viernes, 25 de mayo de 2012

SEGUNDA PARTE.CAPÍTULO LXXIV. MUERTE DE DON QUIJOTE. EL QUIJOTISMO COMO ANTÍDOTO CONTRA LA MUERTE



Por causa de la melancolía que cogió cuando fue vencido, o porque el cielo lo quiso, se le arraigó una calentura que lo tuvo seis días en la cama y la vida de don Quijote llegó a su fin.  Lo visitaba el cura, el bachiller, el barbero y, especialmente, Sancho Panza, que no se apartaba de él.  Éstos creían que se encontraba en esa situación a causa de la frustración de verse vencido o por no haber visto cumplido su deseo de ver desencantada a Dulcinea. Lo animaba el bachiller, diciéndole que se levantase para emprender la vida pastoril.

Llegó el médico, después de reconocerlo, dijo que estaba grave y que atendiesen la salud de su alma. También les comentó que, según su parecer, la causa era disgusto y melancolía. Don Quijote oyó estas palabras con tranquilidad, pero las acompañantes, el ama y la sobrina, con tierno lloro.

Rogó don Quijote que lo dejasen solo porque quería dormir un poco. Durmió más de seis horas y cuando se despertó prorrumpió en alabanzas a Dios por la mucha misericordia que con él había tenido. Dijo que había recuperado el juicio y se encontraba libre de las sombras a las que lo llevaron los embelecos de los libros de caballerías. Pidió que llamaran a sus amigos porque quería confesarse y hacer testamento.

Entraron y don Quijote les pidió que lo felicitasen, pues había dejado de ser don Quijote de la Mancha para pasar a ser Alonso Quijano “el bueno”. Volvió a decir que detestaba los libros de caballerías, cosa que los amigos no se creyeron; Sansón Carrasco lo animó a que volviera en sí y se dejase de cuentos. Don Quijote le replicó que los cuentos vividos hasta ahora le han sido muy perjudiciales y que con la ayuda del cielo, la muerte los volvería en su provecho. Les dijo que sentía que se iba “muriendo a toda prisa”. Les pidió un confesor y un escribano, porque “en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre con el alma”.

Se sorprendieron los amigos de que fuese verdad lo que decía, pero las abundantes razones que daba, confirmaban que estaba cuerdo.

Entró el cura y lo confesó; el bachiller fue a por el escribano. Ante él hizo testamento, ordenando lo siguiente: que del dinero que Sancho tenía en su poder por haber sido su escudero, se le pagase lo que se le debiere; si después sobrare algo, que se le diese porque “la sencillez de su condición y la fidelidad de su trato lo merecían”. Le pidió perdón por haberlo metido en una aventura de locos al hacerle creer que hubo caballeros andantes en el mundo.

 Sancho, emocionado,  le contestó: “No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía”. Insistió en que se levantara de la cama, porque como los libros de caballerías decían, los caballeros se derribaban unos a otros y “el que es vencido hoy ser vencedor mañana”. Se unió a las razones de Sancho el bachiller, y don Quijote les contestó: “vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño” (los tiempos han cambiado).

Dispuso que toda su hacienda fuera a parar a su sobrina Antonia Quijana, después de haberle pagado al ama por el tiempo que le ha servido. Dejó como albaceas al cura y al bachiller y ordenó que si su sobrina se casare con un hombre del que se sepa fehacientemente que conoce los libros de caballerías, se le desposee de los bienes que le deja.

Termina el testamente pidiendo perdón al autor del falso Quijote por haberle dado, sin pensarlo, ocasión para escribiera tanto disparate como dice.

Acabado el testamento entró en coma; no obstante estaba la casa alborotada por la inquietud de los presentes,  porque “esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto”

Después de recibir todos los sacramentos y de abominar una vez más de los libros de caballerías, don Quijote murió. Para quitar la ocasión de que cualquier otro autor le resucitase, pidió el cura al escribano que diera fe de que Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha,  había muerto de muerte natural.

Sansón Carrasco escribió:


Tuvo el mundo en poco, / fue el espantajo y el coco / del mundo, en tal coyuntura, / que acreditó su ventura / morir cuerdo y vivir loco. //

Finalmente dejó Cide Hamete colgada su pluma en la espetera, diciéndole que si alguien se atreviera a tocarla dijere que “Para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solos los dos somos para en uno”.  Termina el autor diciendo que “no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías…”



Comentario


La prueba de que don Quijote es un clásico es que se ha leído e interpretado por muchísimos lectores a lo largo del tiempo y desde puntos de vista distintos. Es un hecho lógico, puesto que en el libro está “toda la vida”, en palabras de García Márquez.  Quiero comentar este capítulo final desde dos lecturas divergentes que demuestran que la búsqueda de una interpretación única que pueda imponerse a todas,  como dice Eisemberg, “es quijotesca imposible”.  (Eisemberg). Una de las lecturas nos remite a la cultura religiosa y existencial de la época; la otra, a la ética que desde la ilustración, como dice Savater, se imponen en el pensamiento filosófico.

a)      La visión religiosa y existencial de los últimos días de don Quijote.

En el capítulo anterior intuyó don Quijote que la muerte estaba próxima porque su ilusión de ver desencantada a Dulcinea se desvanecía. Este capítulo se abre con un marco narrativo, en el que, con gran naturalidad, se cuenta el final de la vida de nuestro héroe: “Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente la vida de los hombres”. Con esta sencillez narra Cervantes los días y las horas finales de nuestro héroe.

Tuvo que meterse en la cama a causa de una calentura, provocada o bien por la depresión melancólica que le ocasionó su derrota, o bien, porque el cielo así lo dispuso. Sus amigos no dejaban de visitarle y Sancho no se apartaba de su lado. Ellos, que intuían que el estado de don Quijote tenía que ver con las causas antes señaladas, no dejaban de animarlo, incitándole en todo momento para que siguiera viviendo. Para ello, le hablaban de sus proyectos pastoriles; especialmente el Bachiller, que había sido el causante de su derrota, se desvivía ahora por demostrarle su aprecio a la vida pastoril, para la cual “tenía ya compuesta una écloga y que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado”.

En vista de que no mejoraba y su tristeza no remitía, llaman al médico y este diagnostica que “melancolías y desabrimientos le acaban”. Don Quijote oye las palabras del médico con serenidad, pero no así los acompañantes: el ama, la sobrina y Sancho.  Pide que le dejen solo porque quiere dormir un poco. -Es conveniente recordar como observa Avalle Arce en Don Quijote como forma de vida, que el sueño era uno de los tratamientos que en la época se daban contra el desequilibrio de los humores.- Cuando se despierta, irrumpe diciendo:  ¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho!. El bien al que se refiere don Quijote es a la misericordia de Dios, que le ha perdonado sus pecados y le ha devuelto la razón. En esta línea de pensamiento, recuperar la razón significa sentir a Dios, disponerse a bien morir y ver la locura que la vida ha sido: un breve instante, sintetizado en el verso del epitafio que le escribe el Bachiller: “Morir cuerdo y vivir loco”.  Por este motivo, cuando entran sus amigos, después de que don Quijote hubiera dicho que quiere confesarse y hacer testamento, el Bachiller le dice que se deje de cuentos, a lo cual responde el Caballero: “Los de hasta aquí, (…) que me han sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho”. Lo anterior, como sostiene Casalduero, es uno de los principios de la Literatura ascética: Don Quijote morirá desengañado: “su muerte debe desengañar al hombre”. En parecidos argumentos se expresa Avalle Arce, en el libro antes mencionado, cuando dice que en su lecho de don Quijote queda empequeñecido, pero ya ha obtenido “la más alta de todas las victorias morales, la más alta porque esta vez es el triunfo sobre sí mismo”.

El cura lo confiesa y confirma que ha recuperado el entendimiento. Testigos del testamento son el Bachiller, el ama, la sobrina, Sancho y el escribano. Partiendo de la memoria de su vida,  Don Quijote redacta el testamento y dispone los tres mandatos a los que hago referencia en el resumen. En su memoria testamentaria señala las locuras y mentiras que ha vivido; las quiere corregir y para ello dispone que a Sancho, que por su causa ha caído en la locura de creer que existen los caballeros andantes, no se le exija nada del dinero que llevaba por ser su escudero.  Sancho pretende engañarlo, una vez más, y le dice que no se muera: “vámonos al campo vestidos de pastores (…) quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora Dulcinea desencantada…”. Don Quijote contesta con la famosa frase “En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”: se ha ido la locura y ha vuelto la cordura y con ella el sentido religioso de la vida.

Terminado el testamento, sufrió desmayos durante tres días, al cabo de los cuales murió. Durante este tiempo, “Andaba la casa alborotada, pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza, que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto”. Cervantes parece que quiera decirnos que no tiene por qué haber ruptura entre la muerte y la vida. Con la misma naturalidad con que se abre el capítulo se cierra.

b)      La visión ética de la muerte de don Quijote.

 Tomada en un sentido axiológico, la ética es la vivencia de un mundo de valores que nos permiten llevar una existencia plena. La vivencia de esos valores no la hacemos por imposiciones de ningún tipo, ni porque nos lo imponga ninguna institución social, sino porque nos sentimos dichosos y nos hacen humanos en tanto que vemos en nosotros la humanidad del otro. Don Quijote se sentía dicho en su propia humanidad, porque buscaba lo que a los otros, como humanos, les hacía falta: el desencanto a Dulcinea, la justicia para la hija de doña Rodríguez, o la compasión y humanidad con Andrés  cuando sufre los azotes. Don Quijote se sacrifica por los otros, porque su propia humanidad de caballero andante se lo exigía. De esa forma pretendía hacer de su vida una obra de arte, surgida del arte caballeresco.  Desde estos principios, dos ensayos son útiles para leer la muerte de don Quijote:

1. Vida de Don Quijote y Sancho, de Unamuno; 2. Don Quijote y la muerte, de Fernando Savater.

Unamuno defiende la tesis de que el despertar de don Quijote del sueño de la locura que había vivido, le llevó a la muerte; pero por otra parte, ya sabemos en qué consistió su locura: en combatir el mal. Entonces, la pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Es conveniente dejar de soñar que hay que combatir el mal?. Está claro que cuando se vuelve a la pura realidad, el alma muere, como le aconteció a don Quijote. Mientras tuvo esos sueños, se consideró inmortal. No vivió con la muerte. 

La antorcha de don Quijote la toma Sancho. Esta es la conclusión a la que llega Unamuno cuando Sancho le aconseja a don Quijote que no se muera y vuelvan a retomar la vida pastoril: “!Oh heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en tal abismo de la sensatez y que su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe, Sancho, la fe de ti, que ni has muerto no morirás!. Don Quijote perdió su fe y muróse; tú la cobraste y vives”.

Fernando Savater en el ensayo antes señalado, sostiene una línea de argumentación próxima a la de Unamuno. Para el autor de La tarea del héroe, y Ética para Amador, las palabras de Sancho a don Quijote:  No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía”., constituyen el núcleo fundamental de la obra. Cervantes, según el filósofo, nos presenta a Sancho Panza que, en todo su realismo, se da cuenta de que las indomables aventuras en las que se metía don Quijote, lo despertaban en su humanidad. Le eran necesarias para vivir. En este sentido, “Don Quijote es el santo patrono y el mártir de la invención humana de propósitos para la vida”.

Cuando estos propósitos para la vida desaparecen, cuando la melancolía se adueña de nosotros, es cuando la verdadera locura nos mata. “Para combatir la muerte hay que escoger una empresa, una cruzada (generalmente ética), en pos de la cual, cabalgar por la faz de la tierra; identificar un mal y romper lanzas contra él”.

El objetivo de Cervantes, dice Savater, “es denunciar y combatir la melancolía. Porque la melancolía es la enfermedad mortal que nos aqueja…El humorismo cervantino desafía la melancolía y propone a un personaje delirante y grave que se enfrente a ella. ..El proyecto de don Quijote es un proyecto ético…El verdadero, el único fracaso de la ética es no poder vencer a la pereza paralizadora. Don Quijote no muere de quijotismo, sino de renunciar finalmente a serlo y volver al alonsoquijanismo melancólico.”

Don Quijote recobra la razón, pero pierde el sentido de la vida, parafraseando a Viktor E. Frankl, en El hombre en busca de sentido, cuyo norte lo sintetizó Nietzsche en las siguientes palabras: “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo



  


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