lunes, 25 de julio de 2011

SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO II. SANCHO CUENTA A DON QUIJOTE LO QUE SE DICE DE ELLOS





Todos oyeron al ama y a la sobrina que le daban voces a Sancho, impidiéndole entrar en la casa. Ellas argumentaban que él tenía la culpa de que don Quijote se marchara de su casa. Sin embargo, Sancho replicaba que era don Quijote quien le había prometido una ínsula. Al desconocer ellas qué era eso de la ínsula, Sancho se lo aclaró, diciendo que se gobernaba mejor que cuatro ciudades y se regía mejor que cuatro alcaldes de corte, contestándole ellas que se fuera a trabajar, que era lo que le hacía falta.

Al oír la conversación, don Quijote temió que Sancho hablara más de la cuenta y mandó al ama y la sobrina que lo dejasen entrar. El cura y el barbero se despidieron. Cuando salieron comentaron la locura de don Quijote y la simpleza de Sancho.

Don Quijote le recrimina a Sancho que les dijera al ama y a la sobrina que fue él quien lo sacó de su casa, pues los dos habían sufrido malas aventuras y de éstas don Quijote era el que había salido peor parado. Al quejarse Sancho que él también sufrió bastante, don Quijote le contestó que era lógico, pues “cuando la cabeza duele, todos los miembros duelen”. Aplica la sentencia a sí mismo y dice que al ser él la cabeza, era lógico que el escudero sufriera por lo que le ocurría al amo.

Insiste don Quijote en que le diga la verdad de lo que se dice de él en el pueblo, pues “de los vasallos leales es decir la verdad a sus señores en su ser y en su figura propia, sin que la adulación la acreciente u otro vano respeto la disminuya; y quiero que sepas, Sancho, que si a los oídos de los príncipes llegase la verdad desnuda, sin los vestidos de la lisonja, otros siglo correrían”.

Sancho le contesta con la verdad desnuda como él quiere. Lo tratan de loco y a él de mentecato. También dicen que es presuntuoso, pues se ha puesto don y se considera caballero, con “cuatro cepas y dos yegudas de tierra, y con un trapo detrás y otro delante”. Los caballeros se quejaban de que se comparara con ellos. Sobre la valentía, cortesía y hazañas había diferentes opiniones.

Don Quijote le contestó que “donde quiera que está la virtud en eminente grado es perseguida”. Le pone como ejemplos personajes del pasado (Julio César, Alejandro…), a los cuales también les sacaron defectos.

Le dice Sancho que aún la cola falta por desollar  (Todavía falta lo peor); lo de hasta ahora, son tortas y pan pintado ( hasta aquí todo es bueno). Le continúa diciendo que, según el Bachiller Sansón Carrasco, la historia de ellos andaba ya escrita con el nombre del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y que contaba cosas sorprendentes . Don Quijote le responde que el autor debía de ser algún sabio encantador. Sancho se queda sorprendido, argumentando que no debía de ser sabio, pues lo firmaba un tal Cide Hamete Berenjena. Don Quijote le contesta que debe ser árabe, pues tal es el nombre. Para saber más le pide que busque al bachiller para que le cuente lo que sabe.



Comentario

Uno de los temas que encontramos en el fragmento es el sueño con el que viven muchos españoles, de los cuales Sancho es representativo. Los historiadores coinciden en señalar el fuerte irrealismo con el que vive la sociedad española. Las Indias habían traído mucho dinero, pero como pusimos de manifiesto en el comentario anterior, las guerras y la falta de productividad habían ocasionado unas ingentes deudas externas a la Corona, las cuales llevaron a los impagos que ya señalé. En esta sociedad, el sueño de hacerse rico sin trabajar era muy frecuente en España. Un ejemplo de ello lo tenemos en la frase que el ama y la sobrina le espetan a Sancho cuando este les dice que don Quijote le ha prometido una ínsula: “Id a gobernar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares, y dejaos de pretender ínsulas ni ínsulos” (Pierre Vilar: “El tiempo de Quijote”).

Otro de los temas que aparecen en el capítulo es la vanidad o presunción de don Quijote, tal y como se percibe por el pueblo. Como exponen todos los que estudian este período: Domínguez Ortiz, Lynch, Vilar…, el modelo social quedaba reducido a dos clases sociales: la nobleza y el clero, por una parte y una tercera clase que se conocía estado general o llano.” El rasgo distintivo era la propiedad de la tierra, que estaba generalmente en manos de la nobleza. En esta se integraban  los grandes nobles de España, generalmente latifundistas, que poseían propiedades que abarcaban casi provincias enteras, hasta empobrecidos hidalgos” ( John Lynch: Monarquía e Imperio); frecuentemente era mal visto que personas que tenían poca propiedad se hiciesen pasar por caballeros. En razón de lo anterior se encuentra el sentido de la frase de Sancho a don Quijote: “Los hidalgos dicen que, no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yeguadas de tierra, y con un trapo atrás y otro adelante”

Se ha explicado ya la decadencia de las clases medias en España en este período. Una de las razones que la explican es el prejuicio social contra las actividades comerciales y en favor de la nobleza; de esto es ilustrativa la convicción que se tenía de que “el no vivir de rentas, no es trato de nobles”. También se pone de manifiesto en este capítulo cuando critican a los hidalgos “que dan humo a los zapatos (que ocultan con hollín el deterioro de los zapatos).

Por último hay que referirse una vez más a la vieja fórmula del narrador ya explicada. Como señala Avalle Arce, “la técnica de inventar un historiador que narra las aventuras del héroes es un procedimiento que Cervantes hereda directamente de la novela caballeresca” .

Sancho, haciendo uso de su habla rústica, cambia Benengeli por Berenjena. Se queda asombrado de lo que dice el narrador sobre ellos, a lo cual responde don Quijote, que sería algún “sabio encantador” y que el nombre es “moro”. De lo anterior se puede deducir que a) era mentiroso, por ser encantador; b) las cosas sorprendentes que decía de ellos y estaban fuera de razón, eran falsas.

Una vez más, este alarife de la narración que es Cervantes, nos vuelve a sorprender con una nueva añagaza sobre las verdades y mentiras de la obra.






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