domingo, 27 de febrero de 2011

Prólogo de la Primera Parte

Cervantes en el prólogo nos dice que aunque parece padre, es `padrastro de don Quijote, que no se puede esperar nada importante del libro, porque “en la naturaleza, cada cosa engendra su semejante” y, como consecuencia, su débil ingenio, solamente dará un libro flojo, lleno de pensamientos variados, debido a que se engendró en una cárcel. Los padres que tienen hijos con problemas, no lo suelen reconocer, pero él no quiere ser como estos padres, y ya que cada uno es libre de pensar lo que quiera, según su libre albedrío y de acuerdo con el refrán “debajo de mi manto al rey mato”, opine sobre el libro lo que crea oportuno.
Afirma que le costó mucho trabajo escribir el prólogo.  Se encontraba con muchas dudas sobre cómo hacerlo, cuando entró en su aposento un amigo y le dijo que no se preocupara, que hacer la introducción no era difícil, bastaba con poner: a) una serie de poemas, inventados por él mismo y atribuidos a personajes famosos; b) escribir sentencias y atribuirlas a autores importantes; c) mostrarse erudito y con conocimientos geográficos…etc; pero dado que el libro iba dirigido contra los de caballerías, debía desechar todo esto y escribir con claridad, “pintando en todo lo que alcanzáredes y fuera posible vuestra intención, dando a entender los conceptos sin intrincarlos y oscurecerlos. Procurad también que leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla. En efecto llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada de los libros de caballerías”.
Cervantes aceptó este consejo.
Comentario
En este prólogo Cervantes nos presenta su aventura intelectual movido por el acicate, según él manifiesta, de argüir contra los libros de caballerías. De entrada nos dice que no se espere del libro nada importante, pues su naturaleza es alicorta y pequeña y de tal naturaleza no se puede esperar nada más que un libro como ella. Tal aserción, tan humilde como punzantemente formulada, sirve como contrapunto de las recomendaciones que le da el amigo para escribir el prólogo. Como explica Francisco Rico, en su excelente edición de Alfaguara, "Era costumbre que los libros llevaran al comienzo algunas poesías en elogio del autor y la obra. Lope de Vega refiere que en agosto de 1604 Cervantes anduvo buscando en vano quien escribiera unos versos de alabanza para el Quijote; pero el propio Lope recurrió más de una vez a la artimaña de escribirlos él mismo y publicarlos como si fueran de poetas amigos y nobles señores"
Tal advertencia sobre los abalorios literarios que  puede usar un autor para mostrarse “erudito en letras humanas y cosmógrafo” nos va a servir para elucidar cómo entendía Cervantes la verdad. Esta aparece, con frecuencia, enmarañada y lo es así porque las personas, en función de sus intereses tejen en el libro una dialéctica poética que está al servicio de lo que quieren. Sin embargo, afirma él que el discurso debe estar embridado por la claridad, “pintando en todo lo que alcanzáredes vuestra intención”.
Añade además que la historia debe venir dada por una gavilla de fábulas que hechicen a los más variados lectores: al melancólico, al risueño, al grave y al prudente.
Los refranes del capítulo
“Debajo de mi manto al rey mato”. Este refrán, utilizado para expresar que cada uno puede pensar lo que quiera, funciona en el capítulo como jalón para que cada lector, no solamente considere y reflexione lo que estime, sino que también lo manifieste con entera libertad.

Como dice Vicente de los Ríos, en su Análisis del Quijote, en el prólogo a la edición de la Real Academia, de 1780, allí se expone que “…la fábula está destinada a dar a conocer previamente a los lectores el fin del autor, para que desde luego entren a leer la obra con esta inteligencia”

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