que pronuncia el Interés en la danza hablada de las ninfas.: Soy el Interés, en quien/ pocos suelen obrar bien,/y obrar sin mí es gran milagro;/por siempre jamás, amén.

Las personas se mueven en su gran mayoría por intereses. Este es un tema recurrente en El Quijote y desde este tema de la filosofía realista  sugiere A. Parker su interpretación. Ya en el cap.XI.I nos dijo Cervantes, cuando habló de la Edad Dorada, que “no había fraude, ni se mezclaba el engaño y la malicia con la verdad y la llaneza”. La verdad, nos viene a decir,  se oscurece por el engaño, la mentira y los intereses de las personas. Como dice A. Parker: “si la causa por la cual las acciones de los hombres se conforman con la realidad o se oponen a ella, la buscamos en el interés de los personajes porque las cosas sean de un modo o de otro, entonces la visión de la vida humana en El Quijote se presta a un análisis que da a la novela, tan valioso en nuestro siglo como el XVII.”

En este sentido, la aserción del interés,- constituye un milagro actuar sin tenerme en cuenta-, es tan verdadera que se constituye en axioma de la vida cotidiana.

  






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