martes, 10 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXIV. PROSIGUE LA NOVELA DEL "CURIOSO IMPERTINENTE"

Camila, en términos duros le escribe una carta a su marido, poniéndole el ejemplo militar de que así como el general tiene que estar con su ejército, el marido debe estar en su casa. En caso contrario se iría con sus padres.

Anselmo leyó la carta y comprendió que Lotario había emprendido la conquista de Camila. Le prohibió a ésta que se marchase. Camila se arrepintió de haberle escrito lo anterior a su marido, pues no quería incitar pendencia alguna entre ellos. Lotario de inmediato emprendió el asedio y  así, “acometió a su presunción con las alabanzas de su hermosura, porque no hay cosa que más presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la misma vanidad, puestas en la lengua de la adulación.”

“Camila se rindió. Esto es un ejemplo claro que nos muestra que sólo se vence la pasión amorosa con huirla y que nadie se ha de enfrentar con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas”. Sólo conoció la entrega de Camila su querida criada Leonela.

Fue Anselmo a ver a su amigo Lotario a su casa. Cuando le preguntó por el asunto que llevaban, le respondió que podía estar orgulloso de la mujer que tenía, pues ni las dádivas, ni las promesas, ni las lisonjas habían podido contra su fuerte honestidad.

Quedó Anselmo satisfecho de las respuestas de Lotario; no obstante, le rogó que siguiera insistiendo en sus ataques amorosos. Para darle a entender a Camila que Lotario estaba enamorado de una tal Clori, le pidió que escribiera unos sonetos reflejando sus sentimientos. Cierto día que fue a comer a casa de Anselmo, leyó Lotario dos sonetos en los que expresaba sus cuitas. En el primero se lamentaba del menosprecio de la dama; en el segundo expresaba su deseo de morir al no verse correspondido. Camila era sabedora por Lotario del fingimiento de los poemas. Anselmo se enorgullecía de la honestidad de su esposa: “todos los escalones que Camila bajaba hacia el centro de su menosprecio, los subía, en la opinión de su marido, hacia la cumbre de su virtud y de su buena fama”.

Se confesó Camila a Leonela que sentiría que Lotario la hubiese creído una mujer frágil y de fácil entrega, pero Leonela le respondió que no se preocupara, “que el que da primero, da dos veces” (Volvería a intentarlo). Camila le contestó con otro refrán: “Lo que cuesta poco se estima en menos “ (Lo que no requiere esfuerzo, no se valora). Trató Leonela de tranquilizar a Camila con una serie de razonamientos sobre las propiedades del amor: “el amor unas veces vuela y otras anda…en un mismo punto comienza la carrera de sus deseos y en aquel mismo punto la acaba y concluye “. Le dijo que hizo bien en aprovechar la ausencia de Anselmo, “porque el amor no tiene otro mejor ministro para ejecutar lo que desea que es la ocasión”. Le asegura que si sólo tiene en cuenta “las cuatro eses que dicen que han de tener los enamorados “ (sabio, solo, solícito y secreto), nada debe temer.

Le pidió Camila a Leonela que no le dijese a nadie sus relaciones con Lotario. Esta le confesó que también se veía en su casa con un novio que tenía. Cierto día, cuando al romper el alba  iba Lotario a entrar en casa de Camila observó que un hombre embozado salía de ella. Creyó, ciego de celos, que Camila le había sido infiel. Buscó a Anselmo y le dijo que fácilmente podría comprobar por sí mismo la infidelidad de su esposa. Lo invitaba a que se cerciorara de ello, observando el encuentro amoroso que esa noche había concertado con ella.

Anselmo quedó sorprendido de lo que le dijo Lotario. Ese día, cuando Lotario fue a casa de Camila, ésta, preocupada, le confesó lo que sabía de Leonela, las visitas nocturnas del novio y su huida por la mañana. De inmediato se dio cuenta Lotario de que lo que había imaginado era falso. Arrepentido, le confesó a Camila lo que le había dicho a Anselmo y cómo este se ocultaría en la recámara, pero “como naturalmente tiene la mujer ingenio presto para el bien y para el mal, más que el varón”, indignada le dijo que no se preocupara, pues había ideado un plan para salir de aquella situación.

 Camila, sabedora de que Anselmo estaba oculto observándola, le comunicó a Leonela sus propósitos de matar a Lotario. Le dijo que fuera a por él y lo trajese a su casa. Previamente, Leonela, sabiendo que Anselmo la oía,  había alabado las virtudes y honestidad de su ama. Cuando Lotario llegó, Camila le afeó su indecencia y deshonestidad y acto seguido sacó la daga y se lanzó contra Lotario, afirmando que estaba dispuesta a matarlo. Mientras, Anselmo observaba orgulloso a su mujer. Se lanzó contra Lotario, este le sujetó la mano, pues de otra forma, creyó que le clavaría la daga. Cuando retiró la mano, ella, a propósito, se hirió ligeramente en el pecho y se desmayó.

Limpió Leonela la sangre; Lotario se dio cuenta de que apenas tenía herida, pero especialmente percibió la facilidad tan grande que tenían Camila y Leonela para fingir y engañar.  Fingidamente, se maldijo Lotario por lo que había ocasionado, pero especialmente, condenó a Anselmo por haberlo originado. De inmediato se marchó a su casa. Fue Anselmo a casa de Lotario y hablaron del asunto. Le dio gracias por lo que había hecho, pues gracias a él “se veía levantado a la más alta felicidad” porque había comprobado la honestidad inquebrantable de su esposa.



Comentario

1, El catedrático de Literaturas románicas, especialista en Cervantes y en El Quijote,  en la Universidad alemana del Sarre, Hans-Jörg Neuschäfer hace el comentario del Curioso Impertinente, destacando los siguientes aspectos:; a) esta novela intercalada difiere de las de Marcela, Dorotea y Cardenio, en que así como estas tienen relación con don Quijote, ésta es totalmente independiente hasta el extremo de que la acción ocurre en Italia; 
b) El tema central de la novela: la búsqueda de la virtud en la mujer, tenía, con un tono jocoso, el precedente en la Literatura de Boccacio, expresado a través del triángulo marido/esposa/amante.  Cervantes se aparta del tono festivo italiano y se mete en el tono serio de sus novelas ejemplares. Anselmo, el Curioso Impertinente, quiere saber si su mujer, Camila, tiene el ideal de virtud que él quiere que tenga: el decoro y la honestidad, y la pone a prueba con su amigo Lotario. Camila se resiste, en un principio, a los requiebros de Lotario  que a petición de Anselmo, le hace su amigo Lotario.  
c) El experimento de Anselmo termina en un fracaso total. Este tipo de novelas eran muy del gusto de la época. La pregunta que el lector tiene que hacerse: ¿es fácil quebrar la virtud de la mujer?,  ¿es en realidad el sexo débil?. La novela presenta un caso de la moralidad del espíritu de la época, especialmente en el teatro del Siglo de Oro: el tema del honor en torno a la "ideología del segundo sexo a la española".  Aunque en la novela "hay alusiones a la inferioridad moral de la mujer", conforme a la ortodoxia o doctrina de la época, Cervantes "reivindica una moral más liberal". Varias veces se repite en la novela que "lo que hace Anselmo es una locura", "porque la perfección moral que busca no está en la naturaleza humana; él exige a Camila algo imposible, por lo tanto es justo que lo que es posible se cumpla. Cervantes, nos dice el profesor Neuschäfer "aboga por una moral que cuenta con las posibilidades reales de la naturaleza humana en vez de las exigencias de un idealismo abstracto"


2, El profesor de Literatura Española Antony van Beysterveldt, especialista en Medieval y en el Siglo de Oro,  en el tema del Curioso impertinente y su relación con el Quijote, lee la novela  desde el punto de vista de la manipulación. En efecto, cada uno de los personajes va organizando las relaciones de acuerdo con su propio criterio y en función de los beneficios que ellos creen obtener. Anselmo quiere someter a su esposa Camila a un experimento para probar su fidelidad. Mueve a su amigo Lotario  para que participe como una herramienta en su propósito de ver cómo reacciona Camila. Posteriormente Anselmo pasará de ser protagonista activo a pasivo sin darse cuenta de las transformaciones. Leonela colaborará porque así le interesa a ella. Todos van manipulando para conseguir sus intereses. A este respecto dice Beysterveldt: “Al fijar la mirada en los aspectos más externos de la acción del Curioso…vemos cómo se perfila en el comportamiento de todos los personajes una tendencia nítida hacia la manipulación…A lo largo de toda la narración notamos, en efecto, cómo los personajes no sólo se manipulan unos a otros, sino que también procuran moldear las circunstancias y el medio ambiente en unas formas adecuadas a estas manipulaciones.  constancia de su Anselmo pero pérfida, siguen disfrutando, en este enredo de engaños, cada uno del des

Las anteriores manipulaciones de los personajes mantienen una vez más el concepto de verdad cervantina defendida por A. Parker. La gente miente porque le interesa. Anselmo vive obsesionado con la duda sobre la fidelidad y pone a prueba a su mujer, que no le ha dado motivo alguno para sospechar nada de ella, porque le atrae este agujero negro de la obsesión; de la misma forma intervienen los demás personajes. Lotario, en un principio, se ajusta a la verdad objetiva: hay una verdad moral y no se puede tergiversar; posteriormente se enamora, lo mismo que Camila, y deciden seguir el juego porque así les conviene a ellos. Leonela miente cuando alaba las virtudes de su señora por  los beneficios que consigue y el afecto que le tiene.

Al final, en un juego de tres: Lotario, Camila y Leonela traman una serie de añagazas para implantar en la mente de Anselmo las virtudes de su esposa.

b) Vargas Llosa, en el artículo: “Una novela para el siglo XXI”, analiza El Quijote a partir de ficción como tema narrativo.  Dice el premio nobel que “El gran tema de Don Quijote de la Mancha es la ficción, su razón de ser, y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va modelando, transformando”.  En efecto, esta novela se lee en la venta de Juan Palomeque, una noche, por el Cura, con el Barbero, Sancho, el Ventero, su mujer, su hija y Maritornes. Recordemos que a casi todos los asistentes a la velada les gustaban las ficciones, especialmente las caballerescas. De esta forma se distraían y hacían más soportable las tareas cotidianas. Pero la ficción entra también en la novela: Anselmo le pide a Lotario que escriba unos poemas a Clori que sirven de bitácora orientativa a Camila y de engaño a Anselmo.







domingo, 8 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXIII. SE INICIA LA NOVELA DEL "CURIOSO IMPERTINENTE"

El cura dio lectura a la novela, diciendo que En Florencia, vivían dos jóvenes amigos ricos y caballeros, llevados por tal grado de amistad que eran conocidos por todos, como “los dos amigos”. Uno se llamaba Anselmo y era aficionado a pasatiempos amorosos; el otro, Lotario, a los de la caza.

Anselmo se enamoró de Camila, joven bellísima y honesta. Le confió el secreto a Lotario y quiso que este fuese el que interviniese en pedirle la relación a sus padres. Quedó satisfecha Camila de su casamiento con Anselmo y muy agradecida a Lotario por lo que había hecho. Este, una vez pasadas las bodas, dejó de ir con la frecuencia que solía a casa de su amigo, porque “no se han de visitar ni continuar las casa de los amigos casados de la misma manera que cuando eran solteros, porque aunque la verdadera y buena amistad no puede ni debe ser sospechosa en nada, con todo esto es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mismos hermanos, cuanto más de los amigos.”

Quedó extrañado Anselmo al darse cuenta de que su amigo Lotario no frecuentaba la casa como antes. Se lo dijo y le comunicó que su mujer, Camila, también estaba sorprendida, pues ella era sabedora de la excelente amistad que los unía. Es más, le insistió en que no quería que ese comportamiento circunspecto echara por tierra el nombre por el que los conocían: “los dos amigos”.

Lotario era de la opinión de que “el casado a quien el cielo había concedido mujer hermosa tanto cuidado había de tener con los amigos que llevaba a su casa como en mirar con qué amigas su mujer conversaba, porque lo que no se hace ni concierta en las plazas ni en los templos, se concierta y facilita en casa de la amiga o la parienta de quien más satisfacción se tiene. (en quien se tiene depositada mayor confianza)

Anselmo andaba preocupado por la fidelidad de Camila y un día se lo confesó a su amigo Lotario. Quería saber si Camila le era fiel, pues según él, “no es una mujer más buena de cuanto es si no es solicitada, y que aquella sola es fuerte siempre  que no se doble a las promesas, a las dádivas, a las lágrimas y a las continuas importunidades de los solícitos amantes. Porque ¿ qué hay que agradecer que una mujer sea buena si nadie le dice que sea mala?.  Le pide que sea el mismo Lotario quien la solicitase en amores, pues siendo su amigo, en el caso de que Camila sea vencida, él respetaría la amistad y se impondría la cordura.

Lotario le respondió con un largo discurso, empleando cuatro argumentos para que desistiera de lo que se proponía: a) La amistad tiene un límite. Este está en no utilizarla contra los deseos de Dios:” Los buenos amigos han de probar a sus amigos y valerse de ellos, como dijo un poeta, “usque ad aras”, (hasta el altar) que quiso decir que no se habían de valer en su amistad en cosas que fuesen contra Dios”; b) La utilidad. Se debe intentar realizar cosas de las que pudiéramos obtener algún provecho. “Las cosas dificultosas se intentan por Dios, o por el mundo o por entrambos a dos...la que tú dices que quieres intentar y poner por obra, ni te ha de alcanzar gloria de Dios, bienes de fortuna, ni fama con los hombres…no has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado”; c) La estima y fama de la mujer. “Hase de guardar la mujer buena como se guarda y estima un hermoso jardín que está lleno de flores y rosas, cuyo dueño no consiente que nadie le pasee ni manosee.” ; d) La Biblia. Dios creó a Eva de una costilla de Adán. Este la miró y dijo: “Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos”; y Dios dijo: “Por ésta dejará el hombre a su padre y madre, y serán dos en una misma carne. Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que sólo la muerte puede desatarlos”

Viendo Lotario que no había razón que convenciese a Anselmo y, pensando que le podría ofrecer el asunto a otro, se ofreció a entrar en la prueba. Uno de los días que Lotario fue a comer a casa de Anselmo, le dijo este que se tenía que ausentar por motivos de negocios. Le pidió a Camila que atendiese en todo a Lotario. Después de comer, estando solos Lotario y Camila, manifestó Lotario que tenía sueño y se quedó dormido hasta que llegó Anselmo. Salieron de casa los dos amigos  y Anselmo le preguntó que cómo le había ido. Lotario le contestó que por ser la primera vez, se había limitado a elogiar su hermosura y discreción, contestando Anselmo que volvería a dejarlos solos.

Anselmo repitió una vez más el dejarlos solos, pero comprobó por el ojo de la cerradura que Lotario lo había engañado. Lotario cuando se quedaba solo no le decía palabra a Camila. Le reprochó Anselmo duramente el engaño. Lotario le prometió, bajo palabra de honor, que no volvería a ocurrir. Decidió Anselmo marcharse durante unos días fuera de su casa. Le dijo a Camila que atendiera en todo a Lotario. Después de tres días de ir a su casa, terminó por enamorarse de Camila y decidió requebrarla con razones amorosas y solícitas. Esta, sorprendida y confusa, se encerró en su aposento y le escribió la siguiente carta a su marido.

Comentario

El curioso impertinente es un episodio más intercalado en El Quijote. El estudio de estos episodios ha sido estudiado especialmente por Anthony Close. Llega este especialista a las siguientes conclusiones: a) El Quijote podemos verlo  como la crónica épico- burlesca de una  extensa novela; b) Del tronco de esa novela surgen diversas ramas que llamamos episodios; c) Estos episodios tienen una estructura coordinativa o yuxtapositiva, según tengan una relación más o menos estrecha con la trama del Quijote; d) Cuando se inicia un episodio se produce un “desenganche” de los personajes principales. En el caso del Curioso impertinente, don Quijote está durmiendo cuando los oyentes le piden al cura que lea la novela; e) Este es el único episodio de la primera parte que tiene una estructura yuxtapositiva. Sobre esto último, entiendo que Anselmo, padece cierta obsesión que raya en la locura por saber si Camila le será fiel; por lo tanto, sigue compartiendo con don Quijote cierta enajenación. En tanto que esta “rama” o episodio está ligada al “tronco” por una relación temática, su estructura sigue siendo coordinativa, igual que las otros episodios intercalados: Cardenio y Dorotea,  Marcela y Grisóstomo.

 El filólogo, semiólogo y Catedrático de la Universidad de Pavía, Cesare  Segre considera que las interpolaciones en El Quijote tienen la función de representar “una especie de galería de los géneros literarios de su tiempo”. Este episodio, en concreto, se relaciona con la novela psicológica como muy bien precisó Menéndez Pelayo.

Interesante es, para el análisis de esta, novela recordar una vez más a Américo Castro en El pensamiento de Cervantes. Sostiene y demuestra el autor el tema de la realidad oscilante, es decir, Cervantes se introduce en la mente de sus personajes y nos expone la manera que ellos tienen de ver la realidad. Surge de esta forma el tema del “engaño a los ojos”. El máximo exponente de este engaño es don Quijote, confunde molinos con gigantes. Hay una confusión sensorial o física. Sus consecuencias tienen un sentido gracioso o burlesco; existen otros errores que consisten en “una mala interpretación de una realidad moral (típico ejemplo de Anselmo, creyendo que la virtud de Camila es como oro que puede ponerse al fuego para probar su pureza); las consecuencias de tales errores no suelen ser cómicas sino trágicas, y a menudo se castigan con la muerte”.
Márquez Villanueva, cervantista y catedrático en Harvard, en el libro Personajes y temas del Quijote, dice que Cervantes hace del matrimonio uno de los grandes temas de su novelística.  Como muy bien expone Muñoz Machado en op. cit. págs. 489-532, "se aprecia en las obras de Cervantes su apego a defender la voluntad libremente expresada por un hombre y una mujer, por encima de ceremonias. Sin perjuicio de que tiene  una idea del matrimonio cristiano a la que se ajusta de manera reiterada". Las tensiones que se presentan entre la pareja son grandes. En esta novela encontramos un contrapunto entre la fidelidad de la mujer y la impertinencia del marido. La impertinencia de Anselmo consiste en querer someter la fidelidad de su mujer a la experiencia de su amigo Lotario. Anselmo tiene una voluntad enfermiza: quiere encontrar lo imposible; por lo tanto, si buscas lo imposible, lo posible lo puedes encontrar.

Cervantes, por boca de Lotario, viene a adverar que las pretensiones de Anselmo son un albur de espadas de las que sólo cabe esperar lágrimas y sangre.

El catedrático de Literaturas románicas, especialista en Cervantes y en El Quijote,  en la Universidad alemana del Sarre, Hans-Jörg Neuschäfer hace el comentario del Curioso Impertinente, destacando los siguientes aspectos:; a) esta novela intercalada difiere de las de Marcela, Dorotea y Cardenio, en que así como estas tienen relación con don Quijote, ésta es totalmente independiente hasta el extremo de que la acción ocurre en Italia; 
b) El tema central de la novela: la búsqueda de la virtud en la mujer, tenía, con un tono jocoso, el precedente en la Literatura de Boccacio, expresado a través del triángulo marido/esposa/amante.  Cervantes se aparta del tono festivo italiano y se mete en el tono serio de sus novelas ejemplares. Anselmo, el Curioso Impertinente, quiere saber si su mujer, Camila, tiene el ideal de virtud que él quiere que tenga: el decoro y la honestidad, y la pone a prueba con su amigo Lotario. Camila se resiste, en un principio, a los requiebros de Lotario  que a petición de Anselmo, le hace su amigo Lotario.  
c) El experimento de Anselmo termina en un fracaso total. Este tipo de novelas eran muy del gusto de la época. La pregunta que el lector tiene que hacerse: ¿es fácil quebrar la virtud de la mujer?,  ¿es en realidad el sexo débil?. La novela presenta un caso de la moralidad del espíritu de la época, especialmente en el teatro del Siglo de Oro: el tema del honor en torno a la "ideología del segundo sexo a la española".  Aunque en la novela "hay alusiones a la inferioridad moral de la mujer", conforme a la ortodoxia o doctrina de la época, Cervantes "reivindica una moral más liberal". Varias veces se repite en la novela que "lo que hace Anselmo es una locura", "porque la perfección moral que busca no está en la naturaleza humana; él exige a Camila algo imposible, por lo tanto es justo que lo que es posible se cumpla. Cervantes, nos dice el profesor Neuschäfer "aboga por una moral que cuenta con las posibilidades reales de la naturaleza humana en vez de las exigencias de un idealismo abstracto"




jueves, 5 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXII. DE VUELTA CON LOS LIBROS DE CABALLERÍAS



Cuando terminaron de comer  continuaron su camino y llegaron nuevamente a la venta de Juan Palomeque, el Zurdo. De inmediato los saludaron el ventero, la ventera, su hija y Maritornes. Don Quijote pidió un camaranchón que fuese mejor que el anterior. Se lo dio la ventera, no sin antes pedirle que lo pagara, y se acostó a descansar.

La ventera, de inmediato le pidió al barbero las barbas que le había dejado, insinuando, en un doble sentido sexual, que las de su marido estaban por el suelo. Se las dio el barbero, a ruegos del cura.

En la sobremesa, la ventera contó lo del manteamiento de Sancho, aprovechando que este  no estaba presente. Hablaron de la locura de don Quijote y el cura aprovechó la conversación para explicar el efecto de los libros de caballerías en su enfermedad. Cuando el ventero oyó lo de los libros de caballerías, los elogió extremadamente, pues era frecuente en los días de siega que algún segador leyese para los demás, y lo pasaban tan bien que según el ventero nos quita mil canas (nos quita años y preocupaciones); la ventera dice que es el único tiempo en que descansa, pues no riñe con su marido; para Maritornes son libros muy entretenidos, especialmente cuando una doncella vigila mientras está su señora con su amante; a la hija le gustan porque la enternecen las separaciones de los caballeros con sus señoras.

Pidió el cura ver los libros de caballerías y el ventero les trajo tres: Don Girongilio de Tracia, Felixmarte de Hircania y, la Historia del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba con la vida de Diego García de Paredes. El cura reprobó los dos primeros por mentirosos y disparatados y aprobó el último porque trataba de cosas que habían ocurrido realmente.  El ventero que ya sabía la quema de los libros de don Quijote, probablemente contado por el cura cuando estuvo allí, le preguntó que si sus libros eran herejes o flemáticos, el barbero lo corrigió, diciéndole que se dice cismáticos.

El ventero cuenta algunas de las historias de estos libros, como el caso de Felixmarte, que “de un revés partió cuatro gigantes, así como irracionalidades de otro tipo. Con tal vehemencia lo contaba que Dorotea le dijo a Cardenio que poco le faltaba al bueno del ventero “para hacer la segunda parte de don Quijote”. El cura volvió a rebatirle la calidad de dichos libros, pues sólo servían para entretener; todo lo que contaban era falso. El ventero, que no se creía las razones del cura, contestó: A otro perro con ese hueso ( se repele algo que no nos gusta o consideramos desagradable), sé dónde me aprieta el zapato (sé lo que me gusta); no soy nada blanco (no soy tonto) Justificó lo anterior con el argumento de que esos libros no podían decir “disparates y mentiras”, porque tenían licencia del Consejo Real. (El ventero pensaba. al igual que don Quijote, que al ser aventuras que estaban escritas eran verdaderas, hechos propios de una insuficiente alfabetización)

El cura le explicó que en las repúblicas bien concertadas existen juegos de ajedrez, de pelota y de trucos para entretener a algunos que ni tienen, ni deben, ni pueden trabajar (se refiere a lo nobles, que tenían prohibido el trabajo manual). También se permite imprimir estos libros, pensando que la gente no los toma por verdaderos. Contestó el ventero que no se le ocurriría hacerse caballero andante, pues sabía que eso había existido en épocas pasadas, pero no ahora. Oído lo anterior, Sancho pensó que una vez que terminara esta aventura de don Quijote, lo dejaría y se volvería a su casa.

Se llevaba la maleta el ventero y le pidió el cura ojear los libros. Vio uno, cuyo título decía Novela del Curioso Impertinente   (El término novela tiene en esta época el sentido de relato corto. La acepción moderna no se generaliza hasta el siglo XIX. Este género procede de Italia y Cervantes se enorgullecía de ser el primero que había novelado en lengua castellana). Lo abrió y le pareció bueno. Todos los presentes le rogaron que lo leyera para que todos lo oyeran.

Comentario

Los desatinos lingüísticos del ventero –flemáticos por cismáticos- refuerzan una vez más la tesis de Lázaro Carreter, explicada en el capítulo anterior.

Interesante es este capítulo para recordar una vez más la opinión de Cervantes sobre los libros de caballerías. Hablando por boca del cura nos dice que “son mentirosos y están llenos de disparates y devaneos”.  A continuación añade que “si me fuera lícito ahora y el auditorio lo requiera, yo dijera cosas acerca de, lo que han de tener los libros para ser buenos, que quizá fueran de provecho y aun de gusto para algunos”. Lo anterior es un indicio de lo que Cervantes  nos dirá más adelante sobre lo que han de tener los libros  para “ser buenos”.

Los personajes de la venta que leen estos libros: Dorotea, el ventero y su familia, junto con Maritornes, son rústicos e ignorantes. Algunas de las cosas que enseñan estos libros aparecen aquí: Maritornes lo pasa bien imaginándose cómo tienen relaciones sexuales personas que no están casadas; estas relaciones son muy placenteras; el ventero, cuando lee estos libros se olvida de su mujer; la hija se enternece porque las mujeres hacen sufrir a los hombres: “si fueran honradas, cásense con ellos”. Lo anterior serían razones negativas para Cervantes. Sin embargo el entretenimiento tiene cabida: ahí están “los juegos de ajedrez, de pelota y de trucos”.

Los personajes de la venta funcionan para acrisolar, una vez más, los aspectos negativos de los libros de caballerías que el ventero ha presentado.

Unamuno, de quien ya he hablado anteriormente, cuando analiza este capítulo, está a favor del ventero porque se ha quijotizado. Lee libros de caballerías, que encarnan la fe. En este sentido se convierte en un quijote más. Ya sabemos que para este escritor, don Quijote, que es el ejemplo del hacer, es más importante que su propio creador: Cervantes. El Quijote de Unamuno es la viva representación de muchísimas personas que viven por un ideal. En torno a ese ideal gira su vida. El vivir, según Unamuno –El sepulcro de don Quijote-, consiste en buscar un ideal. Buscar a don Quijote y” mientras se busca lo que hay que hacer es ¡Luchar!, ¡Luchar!”. 

La profesora Sylvia Roubaud, especialista en libros de caballerías comenta este capítulo destacando la lección final que da el ventero Juan Palomeque de que le gustan los libros de caballerías y que ha leído muchos, pero no por eso se le ocurre hacerse caballero andante. Por lo tanto, no siempre los libros trastornan el juicio: hay que saber aprovecharlos.
Se sitúa el capítulo en la venta de Juan Palomeque el Zurdo. Un lugar en el que ya habían estado don Quijote y Sancho en los cap. I, 16 y 17; así como el cura y el barbero  en I, 26 y 27. Todos van a permanecer en la venta hasta el I,46. 
El núcleo del capítulo es la conversación que el cura, actuando como "escrutiñador", tiene con el ventero sobre los libros de caballerías. Se hace el cura portavoz de los tratados de preceptiva literaria de la época, pero como señala la profesora Roubaud, Cervantes plantea el tema, no entre gente culta, universitaria y aristocrática, sino que en el tema participa gente humilde como el ventero, su mujer, su hija, la criada Maritornes y Dorotea. El cura destaca los libros de biografía como el de El Gran Capitán, frente a otros que no enseñan nada.
Por último, hemos de destacar las valoraciones que hace el lector en función del sexo y de la edad: para las mujeres como Maritornes, Dorotea y la hija de ventero, les agrada las escenas sentimentales y de amor.; para los hombres, como Juan Palomeque, las hazañas guerreras.



  

  

 











  

  

 


miércoles, 4 de mayo de 2011

CAPÍTULO XXXI. LAS NOTICIAS DE SANCHO SOBRE DULCINEA. OPINIÓN DE ANDRÉS SOBRE LA CABALLERÍA ANDANTE

Don Quijote estaba muy interesado en saber cosas de Dulcinea. Así que le preguntó a Sancho por todo lo referido a su embajada a Dulcinea. Sancho fue ensartando una mentira con otra para salir airoso de la empresa.  Le dijo que cuando llegó, Dulcinea estaba cribando el trigo rubión (De las tres clases de trigo que había: candeal, trechel y rubión, este es el peor). Le pidió don Quijote que no se dejara nada en el tintero (que no se olvidara ni un detalle) y mostró especial interés en saber lo que Dulcinea pensaba de él. Le contestó que ésta ni siquiera le preguntó; no obstante, le dijo que don Quijote se había quedado haciendo penitencia y maldiciéndose su fortuna por no tener a su lado a su señora. Le respondió don Quijote que no maldecía su fortuna, sino que estaba orgulloso de tener una tan alta señora. Lo de alta lo utiliza Sancho para burlarse, diciendo que es tan alta como él, pues cuando entre los dos echaron un saco sobre el rucio, comprobó su estatura.

Aprovecha lo anterior para preguntarle qué fragancia exhalaba. Sancho le contesta que desprendía cierto tufo a piel cultivada y olor a hombruno. Quiso saber don Quijote lo que hizo cuando leyó la carta y Sancho le contestó que no la leyó porque no sabía leer. Lo que sí le dijo Dulcinea es que deseaba que su caballero dejase la sierra y fuera a verla al Toboso.

Le preguntó don Quijote que si le entregó alguna prenda para él y Sancho replicó que únicamente le dio un trozo de pan y queso ovejuno. Le contesta don Quijote que si no le dio algo de oro es que no lo tenía por allí, pero que “buenas son mangas ( propinas, gratificaciones) después de Pascua” (lo bueno siempre es bueno, aunque llegue a deshora). Don Quijote le está diciendo con este refrán que no se queje;  le dio lo que tenía a mano)  Pasa a continuación don Quijote a decirle que está extrañado del poco tiempo que había tardado. Lo atribuye a que algún encantador amigo suyo había llevado a Sancho por los aires., pues existían encantadores que de esta manera colaboraban con los caballeros andantes cuando se tenían que trasladar a lugares lejanos.

Dice don Quijote que tiene dudas sobre lo que debe de hacer: ¿Ir al Toboso, como le pide Dulcinea o cumplir la palabra que le ha dado a la princesa Micomicona?. Considera que debe cumplir su palabra y después dirigirse al Toboso. Inmediatamente intervino Sancho para decirle que se casara con Micomicona, que los podría casar el cura, pues “más vale pájaro en mano que buitre volando y quien bien tiene y mal escoge, por bien que se enoja no se venga.” ( Sancho deforma el refrán "quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje")

Don Quijote le dice que si el interés que muestra es por conseguir recompensas económicas, él, si recibe alguna parte del reino de Micomicona, se la entregaría a Sancho. Le pide a continuación que de lo que han hablado no diga nada a nadie, pues Dulcinea era muy reservada en sus pensamientos. Esto lo aprovecha Sancho para preguntarle a don Quijote que por qué obliga a los que vence a presentarse a su señora. Don Quijote responde que porque así lo disponen las leyes de la caballería para las damas de los caballeros: deben tener muchos vasallos que la sirvan, "por sólo ser ella quien es, sin esperar otro premio"; a esto le replica  Sancho diciéndole que él ha oído hablar de esa clase de amor: “he oído predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena”

Elogió don Quijote la forma de hablar de Sancho y, en ese momento, oyeron la voz del barbero diciéndoles que se esperasen un poco, pues había una fuentecilla y querían pararse a beber. Así lo hicieron y comieron algo.

Estando en esto pasó por allí un muchacho que, llorando, se abrazó a una pierna de don Quijote. Le dijo que era Andrés, a quien él había desatado de la encina en la que lo estaban castigando ( I. IV)

De inmediato don Quijote lo reconoció y lo puso de ejemplo de lo que los caballeros andantes hacen en bien de los necesitados. Invitó a Andrés a que les contase la heroicidad. El muchacho  contestó que no solamente no le pagó su amo, sino que descargó toda su cólera contra él y por culpa de don Quijote ha estado mucho tiempo en el hospital, debido a la paliza que le dio.

Decidió don Quijote ir en busca del labrador, pues ya sabía él por experiencia que “no hay villano que guarde palabra que tiene, si no saca provecho en guardarla” .  Cuando Dorotea se da cuenta de que don Quijote se disponía a marcharse, le pidió que no se entremetiera en  ninguna empresa  hasta no haber terminado con la suya.

Dice don Quijote que tendrá que esperar Andrés por las razones que había apuntado Dorotea. Pidió el muchacho algo de comer. Sancho le dio pan y queso y, maldiciendo a don Quijote y a todos los caballeros andantes del mundo, se marchó corriendo camino de Sevilla, quedándose don Quijote afrentado por sus palabras.



Comentario

En este capítulo podemos apreciar varios puntos de vista que justifican las diversas lecturas que se han hecho sobre El Quijote

a)      El engaño de Sancho. Una vez más hemos de mencionar el concepto de verdad, expuesto por Cervantes en el capítulo XI. El hecho de que “la verdad aparezca oscurecida por los interese de los hombres”, avala la interpretación realista del libro y sostiene la tesis de A. Parker. Sancho miente porque así le interesa. Se libra de la reacción colérica de don Quijote y mantiene su ilusión de sacar partido por lo que cree que a él lo beneficia: el casamiento de don Quijote con la Micomicona.

b)      El personaje de Sancho. Lázaro Carreter analizó, como ya expuse en anteriores capítulos, la polifonía de la obra en La prosa del Quijote (Revista de Estudios Cervantinos, nª 4). Sostiene la tesis, basándose en los estudios del crítico literario y filósofo ruso Bajtin, de que con Cervantes se funda la novela moderna porque “ha enseñado a acomodar el lenguaje a la realidad del mundo cotidiano”. Es decir, Sancho, un pobre rústico y analfabeto y muchos otros personajes de la obra, utilizan “un lenguaje estándar, bajo pero no desviante, que sea “grosero”, esto es, humilde por la simplicidad, estupidez o vivacidad de lo que se dice”.  Sancho deforma los refranes: en vez de” Más vale pájaro en mano que ciento volando”, dice “Más vale pájaro en mano que buitre volando”. En vez de decir, “Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje”, dice “quien bien tiene y mal escoge, por bien que se enoja no se venga”.

c)       La opinión de Andrés sobre don Quijote y los caballeros andantes. Cervantes quería ridiculizar los libros de caballerías. Como advierte Leo Spitzer, quiere advertir sobre los peligros que algunos libros llevan. A don Quijote, su intervención en la liberación de Andrés da como resultado lo opuesto de lo esperado y el niño termina maldiciendo lo que el héroe ha hecho, por las consecuencias que le trajo.

d)      En el sentido anterior, el falso engaño de don Quijote, puesto a través de la afirmación: “No hay villano que guarde palabra que tiene si no saca provecho en guardarla”, se corresponde con la falsa imagen que a veces tenemos de las cosas. En este sentido el hispanista y Catedrático de la Universidad de Stanford “Predmore ha señalado la frecuencia y el cuidado con que el libro distingue entre las cosas que son verdad, las que por inferencia deben serlo y las que sólo parecen serlo” (Eisenberg. La interpretación cervantina del Quijote). Don Quijote quiere que Andrés comunique con alharacas la hazaña de su liberación; lo que recibe es un conjuro diciéndole que se alejen todos los caballeros andantes.

El catedrático de Estudios Hispánicos de la Universidad de Kentucky John Jay Allen, comenta este capítulo a partir de los siguientes bloques de contenido: a) El primero está enfocado en torno al diálogo que mantienen don Quijote y Sancho respecto a la carta que Sancho le tenía que haber entregado a Dulcinea. De ésta hay dos visiones opuestas:; 1. La de Sancho sobre Aldonza Lorenzo, una zafia Labradora, con aspecto hombruno y 2. La de don Quijote, intentando dignificar la mujer de sus sueños.  Destaca el profesor Allen que el interés de Sancho en rebajar la figura de Dulcinea es por el deseo de que don Quijote acepte el matrimonio que le propone Micomicona, requisito para conseguir "una parte del reino"
b) Justifica don Quijote la prontitud del viaje de Sancho, apelando al "sabio nigromante" que tiene en cuenta las cosas de don Quijote, como caballero andante.
c) Existe un paralelismo en las relaciones de don Quijote con Dulcinea al igual que el cristiano con Dios. Ya en I.4 don Quijote le dice a los mercaderes toledanos que iban a Murcia, que deben "creer, confesar, afirmar, jurar y defender" la supremacía de Dulcinea frente a cualquier otra mujer. El I,30  nos dice don Quijote que "yo vivo y respiro por ella y tengo vida y ser"; en I.31 dice don Quijote que quiere "servilla por solo ser ella quien es sin esperar otro premio.." La respuesta de Sancho: "de esta manera de amor...he oído yo predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo..."
d) el encuentro con Andrés supone también un paralelismo entre la falsa modestia de don Quijote cuando le dice a Micomicona que la adulación ofendía sus "castas orejas" y la primera intervención de Andrés y la afirmación de don Quijote ¿No notaste. hijo Andrés,  con cuanto imperio le mandé a Juan Haldudo, tu señor, que te soltara y te abonara lo que te debía?

  

 




sábado, 30 de abril de 2011

CAPÍTULO XXX. LA INGENIOSA HISTORIA DE LA PRINCESA MICOMICONA

 


Después que el cura terminó de reprehender a don Quijote por lo que se había hecho al liberar a los galeotes, intervino Sancho para decir que quien lo había realizado había sido su amo, a pesar de que él le había advertido de la clase de gente que era la que liberaba. Don Quijote, al oír esto, montó en cólera diciendo que a los caballeros andantes no les correspondía saber a qué gentes les hacían el favor, sino que su religión le exigía ayudar a los necesitados, “poniendo ojos en sus penas y no en sus bellaquerías”.  En vista de la actitud que tomaba don Quijote, intervino Dorotea para tranquilizarlo y pedirle lo que le había prometido.  Aceptó don Quijote y le pidió que le contara su desgracia.

Contó Dorotea que era huérfana de padre y madre. Su padre, conocedor de la magia, llamado Tinacrio el Sabidor,  vaticinó que el gigante Pandafilando de la Fosca Vista, le usurparía el reino a menos que ella se casara con él; su padre no se lo recomendaba, ni ella tampoco lo aceptaba. Sí que le había aconsejado que buscase en España a un famoso señor llamado don Azote o don Gigote ( el gigote era un plato de carne asada, picada y aderezada) Sancho corrigió, llamándole Don Quijote o el Caballero de la Triste Figura. Abundó ella en lo mismo, argumentando que el tal caballero tenía un lunar debajo del hombro. Como don Quijote quiso desnudarse para comprobarlo, Sancho le dijo que no lo hiciera, que él sabía que sí lo tenía. Dorotea, aceptaba el ofrecimiento de don Quijote, diciendo que “con los amigos no se ha de mirar en pocas cosas” (no se ha de reparar en nimiedades), pues basta que haya lunar y esté donde estuviere. Dice que está contenta de haberse encontrado con don Quijote y que cuando desembarcó en Osuna, ya empezó a oír su fama. Después de corregirle el cura –una vez que don Quijote se había dado cuenta de que Osuna no tiene puerto de mar- que fue en Málaga el desembarco, continuó ella, diciéndole a don Quijote que si quisiera casarse con ella, que le entregaría su reino y su persona. Oído esto por Sancho, se puso contento al saberse vasallo del posible emperador, pues sólo se trataba según él, de matar al gigante Pandahilado. Dorotea, después de disculparse en lo que no hubiera acertado en la narración de su historia, pues ello se debía a  que “los trabajos continuos y extraordinarios quitan la memoria al que los padece”. ( da a entender a los que conocen su historia lo mucho que había sufrido por el abandono de don Fernando)

Respondió don Quijote que no se podía casar con ella, pues su corazón era de Dulcinea. Sancho cuando oyó esto se encolerizó, diciéndole que Dulcinea no le llegaba ni al zapato de la que estaba delante.  De esta manera, alcanzar el condado sería como “pedir cotufas en el golfo”  (pedir cosas imposibles). Le recomienda que coja el reino que le viene a las manos “de vobis vobis” ( gratis, sin ningún esfuerzo).

Oído esto por don Quijote, maldiciendo a Sancho, cogió la lanza y le dio dos palos en la espada que lo tiraron por tierra.

Habiéndose dado cuenta de lo mal que le habían sentado sus palabras a don Quijote, se levantó y refugiándose tras el caballo de Dorotea le dijo que no quería ofenderlo, sino que reconsiderara y se casara con la princesa, aunque después se amancebara con Dulcinea, pues así sería emperador y él conde. Oído lo anterior por Dorotea, mandó que no se hablara más del asunto, especialmente de “aquesa señora Tobosa” . Le dice a Sancho que le pida perdón a don Quijote, este lo acepta y se disculpa por los palos que le dio, pues “los primeros movimientos no son en manos de los hombres”. Le pide que tenga cuidado al hablar, pues “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe” (La frecuente exposición al peligro tiene sus riesgos).  Vuelve a disculparse Sancho por lo de Dulcinea y don Quijote le replica que se olvide, pues “A pecado nuevo, penitencia nueva” (cada problema requiere su solución).

Elogia el cura la brevedad del cuento de Dulcinea y contesta ella que sabía qué tenía que decir, pues leía con frecuencia los libros de caballerías, pero desconocía las provincias que tenían puerto de mar, razón por la que se equivocó. Continúa el cura hablando con Dorotea y Cardenio, diciéndoles que con qué simpleza se cree don Quijote lo tocante a la caballería, pero discurre con buen entendimiento cuando trata de otras cosas.

Apartándose don Quijote con Sancho, insiste el primero que le cuente con pelos y señales cómo fue su embajada ante Dulcinea y quién le escribió la carta. Responde Sancho que se la aprendió de memoria y que así se la pudo recitar, pero que la había olvidado. Recordaba lo de “sobajada” o “soberana” y,  el final : “Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura” y  entre una y otra manifestación, había añadido más de mil trecientas palabras enamoradas.



Comentario

Este capítulo lo podemos leer desde distintos puntos de vista: a) Desde una perspectiva realista, hemos de preguntarnos, siguiendo al cervantista inglés Alexander Parker, en El concepto de verdad en el Quijote,  por qué le miente Sancho a don Quijote. Está claro que porque: 1. No quiere que se enfade, pues en su locura es capaz de hacer cualquier cosa. En esta misma línea de razonamiento, diremos, siguiendo a Cervantes,  que la verdad se transforma por los intereses de los hombres 2. Quiere seguir con él, pues su codicia le lleva a no darse cuenta de la ilusión de su amo y él quiere participar en esa ilusión de aspirar a ser conde: son las oscilaciones existenciales de las que nos habla Dámaso Alonso.

b)  El perspectivismo lingüístico.  Me referí a él cuando comenté el capítulo XXVI.  También hay perspectivismo en este capítulo. Dorotea finge que su presunto liberador se llama don Azote o don Gigote y Dulcinea del Toboso es aquesa señora Tobosa.

Por su parte, Sancho varía los nombres con mucha frecuencia. No es capaz de retener el nombre real. Lo hace por aproximaciones.  Así, el gigante Pandafilando, se transforma en Pandahilando.

c) Ya aludí en el capítulo XVII al artículo de Lázaro Carreter, la prosa del Quijote. Cuando analiza la heterofonía de la obra, manifiesta que los personajes se expresan de acuerdo con el rango social y cultural que tienen. “Sancho ha de hablar conforme al genus humile que corresponde a su naturaleza rústica.”

En el caso de Dorotea, ella misma manifiesta que era seguidora de los libros de caballerías. Ignoraba la geografía española, pues creía que Osuna tenía puerto de mar. En definitiva, era una persona ignorante. De ahí su afirmación de “aquesa Tobosa”.

d) Guillermo Díaz Plaja, en el libro En torno a Cervantes, concibe el libro “En último término, y bien “teatralmente”, el esqueleto de la novela cervantina es un largo y suculento diálogo. 
Apostilla para cervantistas.
Uno de los libros que le van a servir a Cervantes como bitácora del buen gobierno es el del corregidor o magistrado, contemporáneo de Cervantes, Jerónimo Castillo de Bobadilla: Política para corregidores, y señores de vasallos, ... , calificada por Muñoz Machado, en Cervantes, pág. 412 como un tratado de ciencia del Estado. Dice Cervantes: " Perdóname el enojo que te he dado; los primeros movimientos no son en manos de los hombres". La misma máxima había sido utilizada por Bobadilla: "Porque en fin, como hombre está sujeto a las pasiones humanas", frase que encontramos también en el dramaturgo romano Terencio y en las Partidas de Alfonso X.

El cervantista y catedrático de Estudios Hispánicos de la Universidad de Kentucky, John J Allen,  comenta los capítulos XXIX y XXX, tomando como referencia las opiniones del Catedrático de Español de la Universidad de Indiana EE.UU y del Filósofo y Catedrático de Salamanca Unamuno. Del primero toma la ida del cambio que se va a producir en la obra como acertadamente expuso Unamuno en Vida de don Quijote y Sancho. 
Si hasta este capítulo era don Quijote el que se enfrentaba a las aventuras que se le presentaban por los caminos, de ahora en adelante vemos dice Unamuno" las que le arman los hombres". Don Quijote dice Unamuno "se va a convertir en juguete de los hombre y en motivo de risa": a)  el barbero disimula  su risa; b) Dorotea se hace pasar por la reina Micomicona; c) El cura saluda a don Quijote diciéndole que es "la flor y nata de la gentileza". Más adelante el cura reprende a don Quijote por haber liberado a los galeotes. Don Quijote callaba y no se daba por aludido porque como dice Unamuno "era su cura y confesor el que hablaba"
En Sancho, dice el profesor Jay Allen vemos que no le interesa el poder, más bien el vivir bien que ofrece el comercio. Ya en (  I,I0 ) cuando don Quijote le habló de la las propiedades sanadoras del Bálsamo de Fierabrás, Sancho le pidió la receta porque decía que si lo componía y lo vendía que se haría rico. Estos mismos pensamientos le vienen cuando se entera de que si su señor se casa con la reina Micomicona de Etiopía, él, Sancho, podría traer esclavos negros y venderlos para enriquecerse, su codicia se pone de manifiesto . Lo que quiere es una" vida descansada".
Respecto al gigante Pandafilando que encontramos en este capítulo y que Micomicona dice temerle, el profesor John Jay lo identifica con don Fernando.
Por último es de considerar la opinión del cura sobre el buen entendimiento de don Quijote cuando sale de los temas de las caballerías: lo califica de "entendimiento claro y apacible"







jueves, 28 de abril de 2011

CAPÍTULO XXIX. LA PRINCESA MICOMICONA

Dorotea continuó pidiendo que le dijesen dónde se podría esconder para no ser vista, especialmente por sus padres, pues había hecho con su honestidad, lo que ellos nunca se hubiesen imaginado.

Quisieron el cura y el barbero tomar la palabra para consolarla, pero Cardenio se adelantó y tomándole la mano, después de presentarse y decir quién era y lo que compartía con ella, el odio a don Fernando, le prometió como caballero que lo desafiaría por el daño que a ella le había hecho.

Agradeció Dorotea a Cardenio su ofrecimiento; el cura les dijo que se fueran con él a su aldea donde les ofrecería lo que les faltaba. Contó el cura por qué estaban allí y recordó Cardenio su disputa con don Quijote más no supo decir a qué fue debida su discusión.

Oyeron las voces de Sancho, llamándolos. Cuando llegó les dijo lo mal que se encontraba don Quijote; cómo no había podido convencerlo para que saliera, aunque le había dicho que Dulcinea le pedía que regresara; que si no se daban prisa para sacarlo, no sería ni emperador ni arzobispo. Se ofreció Dorotea a representar el papel de doncella menesterosa; conocía cómo tenía que hacerlo, pues era lectora de libros de caballerías.

Dorotea se vistió de princesa con tanta gracia que todos se quedaron sorprendidos de su belleza, especialmente Sancho. Quiso saber su nombre y el cura le dijo que se llamaba Micomicona, princesa de un reino de África. Fue agraviada por un gigante y ha venido a pedirle a don Quijote, que tiene fama por todo el mundo conocido, que deshaga el agravio que el gigante le hizo. Sancho, que parece contagiado de la locura de don Quijote, le pide al cura que aconseje a don Quijote que no se haga arzobispo, pues él, por estar casado, no podría servir a la Iglesia. Sí, que se case con la princesa, con lo cual don Quijote será emperador y él podría cumplir su deseo.

Se pusieron en camino y al poco encontraron a don Quijote ya vestido. De inmediato Dorotea se arrodilló a sus pies y le pidió que la protegiera ante lo que le habían hecho. Sancho, acercándose a don Quijote, le dijo que venía de lejanas tierras, al oído de su fama, para que pusiera fin a sus desdichas. Sancho le explicó a don Quijote que se trataba de la princesa Micomicona, reina del reino Micomicón de Etiopía. Don Quijote aceptó la petición, contestando “manos a labor, que en la tardanza dicen que suele estar el peligro”.

Se pusieron en camino y aunque Sancho iba a pie por la pérdida del rucio, se iba consolando con las posibilidades comerciales que tendría cuando su señor fuera emperador o rey del reino Micomicón. Los vasallos que tendría, aunque fueran negros, pronto los vendería y con el dinero se podría comprar algún título de nobleza o cargo oficial, con lo cual podría vivir descansado el resto de su vida

El cura, que se había quedado atrás con Cardenio, cuando vio venir a don Quijote, después de haber aseado a Cardenio, cortándole las barbas,  se le acercó y abrazándolo por la pierna, elogió su fama. Pronto don Quijote le pidió que se subiese en una caballería de las dos que había. El barbero, que hacía de escudero de Dorotea, se ofreció a dejarle su silla. Cuando se bajó para que el cura se subiera, la mula se espantó, cayó el barbero al suelo y volaron las barbas.  Don Quijote se extrañó y dijo: “!Las barbas le han derribado y arrancado del rostro, como si las quitaran aposta!. 

Después de haberle puesto el cura, por “ensalmo”, las barbas al barbero, y, subido en la mula, junto con la princesa y el barbero, le preguntó don Quijote qué hacía allí. El cura, que había oído de Sancho la aventura de los galeotes, contestó que junto con maese Nicolás se dirigían a Sevilla a cobrar un dinero que un pariente suyo le había mandado de América. En el camino fue asaltado por unos galeotes, que dicen que liberó un hombre falto de juicio. De esta forma “defraudó a la justicia del rey, alborotó a la Santa Hermandad y soltó al lobo entre las ovejas, a la raposa entre las gallinas, a la mosca entre la miel"

Don Quijote, cambiaba de color, pero no decía palabra.



Comentario

Una vez más vemos cómo arguye Cervantes contra los libros de caballerías. Dorotea confiesa que era lectora de estos libros; Luscinda le pidió el Amadís a Cardenio. Las dos aparecen como personajes alicaídos a los que la vida ha zarandeado como muñecos. Esta es una de las enseñanzas que Cervantes quiere resaltar en El Quijote. Estos planteamientos moralizantes son propios de la época, pero para nada resultan adecuados hoy.

Interesante es también el comportamiento de Sancho. Como ya dijimos en el comentario al capítulo XVII, el análisis del maestro de la crítica literaria y catedrático de la Universidad de Madrid, Dámaso Alonso, en el libro Del siglo de Oro a este siglo de siglas:  Sancho-Quijote / Quijote –Sancho, págs 9-19, plantea con rigor la visión psicológica de Sancho. Sostiene allí la tesis de que lo que caracteriza a Sancho son las oscilaciones entre el comportamiento pícaro al que le conduce la realidad y la visión fantasmagórica del caballero don Quijote. En efecto, Sancho, llevado por la codicia, desea que su señor se case con la princesa Micomicona, para, de esta manera, poder recibir los beneficios de su señor, en este caso, esclavos negros y después venderlos. Dámaso lo explica con estas palabras: “lo característico del alma de Sancho es que en ella el movimiento de ilusión y desilusión se reproduce ondulatoriamente a través de todas las páginas de la obra”.
Crítica social hay en las costumbres de  las servidumbres personales, en concreto, los esclavos. Era corriente en la España de Felipe II tener esclavos negros y musulmanes, que habían sido hechos prisioneros de guerra.  A este respecto, Muñoz Machado en op.cit. pág. 423, dice: "Un contingente importante de musulmanes y negros tenían la condición de esclavos por ser hechos prisioneros a los moros...y demás gente africana. Los prisioneros de guerra eran vendidos... El Quijote, que refleja bien la sociedad de la época, queda testificado por boca de Sancho, cuando reflexiona sobre la oportunidad de traer esclavos a España si su amo se casara con la princesa Micomicona.: "¿Qué se me da a mi que mis vasallos sean negros? ¿ Habrá que cargar con ellos y traerlos a España, donde los podré vender, de cuyo dinero podré comprar algún título o algún oficio (título de nobleza o cargo oficial) con qué vivir descansado todos los días de mi vida". Para ver la sociedad en la España cervantina, véase Muñoz Machado, op.cit. págs. 419-426

Analiza Unamuno este capítulo lamentando las burlas que le hacen a don Quijote; burlas que empiezan con el barbero cuando no puede contener la risa y terminan con el cura cuando reprime tan duramente la liberación de los galeotes.

Otro de los aspectos que resaltan en el libro son las creaciones lingüísticas, el ingenio de Cervantes con las palabras. Esto es lo que ocurre con el nombre del reino y de la princesa: “mico”, significa “mono de cola larga”; mico más mico en aumentativo,  da lugar a Micomicón.  También puede basarse en la expresión “dar el mico”, es decir, engañar, faltar a un compromiso. Dado que Dorotea fue engañada por don Fernando, pudiera ser que esto quisiera indicar la expresión, como indica el catedrático de Literatura y cervantista Joaquín Casalduero, en Sentido y forma del "Quijote".
El cervantista y catedrático de Estudios Hispánicos de la Universidad de Kentucky, John Jay Allen, comenta los capítulos XXIX y XXX, tomando como referencia las opiniones del Catedrático de Español de la Universidad de Indiana EE.UU y del Filósofo y Catedrático de Salamanca Unamuno. Del primero toma la ida del cambio que se va a producir en la obra como acertadamente expuso Unamuno en Vida de don Quijote y Sancho. 
Si hasta este capítulo era don Quijote el que se enfrentaba a las aventuras que se le presentaban por los caminos, de ahora en adelante vemos dice Unamuno" las que le arman los hombres". Don Quijote dice Unamuno "se va a convertir en juguete de los hombre y en motivo de risa": a)  el barbero disimula  su risa; b) Dorotea se hace pasar por la reina Micomicona; c) El cura saluda a don Quijote diciéndole que es "la flor y nata de la gentileza". Más adelante el cura reprende a don Quijote por haber liberado a los galeotes. Don Quijote callaba y no se daba por aludido porque como dice Unamuno "era su cura y confesor el que hablaba"
En Sancho, dice el profesor Jay Allen vemos que no le interesa el poder, más bien el vivir bien que ofrece el comercio. Ya en (  I,I0 ) cuando don Quijote le habló de la las propiedades sanadoras del Bálsamo de Fierabrás, Sancho le pidió la receta porque decía que si lo componía y lo vendía que se haría rico. Estos mismos pensamientos le vienen cuando se entera de que si su señor se casa con la reina Micomicona de Etiopía, él, Sancho, podría traer esclavos negros y venderlos para enriquecerse, su codicia se pone de manifiesto . Lo que quiere es una" vida descansada"




martes, 26 de abril de 2011

CAPÍTULO XXVIII. HISTORIA DE DOROTEA


Comienza el narrador aludiendo a las razones estilísticas de ensartar junto a las aventuras de don Quijote, los cuentos y episodios que se dan en el libro, para el entretenimiento del lector. 
Las aflicciones que oyeron don Quijote, Sancho y el Cura provenía de una persona que estaba muy cerca de allí, lavándose los pies en un arroyo. Se estaba lamentando de su desgracia, diciendo que obtendría más recompensa del silencio de las montañas que de ningún hombre a quien le pudiera contar las quejas que tenía.

El joven en cuestión iba vestido de labrador y llevaba puesto una montera. Cuando se la quitó dejó esparcir una larga melena rubia. Por la finura de los pies ya habían advertido que se trataba de una mujer. Pronto se percataron de su belleza, que para Cardenio sólo era comparable a la de Luscinda. Al darse cuenta de la presencia de ellos, quiso huir, pero el cura se le acercó y cogiéndola de la mano le dijo que le contase lo que le ocurría, “pues ningún mal puede fatigar tanto que rehúya de no escuchar siquiera el consejo que con buena intención se le da al que lo padece. Así que contadnos vuestra buena o mala suerte que en nosotros hallaréis quien os ayude a sentir vuestras desgracias.” Oído lo anterior, y dado que se habían dado cuenta de que era una mujer a la que algo grave le había pasado, pues estaba sola y vestida de hombre en un lugar como ese, Dorotea contó su historia, diciendo que sus padres eran vasallos, en Andalucía, de un duque de los que llaman “grandes” en España.  Dicho señor tenía dos hijos: el mayor, heredero de su estado y el menor, don Fernando, traidor y embustero. Ella provenía de unos padres, labradores, cristianos viejos, honrados y virtuosos. Se dedicaba a controlar la hacienda y en los ratos libres, leía libros piadosos y tocaba el arpa porque la experiencia le mostraba “que la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”. Ella, que solamente salía acompañada de su madre y unas criadas para ir a misa, fue vista por don Fernando que inmediatamente se enamoró de ella. Se lo comunicó con múltiples cartas, sin que ella diese respuesta, lo exteriorizó con músicas y verbenas en su calle. Todo ello se volvía en contra de él, no porque no le agradaban las alabanzas, pues “por feas que seamos las mujeres, siempre nos da gusto oír que nos llamen hermosas”, sino por la honestidad y por seguir los consejos de sus padres.

Supo don Fernando que sus padres quisieron casarla. Una noche, estando ella en su habitación, se encontró a don Fernando. No tuvo fuerza para gritar, él la sujetó y “empezó a decirme tales razones, que no sé cómo es posible que tenga tanta habilidad la mentira, que las sepa componer de modo que parezcan verdaderas”. El lloraba; ella no se ablandaba, pues solamente se entregaría a su legítimo esposo. Le prometió serlo él y le dio palabra de que quería ser su marido. Le advirtió que se fijase bien en lo que hacía, porque “nunca los desiguales casamientos se gozan ni duran  en aquel gusto con que se comienzan,”; él continuó con su intento, “así como el que no piensa pagar, que al concertar de la barata, (al hacer un contrato fraudulento) no repara en inconvenientes”. Allí, poniendo por testigo una imagen de La Virgen y en presencia de una criada suya, dejó de ser doncella, una vez que su criada se marchó. Al día siguiente, don Fernando se fue, “porque, después de cumplido aquello que el apetito pide, el mayor gusto que puede venir es apartarse de donde le alcanzaron”.


Por la misma criada que la traicionó cuando metió a don Fernando en su casa, supo después que este se había casado con una hermosa mujer llamada Luscinda; al enterarse, se vistió de muchacho y se fue en busca de don Fernando. Cuando llegó al pueblo supo que Luscinda, por una nota que don Fernando le encontró en el pecho, se había casado por obediencia a sus padres, pues ella le había dado el sí a Cardenio. Don Fernando la quiso matar porque consideraba que Luscinda se había burlado de él. Supo también Dorotea que Luscinda se había marchado de la ciudad. Trató Dorotea de encontrar a don Fernando, pero no lo consiguió. Su fracaso, por haber sido engañada, la llevaron a ocultarse en aquellas montañas.

Cuando salió de su casa se hizo acompañar por un criado suyo. Quiso abusar de ella y lo arrojó por un precipicio. Trabajó como pastor para un ganadero que mostró también lascivos deseos, razón por la cual lo dejó, resignándose a vivir sola en aquellas montañas.





Comentario

Las novelas intercaladas en El Quijote, y esta es una de ellas, han recibido diferentes valoraciones por parte de la crítica. Para unos, tal es el caso de Salvador de Madariaga, en Guía del lector del Quijote, son un añadido innecesario. Es más, dice Madariaga, que en tanto que se apartan de la trama, dan a entender un cansancio por parte de Cervantes. Opina Madariaga que los distintos episodios, “se me antoja “relleno” de autor cansado.”

Otros críticos sí que le dan un significado a estas historias dentro del libro. Tal es el caso del catedrático de la Universidad de Cambridge e ilustre cervantista Anthony Close, en  Los episodios del Quijote. Analiza el autor el concepto de episodio en la novela renacentista. Los episodios son “ornamento virtuosista, cuento ornamental divergente, paréntesis elocuente y didáctico”.  En definitiva se trata de añadidos que los autores van realizando en lo que cuentan para darle más variedad a su obra.

Cervantes, en la primera parte del Quijote cuando va intercalando episodios y este es uno de ellos, opta por un sistema coordinativo. El autor “desenchufa” de lo que está contando para introducir una historia que tiene cierta relación, en este caso temática y causal, con el tema de la novela.
Las anteriores palabras de Dorotea sobre el cínico comportamiento de Fernando son ostensibles del afán de Cervantes por dejar constancia del matrimonio secreto, o por juramento en España. Como muy bien explica el Catedrático de la Complutense  Lucía Mejía en La plenitud de Cervantes.  "Fue práctica habitual desde el siglo XII hasta el Concilio de Trento (1545-1563) el matrimonio secreto o clandestino, o por juramento como una institución que fue habitual y legal en la España medieval y en los primeros decenios del siglo XVI, tanto en España, Francia, Alemania o Italia. El matrimonio se hacía efectivo con todas las de la ley, con solo el consentimiento del esposo. Sin más testigos, sin más ceremonias...a pesar de que a partir de 1563, esta costumbre y modo ancestral de matrimonio ya no era vigente ni era permitido y aceptado por la Iglesia, lo cierto es que seguía siendo práctica común. Dorotea es un buen ejemplo literario de la pervivencia del matrimonio secreto en papel"

Lo anterior, era propio de la forma de narrar anterior a Cervantes. La novedad que él aporta, consiste en lo heterogéneo de los elementos coordinados. Cervantes va enlazando todos los tipos de novelas anteriores a él, -pastoriles, sentimentales, bizantinas...-, con aventuras cómicas, propias de la parodia caballeresca que es el libro.
El profesor F. Rico, una de las máximas autoridades actuales sobre Cervantes, lo explica así: "Era idea ampliamente compartida en la época "que la variación hace la naturaleza" y a las artes llegar a la plenitud "de gusto y belleza" (Cervantes, Pedro de Urdemalas). De acuerdo con tal criterio, la Primera parte del Quijote intercala en la historia del protagonista, y más o menos enlazados con ella, los cuentos y episodios de Grisóstomo y Marcela(11-14), Cardenio  y Dorotea (23-24, 27-29, 36),  buscando siempre la alternancia de temas y de modalidades literarias (pastoril, sentimental, de aventuras, etc. del mismo modo que se procura la variedad en los lances de don Quijote y Sancho.". Don Quijote de la Mancha.  

El escritor Alberto Sánchez comenta este capítulo, poniendo el acento en el comportamiento de Dorotea, una mujer activa y enérgica,  frente a Cardenio y la pasividad de Luscinda. Cuando Dorotea se entera de la felonía de don Fernando, no se queda en su pueblo, sino que va a la ciudad en a buscar al libertino traidor. Los padres de Dorotea creen que ha sido raptada y ofrecen un premio a quien la rescate. Dorotea se siente avergonzada y se retira a la montaña, donde la  encuentran el cura don Quijote y Sancho