martes, 22 de noviembre de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO XXVIII. SANCHO EXIGE SU SALARIO



Don Quijote al ver la reacción de los del rebuzno puso pies en polvorosa, dando lugar a que se cumpliera la verdad que dice: “Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta,  (la traición es manifiesta) y es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión. Sancho cuando llegó a donde estaba don Quijote se arrojó desde su rucio a las patas de Rocinante. Don Quijote cuando comprobó que no tenía heridas le recriminó que rebuznara tan a destiempo, diciéndole: “¿Y dónde hallastes vos ser bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado?( es inoportuno nombrar ciertos temas ante quienes los han sufrido). Sancho le acusó de  que lo abandonara y don Quijote le enmendó, diciéndole que “No huye el que se retira, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo”. A continuación le advirtió que no había huido, sino que se había retirado, imitando a muchos valientes como se podía comprobar en la historia.

Sancho se lastimaba de lo que le dolía la espalda. Don Quijote le replica que es debido a que ahí fue donde le dieron los palos. Sancho se enfada por la respuesta y le dice que “el mal ajeno del pelo cuelga (el dolor ajeno pronto se olvida). Se queja de lo poco puede esperar de su ayuda, puesto que cuando lo mantearon también lo abandonó. Lo que debería hacer es regresar a su casa y criar a su mujer y a sus hijos con lo que pueda, y “no andarme tras vuesa merced por caminos sin camino y por sendas y carreras que no las tienen” ( que no llevan a ninguna parte). Don Quijote, con afecto, lo escucha y le llama “hijo mío”. Le dijo que si quería se podía marchas a su casa, que sacara la cuenta de lo que le debía y que se cobrara, pues el dinero lo llevaba él. Sancho hizo las cuentas tomando como referencia lo que cobraba sirviendo al Tomé Carrasco, el padre del bachiller. Este le pagaba dos ducados al mes, además de la comida. Ya que el trabajo de escudero andante es más duro que servir a un labrador, por estar sometido a las durezas e inclemencias del tiempo, considera Sancho que se le deben de pagar dos reales más cada mes. A esto se ha de añadir lo que le corresponde por la promesa de darle el gobierno de la ínsula, que serían otros seis reales. En total serían treinta reales. Está de acuerdo don Quijote y le dice que saque la cuenta tomando como referencia el tiempo que llevan juntos, o sea, veinticinco días. Sancho le contesta que no está de acuerdo, pues se le debe de pagar desde el día que se lo prometió, que según él, “debe de haber  veinte años, tres días más o menos”.

Don Quijote le reprendió con dureza, acusándolo de ser el primer escudero que se había puesto a discutir con su señor por el salario. Añade que es un desagradecido,  pues lo quiere abandonar cuando pensaba darle el gobierno de la ínsula;  lo trata de bestia y le dice que “no es la miel, para la boca del asno” (no está todo el mundo preparado para las cosas buenas).

Sancho le pidió perdón por todo lo le había pedido. Don Quijote le contestó que lo perdonaba con la condición de que “no te muestres de aquí adelante tan amigo de tu interés, sino que procures ensanchar el corazón y te alientes  y animes a esperar el cumplimiento de mis promesas”. Le respondió que así lo haría.

Llegada la noche, la pasaron descansando al pie de unos árboles.  Al alba, reanudaron su camino buscando las riberas del río Ebro.



Comentario

El comentario de este capítulo lo podemos realizar desde dos enfoques distintos: a) Conjugando el binomio idealismo - realismo que encontramos a lo largo de la obra; b) Enfocándolo exclusivamente desde el realismo.

Casalduero, en Sentido y forma del Quijote lo realiza desde el punto de vista a), cuyo enfoque es el siguiente:

Es la segunda vez que don Quijote no ayuda a Sancho cuando es maltratado y golpeado por otros.  La primera vez ocurrió en el capítulo XVII, del Quijote de 1605. La reacción de Sancho, ocurre en el I, XVIII. Al darse cuenta de los tropiezos que tiene con don Quijote le dice: “Y lo que sería mejor y más acertado, según mi poco entendimiento, fuera el volvernos a nuestro lugar, ahora que es tiempo de la siega y de entender en la hacienda, dejándonos de andar de ceca en meca y de zoca en colodra, como dicen”  ( de un lado a otro y de mal en peor).  Sancho invita a don Quijote a que se marchen los dos. La realidad le ha servido como piedra de toque para darse cuenta de que por ese camino no van a ningún sitio; no obstante no pierde totalmente la ilusión, puesto que permanece al lado de don Quijote. Para éste, la realidad siempre le sirve como acicate para resaltar la alegría en la que resplandecen las virtudes teologales que impregnan su ideal.

En esta ocasión don Quijote se ha alejado porque ha comprendido que no tiene sentido perder la vida por una causa que está alejada de su ideal: se da cuenta de que puede morir a manos de unos hombres que no son sus enemigos y a los cuales ha tratado de ayudar. Parece lógico que tiene que conservar el ideal que ha creado; de aquí las palabras: “No huye el que se retira, porque has de saber Sancho, que la valentía que no se funda sobre la base de la prudencia se llama temeridad”.  

Cuando analizamos el comportamiento de Sancho desde una perspectiva realista,  vemos que cuando éste se siente abandonado, reacciona pidiéndole el salario que según él le corresponde. Quiere alejarse porque su ideal era conseguir la ínsula; dado que el tiempo pasaba y esto no se producía, reacciona reduciendo la promesa de la ínsula a dinero. Para Casalduero, “Ambas figuras quedan incluidas en la sociedad y escindidas para siempre. Lo que separa a Sancho de don Quijote es que éste no puede mantenerle en su plano. Creó un ideal para él –la Ínsula-, pero este ideal de necesidad tiene que realizarse en el tiempo. La irritación de don Quijote se debe a verse cercado por lo social, a ver que la sociedad reclama su Ideal; la irritación de Sancho es impaciencia.”

Si enfocamos el análisis desde una perspectiva exclusivamente realista, tal es punto de vista de Alexander A. Parker, expuesta anteriormente y que en síntesis es que las personas reaccionamos a la realidad en función de nuestros intereses, parece comprensible que don Quijote se aleje en las dos situaciones anteriormente expuestas: en la primera I, XVII, porque si se queda allí, el ventero le hubiese hecho pagar todo lo que debía y más por los daños que le causó; la segunda, en este capítulo, porque de haber permanecido allí, enfrentado al batallón de los del pueblo del rebuzno la que le hubiese caído encima hubiese sido enorme. Tanto en una como en otra, su interés le mandaba alejarse de la situación. Cervantes lo dijo bien claro en el capítulo I, X: La verdad se oscurece por el engaño, la malicia y los intereses de las personas.  


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