martes, 15 de marzo de 2011

CAPÍTULO X. DIÁLOGOS ENTRE DON QUIJOTE Y SANCHO. ELPODER CURATIVO DEL BALSAMO DE FIERABRÁS

Sancho se levantó maltrecho por lo palos que le habían dado los mozos de mulas. De inmediato se dirigió a don Quijote a pedirle una ínsula, pues en la aventura había vencido. Don Quijote le contestó que no se ganaban tan fácilmente y que quizá más adelante se la podría dar; en prueba de agradecimiento, Sancho le besó la mano y la falda de la loriga( faldón que protegía a Rocinante)
Seguía Sancho a don Quijote cuando le sugirió que se debían quedar al amparo de alguna iglesia ( no se podía apresar a quien se refugiara en alguna iglesia), pues era muy probable que el vizcaíno los hubiese denunciado a la Santa Hermandad (cuerpo armado con poderes policiales, que se ocupaba de los delitos fuera de las poblaciones). Si los cogían un tiempo  en la cárcel. Don Quijote les contestó que dónde había leído él que la justicia hubiera apresado a un caballero andante, acusado de homicidio. Sancho contesta que él no sabía nada de omecillos  (Sancho confunden homicidio con homecillo: pena pecuniaria por delito de rebeldía, no haberse presentado ante el, juez, cuando lo llama)
Viendo el estado en que estaba don Quijote, sangrando por la oreja, le dice que se la va a curar con unos hilos y ungüento (pomada para las heridas). Don Quijote le habla de los milagros  del bálsamo de Fierabrás (Bebida maravillosa que aparece en gestas y novelas medievales). Le explica sus propiedades, las cuales eran tan grandes que curaba todas las heridas por grandes y mortales que fuesen.  Sancho, cree que se ganará dinero con la venta del bálsamo y le pide a don Quijote  que se lo dé. Le contesta don Quijote que tiempo tendrá de enseñarle cosas importantes y que le cure la oreja, pues le duele.
Al darse cuenta don Quijote de que se le había roto la celada (pieza de la armadura que protegía la cabeza) en el combate con el vizcaíno, jura que actuará como el marqués de Mantua cuando quiso vengar la muerte de su sobrino Valdovinos: “no comer pan a manteles ni con su mujer folgar (yacer)” hasta que pueda vengarse. Sancho le contestó que el vizcaíno cumplió su penitencia cuando se presentó ante Dulcinea, por lo tanto no procedía más.
Pensó don Quijote ganarle la lanza al primer caballero que se encontrase, imitando de esta manera lo que ocurrió con el "yelmo de Mambrino, que tan caro costó a Sacripante". Iban en esto cuando sintió ganas de comer. Le pidió a Sancho que le diese algo de lo que llevaba en las alforjas, pero era unos mendrugos de pan, una cebolla y un poco de queso, cosa que Sancho consideraba inadecuada para un caballero. Don Quijote le contesta que los caballeros andantes comen lo que tienen a mano. Pasa el tiempo, la noche se echa encima y se cobijan junto a las chozas de unos cabreros.
Comentario
Uno de los críticos literarios más influyente en las Universidades  es el catedrático de la Universidad de Yale, Harold Bloom. Para este crítico, el Quijote, que es más que una novela y por supuesto, la mejor de todas las que se han escrito,  debe leerse como la novela de dos amigos, Aunque en la novela pase todo lo que pueda pasar, sostiene Bloom, tanto en El Canon occidental, como en Cómo leer y por qué,  "lo más importante son las conversaciones que Sancho y don Quijote mantienen sin cesar" 
El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Santiago de Compostela, Luis Iglesias Feijoo, considera que el texto se articula en torno a la conversación entre don Quijote y Sancho, siendo la razón de ello, que Cervantes lo usa "para no tener que utilizar a cada paso el narrador omnisciente". 
Un de los temas del diálogo es la petición de Sancho a don Quijote de la ínsula que este le prometió en (I, 7), esto se convertirá como motivo constante de la permanencia de Sancho al lado de su señor. El refugiarse en una iglesia, temiéndole a la Santa Hermandad, nos anuncia también la preocupación de Sancho cuando don Quijote libera a los galeotes en (I, 22). El tercer tema del diálogo es el ungüento del bálsamo de Fierabrás, recordemos que el ventero, en( I, 3), cuando don Quijote le pide que lo arme caballero, le dice que debe llevar dineros y algún ungüento que se pueda aplicar cuando fuera malherido en las batallas.
Por último, el tema de la comida, que es uno de los motivos que Cervantes que Cervantes considera importantes en las novelas para darle realismo, recordemos que en la "novela Tirante el Blanco,", "comen los caballeros", (I, 6) , aparece también en el diálogo: le pide a Sancho que rebusque comida en la alforjas, pues "los caballeros "eran hombres como nosotros" y no podían pasas sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales"
De esta manera, considera el profesor Feijoo, "busca Cervantes arraigar la ficción en la realidad"

Uno de los estudios más lúcidos sobre la naturaleza de Sancho nos lo ofrece el poeta, catedrático de la Universidad de Madrid y director de la Real Academia, Dámaso Alonso en  De los siglos oscuros al de oro.  ( Sancho - Quijote / Quijote - Sancho) Sostiene allí el autor que  la descripción del alma de Sancho que realiza Cervantes se corresponde con el realismo más exacto. La naturaleza humana se mueve entre la ilusión y la realidad: este es el caso de Sancho. En este diálogo lo vemos muy bien: los motivos que centran su ilusión son la ínsula y poseer la propiedad del Bálsamo de Fierabrás. Al lado de esto se encuentra realidades como evitar ser prendidos por la Santa Hermandad o evitar perseguir al vizcaíno porque probablemente haya cumplido con lo que prometió. Lo que define a Sancho, dice Dámaso, “es estar oscilando, pasando constantemente de un plano a otro, de la ilusión a la realidad desilusionada. Es un hombre realísimo; es el hombre”
El humor es importante en el libro. Ya Cervantes nos dijo en el prólogo que había que procurar que cuando se cuente la historia “el melancólico se mueva a risa”; por lo tanto, este es uno de los objetivos del libro. Por otra parte, de Sancho sabemos por el capítulo VII que era una persona simple, amiga de dichos ocurrentes.  Esto es lo que destacamos en este capítulo: la graciosa elocución de Sancho. Temeroso de que la Santa Hermandad los encierre, don Quijote contesta con arrogancia que nunca la Santa Hermandad ha acusado de homicidio a un caballero. Sancho, que desconoce el significado de la palabra, la confunde con “omecillo”, “rencores”. He aquí cómo se cumple la tesis de López Pinciano, explicada antes: “ La risa se encuentra entre dos cosas: obras y palabras, en las cuales se encuentra alguna fealdad y torpeza”.

lunes, 14 de marzo de 2011

CAPÍTULO IX. ENCUENTRO DE UNOS CARTAPACIOS QUE CONTINÚAN LA HISTORIA. BATALLA CON EL VIZCAÍNO


Nos dice el narrador que se quedó muy intrigado por saber lo que le ocurriría a don Quijote en su pelea con el vizcaíno, pues estaban los dos muy encolerizados. Sospechaba que tan importante historia debía de tener su historiador.  Buscaba ansiosamente información sobre la historia de don Quijote y la halló en el Alcaná (o calle de los mercaderes) de Toledo. Había allí un joven con unos cartapacios que contenían unos papeles que se referían a don Quijote. El título de uno de ellos era Historia de don Quijote de la Mancha, escrito por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Los compró todos. Estaban escritos en árabe. Le dijo a un morisco que hablaba castellano que los tradujese. Le pagó con  dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo. Como tenía interés por saber lo que pasaba, llevó al morisco a su casa y en un mes y medio los tradujo.
En uno de los papeles estaba pintada la batalla entre el vizcaíno y don Quijote. El vizcaíno estaba sobre su mula y debajo estaba escrito “Don Sancho de Azpeitia”. Don Quijote estaba subido sobre Rocinante y debajo ponía “Don Quijote”. Junto a él estaba Sancho Panza y tenía cogido el cabestro de su asno; debajo ponía Sancho Zancas.
El autor de la historia era árabe, los cuales tienen fama de mentirosos. El de ésta es probable que pusiera algo de menos que demás, sin embargo “los historiadores deben ser puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”.
La segunda parte de la historia nos cuenta el bravo enfrentamiento entre don Quijote y el vizcaíno. El vizcaíno se lanzó sobre don Quijote y le descargó un fuerte golpe con la espada; tuvo suerte don Quijote porque no le acertó de lleno y logró escapar con solo una herida en la oreja. Cayó, se levantó y se subió sobre Rocinante. Cogió la espada con las dos manos; se lanzó sobre el vizcaíno, que se protegía con la almohada, pero le dio tal golpe que empezó a echar sangre por la boca, narices y oídos;  después cayó de la mula. Don Quijote se acercó al vizcaíno, le puso la espada entre lo ojos y le conminó a que se rindiese so pena de perder la vida. Intervinieron las señoras que iban en el coche para que se la perdonara, contestando don Quijote que así lo haría con la condición de que se presentara ante Dulcinea y se pusiese a su disposición. Las señoras, por librarse de aquel loco furioso, le prometieron que así lo haría.

Comentario
El arte de la ficción cervantina aparece muy bien reflejado en este capítulo. Por lo que se demuestra en el texto,  hay un autor de los primeros ocho capítulos, que deja la historia sin terminar; también hay un autor árabe, Cide Hamete, según lo que está escrito en los cartapacios que el autor editor encuentra en el Alcaná de Toledo; un moro aljamiado que los traduce al castellano y, por último un autor editor, exacto alarife del libro, Cervantes,  que posteriormente nos lo cuenta. Este editor, como sabe que el autor árabe es poco amigo de la verdad y no lo dijo todo sobre don Quijote,  nos hace unas reflexiones sobre la historia en las que se atisba la racionalidad cervantina.

Vicente de los Ríos, Académico de la Lengua en el XVIII, en su interesante Análisis del Quijote, compara a Cervantes con Homero, nos dice que “La diferencia entre las fábulas heroicas y las burlescas está, entre otros hechos en la invocación, que se da en las primeras y no en las segundas…Cervantes conmutó la invocación a las musas, como hizo Homero, por la invocación al recurso a Cide Hamete Benengeli, quien como árabe y manchego debía saber por menor las particularidades de la locura de Don Quijote, que hace verosímil la fábula, y al mismo tiempo indica el origen de nuestras materias caballerescas”.
En el combate con el vizcaíno se vuelve a encontrar uno de los muchos engaños que a la razón cometen los personajes. Este se enfrenta a don Quijote sin percibir que estaba loco. Tiene que ocurrir la lucha para que los que iban en el coche engañen a don Quijote y acepten realizar lo que él desea. El no asumir pronto la verdad de la locura les ha traído estos problemas. 
 El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Santiago de Compostela Luis Iglesias Feijoo, comenta este capítulo a partir de las últimas palabras que nos dice el narrador en el capítulo anterior: nos  dijo que no podía seguir contando la historia porque no encontró nada más escrito; (hay que advertir que este artificio de detener la narración, alegando falta de información se daba con frecuencia en los libros de caballerías.) También en capítulo anterior nos dice que el segundo autor de esta historia quería que fuera conocida. 
Tuvo suerte Cervantes, como narrador de estos ocho primeros capítulos, ya que, casualmente la encontró,  paseando por Toledo. Allí vio a un muchacho que llevaba unas carpetas que contenían unos papeles, y como a él le gustaba leer, aunque fueran los papeles de la calle, quiso leerlos, pero no pudo porque estaban escritos en árabe.  
Le dijo al muchacho que los llevaba que los leyera y éste, se rio de lo que se decía de Dulcinea del Toboso, en el margen de los folios; al oír aquello el narrador le manifestó que en esas carpetas se encontraba la historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo; Cervantes se alegró mucho y le compró al muchacho todos los papeles de las carpeta y le pidió que se los tradujera al castellano .
A partir de aquí se reanuda la historia de la batalla contra el vizcaíno. Como hemos visto todo lo anterior ha servido para comentar la historia de la narración, es decir, no la historia de don Quijote, sino la historia de la Historia de don Quijote. Cervantes, "inventa la novela moderna, pero a la vez la hace nacer sabia, consciente, reflexiva ...y plena de humor". 
Interesante por la maestría e ironía con la que cuenta la autoría es la que nos manifiesta Paul Aster en la Trilogía de Nueva York; Paul Aster, haciéndose pasar por un investigador privado, le cuenta al personaje Quinn que está escribiendo un ensayo sobre su libro favorito: Don Quijote; después de explicarle que se trataba de una lectura imaginativa que se centraba sobre la autoría del libro que hay dentro del libro: dado que el libro que encuentra en Alcaná se supone que es el real, deduce el investigador que la historia que se cuenta tiene que ser escrita por un testigo ocular de los hechos que ocurren; Cide Hamete, nunca dice que está presente en estos hechos que narra; por lo tanto, el único candidato tiene que ser Sancho Panza; pero Sancho no sabe leer ni escribir, con lo cual se deduce que no puede ser el autor; Sancho tiene un gran don para el lenguaje; parece lógico que sea Sancho quien le dicte la historia a otras personas: al barbero y al cura, los amigos de don Quijote; estos pusieron la historia por escrito en su forma literaria correcta y se la entregaron al bachiller por Salamanca Simón Carrasco, el cual la tradujo al árabe; Cervantes encontró la historia escrita en árabe y luego publicó el libro Don Quijote de la Mancha; por lo tanto, Cide Hamete es una combinación de cuatro personajes diferentes. 



sábado, 12 de marzo de 2011

CAPÍTULO VIII. DON QUIJOTE ARREMETE CONTRA UNOS MOLINOS DE VIENTO. EMBISTE CONTRA UNOS MONJES; UN VIZCAÍNO LOS DEFIENDE


Iban en su conversación cuando divisaron a lo lejos treinta o cuarenta molinos de viento. Don Quijote, movido por la fama que buscaba, pronto los identificó con gigantes, "como los que tiene brazos de casi dos leguas" ( la legua equivale casi a cinco kilómetros)  y se dispuso a enfrentarse a ellos. Sancho le advirtió de inmediato que aquellos no eran gigantes, sino molinos. Don Quijote lo tachó de miedoso. Con la rodela en una mano y la lanza en ristre (preparada para el ataque), arremetió contra ellos. Debido a que se levantó viento, las aspas se movieron y golpearon a don Quijote, cayendo al suelo, en tal estado que casi no se movía. Recriminado por Sancho, don Quijote contestó diciendo: Calla, amigo Sancho, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza” .
Levantándose como pudo, se dirigieron al Puerto Lápice. Iba don Quijote de medio lado sobre Rocinante y con muy mal aspecto por los golpes recibidos. La lanza se le había roto y le iba comentando a Sancho que cuando encontrase una buena encina se haría otra igual o mejor que la primera. Sancho sintió ganas de comer, don Quijote le dijo que lo hiciera, pues  él  no tenía hambre.
Aquella noche la pasaron entre unos árboles. Sancho, durmiendo a pierna suelta, como si el vino que había bebido fuese de Málaga (los vinos de Málaga eran muy apreciados). Don Quijote, haciéndose otra lanza y pensando "en su señora Dulcinea". A la mañana siguiente tampoco quiso desayunar, pues lo sustentaban los recuerdos de su señora. Le pidió a Sancho que si tenía que entrar en una nueva aventura,  solamente le ayudase si se trataba de canalla y gente baja”; no, si eran caballeros andantes.
Estando en esta conversación aparecieron a lo lejos dos frailes subidos en sus mulas. Detrás de ellos venía un coche con cuatro o cinco hombres a caballo y dos mozos a pie. En el coche iba una señora vizcaína que se dirigía a Sevilla. Don Quijote confundió de inmediato a los frailes por encantadores que llevaban secuestrada una princesa. Siguiendo su propósito de deshacer entuertos se dispuso a atacarlos. Sancho le volvió a corregir al igual que en los molinos. Desistió de la advertencia de Sancho y tomando carrera envistió contra los frailes. Uno, al verlo venir, salió corriendo; el otro cayó al suelo. Sancho se dirigió al caído y quiso despojarlo del hábito y de sus pertenencias porque le pertenecían, según había acordado con Don Quijote. Los mozos al ver lo que Sancho hacía, se dirigieron a él, aprovechando que don Quijote se había ido hacia el coche. Golpearon sin compasión a Sancho. El fraile cuando pudo se levantó, se subió en su mula y rápidamente huyó, “haciéndose más cruces que si llevara el diablo a espaldas”.
Don Quijote se dirigió a la señora que iba en el coche, diciéndole que sus secuestradores estaban en el suelo; que él era el famoso don Quijote de la Mancha y que solamente le pedía que fuese al Toboso y le dijera a Dulcinea lo que había visto. Dado que no dejaba pasar el coche, un vizcaíno que acompañaba a la mujer, se dirigió a don Quijote, en una “mala lengua castellana y peor vizcaína”, amenazándolo si  no los dejaba pasar. Don Quijote que oyó la amenaza se dirigió furiosamente contra el vizcaíno. Este, protegiéndose con una almohada blandió su espada contra don Quijote.
Comentario

Este capítulo da pie a plantear algunas de las interpretaciones más importantes que se han dado del Quijote. En concreto, la advertencia de Sancho a don Quijote, diciéndole que “aquellos que allí se parecen  no son gigantes, sino molinos de viento”.  Con este “parecer” se inicia la doble perspectiva con la que don Quijote y Sancho ven la realidad. La teoría del perspectivismo o puntos de vista diferentes con que las cosas se contemplan en el libro, la desarrolló ampliamente Américo Castro en El pensamiento de Cervantes. Antes de referirme a Castro, considero que hay que hacer referencia a Vicente de los Ríos que ya, en 1780, para el prólogo de la edición de la Real Academia, en su Análisis del Quijote, planteó la tesis del doble punto de vista con el que Cervantes realiza su obra: a) las visiones que don Quijote tiene de las cosas: éstas están formadas por lo que su fantasía le dicta, moldeada por la lectura de los libros de caballerías. Esta tesis de los dos puntos de vista: la confusión de molinos con gigantes y la confusión de los frailes de la orden de San Benito con encantadores, se ve cumplida en el capítulo;    b) la que nosotros, lectores, tenemos al ver la realidad como es: nuestra percepción está moldeada por nuestra fantasía o imaginación, b.1) la de percibir el modo de captar don Quijote las cosas que le ocurren: “El lector siente un secreto placer en ver primero estos objetos como son en sí, y contemplar después el extraordinario modo con que los percibe don Quijote. Este placer  es una de aquellas gracias privativas del Quijote, que no pueden tener las fábula heroicas…, pues estos mismos hechos, mirados con la lente de la locura de este héroe, le representan como un caballero valiente y afortunad, como sostiene el El cervantista y catedrático de la Universidad de Cambridge,  Anthony Close, en Las interpretaciones del Quijote, definiendo el punto de vista anterior, diciendo que “Lo que Vicente de los Ríos realizó es un penetrante análisis de la dicotomía entre ilusión y realidad en que se funda la novela”
 Américo Castro,  en El pensamiento de Cervantes, defiende la tesis de que para Cervantes, no hay una forma única de ver las cosas. La realidad es cambiante y los juicios de valor son relativos. Sin embargo hay unas realidades morales cuya existencia es absoluta. Este es el caso de la libertad amorosa. Cuando esta verdad absoluta se rompe porque se ha producido un error o desacuerdo en su apreciación recíproca, se produce una tragedia. Sobre esta base “de la desarmonía (error) y concordancia o (atracción vital, sobre todo en el amor), discurren unos u otros personajes cervantino”.  “Cuando el error consiste en la falsa interpretación de una realidad física (venta –castillo; molinos –gigantes…) sus resultados se sitúan siempre en la gama de lo cómico”.  Este es el caso de las aventuras que encontramos en este capítulo.
Sobre el principio del perspectivismo, con el sentido de que “no hay verdad inmutable”, es decir, que “el mundo es engañoso y proteiforme”, analiza la catedrática de la Universidad de Burdeos, Dominique Breton, este capítulo en “Una lectura literal del significante aventura”, defendiendo el perspectivismo en la obra.    

A la tesis de Américo Castro se opone el catedrático de la Universidad de Edimburgo,  Alexander Parker, quien en El concepto de la verdad en el Quijote, defiende la tesis de la objetividad de la verdad: “si la causa por la cual las acciones de los hombres se conforman con la realidad o se oponen a ella la buscamos en el interés de los personajes porque las cosas sean de un modo o de otro, la visión de la vida humana en el Quijote se presta a un análisis que da a la novela un sentido preciso, válido para cualquier época”. Por qué motivo falsea don Quijote la verdad, diciendo que unos molinos son gigantes, se pregunta Parker.  “Porque quiere lograr fama de héroe. Sus lecturas le han enseñado que el heroísmo es algo extravagante y fantástico, es decir, no han dado testimonio de la verdad”
Ya en el título del capítulo podemos ver la ironía con que Cervantes lo enfoca: “Del buen suceso”. Sus afán de notoriedad y fama lo llevan a identificar molinos con gigantes. En la apacible y tranquila Mancha, Don Quijote busca una vez más que el mundo recuerde sus famosas aventuras y para ello vemos su extraño enfrentamiento con los molinos-gigantes y el grotesco resultado.  La respuesta a Sancho sobre su osadía también queda enmarcada por su ingenio: “Calla, amigo Sancho, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza”. Todo cambia y nada permanece; tan pronto se encuentra uno abajo como arriba. Esta parece ser una de las reflexiones morales de Cervantes.
El catedrático de la Universidad de Harvard, Claudio Guillén califica  este capítulo de muy importante por el abismo que supone la aventura de los molinos con respecto al resto de las aventuras del libro. A partir de aquí se van a originar las dos interpretaciones que estructuran la novela: a) una estructura de tres elementos: cada uno de los personajes nos va a decir lo que ve o entiende por real; b) el protagonista va a pasar a la acción ; c) se establece un diálogo final en el que cada uno comenta lo que ha ocurrido: la unión de ambas interpretaciones es lo que va a dar sentido a las distintas interpretaciones de la novela.
Para Cervantes, no hay miradas pasivas, sino consecuencias de las experiencias que tenemos y expectativas previas: las experiencias de don Quijote son los libros de caballerías; la de Sancho, la realidad con la que vive. "Don Quijote ha caído por el golpe, pero no ha decaído en su ánimo,  puesto que inmutable, no reconoce su error"

  

  

viernes, 11 de marzo de 2011

CAPÍTULO VII. DON QUIJOTE TOMA COMO ESCUDERO A SANCHO PANZA, UN POBRE LABRADOR DE SU PUEBLO E INCICIA SU SEGUNDA SALIDA



Don Quijote oyó el ruido que se hacía en su biblioteca y se despertó. Empezó a gritar y a ponerse furioso. El cura lo tranquilizó; don Quijote se dirigió a él como si fuera  el arzobispo Turpín, uno de los personajes de los libros de caballerías. Entre todos, después de haberle dado de comer, consiguieron que volviera a dormir.
El ama, esa noche, harta de tanto libro, los echó todos al fuego, con lo cual pagaron justos por pecadores. Tapió la biblioteca, según había acordado con los amigos de don Quijote. Cuando éste se levantó al día siguiente, buscó la biblioteca y no la encontró. Le preguntó al ama y esta contestó, junto con la sobrina, que el mago Frestón los hizo desaparecer. Don Quijote contestó que tenía una lucha pendiente contra ese mago, a lo cual le contestó el ama que sería mejor quedarse en casa y no buscar pan de trastrigo, pues son muchos los que van a por él y vuelven trasquilados
Pasó don Quijote quince días en su casa, con distintos altibajos. Lo visitaba el cura y don Quijote le decía que lo que el mundo necesitaba eran caballeros andantes. El cura, a veces le quitaba la razón, otras se la daba porque era la única manera de entenderse.
Por esos días le pidió don Quijote a “un labrador, vecino suyo, hombre de bien – si es que este título se puede dar al que es pobre- pero de muy poca sal en la mollera”, que le acompañara. Le prometió una isla en cuanto la ganara; a él lo nombraría gobernador. Movido por esto, Sancho dejó a su mujer y a sus hijos  y, como escudero ( en tiempo de Cervantes, el escudero era un criado que asistía al señor),  acompañó a don Quijote.
Acordaron salir del pueblo de noche. Le pidió don Quijote a Sancho que llevase unas alforjas y fuese acompañado de su rucio.  Don Quijote, de acuerdo con lo que le dijo el ventero, cogió dineros y camisas y compuso su armadura.
Por la mañana, cuando salió el sol, estaban lejos de su pueblo. Sancho iba muy a gusto en su rucio, pensando que sería gobernador.
La conversación que mantenían giraba en torno al gobierno de la ínsula. Le decía don Quijote que era costumbre entre los caballeros darles a sus escuderos, al final de sus días, alguna ínsula, pero que él no esperaría tanto, pues en  seis días la tendría, y quizá no como gobernador, sino como rey. Sancho no veía a su mujer como reina, ni siquiera como duquesa. Finalmente dice Sancho que espera poder llevar bien lo que su amo le dé.
Comentario

El cervantista y catedrático de Estudios Hispánicos de la Universidad de Edimburgo, Edward C. Riley, en Teoría de la novela en Cervantes, sostiene que “La crítica de las novelas de caballerías se hace de dos maneras: mediante juicios más o menos directos dentro de la ficción, y también mediante la ficción misma “. Esta tesis de Riley se demuestra fácilmente con la lectura del capítulo anterior y éste.  En el anterior vimos el escrutinio; en éste vemos la ficción misma: asistimos a la parodia de las mismas novelas.
Una vez más volvemos a hallar a don Quijote dándole vida a la parodia de los libros de caballerías. Estos lo han llevado a la alienación y su alma vaga dramática en el espacio de la ficción caballeresca.
Encontramos en el capítulo la voz del narrador que, comentando  la asepsia del ama por los libros, al quemarlos todos, nos dice que pagan justos por pegadores. Un refrán muy veraz y con el que la lengua alude a que pagan los inocentes las culpas que otros han cometido.  Frente al pensamiento irracional de don Quijote, se opone la racionalidad del refrán: es la voz cervantina, cuya enseñanza quiere transmitir al lector
La oposición locura cordura la volvemos a hallar en la conversación entre don Quijote y el ama. Cuando éste le dice que piensa ir a buscar al mago Frestón, le contesta esta que “no busque pan de trastrigo, pues muchos van a por él y vuelven trasquilados”.  Expresión que se utiliza para decir que se buscan líos y cosas inadecuadas, consiguiendo lo contrario de lo que se buscaba. Las dos expresiones, que son propias de la razón y el sentido común, siguen estando vigentes y con mucha fuerza.

La voz de Cervantes, refiriéndose a Sancho, como “hombre de bien - si es que este título se puede dar al que es pobre.-, bosqueja su sensibilidad por las personas humildes.

Con este genial personaje, llegado de la literatura popular, cuyos antecedentes se encuentran en el más antiguo libro de caballerías conocido, El Caballero Zifar ( Menéndez Pidal: Un aspecto de la elaboración del Quijote,), entra en escena el escudero, Ribaldo,  con alforjas llenas de refranes, cuyo candor “tanto precio dará a la locura del hidalgo”. Importante es la opinión de Martín de Riquer; en sus estudios sobre El caballero Zifar, destacó que en ambos tipos existen ciertas analogías, principalmente por ser los dos de baja extracción, pero deducir que Ribaldo, el escudero de Zifar, sea un modelo de don Quijote es exagerar gratuitamente. Aunque no se puede negar que Zifar ha dejado huella en el Quijote". Santiago Muñoz Machado, Cervantes págs 311-322

En El Personaje de Sancho Panza y los lectores del siglo XVII, Javier Salazar, cervantista y profesor de Literatura de la UNED,  explica el contexto socioeconómico del “labriego prototipo, simple y agudo, malicioso y bobo, muy similar al que Cervantes nos presenta en su novela”. "Francisco Márquez Villanueva, cervantista y catedrático de la Universidad de Harvard, en su libro Fuente literarias cervantinas ya sostuvo que el aldeano manchego permanece marcadamente a la caracterización dramática de lo rústico y ya se encuentra en el teatro prelopista y Cervantes lo usa en algunas de sus obras teatrales". Muñoz Machado op.cit. pag. 313-314
Vicente de los Ríos, en el libro anteriormente señalado, asiente, según el sentir de la época -1790-que "el carácter de Sancho es el de una labrador interesado, pero ladino por naturaleza, y sencillo por su crianza y condición, que procede siempre según le inclina el interés."

Muy importantes son los estudios del cervantista y catedrático de la Universidad de la Sorbona, Agustín Redondo, sobre la tradición carnavalesca en El Quijote. El autor estudia la obra desde este punto de vista y, en concreto, en Tradición carnavalesca y creación: Del personaje de Sancho Panza al episodio de la Ínsula Barataria, muestra con gran acuidad los dos aspectos de la cultura: el popular, proyectado en lo carnavalesco y el oficial o culto, reflejado en lo cuaresmal. Ambos se manifiestan en un reversible juego de espejos, cuyos protagonistas son don Quijote y Sancho. Este último es "por varias de sus características, un loco carnavalesco".
El escritor y  catedrático de Literatura comparada de la Universidad de Princeton, Jorge Guillén, en el comentario de este capítulo, señala que: a) Si anteriormente don Quijote había confundido la ficción novelesca con la historia, no olvidemos que se pasaba los días y las noches leyendo,  ahora confunde el sueño con la vigilia, pues cuando se despierta dice ser Reinaldos de Montalbán. Se termina la escena en la que intervienen el cura, a quien confunde con el arzobispo Turpín y el ama, que, en alusión a la Inquisición, quema  los libros y tapia la biblioteca. 
b) Don Quijote ya no va a necesitar los libros para leerlos, los vive en su imaginación:" convierte el mundo en una novel, dentro de la propia ficción que lo contiene a él. Don Quijote se sitúa como el personaje principal de su propia novela de caballerías. 
c) En este capítulo aparece Sancho, que, como escudero ya había sido anunciado en I, 3. cuando don Quijote fue investido como caballero por el ventero. Con Sancho 
d) Considera Claudio Guillén que con Sancho "el dialogismo puede ir convirtiéndose en el principio estructural de la novela,. contraste entre pareceres, sin que el narrador nos dé los códigos o claves de los mensajes", ello va a permitir que seamos nosotros como lectores los que vayamos otorgando significado y dando pluralidad a las lecturas.

 


jueves, 10 de marzo de 2011

CAPÍTULO VI. SUS AMIGOS: EL CURA Y EL BARBERO, AYUDADOS POR EL AMA Y LA SOBRINA DE DON QUIJOTE QUIEREN EVITAR QUE VUELVA A LAS ANDADAS Y QUEMAN SU BIBLIOTECA, SALVANDO ALGUNOS LIBROS.


Muy temprano llegaron a casa de don Quijote sus amigos, le pidieron la llave de la biblioteca al ama y entraron. Había más de cien libros. Tanto el ama como la sobrina habían decidido quemarlos. El cura consideró que había que leer los títulos para ver cuál se podía salvar.
En el escrutinio se salvaron del fuego los siguientes: Los cuatro de Amadís de Gaula  porque, según el barbero,  es un libro verosímil;  Palmerín de Inglaterra porque está escrito con una prosa clara y se expresa con razones convincentes; Don Belianís de Grecia se salva siempre que se le suprima el exceso de imaginación que lleva; la Historia del famoso caballero Tirante el Blanco porque tiene un excelente estilo y es una mina de pasatiempos: "aquí comen los caballeros, y duermen en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte. ( Cervantes alude al realismo de la novela de Martorell)
 
Terminados los libros de caballerías pasaron a los pastoriles. Empezaron con la Diana de Montemayor. El cura opina que se suprima de este libro la parte que se refiere al agua encantada y los versos de arte mayor, pero que se deje la prosa. También salva del fuego la Diana enamorada, de Gil Polo; Los diez libros de Fortuna de amor, por lo cuidado de su estilo; El Pastor de Fílida, por ser el protagonista un discreto cortesano. Sobre la Galatea, opina el barbero que el libro propone algo, pero no concluye en nada, por lo tanto habrá que esperar a la segunda parte para ver el final.
Valoran después tres poemas épicos: La Araucana, de Ercilla, La Austriada, de Juan Rufo y El Monserrato, de Cristóbal de Virués. Los tres, según el cura, por la relevancia de sus versos.

Comentario

Estamos ante un capítulo de crítica literaria que nos da indicios claros del Pensamiento Literario de Cervantes, aludiendo al importante libro de Américo Castro. Los rasgos comunes  que tienen los libros que se salvan de la hoguera son la verosimilitud, la claridad con la que están escritos  y el grado probable de que lo que cuentan pueda ocurrir.  Esto constituye el bordón de su quehacer literario y es lo que desea que el lector comprenda.
He subrayado lo que afirma el cura cuando libra del fuego el Palmerín de Inglaterra porque entre sus virtudes halla la eficacia de las "razones cortesanas y claras , que guardan y miran el decoro del que habla con mucha propiedad y entendimiento". Este decoro, como explica el académico y catedrático de la Universidad de Madrid Lázaro Carreter en La prosa del Quijote es "la adecuación justa del modo de expresarse el personaje a su cualidad y carácter variable según las circunstancias del que habla". Es decir, el escritor o hablante competente debe saber elegir las expresiones lingüísticas mas adecuadas a cada situación. 
 Américo Castro lo expresa también muy claro:  “Cervantes explica conscientemente el análisis racional de la realidad”.  Su credo intelectual lo dejó escrito en el  axioma que encierran estos versos  de su poema “Viaje al Parnaso”:

Que a las cosas que tienen de imposibles,

Siempre mi pluma se ha mostrado esquiva.

Las que tienen vislumbres de posibles,

De dulces, de suaves y de ciertas,

Explican mis borrones apacibles.

Avalle Arce, en Don Quijote como forma de vida, percibe sobre la biblioteca de don Quijote algunos puntos que conviene recordar:

a) “Esa famosa biblioteca no atesoraba más que novelas en prosa y libros en verso, de los cuales ninguno pertenecía al género dramático; b) se aprecian ausencias de géneros de amplia difusión en la época: ascética, mística, filosofía y romances; estos últimos demuestra conocerlos por la tradición oral; su biblioteca padecía de total falta de actualidad; no poseía ningún best-seller de sus años. El libro más moderno es El Pastor de Iberia (1591), de Bernardo de Vega; c) Lo anterior demuestra que don Quijote no estaba al día en las lecturas de los libros que se publicaban. No progresó desde su juventud. Siempre se comportó como un muchacho encarnado en el cuerpo de viejo”.

Entiendo que con bastante agudeza percibió Avalle lo siguiente: “Si la vida del cristiano, moro o judío se fundamenta sobre un libro- Biblia, Corán, Torá-, la vida de don Quijote se estructura sobre un libro: el de caballerías-, especialmente el Amadís”.  Se pregunta Avalle: ¿Hay analogía de dependencia?. Afirma no saberlo.



Desde la psicología, analiza a don Quijote, el catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo,  Mariano Pérez Álvarez en Psicología  del Quijote. Lo realiza desde lo que se llama “El principio quijotesco que se refiere a la adopción de una identidad conforme a personajes literarios.” La tesis que defiende el autor es que la dialéctica persona/personaje que constituye a la persona real, se encuentra en cada uno de nosotros en más o en menos grado; tomando como referencia la que  se da entre “don Quijote, que viene a ser el personaje y Alonso Quijano, la persona de partida”.
Este principio quijotesco lo vemos en la vida real, tanto “con personajes de ficción e históricos, como con preceptos que modelan conductas (como ser un buen cristiano o un metrosexual) e, incluso, con base en la información por la que uno rige su vida(a la moda científica, tecnológica o budista)”

Especial importancia en esta crítica literaria que realiza el cura Pero Pérez es su postura ante la novela caballeresca Tirant lo Blanch del escritor valenciano Joanot Martorell, publicada en Valencia en 1490. Escribe Cervantes: 
"- Valame Dios -dijo el cura, dando una gran voz -, que aquí está Tirante el Blanco!. Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento, y una mina de pasatiempos...Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso os digo que merecía el que lo compuso, pues no hizo tantas necedades de industria ( a propósito) que le echaran a galeras por todos los días de su vida. LLevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho".
Hay una evidente contradicción entre la alabanza del libro en la primera parte y la condena a remar en galeras del autor del mismo en la segunda. Lo anterior ha dado lugar a considerar este pasaje como muy obscuro por los cervantistas, especialmente el cervantista y académico de la Lengua,  Diego Clemencín,  y muy atacado por los tirantistas. Se han escrito diversos artículos aclarando tal obscuridad. Son de especial mención el que hace Daniel Eisemberg en "La interpretación Cervantina del Quijote" y especialmente el artículo del Profesor de ,la Universidad de Salamanca,  Pedro Javier Pardo García en "Don Quijote, Tirante el Blanco y la parodia realista. De nuevo sobre "el pasaje más obscuro del Quijote". Considera el autor que "es lógico pensar que Cervantes imitó o se sintió al menos influenciado por aquello que alaba y se separó de Martorell en lo que critica." Como se ve en lo dicho por el cura, lo que critica Cervantes es "la industria"con que está hecho el libro, es decir el propósito artístico con que está hecho el Tirant. Sostiene y demuestra el autor la tesis de que la "industria" o propósito de Martorell es distinta de la de Cervantes. "La parodia de Martorell surge de su intento de adaptar el género de  caballerías a una nueva realidad para renovarlo, en Cervantes del enfrentamiento del mismo a una nueva realidad para ridiculizarlo...El propósito paródico o artístico que le faltó a Martorell, equivale al propósito o industria que le sobra a Cervantes"
La profesora Sylvia Roubaud, especialista en Libros de Caballerías, comenta este capítulo, coincidiendo, en general con los anteriores comentarios. El tema de la lecturas de don Quijote resurge cuando este regresa a su casa, pero aquí no se limita ya solamente a los libros de caballerías, sino a otros géneros como la novela pastoril, la poesía heroica y la lírica amorosa; el contenido refleja la tendencia de don Quijote a la literatura de imaginación y el poco entusiasmo que el autor tenía por la novela picaresca. 
Si comparamos esta biblioteca con la que tenía el caballero don Diego de Miranda en (II, 16), vemos que no hay obras de devoción ni de historia como encontraremos en la biblioteca de don Diego.
Señala la profesora que las acusaciones de inmoralidad y mentira que realiza el cura Pero Pérez, coinciden  con las que hicieron moralistas y teólogos de la época, de Cervantes: Juan Luis Vives, Pedro Mexia,  Arias Montano o Juan de Valdés. Considera la profesora que " si esta corriente crítica pudo inspirarle a Cervantes la idea del "escrutinio", de hecho influyó muy poco en la realidad histórica de la época: ni la Inquisición se decidió a prohibir los libros incriminados ni los censores reales lograron impedir su exportación a América" 

miércoles, 9 de marzo de 2011

CAPÍTULO V. DON QUIJOTE REGRESA A SU ALDEA DESPUÉS DE HABER SIDO APALEADO; LO RECOGE SU VECINO PEDRO ALONSO Y LO DEVUELVE A SU CASA MALTRECHO




 
DON  QUIJOTE REGRESA  A SU ALDEA
Don Quijote no podía ni levantarse del suelo por lo palos que había recibido. Estando en esta situación se consolaba pensando en el romance del marqués de Mantua, ( este romance se usaba en las escuelas como libro de lectura y cuenta la derrota en combate de Baldovinos, a manos de Carloto, sobrino de Carlomagno) creyéndose el héroe Valdovinos.  Acertó a pasar por allí un labrador vecino suyo que lo recogió, lo subió con gran esfuerzo sobre su jumento y lo condujo a su aldea. Mientras iba sobre el rucio, don Quijote creyó ser el moro Abindarráez, (moro que iba a Antequera a casarse con Jarifa y fue apresado por el alcaide de Antequera Rodrigo Narváez) de tal manera que cuando el labrador le preguntó que cómo se encontraba, éste le respondió llamándole don Rodrigo Narváez. El labrador trató de hacerle ver que ellos eran Pedro Alonso y el honrado hidalgo señor Quijana. Don Quijote contestó diciendo “Yo sé quién soy”, añadiendo que si quería podría ser cada uno de los Doce Pares de Francia, (los doce caballeros más importantes del ejército de Carlomagno),  pues sus hazañas se aventajarían a las de todos ellos.
Para que en la aldea no pudiesen ver el mal estado en que venía don Quijote, se esperó el labrador a que anocheciera. Cuando llegaron a la casa de don Quijote, estaban allí sus amigos: el cura Pedro Pérez y maese Nicolás, el barbero. El ama les decía que don Quijote hacía ya tres días que faltaba de casa y que no encontraba las piezas de la armadura;  que la culpa de lo ocurrido la tenían  los libros de caballerías que continuamente leía don Quijote, que le habían trastornado el juicio y, a gritos, decía,  que los debían quemar todos. Del mismo parecer era la sobrina. El cura intervino para decir que al día siguiente limpiarían la biblioteca de don Quijote de estos libros.
El labrador y don Quijote oyeron lo que decían en su casa. Don Quijote dijo en voz alta que abrieran al marqués de Mantua y al moro Abindarráez, por lo que se dieron cuenta del estado en que se encontraba. Pidió que lo acostaran porque quería dormir. El cura se informó por el labrador de lo que había dicho don Quijote, pero no pudieron averiguar lo que a este le había pasado, pues decía que lo que tenía era el molimiento por haberse caído de Rocinante y el  cansancio provocado por la lucha que había mantenido con diez atrevidos jayanes ( gigantes).  Al día siguiente se presentó en su casa el cura, acompañado de maese Nicolás para poner orden en la librería.

Comentario

Las identificaciones que realiza don Quijote constituyen el axioma más evidente de su locura. Su enajenación le impone una verdad que él hace suya: su falsa identidad es el producto de una conciencia confundida por la lectura de los libros de caballerías. Sus palabras y el estado de regreso a su casa nos dejan ver su aspecto esperpéntico y su alma fantasiosa y acrisolada por los personajes que dice creer ser. Su verdad tiene tal grado de subjetividad que la convierte en irracional. Tendido en el suelo, acude a su mente el Romance del Marqués de Mantua: cuando el hijo de Carlomagno, Carloto, dejó herido al hijo del Marqués , Valdovinos.
Cuando pasó por el lugar el vecino suyo Pedro Alonso y lo reconoció, don Quijote dijo ser el moro Abindarráez y, su vecino, don Rodrigo de Narváez; el labrador le contestó: “yo no soy don Rodrigo Narváez…ni vuestra merced es Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana”. Don Quijote le replicó: “Yo sé quien soy y sé que puedo ser”. Esta frase ha dado lugar a diversas interpretaciones de acuerdo con el punto de vista adoptado en la interpretación del libro:
a)      Desde una visión romántica, que ha dado lugar al quijotismo, don Quijote, al igual que los grandes héroes, mantiene inalterable su fe, a pesar de los descalabros que pueda sufrir: “Lo heroico en la vida de don Quijote no son sus victorias, ya que no sufre más que derrotas, sino la fe en su misión, lo que equivale a la fe en si mismo. Con la frase “Yo sé quien soy”, se nos dice que el elemento sustantivo y diferenciador en la vida del héroe, es la fe”. (Avalle Arce).

b)      En esta misma línea de interpretación romántica, (el filósofo y catedrático de griego de la Universidad de Salamanca) Unamuno, en Vida de don Quijote y Sancho, sostiene que “Sólo el héroe puede decir “!Yo sé quien soy!”, porque para él ser es querer ser; el héroe sabe quién es, quién quiere ser…”.

c)       Torrente Ballester, (Académico de la Real Academia de la Lengua, catedrático de instituto y escritor) en Don Quijote como juego, defiende la tesis de que “Alonso Quijano juega a ser don Quijote, y uno de los medios técnicos es la representación. La frase “yo sé quien soy”, analizada en el contexto en el que se da: en el diálogo con su vecino Pedro Alonso, cuando éste pretende sacarlo de la ficción literaria y devolverlo a su condición de Alonso Quijano, no quiere decir nada y quiere decirlo todo. Es una frase ambigua…Alonso Quijano “socorre” a su personaje; el socorro consiste en permitirle, o ayudarle a permanecer donde está; dentro del juego”.

Cuando llegaron a la aldea, el labrador, después de esperar a que anocheciera, llamó a la puerta de don Quijote y dijo: “Abran vuestras mercedes al señor Valdovinos y al señor marqués de Mantua, que viene malferido, y al señor Abindarraez, que trae cautivo al valeroso  Rodrigo Narváez, alcaide de Antequera.”. Como observa el catedrático de la Universidad central de Venezuela ) ,  Ángel Rosemblat, en “La lengua del Quijote “, se destaca en la frase el uso arcaizante, que viene a remedar el habla caballeresca.

Con este capítulo se cierra la primera salida de don Quijote que “ha modulado su melodía en tres momentos: primera salida ; segundo, venta; tercero, retorno. (Casalduero)
). La salida ha durado dos días. Salió, de su casa, según nos dice el cap. II, “una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio…”  y salió de la venta temprano: “La del alba sería” (cap. IV. )Lo recogió un vecino suyo, Pedro Alonso;  volvió a su casa al anochecer: “Llegaron al lugar, a la hora que anochecía, pero el labrador esperó a que fuese algo más de noche”

Desde una interpretación ajustada al propósito de Cervantes, los personajes caballerescos constituyen para don Quijote el acicate de su vida. Esta viene ahormada por las lecturas de estos libros. Don Quijote les va a dar vida a través de su propia vida. Esta es la gran originalidad de Cervantes, como apunta el cervantista y catedrático de la Universidad de Edimburgo Edward C, Riley, en  Teoría de la novela en Cervantes. Don Quijote se va a transformar en los personajes de los libros que ha leído, es decir, va a tratar de darle vida a la literatura, viviéndola él mismo.
El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Pisa Giuseppe di Stefano comenta este capítulo, partiendo de la misma tesis que había sostenido en capítulo anterior: la regresión a la adolescencia de don Quijote, que confía su alivio a una figura protectora: el labrador, vecino suyo, Pedro Alonso, a quien percibe don Quijote como el marqués de Mantua.
A  don Quijote lo deja el mozo de los mercaderes toledanos, en el capítulo anterior, molido como cibera por los palos que le ha dado. Su vecino Pedro Alonso, con su actitud caritativa con don Quijote nos evoca el realismo ante tanto desconcierto que ha visto en el "delirante sueño" del señor "Quijana". De esta  manera, "el socorro al  maduro  Quijana debe anular al infantil don Quijote"
don Quijote, según el profesor Giuseppe, "consulta el archivo de modelos con una finalidad esencial: identificar héroes inhabilitados físicamente que dependan de la autoridad auxiliadora y que personifiquen el tópico de "armas y amores", por eso se identifica don Quijote con el sobrino del marqués de Mantua, el joven Valdovinos; pero esta identidad con Valdovinos se rompe, don Quijote sale del romance, que ya los niños cantaban en la escuela, para decir "yo sé quién soy"; don Quijote "quiere superar con su hazañas y su figura cualquier modelo"; es decir, si don Quijote se identifica con modelos juveniles en un primer momento, rompe con ellos al final con el deseo de crear su propia historia.


martes, 8 de marzo de 2011

CAPÍTULO IV SALE DE LA VENTA Y SE TOPA CON JUAN HALDUDO , QUE ESTÁ AZOTANDO A SU CRIADO ANDRÉS. AVENTURA CON LOS MERCADERES TOLEDANOS




Don Quijote, muy contento, al verse armado caballero,  dejó la venta pensando que,  de acuerdo con el ventero, tenía que volver a su casa, coger dinero y buscar un escudero. Pensó en un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos.
Iba don Quijote sobre Rocinante cuando oyó las voces de un muchacho llorando. Se trataba de un pastor, Andrés, que, “desnudo de medio cuerpo arriba”, era azotado por su amo, un rico labrador de buen talle. Este le pegaba porque, según decía,  Andrés no guardaba bien el rebaño y le desaparecían las ovejas; sin embargo, el muchacho comentó que el dueño decía esto para evitar tener que pagarle lo que le debía. Don Quijote, oído lo anterior, y después de haber visto una lanza que tenía el labrador arrimada a una encina (la presencia de la lanza y la montura del labrador hacen que don Quijote  lo confunda con un caballero) y. pensando que el labrador le estaba mintiendo. (Decirle a alguien que le está mintiendo era una gran ofensa, por lo tanto don Quijote se siente ofendido), le ordenó que lo desatara y le  pagara lo que le debía. Hizo la cuenta don Quijote y ésta ascendía a setenta y tres reales. Andrés Haldudo, que así se llamaba el labrador, contestó que se los pagaría y aún sahumados (  mejorados) El pastor le dijo a don Quijote que no se fiara de Haldudo. Don Quijote contestó que cada uno es hijo de sus obras, no del nombre que lleva. Una vez que se hubo marchado don Quijote, Haldudo volvió a azotar al muchacho,  de tal manera que lo dejó casi muerto.
Don Quijote continuó camino de su aldea, acordándose de Dulcinea, a la cual le ofreció el mérito de lo que acababa de realizar ( La primera empresa de don Quijote responde al propósito de "deshacer agravios y enderezar tuertos")
Llegado a un cruce de caminos, se dejó ir por donde Rocinante quiso, éste se dirigió a su cuadra.  Iba pensando en Dulcinea cuando aparecieron un grupo de comerciantes toledanos que se dirigían a Murcia, (esta ciudad era en la época la principal productora de tejidos de seda de la Península), a comprar seda. Pronto se plantó delante de ellos y" a imitación de los pasos" (pasos de armas consistían en interceptar el acceso a un lugar determinado y retar a combate a quien quisiera pasar) que había leído en los libros de caballerías, con lanza en ristre, les pidió que reconocieran a Dulcinea como  Emperatriz de la Mancha y mujer más hermosa del mundo. Uno de ellos, dándose cuenta del personaje, le contestó que le enseñara un retrato y si tal era, de inmediato lo reconocería. Lo mismo le contestó otro de los que iban, pues si les enseñaba un retrato, por pequeño que fuese y dado que por el hilo se saca el ovillo (por la muestra o principio de algo, se puede conocer el resto. ), rápidamente lo reconocerían, aunque fuese fea y tuerta. Don Quijote que oyó lo anterior, arremetió contra ellos, pero Rocinante tropezó y cayó al suelo. Los mercaderes siguieron su camino, mas don Quijote los increpó llamándoles “ruin canalla y gente miserables”. Oído esto por un mozo de los que iban, dándose cuenta de cómo estaba don Quijote, cogió la lanza, la rompió y descargó toda su cólera sobre el caballero y le dio tantos palos que lo molió como cibera (lo dejó hecho harina)
Do Quijote no se podía levantar, mas no por eso dejó de comprender que lo que le había ocurrido era propio de caballeros andantes.      

Comentario

Después de la ceremonia de ser armado caballero, don Quijote, siguiendo los consejos del ventero, regresa a su casa a buscar todo lo que le faltaba, especialmente un escudero. Pensó en contratar a “un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería”. Como observa Casalduero, “con esta frase irónica, dentro siempre de la nota generalizadora de la época, se presenta completa la figura de Sancho.
De camino a su aldea,  tiene lugar la segunda aventura: impedir que el labrador Juan Haldudo siga abusando físicamente de otro más débil, su criado y pastor Andrés. Don Quijote intervino de inmediato y, como juez, dictó sentencia. Andrés alabó su intervención, calificándolo de “buen caballero” y de “valeroso y buen juez”. El episodio ha servido para opinar sobre la justicia en la obra. Algunos de los planteamientos más significativos que encuentro son:
a)      El artículo del catedrático de derecho de la Universidad de Cartagena (Colombia),  Mario Alano di Filipo: La justicia en el Quijote. El autor sostiene la tesis de que al ser don Quijote un personaje fuera de la realidad de su época, quiere practicar la justicia;  a pesar de sus buenos propósitos, arregla los conflictos de una forma inadecuada. Lo único que consigue es lo contrario de lo que busca, pues es sabido que cuando se marchó don Quijote, Haldudo volvió a azotar a Andrés y, como dice Cervantes, cuando lo desató, “él (Andrés) se partió llorando y su amo se quedó riendo…Y de esta manera deshizo el agravio el valeroso don Quijote.”

b)    Enrique Vivó de Undabarrena, profesor de derecho canónigo en la UNED,  en Cervantes y su vocación por el Derecho, estima que al ver a un hombre más fuerte abusar físicamente de otro más débil, don Quijote toma partido por este último para deshacer el “entuerto que se le está haciendo al Derecho Natural”.

c)       Niceto Alcalá Zamora, jurista y Presidente de la Segunda República Española,  en El pensamiento del Quijote visto por un abogado, destaca como punto cardinal de la flaqueza judicial de don Quijote “la invasión constante de la jurisdicción pública, serena e imparcial del Estado, por la débil y parcial justicia privada”.

d)      Carlos Prat Westerlindh, catedrático de derecho penal, en La justicia en el Quijote, defiende la tesis de que Cervantes toma como referencia en este capítulo “la justicia compensatoria e igualitaria”.  “Pretende compensar unos agravios con otros, si bien considera que la parte más débil, aquella que ha sufrido el daño físico, debe ser compensada económicamente. En este sentido, los azotes, rechazados por don Quijote por la forma brutal y excesiva,  compensan la deuda que tiene Andrés. Su fallo, que lo ponga en libertad y que le abone el salario que le debe es “una solución justa”…. “Del capítulo se extraen dos consecuencias: la primera se refiere a la necesidad de que las sentencias no se queden en meras declaraciones de intenciones (recuérdese que don Quijote, se fía de Juan Haldudo cuando dice que le pagará a Andrés lo que le debe, cosa que no cumplió); por lo tanto, para que la libertad sea garantizada, es imprescindible que las sentencias sean ejecutables. La segunda consecuencia deriva del llamado principio de exclusividad, es decir de la necesidad de unos Jueces y Tribunales imparciales”.

e)      Otra interpretación de este capítulo la podemos realizar desde los planteamientos del cervantista y catedrático de la Universidad de la Florida Daniel Eisemberg en La interpretación Cervantina del Quijote. Sobre el humor en el libro sostiene el autor que es muy posible que Cervantes creyera que “el humor surge del contraste entre lo que ocurre y lo que el lector piensa que sería lo adecuado”.  Con su intervención, don Quijote consigue todo lo contrario de lo que pretendía.

 f ) Si en la primera aventura don Quijote se enfrenta con los arrieros; en la segunda la realiza buscando principios de justicia, en la tercera lo hará buscando la proclamación de la belleza de Dulcinea. Don Quijote quiere que los comerciantes toledanos proclamen que no hay mujer más hermosa que “la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso. Pronto se dan cuenta del estado mental de don Quijote. Le siguen la corriente y no les importará decir de Dulcinea lo que el caballero quiere. Necesitan un motivo para justificar su afirmación, por eso le piden el retrato, apoyándose en el refrán de que “por el hilo se saca el ovillo”. La intención de los comerciantes es la de acomodar la verdad a la situación. Don Quijote los maltrata llamándolos  “ruin canalla y gentes miserables”. Su opinión era despreciativa para los que no tenían la categoría de caballero. La reacción del mozo, moliendo a don Quijote como cibera, cuando se encuentra en el suelo, tiene tal grado de vesania como la del caballero.
El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Pisa, Giuseppe Di Stefano, cuando comenta este capítulo pone el foco en:
 a) Don Quijote fue investido caballero en el capítulo anterior por un maestro de pícaros, conocedor de los lugares de peor fama de España; no es de extrañar que don Quijote en su imaginación piense reparar "agravios", sinrazones" y  "abusos" que se encuentre en su camino. saliéndole todas sus aventuras al revés de lo que pretende.  Aplica la ley de caballería a Juan Haldudo ordenándole que deje de azotar a Andrés y le abone su salario;  Haldudo promete que lo hará. pero más adelante en I, 31 nos encontramos con el fracaso de la intervención de don Quijote: don Quijote no salvó a Andrés de la paliza, sino que acrecentó su daño, tanto es así que Andrés no desea cruzarse más con su auxiliador;
b) Se encuentra con unos mercaderes, considera que tiene delante una nueva aventura y aplica los "pasos de armas" que había leído en los libros de caballerías, pero termina "molido como cibera"
c) De todo lo anterior se puede concluir que don Quijote ha fracasado en todo lo que se ha propuesto, provocando la risa en el lector y la reflexión. sobre el tema de fondo: "la regresión onírica ridiculiza al individuo y perjudica a la comunidad al entorpecer la lectura de sus signos, que son inevitablemente los solos reales, aunque no sean siempre ejemplares"