lunes, 5 de septiembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XII. EL TEATRO Y LA VIDA. APARECE EL CABALLERO DEL BOSQUE

Después de dejar a los comediantes, don Quijote y Sancho pasaron la noche debajo de unos frondosos árboles. En la conversación que mantuvieron mientras cenaban, Sancho se sentía contento de haber seguido el refrán de “más vale pájaro en mano que buitre volando (no hay que dejar lo seguro por cosas mejores, pero dudosas). Le había dicho a su señor que prefería las crías de las tres yeguas antes que los despojos de la primera aventura. Don Quijote le contestó que si hubiera perseguido a los comediantes le habría conseguido la corona de la emperatriz; a esto respondió Sancho que “Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsante fueron de oro puro, sino de oropel o hoja lata”.

Don Quijote elogia la reflexión de Sancho y añade que es lógico que así sea, pues todo es una comedia y “todos (los que las representan y los que las componen) son instrumentos de hacer un gran bien a la república, poniéndonos un espejo a cada paso por delante, donde se ven al vivo las acciones de la vida humana, y ninguna comparación hay que más al vivo nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes”. Sigue don Quijote explicando la imagen del mundo como un teatro, en el que cada uno hace su papel, pero en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y todos quedan iguales en la sepultura”.   Sancho añade que también se puede comparar el mundo con una partida de ajedrez, pues todas las fichas acaban al final en la misma bolsa. Elogia don Quijote la comparación y la discreción de Sancho. Este contesta que la discreción se le ha pegado de él, pues “las tierras que de suyo son estériles y secas, estercolándolas y cultivándolas vienen a dar buenos frutos”. A continuación explica la metáfora: su ingenio era estéril, pero las conversaciones mantenidas con él y el tiempo que lo lleva acompañando, están dando como resultado las palabras que oye.

Se rio don Quijote del razonamiento de Sancho, el cual lo iba alternado con decir refranes, vinieran o no a cuento.

Antes de echarse a dormir, Sancho dejó en libertad al rucio. De inmediato, los animales, que se tenían gran amistad, se juntaban a para rascarse mutuamente. Tal amistad debe ser ejemplo para los hombres, que no se la saben guardar, como dicen los versos: No hay amigo para amigo: / las cañas se vuelven lanzas ( Lo que empezó como un juego acabó mal), o bien este otro: “De amigo a amigo, la chinche, etc” (No hay que fiarse de los que se llaman amigos). Continúa el narrador explicando las enseñanzas que los hombres han recibido de los animales.

Terminaron los dos por coger el sueño, pero al poco, oyó don Quijote un ruido: eran dos hombres que el desmontaban de sus caballos. Uno de ellos se dejó caer en la yerba y, al ruido de las armas, comprendió que era un caballero andante. Despertó a Sancho y pronto oyeron que el “Caballero del Bosque”,  templando un laúd, se disponía a cantar. Don Quijote quiere escucharlo y le dice a Sancho que preste atención, pues “ por el hilo sacaremos el ovillo de sus pensamientos”, si es que canta, que “de la abundancia del corazón habla la lengua” . Entonó el caballero un soneto en el que se lamenta de la indiferencia de su dama, Casildea de Vandalia. También decía que su hermosura había sido proclamada por todos los caballeros andantes, incluidos los de La Mancha. En voz alta don Quijote se quejó a Sancho que ese caballero desvariaba. Oído por el del Bosque se acercó a don Quijote. Se saludaron y comenzaron a hablar sobre el amor que profesaban a sus respectivas damas. Intervino Sancho en la conversación y fue amonestado por el del Bosque, por mezclarse en la conversación sin  permiso de su señor. Sancho responde que puede hablar delante de quien quiera y aun “quédese aquí, que es peor meneallo” ( mejor es no hablar de aquello que no tiene remedio).

Se acercó a Sancho el escudero del Bosque y lo invitó a que se apartasen de sus amos y charlaran “escuderilmente”. Sancho asintió.



Comentario

Varios temas encontramos en este capítulo:

a)      La farsa de la vida. Sancho ha ido evolucionando por su convivencia con don Quijote. Sancho comprende que mucha gente engaña como lo hace él mismo. Es difícil encontrar personas auténticas. Los héroes, las personas famosas por sus hazañas y sus virtudes, son difíciles de encontrar. La mayoría finge serlo. Unamuno, en Vida de don Quijote y Sancho, lee este capítulo y el anterior desde la farsa que muchos van representando en la vida.  Basa su argumentación en las palabras de Sancho: “Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsantes fueron de oro puro, sino de oropel o hojalata”.

b)      El teatro y la vida humana. A partir de la reflexión anterior de Sancho, intervino don Quijote para decir que todo es una comedia, y tanto los que participan en ella, como las componen,  “son instrumentos de hacer un gran bien a la república” y estos lo son, por ser el teatro, un espejo “donde se ve al vivo las acciones de la vida humana”.

A partir de aquí el tema se vuelve más grave al proseguir don Quijote, explicando la comparación entre el teatro y la vida. Varios autores: Valbuena Prat, Díaz Plaja… leen el capítulo anterior desde una óptica teatral. “ Cervantes formula un tema que alcanzó su apoteosis en El gran teatro del mundo. Este tema fue formulado por primera vez por Epicteto, y alcanzó popularidad al ser traducido por Quevedo, en 1635, con el título Epicteto y Focílides español.”  (Díaz Plaja, En torno a Cervantes)

c)       La educación. Cervantes, por boca de Sancho, formula una de las últimas tendencias educativas: la validez que encierra toda persona. La falta de confianza en eso que se llama coeficiente intelectual. Esa manera de clasificar a los individuos en función de los test. Como muy bien intuyó Cervantes, la inteligencia es un complejo de variables en las que influye la educación y especialmente la voluntad. Dándole buen abono a los campos, aunque sean estériles, pueden dar buenos frutos si así nos lo proponemos. Sancho quiere aumentar su ingenio, tiene voluntad y presta atención a lo que don Quijote dice.

d)      La amistad.  Aristóteles, en los libros VIII y IX de la Ética a Nicómaco, nos habla de la amistad como una virtud de las más necesarias para la vida. La clasifica en tres clases. Todas ellas exigen la reciprocidad: a) La amistad perfecta; b) la basada en el interés; c) la basada en el gusto o placer. La más importante es la primera, se da muy poco, pues exige hombres buenos en sí mismos, personas auténticas. Ya vimos antes, cuando Sancho nos dijo que “nunca los cetros y coronas de emperadores farsantes fueron de oro puro, sino de oropel o hojalata”, nos estaba diciendo que difícilmente encontraríamos personas auténticas. Es lo que ejemplifica el refrán de “amigo a amigo, la chinche”: no se puede fiar uno de los que dicen llamarse amigos.

e)      La farsa del Caballero del Bosque. Sansón Carrasco se disfraza ridículamente de caballero andante, continuando con el engaño de la vida. Como vemos, una vez más, la verdad está disfrazada por la mentira.













  










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