viernes, 18 de mayo de 2012

SEGUNDA PARTE.CAPÍTULO LXXIII. DON QUIJOTE INTUYE SU FINAL






A la entrada del pueblo, vieron a unos niños riñendo. Uno le decía al otro: “No te canse Periquillo, que no la has de ver en todos los días de tu vida”.  Don Quijote interpretó la frase como un signo de mal agüero y le dijo a Sancho que nunca más volvería a ver a Dulcinea. En ese momento, una liebre perseguida por galgos y cazadores, se agazapó debajo del rucio. Sancho cogió la liebre, y junto con la jaula de grillos por la que reñían los niños, se las dio a don Quijote, diciéndole que se imaginase que fuese Dulcinea, perseguida por unos encantadores: los cazadores. Continuó don Quijote diciendo que todo aquello era signo de mal agüero y Sancho le contestó que “no es de personas cristianas ni discretas mirar en estas niñerías, y aún vuesa merced mismo me lo dijo los días pasados, dándome a entender que eran tontos todos aquellos cristianos que miraban en agüeros”.

En un pradecillo, en la entrada del pueblo, estaban rezando el cura y el bachiller Carrasco. Desmontó don Quijote y se abrazaron estrechamente. Los muchachos, que son linces no excusados (todo lo ven), acudieron a ver lo que el rucio portaba.

Rodeados de muchachos y, acompañados del cura y el bachiller, llegaron a casa de don Quijote. Lo esperaban el ama y su sobrina; Teresa, que también se había enterado, acudió, desgreñada y medio desnuda, con su hija, y al ver a Sancho le dijo que más parecía “desgobernado que gobernador”. Sancho le contestó que muchas veces, “donde hay estacas no hay tocinos” ( Las apariencias engañan. Una vez más, Sancho trastrueca el refrán para darle a entender que traía dinero).  Sanchica, que lo esperaba “como agua de mayo” (pondera que algo es muy bien recibido o deseado) se abrazó a su padre, y los tres, muy alegres se fueron a su casa.

Don Quijote, sin guardar términos ni horas (actuando precipitadamente), se reunió a solas con el cura y el bachiller y les dijo que venía vencido, que cumpliría su promesa de permanecer un año en su aldea  y su propósito de llevar una vida pastoril, invitándolos a que lo acompañasen en el proyecto, para lo cual tenía ya pensado los nombres que tendrían.

Quedaron asombrados cuando lo oyeron, pero para que no se les rebelase, le siguieron la corriente, esperando que en ese año se pudiera curar.  Sansón Carrasco les dio nombre a las posibles pastoras sobre las que versarían sus versos. Se despidieron y le rogaron que cuidase su salud.

La sobrina, que había oído la conversación le recriminó tales intenciones, argumentando que “está ya duro el alcacel para zampoñas” (que no está ya para esos trotes; el alcacel: hierba verde de la cebada, que al soplar suena a modo de silbato, pero no si ya se ha secado). Le comentaron lo duro que era vivir a la inclemencia en el campo y le aconsejaron que se estuviese tranquilo en su casa y cuidase de su hacienda. No se sintió bien don Quijote; pidió que lo llevaran a su lecho. La sobrina y el ama lo trataron lo mejor que pudieron, como si fueran hijas suyas.



Comentario
El capítulo se concentra en dos bloques: a) Los malos augurios que intuye don Quijote; b) La entrada en la aldea.

a) Los agüeros
Se inicia el capítulo presentándonos los augurios adversos que tiene don Quijote cuando entra en su pueblo: dos niños riñendo por una jaula de grillos. Uno le dice al otro: “No  te canses, Periquillo, que no la has de ver en todos los días de tu vida”; además, una liebre, perseguida por galgos y cazadores, se agazapa debajo de los pies del rucio. Estos hechos los interpreta don Quijote como un presagio de que no volverá a ver a Dulcinea. Sancho rechaza tales interpretaciones porque el Cura, y en este caso la Iglesia, no las aceptaba; también, porque el mismo don Quijote, en II, LVIII, le había advertido a Sancho que “esto que el vulgo suele llamar comúnmente agüeros, que no se fundan sobre natural razón alguna, del que es discreto han de ser tenidos y juzgados por buenos acontecimientos”.

 El asunto de estos augurios ha merecido la atención, entre otros, de Ana García Chichester, en D. Quijote y Sancho en el Toboso: Superstición y Simbolismo. La autora parte de la opinión del profesor Edward. Riley, que en Simbolism in Don Quixote, Part. II. Chapter 73, señala que las imágenes de la liebre y la jaula de los grillos forman un doble código simbólico: a) La liebre y la jaula de grillos son imágenes de Dulcinea encantada; b) La compra de la jaula por Sancho y su entrega a don Quijote es un símbolo del control que ejerce sobre el desencanto de Dulcinea, lo cual lleva a cabo, gracias al dinero que le da don Quijote.

A partir de la opinión anterior, Ana García, después de analizar los malos augurios de don Quijote en II, IX, cuando entra en el Toboso, concluye diciendo que los agüeros de este capítulo, “anuncian el final de la aventura quijotesca, o gloria del mundo de los caballeros andantes, para entrar en la santidad o gloria eterna”.

Siguiendo el curso de los razonamientos anteriores podemos inferir: a) Si don Quijote piensa que ha perdido a Dulcinea para siempre, no tiene razones para seguir viviendo, pues ya les dijo a los duques en II, XXXII, las siguientes palabras premonitorias: “quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira y el sol con que se alumbra y el sustento con que se mantiene. Otras muchas veces lo he dicho, y ahora lo vuelvo a decir: que el caballero andante sin dama es como árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la sombra sin cuerpo de quien se cause.”; b) De las anteriores premisas quijotescas se extrae claramente la conclusión de la próxima muerte literaria de nuestro héroe.

b) La entrada en la aldea.

La segunda parte del texto se concentra en los recibimientos que les hacen. Teresa, en un principio se siente desolada por el aspecto que traía Sancho, que para ella más parecía desgobernado que gobernador; pero cuando éste la consuela, diciéndole que traía dineros, forma un grupo familiar muy bien avenido, con su hija y con Sancho, y se marchan a casa.

Don Quijote, cuando entra en su casa, sin guardar términos ni horas, les cuenta al Cura y al Bachiller sus proyectos. Con estos planes se da fin también al mundo de la caballería andante, pero especialmente a las ilusiones de don Quijote para que imperen en el mundo: la justicia, la generosidad, la integridad, el valor, en definitiva la virtud. Esta vida de acción, como dice Casalduero, se transformará en los amorosos pensamientos de la vida pastoril.  


2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Buenas tardes, un saludo.
    No he encontrado otra forma para dirigirme a usted, ante todo agradecerle la existencia de su blog el qual, junto al libro Para leer a Cervantes de Martín de Riquer, me es de una gran inestimable ayuda para prepararme el club de lectura de Don Quijote de la Mancha que realizo en la biblioteca de Castelló d'Empúries.
    Hace unas semanas me era muy fácil entrar a consultar los capítulos de la primera parte y esta semana ya no; no estoy muy familiarizada con el mundo de los blogs y no sé si al ser entradas antiguas estas desaparecen, no obstante poniendo palabras clave en el buscador he encontrado algunos y otros no...Me sería de gran ayuda si me pudieras indicar una manera de tener acceso a los capítulos de la primera parte. Muchas gracias, estoy entusiasmada con la lectura del Quijote y con compartirla también.

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