martes, 7 de junio de 2011

CAPÍTULO XLV. CAMPO DE AGRAMANTE





Una vez que Sancho dijo que aquello era un baciyelmo, el barbero se esforzó en demostrar que era una bacía (vasija con una abertura en el borde, utilizada por los barberos para remojar la barba): la suya. Intervino el barbero, maese Nicolás, el amigo de don Quijote. Se puso de parte de don Quijote, para seguir la burla; argumentaba que su oficio era barbero, que llevaba veinte años de servicio, que tenía carta de examen (título oficial de haber aprobado el examen que facultaba para la práctica de un oficio) y que aquello no era bacía, sino yelmo, aunque no entero, pues también había sido soldado y tenía conocimientos para hablar así. Lo confirmaron también los amigos de don Quijote: el cura, Cardenio y don Fernando.

El barbero no salía de su asombro de ver convertido su bacía en yelmo y su albarda en jaez de caballo. Don Quijote intervino para decir que en lo del albarda-jaez, él no entraba, pero sí volvía a reiterar que aquello era un yelmo. Dado que la disputa persistía, don Fernando lo sometió a votación, con el resultado de que aquello era jaez de caballo.

Los que conocían a don Quijote se reían, pero los que los desconocían, como era el caso de  don Luis, sus criados y los cuatro hombres que acababan de llegar a la venta, lo consideraban un disparate.  El dueño de la albarda dijo que estaba en lo cierto que lo era, pero dado que todos le decían lo contrario, respondió:  allá van leyes, donde manda reyes ( Los poderosos actúan como quieren”). Don Quijote que oyó esto, quiso poner paz e  intervino para decir que cada uno coja lo suyo y a quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga (“es necesario resignarse ante la suerte de cada uno”).

Uno de los criados de don Luis y uno de los cuadrilleros de la Santa Hermandad afirmaron que aquello era una albarda y el que dijere lo contrario, estaba hecho una uva (estaba borracho). Don Quijote que se creyó insultado, cogiendo con rabia la lanza, la quiso romper en la cabeza del cuadrillero que lo dijo. Por suerte no le dio, pero la lanza se hizo pedazos. Los cuadrilleros y el ventero, que era de la Santa Hermandad (cuerpo de policía, pagados por los municipios de la corona de Castilla para perseguir a los criminales) se dispusieron a prender a don Quijote. Sus amigos lo protegían y, “la venta se convirtió en un campo de batalla en el que la confusión era tan grande que nadie sabía con quién luchaba, entre llantos, voces, gritos, confusiones, temores, sobresaltos, palos y desmayos.”  A la vista de lo que estaba ocurriendo, don Quijote se creyó metido en la discordia del campo de Agramante y, viendo la trifulca,  dijo: “quiero que veáis por vuestros ojos cómo se ha pasado aquí y trasladado entre nosotros la discordia del campo de Agramante (Fig. “Lugar en el que hay mucha confusión y en que nadie se entiende”. Agramante es un personaje del Orlando furioso). Todos se tranquilizaron y dejaron de aporrearse, quedándose, hasta el día del juicio,  la albarda por jaez, la bacía por yelmo y la venta por castillo en la imaginación de don Quijote.

Los criados de don Luis persistían en que se fuera con ellos, pero como el oidor había hablado con él y con don Fernando, éste llevado de su rango social convenció a los criados de que don Luis lo acompañaría a Andalucía. Estaría bajo la protección de su hermano, pues se negaba a regresar a su casa.

Todo transcurría con tranquilidad hasta que uno de los cuadrilleros reconoció a don Quijote como el que había liberado a los galeotes. Quiso apresarlo porque así lo ordenaba una orden y, cogiendo a don Quijote de la camisa, pidió ayuda a sus compañeros de la Santa Hermandad. Don Quijote respondió cogiéndole a él por el cuello. Una vez que don Fernando los soltó, inició don Quijote un discurso justificando lo que había hecho: “¿Saltear de caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar a los presos, socorrer a los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos?. Con varias preguntas  más trató de persuadir a los que querían detenerlo que el caballero andante tiene como ley su espada, por fuero sus bríos y por premáticas (o decretos), su voluntad.



Comentario

Vemos hoy un capítulo que considero axil, por las interpretaciones que los críticos dan, para entender la verdad en el Quijote. Se trata de la polémica sobre el yelmo de Mambrino y la albarda-jaez que se entabla en la venta.

Una vez más recurrimos al tantas veces nombrado Pensamiento de Cervantes, del catedrático y maestro de cervantistas  Américo Castro. Para este autor, Cervantes continúa la línea de pensamiento que se abre en el Renacimiento, definida, a partir de Descartes,  como idealismo. Las cosas no son lo que son, sino lo que parecen ser. Este parecen ser, surge de nuestra interpretación, la cual está modelada por la idea o conciencia que tengamos de las cosas. Por lo tanto, parece lógico que haya distintos pareceres, ya que la conciencia que tengamos de la cosa está modelada por la experiencia, exclusivamente personal,  que tenemos de ella.  Coge Américo Castro para demostrarlo, el siguiente pasaje, sacado de este capítulo: “ Andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan…, y así, eso que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa”.

De acuerdo con la tesis anterior, don Quijote es el mayor representante de la opinión estrictamente personal. Este punto de vista da lugar a sostener una ética o  comportamiento que es coherente con la naturaleza de cada uno, es decir, la realidad, la valoro o la refracto en función de mi experiencia. Castro dice lo siguiente: “El tema y la preocupación de Cervantes giraban en torno a cómo afectase a la vida de unas imaginadas figuras el hecho de que el mundo de los hombres y de las cosas se refractara en incalculables aspectos. Hoy llamamos a eso “relatividad de los juicios de valor”. En esta línea de pensamiento encontramos estas palabras de don Quijote, cuando le dice a los cuadrilleros de la Santa Hermandad, que lo van a apresar: ¿Quién ignoró que en los caballeros andantes su ley es su espada, sus fueros sus bríos, sus premáticas su voluntad?.

El catedrático de Literatura Española y cervantista de la Universidad de Edimburgo, Alexander A. Parker, publicó un artículo “El concepto de verdad en el Quijote”, en el que partiendo del análisis que realizó Castro, sostiene una tesis completamente opuesta. Castro, como vimos, sostiene la tesis de que la verdad, está modelada por la conciencia u opinión que cada uno tenga de las cosas: es nuestra naturaleza quien modela la verdad. Parker analiza uno de las afirmaciones de don Quijote, a la que se refirió Castro y cité anteriormente: “Andan entre nosotros…. Las cosas, dice Parker, “parecen hechas al revés, no porque lo sean en realidad, sino por obra de encantadores…Estos encantadores son los hombres mismos”. Son los hombres los que transforman la realidad en función de lo que les interesa. Don Quijote, transforma la bacía en Yelmo de Mambrino, llevado de la megalomanía con la que quiere convivir. Megalomanía que aprendió en los libros de caballerías, que son una fuente de mentiras. Don Fernando, Maese Nicolás -el barbero-, Cardenio y el Cura, mienten por reírse de don Quijote y porque quieren llevárselo a su casa y no le quieren contradecir. Sancho sabe que la albarda no es el jaez del caballo, pero apoya esto último porque le interesa. Cuando se tiene que pronunciar por la bacía, dice que es baciyelmo: con esto complace a don Quijote.

Unamuno, en Vida de don Quijote y Sancho, sostiene una tesis en la línea de Américo Castro. Lo importante en don Quijote es la fe. Esta es la que mueve a la voluntad. Es más importante que la inteligencia, pues si la voluntad mueve montañas, voluntad es lo que hace falta en la vida para salir adelante. Don Quijote, símbolo de la fe, cree ciegamente que aquello es yelmo. La creencia, sostiene Unamuno, es necesaria para mantener despierta la voluntad. Necesitamos creer en algo, nos dice don Miguel.

El catedrático de Literatura Española de la  Universidad de Lieja Jacques Joset comenta este capítulo, considerando que la función que tiene es de recapitulación y desenlace de las aventuras que ocurren en la venta, así como la solución irónica que se da con el nombre de baciyelmo:
 a) se prepara la conclusión de la historia de Clara y don Luis;
 b) se da entrada a un dinamismo de la acción con la descripción del campo de Agramante. Esta descripción le permite a Cervantes denunciar el estado de la justicia respecto a sus agentes o policías como son los cuadrilleros de la Santa Hermandad, a la cual pertenece también el ventero. 
c) Por último, la situación de un don Quijote cuerdo, pidiendo tranquilidad y paz ante la pelea,  y unos personajes cómplices de su locura, le permite al profesor Joset, valorar la escena como la construcción de un "mundo al revés"
Esta solución de" el mundo al revés", se vincula en el capítulo con la verdad y la mentira. Una mentira que se apoya en el interés personal: a don Quijote le interesa la bacía y, por lo tanto la ve como el Yelmo de Mambrino. Le da igual con respecto a la albarda o jaez que dice Sancho: el barbero, se apoya en la experiencia y la verdad es por tanto la que se corresponde con los hechos.
"Cervantes ha transformado una situación jocosa en un problema filosófico". 

sábado, 4 de junio de 2011

CAPÍTULO XLIV. EL OIDOR Y DON LUIS. EL ENREDO DEL BACIYELMO





Tales gritos daba don Quijote que todos se despertaron asustados. Maritornes, que supuso de inmediato lo que pasaba,  se dirigió al pajar y le soltó la muñeca. Cayó al suelo a la vista de todos. Se levantó con gravedad, se quitó la soga de la muñeca y, subiéndose sobre Rocinante, adarga en el brazo y lanza en ristre, se dirigió a todo aquel que osase desmentir el encantamiento que había sufrido.

El ventero les advirtió de la locura de don Quijote a los hombres que estaban en la puerta. Estos le preguntaron por un mozo de unos quince años que andaban buscando, vestía de mozo de mulas y tenían órdenes de su padre de llevarlo a su casa. El ventero dijo no saber nada por el mucho personal que había en la venta. Uno de ellos vio el coche del oidor y supo que era el coche que el joven seguía. Pronto se distribuyeron para dar con él.

Tanto Dorotea como Clara se levantaron, una para conocer y la otra para ver a la persona que cantaba. Don Quijote se irritaba más, porque no recibía el aprecio de nadie. Uno de los hombres se acercó al mozo, llamándolo don Luis (el tratamiento del don solamente lo tenían los caballeros y la nobleza superior) y le dijo que la aventura había terminado. Le explicó la pena que su padre sentía por la ausencia del hijo y cómo tenía orden de llevarlo a su casa. Después de explicarle cómo habían dado con él, lo invitó a que se volviera con ellos. Al oponerse don Luis, argumentando “soy libre y volveré si me diere gusto”, ( si quiero, y si no, ninguno me va a llevar a la fuerza) el mozo que dormía a su lado se dirigió a Cardenio y le contó lo que pasaba. Pronto intervinieron todos los demás, advertidos por Dorotea sobre la historia que Clara había contado. Los hombres estaban empecinados en llevárselo. Tuvo que intervenir el oidor y pidió conocer los sucesos desde el principio. Al darse cuenta de que era su vecino don Luis, le preguntó por los motivos del disfraz. Al muchacho se le saltaron las lágrimas. El oidor prometió que arreglaría la situación.

En ese momento se oyeron voces, ruidos y golpes en la puerta de la venta. Se trataba de dos hombres que se querían ir sin pagar. El ventero trató de impedirlo y le dieron una tunda de golpes. La ventera y su hija se dirigieron a don Quijote pidiéndole que interviniera. Se negó alegando que tenía que resolver antes otro problema: se dirigió a la princesa Micomicona y le pidió permiso para intervenir; Dorotea se lo dio, pero cuando llegó a donde estaban peleando se limitó a contemplar la escena argumentando que las leyes de caballería le impedían enfrentarse con villanos, que se lo dijesen a su escudero.

Mientras, don Luis le había contado al oidor, tratándolo de padre, que estaba enamorado de su hija, cómo era su posición económica y sus pretensiones: casarse con ella, aunque su padre no lo admitiese, pero “más fuerza tiene el tiempo para deshacer y mudar las cosas que las humanas voluntades”. Estimó el oidor que necesitaba tiempo para tomar una decisión y consideró lo bien que le vendría ese matrimonio a su hija, que le gustaría que se hiciese con el beneplácito  del padre de don Luis, aunque sabia que aquel quería proporcionarle un título nobiliario a su hijo

Mientras, se había producido la paz en la venta. Don Quijote había conseguido, mediante razones, que le pagasen al ventero; pero, como el demonio no duerme, entró en la venta el barbero al que don Quijote y Sancho le quitaron la bacía de azófar (de latón) y la albarda. Se dirigió a la cuadra a dejar el rucio. Allí estaba Sancho; pronto lo reconoció el barbero y al grito de ladrón le dijo que le entregase la albarda y la bacía que le había quitado. Sancho replicó con un mojicón en las narices. Llegó don Quijote; Sancho dijo ante los presentes que su señor había ganado “esos despojos en buena guerra”. Don Quijote intervino para decir que, a petición de Sancho, le quitó los jaeces (los adornos que se le pone a las caballerías) al caballo del barbero y se los dio a su escudero; que si se habían convertido en albarda, era propio de la caballería. De lo que no había duda era que lo que lo que él quitó fue el yelmo de Mambrino  (casco o sombrero de oro puro que hacía invulnerable a su poseedor, tiene su origen en las novelas de caballerías) y no la bacía como le parecía al barbero. Sancho, que no quería disgustar a don Quijote, lo refrendó llamándolo baciyelmo. ( Se interpreta el baciyelmo como una imagen de la realidad, según los interpretadores de Cervantes, para éste no hay verdades absolutas, sino tantas verdades como puntos de vista individuales)

Comentario

El capítulo se organiza en torno a dos historias que, aparentemente, no tienen ningún vínculo entre sí, pero como demostraré, no es así.

Una vez que se descubre la agnición de don Luis, el hijo del vecino del oidor, se establece el problema de si es lícito dejar que los jóvenes que están enamorados se unan o no. Las razones que se dan son: a) don Luis arguye que no tiene que ir a su casa “porque soy libre y volveré si me diere gusto”: quiere unirse con Clara y da sus razones;  b) Dorotea y Cardenio, que saben las dificultades con que se encuentra la persona cuando, estando enamorada, encuentra oposición que impida la relación, aparentan estar con Clara y don Luis. Hay una realidad fruto de una estima natural y hay que respetarla; d) El oidor reflexiona, se toma tiempo y considera que don Luis, heredero de buena fortuna, es un buen partido para su hija. (Recuérdese lo que Domínguez Ortiz decía sobre las clases sociales en el artículo La España de Cervantes, comentado en capítulos anteriores); e) Sabemos por boca del oidor, que al padre de don Luis, probablemente no le haga gracia, pues llevado por su riqueza, quisiera casar a su hijo con una mujer de la nobleza.

De los anteriores argumentos podemos extraer dos conclusiones: a) Cada uno da unas razones llevado por el interés que le mueve: tesis del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Edimburgo A. Parker, como se demostró en capítulos anteriores; b) Hay tantos pareceres como personas: tesis de Américo Castro, también ya demostrada.

El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Lieja, Jacques Joset, comenta este capítulo destacando en primer lugar la acumulación de sucesos que se producen en la venta: la llegada de los criados de don Luis, la resistencia de éste a la autoridad de su padre, así como a los conformismos sociales de la época, la pelea que se origina porque dos viajeros se quieren ir sin pagar, la negación de don Quijote a defender al ventero, apelando a los códigos de la caballería y por  último la aparición del barbero que vimos en el capítulo I, 21 y la solución que aporta Sancho con la creación de la palabra baciyelmo-
Pasa a continuación el profesor Joset, a destacar los centros de interés del capítulo: a) los amores juveniles de Clara y don Luis; b) el proceso de quijotización de Sancho al enfrentarse al barbero; c) la relevancia del tema de la libertad personal y amorosa, en boca de don Luis: "yo soy libre". Esta expresión de don Luis, proyecta la voluntad de Cervantes ante el tema de la libertad, tanto en el plano personal como en el de la ficción, como dueño de la narración, así como la del lector para su interpretación.
Por último, el profesor Joset, enjuicia el baciyelmo de Sancho, desde los siguientes puntos de vista: a) La libertad que tiene el narrador en la creación de su ficción, en este caso, "libertad ante las tiranías  lingüísticas"; b) el perspectivismo de Cervantes; c) los puntos de vista que ante la verdad tienen las personas en función del interés: Sancho sabe lo que es una bacía, pero su interés en que la albarda del rucio del barbero sea jaez o adorno de caballo, qué duda cabe que responde a su propio interés personal.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

jueves, 2 de junio de 2011

CAPÍTULO XLIII. EL MOZO DE MULAS LE CANTA A CLARA. DON QUIJOTE COLGADO EN LA VENTANA



CAPÍTULO XLIII


La voz que sonaba en la madrugada se quejaba afligidamente de no ser atendido por su amada. Su canto era tan tierno y melodioso que Dorotea despertó a Clara para que lo oyera. Esta, cuando lo oyó experimentó tal temblor que Dorotea, con gran ternura, le pidió que le  explicase lo que le pasaba. Clara contó que se trataba de un joven, dueño de su alma, desde que se vieron la primera vez. Volvió a oírse la canción en la que se decía que iba a porfiar en conseguir el cielo, aunque le sea difícil, cantando una canción que decía:

 “Que amor sus glorias venda

caras, es gran razón y es trato justo,

pues no hay más rica prenda

que la que se quilata por su gusto,

y es cosa manifiesta

que no es de estima lo que poco cuesta.

Dado que Clara se volvió a echar a llorar, Dorotea quiso conocer la causa de su lloro. Clara le confesó que el mozo de mulas que cantaba, no era tal, sino un vecino suyo, hijo de una noble y rica familia de Aragón, que se había enamorado de ella y ella de él; pero por el decoro con que su padre la criaba, nunca habían podido hablarse, limitándose a comunicarse los sentimientos por medio de miradas y gestos.  Le había insinuado que la quería para casarse, pero como había muerto su madre, a nadie se lo había podido decir. Cuando su padre salió de Aragón, no se pudieron despedir y él, disfrazado de mozo de mulas, la iba siguiendo.

Dorotea, la abrazó y la tranquilizó, diciéndole que al día siguiente le daría un  buen final a las tribulaciones que entre ellos había.

Todos dormían en la venta, excepto la hija del ventero y Maritornes, que, como sabían que don Quijote estaba haciendo la guardia, habían decidido burlarse de él. En efecto, don Quijote, subido en Rocinante y a la luz de la Luna, evocaba a Dulcinea, llamándola modelo de honestidad y placer de los sentidos, preguntándose si 
 celoso de él.

La hija del ventero que estaba oyendo lo que don Quijote decía, desde el ventanuco de un pajar, le pidió que se acercara a donde ellas estaban. A don Quijote le pareció que el oscuro ventanuco iluminado por la luna era el dorado ventanal del castillo y, desde allí, la hija del ventero le requería su amor. Para no ser descortés, dándole la vuelta a Rocinante, se aproximó, diciéndole que por fidelidad a Dulcinea no le podría ofrecer nada que rozara el amor, pero que le pidiera cualquier otra cosa, que se la entregaría. Maritornes le dijo que su señora sólo quería su mano, con ella le bastaba para poder desahogar el deseo que le tenía. Se la ofreció don Quijote por la ventana y Maritornes, cogiendo el cabestro del jumento de Sancho Panza, le hizo un nudo a la mano y, tirando de la soga, la ató al cerrojo de la puerta del pajar. Don Quijote quedó colgado de la mano encima de Rocinante. Sintió malestar y le dijo que le estaba arañando la mano con la soga, que sentía no complacerla en la voluntad que le manifestaba,  pues, “Mirad que quien quiere bien, no se venga tan mal”.

Se maldijo don Quijote por haber vuelto a la venta de la que tan mal parado salió cuando el moro encantado del arriero lo vapuleó. Y más sabiendo por experiencia de caballeros andantes que “cuando han probado una aventura y no ha salido bien, es señal que no está para ellos guardada, sino para otros, y, así, no tienen necesidad de probarla una segunda vez”.

La hija del ventero y Maritornes se marcharon y don Quijote quedó colgado del brazo encima de Rocinante, pensando, una vez más que aquello le sucedía porque aquella venta estaba encantada; Don Quijote se encomendaba a todos deseando que alguien viniera a socorrerlo, pero el día iba llegando y nadie lo hacía. Al amanecer llegaron un grupo de jinetes con sus escopetas. Llamaron a la venta y nadie les abrió. Don Quijote les recriminó que llamasen a esas horas a la puerta del castillo.  Al ver a don Quijote en esa situación, colgado de la mano, y hablando de esa manera, encima de Rocinante, le dijeron que si era el ventero, que diera orden de que abriesen, mas don Quijote se molestó por haberlo confundido con el ventero.

Tuvo la desgracia de que una de las mulas que llegaron se acercó a acariciar a Rocinante, el cual respondió siguiendo a la mula. Don Quijote quedó colgado de la muñeca, sufriendo muchísimo, pues creía que la muñeca le cortaban o el brazo  le arrancaban.



Comentario

1. El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Lieja Jacques Joset, comenta este capítulo en función del contraste  que realiza Cervantes  en torno al "amor serio serio, irreprimible que ilustra el tópico virgiliano omnia vincit amor de lasBucólicas (El amor todo lo puede), con la farsa o burla del amor caballeresco que siente don Quijote y que en este capítulo es blanco de las insensibles "semidoncellas", Maritornes y la hija del ventero". 
Son estas últimas las que se burlan cruelmente de don Quijote, cuando éste ofreciéndole la mano a la hija del ventero, se la ata Maritornes a la ventana con el cabestro del jumento de Sancho, dejándolo colgado. Esta burla paródica contrata con el tono, el estilo y la estructura de la novela sentimental entre Clara y don Luis: inserción de poesías líricas, el disfraz del enamorado don Luis como mozo de mulas...)

2. Una vez más se puede ver en este capítulo  a dónde nos lleva el error en la naturaleza. Don Quijote, llevado de su locura, vuelve a confundir la venta con el castillo, provocando la risión de los huéspedes de la Venta de Juan Palomeque el Zurdo.  La risa, según el médico e importante humanista del XVI López Pinziano, en la Philosophia antigua poética, se encuentra en dos cosas: “obras y palabras”. Cervantes, según el catedrático de Literatura Española de la Universidad de Nueva York, D. Eisenberg, encarnó esta teoría en don Quijote y Sancho. Sin embargo, lo que en aquella época podía dar lugar a risa, hoy hiere la sensibilidad del lector, las burlas que le hacen a don Quijote la hija del ventero y Maritornes, nos impresiona y nos golpea, en una lectura del siglo XXI.

3. Don Quijote, como comenta el catedrático y filósofo  Unamuno en Vida de don Quijote y sancho, comete un error más. Las damas le piden su mano e ingenuamente cree que era para admirar “la contextura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y espaciosidad de las venas”, sin darse cuenta de que era para burlarse y reírse, pues Maritornes y la hija del ventero “se fueron muertas de risa y le dejaron asido de manera que fue imposible soltarse”. Ahí estuvo su error, creer que era para admirarlo, sin darse cuenta de que el pasárselo bien ellas era lo único que deseaban. El engaño tenía un interés: reírse y pasárselo bien sin importarles lo que a don Quijote le ocurriera.

4. Error es también el que tiene Clara al ser tan tímida que, aunque está enamorada del “mozo de mulas”, se resiste, por miedo a su padre, a hablar con él: “En mi vida le he hablado palabra y, con todo eso, le quiero de manera que no he podido vivir sin él”. Dorotea, que es mujer juiciosa y sensible, le promete que a la mañana siguiente arreglará el asunto. “El amor, nos dice el catedrático y maestro de cervantistas, Américo Castro, en el libro ya citado, es la máxima esencia vital…la naturaleza ha hecho del amor un principio armónico per se, malhaya, pues, quien ignorando tan tremenda verdad rompe la ecuación vital representada por el amor concorde”: El candor sentimental de Clara no se puede desviar del canon del amor  que defiende Cervantes.














martes, 31 de mayo de 2011

CAPÍTULO XLII. LLEGADA DEL OIDOR Y ENCUENTRO CON SU HERMANO, EL CAPITÁN PÉREZ DE VIEDMA

Una vez terminó el cautivo de contar su historia, todos manifestaron su aprecio y admiración por lo que había dicho, pero especialmente don Fernando, que se ofreció a llevarlo a su tierra, pedirle a su hermano, el marqués,  que actuase de padrino del bautismo de Zoraida y entrar en su tierra con la solemnidad y dignidad que su personas merecía;  pero él rehusó cortésmente tales ofrecimientos.

Había entrado ya la noche cuando llegó a la venta un coche con algunos  hombres a caballo. Pidieron alojamiento y la ventera les dijo que no había. Le comunicaron que se trataba de un oidor -(“juez de los supremos en las chancillerías o consejos del rey, dichos así porque oyen las causas y lo que cada una de las partes alega”. Covarrubias)-  que se dirigía a las Indias, a la Audiencia de México. Cuando esto escucharon, se turbaron un poco y la ventera le ofreció la estancia que ella y su marido compartían. Se bajó del coche el oidor, acompañado de su hija, de unos dieciséis años, se llamaba Clara, que impresionaba por su belleza.

También le dio la bienvenida don Quijote a “aquel mal acomodado castillo”, con ceremoniosas palabras; elogió la belleza de su hija Clara y consideró que aunque el castillo era pequeño, siempre habría un lugar para las armas y las letras, especialmente si estas últimas traían "como adalid la fermosura de esta hermosa doncella"  Quedó confuso el oidor cuando vio su figura y oyó las razones de don Quijote. Los otros personajes también lo saludaros cortésmente. El comprendió que estaba con gente importante. A la hija se le ofreció, junto con las mujeres, un camaranchón; el oidor, con su cama (los viajeros pudientes llevaban a las ventas su propia cama), dormiría en el aposento del ventero.

El cautivo, de inmediato, tuvo la corazonada de que aquel era su hermano; quiso saber cómo se llamaba el oidor y no de los criados que lo acompañaban le informó que su señor se llamaba Juan Pérez de Viedma, era licenciado y, según decían, originario de las montañas de León y se dirigía a la Audiencia de México.  Esto confirmó al cautivo  lo que sospechaba: era su hermano. Se lo comunicó a los que estaban en la venta y se preguntaba si lo recibiría o se afrentaría al verlo pobre. Deseaba darse a conocer con prudencia y delicadeza

Se ofreció el cura a introducir al Cautivo, asegurándole que la impresión que le había dado su hermano, el oidor,  era el de una persona “que sabe entender los vaivenes de la fortuna”. Estaba preparada la mesa para cenar; todos estaban sentados excepto el Cautivo que se encontraba cenando con las señoras en su aposento. El cura, sentado junto al oidor, le dijo que del mismo apellido de él tuvo un camarada en Constantinopla, donde estuvo cautivo algunos años; hábilmente fue contándole al oidor y a los demás comensales,  la historia del capitán Ruy Pérez de Viedma y Zoraida. Les comentó que después de haber  estado sirviendo en  La Goleta ( fortaleza construida por Carlos V en Túnez, fue reconquistada por los turcos), donde perdió su libertad, pasó a Constantinopla; allí tuvo como camarada a un bravo capitán que también había perdido su libertad en  la batalla de Lepanto y tenía sus mismos apellidos, su nombre era Ruy Pérez de Viedma, originario de las montañas de León., comentó los consejos que, según el capitán, su  padre les dio a él y a sus hermanos cuando salieron de las montañas de León;  su entrada en el ejército, su rescate por Zoraida y el ataque de los franceses cuando regresaron a España.

Cuando oyó lo anterior, con lágrimas en los ojos, intervino el oidor para decir que la persona a la que se había referido era su hermano. Su tercer hermano estaba en el Perú. Era una persona muy rica y había enviado mucho dinero, tanto a su padre como a él. Su padre no se quería morir sin ver al hijo. Él estaba dispuesto a ir adonde estuviera cautivo a rescatarlo.

Oído lo anterior, se levantó de la mesa el cura; se dirigió a la habitación en la que estaban las señoras y el Cautivo, que había estado oyendo lo que decía el cura,  cogió a Zoraida de una mano y al Cautivo de otra y dirigiéndose al oidor le dijo que aquí estaban su cuñada y su hermano, el capitán Ruy Pérez de Viedma. Las emociones no se podían describir. Acordaron los dos hermanos Pérez de Viedma pedirle a su padre que viniera a Sevilla al casamiento del hijo y al bautismo de Zoraida. El oidor partía para México sin que pudiera demorar su viaje.

Don Quijote oyó en silencio todas intervenciones; consideraba que estos extraños sucesos eran obra de encantadores. Se ofreció a hacer la guardia del castillo para proteger a tanta belleza como allí había. Era ya noche avanzada y todos se retiraron a descansar. Durante la madrugada se oyó la voz de un mozo que cantaba bellas y emocionadas canciones. Dorotea, que dormía acompañada de Clara de Viedma, se despertó y, junto con Cardenio, se dispuso a oír lo que la canción decía.


Comentario  

Conviene realizar algunas precisiones sociales para mejor entender este y otros capítulos. El catedrático, historiador y académico Antonio Domínguez Ortiz escribió un iluminador artículo para la edición de El Quijote que preparó Francisco Rico. Lo titula La España del Quijote. Cuando se refiere a las clases sociales sostiene que en la época en que Cervantes vivió, la de Felipe II, una nueva clase social pretende asentarse en el poder. “Se trata de aquellos que sin tener privilegios reales, tienen una situación real de privilegios; eran los poderosos, las personas principales, los nuevos ricos. La Corona favoreció indirectamente la ambición de esta clase con la venta de cargos”.  Nos dice el narrador: “En resolución, bien echó de ver el oidor que era gente principal toda la que allí estaba, pero el talle, visaje y la apostura de don Quijote le desatinaba”. Recordemos que en la venta se encontraban don Fernando, Cardenio, Dorotea, Luscinda, don Quijote y El Cautivo.

Respecto al refrán que enmarca la salida de los tres hermanos Viedma de León y que vimos en capítulos anteriores: “Iglesia, Mar o Casa Real”, explica Domínguez Ortiz,  lo que tenían que hacer aquellos que no tenían dinero para comprar señoríos y querían subir peldaños en la escala social por medios más honrosos que los que habían utilizado las “gentes principales” o “nuevos ricos”.  El ascenso por cauces eclesiásticos era el más fácil porque la Iglesia admitía a todos y en ella podían hacer carreras magníficas. El segundo término, mar era ambiguo, sigue comentando el historiador, pues con él se incluía el comercio marítimo especialmente a las Indias, así como a los armadores de buques mercantes o de guerra. Recordemos que el hermano menor está en el Perú, es rico y manda mucho dinero a su padre y a él.  El tercer término Casa Real  comprendía: a) los que se dedicaban a oficios palatinos: el Mayordomo mayor; b) Los que ejercían altas funciones: secretarios, magistrados, consejeros. Es el espacio en el que se sitúa el Oidor.

En este capítulo vuelve don Quijote a hacer alusión a las armas y las letras. “La contienda entre unas y otras era ya un tema clásico; ya Quintiliano, entre los ejercicios que proponía a sus alumnos incluía éste. ¿ A quién se debe conceder preeminencia, a los juristas o a los militares? Las letras eran los estudios superiores universitarios, centrados en el conocimiento del Derecho, especialmente el Canónigo y el Civil. El primero abría las puertas a las prelacías; el segundo, a las Magistraturas, los Tribunales, los Consejos, el Gobierno de la Monarquía. En teoría, las armas disponían de más premios que las letras. En la práctica, la alta burocracia cobraba puntualmente sus sueldos”

María Eugenia Meyor escribe en Anales Cervantinos: Don Quijote y el oidor de México: desencuentro de caballeros. En el artículo se analiza la representación de este personaje que iba designado a la Audiencia de México, que canta Bernardo de Balbuena en 1604:

Una audiencia real, espada y freno

De la virtud y el vicio, claustro santo,

Si es santo lo que sumamente es bueno.

Sostiene la autora que el sentido del relato de los Viedma, en cuanto a su significación final, es americano. El componente magrebí, según ella, representa una etapa intermedia. “Por medio del contraste entre caballeros se desprende  ante el público de la venta y ante el lector el cambio surgido ante el imperio hispano: de África y el mar Mediterráneo a la América transoceánica: del medioevo a la modernidad; de la empresa religiosa y guerrera a la comercial y política; del caballero peninsular, epítome de la acción, al caballero indiano y escribano”.

Sigue sosteniendo la autora que está muy presente el componente autobiográfico en el relato. Después de Lepanto, trató Cervantes de pasar a las Indias; escribió dos memoriales dirigidos a Antonio de Eraso, Secretario del Consejo de Indias, además de una Información sobre Argel, en 1580. No lo consiguió, y estas experiencias las narrativizó en estos episodios.
El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Toulouse, Michael Moner,. comenta este capítulo focalizándolo  en la intervención de don Quijote cuando le da la bienvenida al juez: "puede esparcirse  en este castillo , pues "no hay estrecheza ni incomodidad en el mundo que no dé lugar a las armas y las letras, y más si las armas y las letras traen por guía y adalid a la fermosura".
Se trata de un epílogo en el que se traen a la memoria el punto de partida: las montañas de León, de donde parten los tres hermanos, si bien las tres carreras de los hijos: "Iglesia, mar o casa real", se reducen a dos; riqueza y pobreza. A diferencia de sus hermanos, el capitán ha sido glorioso, pero pobre y la "anagnórisis de la venta, no parece tener otro fin, que el de contrastar, las tribulaciones y la pobreza del uno con el éxito social y la riqueza de los otros dos, especialmente la del juez, pues del hermano que se va al Perú, se sabe poco, únicamente que envía dinero.

Una vez más, Cervantes saca de su bitácora personal experiencias con las que el Quijote se abre a los lectores hispanos de ambas orillas del Atlántico.




viernes, 27 de mayo de 2011

CAPÍTULO XLI. TERMINA LA HISTORIA DEL CAUTIVO


Continuó el cautivo contando su historia, diciendo que su compañero el renegado (moro que decidió hacerse cristiano) había comprado una buena barca, capaz para treinta personas; este renegado había realizado, algunos viajes como mercader, para aparentar dicho oficio; había fondeado  varias veces en una caleta (cala pequeña) cercana al jardín de Zoraida, para conocer el lugar; entraba en el jardín y le pedía fruta a su padre, que éste siempre le daba;  no veía Zoraida, pues las moras no se dejan ver de ningún moro ni turco, si no es que su marido o que su padre se lo mande.  Continuó diciendo el cautivo que su interés era hablar con Zoraida y explicarle sus planes de huida. Cierto día se presentó en el jardín y se encontró con su padre; éste le preguntó, en una lengua franca, que allí se habla, (lengua franca del Mediterráneo, mezcla de palabras de las lenguas ribereñas con  sintaxis muy sencilla ) que a quién pertenecía: el cautivo le contestó que era esclavo de Arnaúte Mamí; él sabía que era gran amigo del padre de Zoraida, y había entrado allí para coger verduras para ensaladas. En esos momento apareció Zoraida, cargada de alhajas, porque a las moras les gusta adornarse con ricas perlas y alhajas; Zoraida parecía una diosa y eso que la ocasión era difícil, porque ya se sabe que la hermosura de alguna mujeres tiene días y sazones y requiere accidentes para disminuirse o acrecentarse (crece o mengua por causas internas o externas ), y es cosa que las pasiones del ánimo la levanten o abajen, puesto que las más veces la destruyen.”: a él le pareció que una deidad del cielo había bajado a la tierra para que la viera; consiguió explicarle el plan y el día de la huida.

Le dijo a Zoraida, en la lengua franca que se habla en Berbería, que había sido rescatado y puesto como esclavo de Mamí,  por mil quinientos zoltanís (monedas de oro ). Mantuvieron una conversación sobre la fecha de salida para España; le preguntó la mora que sin estaba casado; le contestó que   está enamorado de una mujer que se parece mucho a ella. En esta conversación, unos criados avisaron al padre de Zoraida que unos turcos habían entrado en la casa. El padre se marchó, no sin antes pedirle a su hija que se metiera en su casa. Cuando regresaba  a a su casa, Zoraida fingiendo que estaba mareada, se apoyaba en el cuello y en el pecho del cautivo.  Cuando el padre regresó los vio cómo iban. El padre reconoció cómo había ayudado a su hija y le ofreció su casa para que viniera cuando quisiera.

Zoraida se marchó con pesar y él recorrió toda la fortaleza que rodea el jardín de la casa. Puso en aviso a los cristianos remeros que saldrían al día siguiente, sábado. El renegado se encargó de reducir a los marinos moros que la barca llevaba. Se desplazaron unos cuantos a la casa de Zoraida, pronto entraron porque la puerta estaba entreabierta. Al oírlos entrar, Zoraida bajó, trayéndose un cofre lleno de monedas de oro; su padre dormía y con el ruido se despertó. Se vieron obligados a llevárselo atado y con la boca tapada. Pronto advirtió el padre que Zoraida, reclinada en el pecho del cautivo, estaba con ellos. Se dirigieron a Mallorca, por ser la ciudad cristiana más cercana. El viento les obligó a cambiar el rumbo. El renegado trató de tranquilizar a los moros y a Agi Morato, diciéndoles que los pondrían en libertad, tan pronto como llegaran a tierras cristianas. El Padre de Zoraida no salía de su asombro. Se interrogó por la situación que ella tenía. El renegado le contestó diciendo que por Zoraida, nueva cristiana, están allí; ella ha roto las cadenas de la esclavitud que tenían los cristianos. La hija se disculpó diciendo que Lela Marie –la Virgen María-, se lo pidió.

Oído lo anterior, el padre se arrojó al agua con intención de suicidarse. Fue salvado por los marineros. Empezó de inmediato a maldecir a la hija; una vez hubo amanecido, llegaron a una pequeña cala desierta y pusieron en libertad al padre y a los moros. El primero continuó maldiciendo a su hija; posteriormente le pidió que no lo abandonara. Le preguntó que por qué lo había hecho. Ella manifestó su deseo de bautizarse y hacerse cristiana.

Se quedó su padre en tierra. Continuaron y al amanecer divisaron tierras españolas, pero como pocas veces o nunca viene el bien puro y sencillo, sin ser acompañado de algún mal que le turbe o sobresalte”, fueron abordados, en la oscuridad de la noche, por unos corsarios franceses; les hundieron la barca y les robaron las pertenencias, a excepción de cuarenta escudos que el capitán francés quiso regalar a Zoraida. Los pusieron en libertad en las costas españolas. Cuando llegaron, después de besar emocionados el suelo patrio, se dirigieron hacia el interior;  oyeron el sonido de una pequeña esquila, pronto apareció el pastor, que al ver a Zoraida y al renegado vestidos de moros, huyó rápidamente, lleno de pánico,  para avisar a la ciudad

Siguieron al pastor; el renegado se quitó las ropas de moro y se vistió de cristiano. Llegaron varios jinetes a caballo, El cautivo reconoció, entre los jinetes que iban, a un tío suyo. Habían llegado a Vélez Málaga. Les atendieron muy bien. Después de seis días en la ciudad, el renegado se fue a arreglar sus papeles a La Santa Inquisición, a Granada. Los cristianos quedaron en libertad. Él compró, con los cuarenta ducados que el corsario francés le dio a Zoraida, un caballo. Lo montaba ella y él la asistía como padre y escudero. Se dirigían a un pueblo de León  donde creía que podría estar su familia, si ya no habían muerto.



Comentario

Dentro de los estudios que se han realizado sobre la novela del Cautivo, son de destacar los del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Boston, Francisco Márquez Villanueva, especialmente, su nuevo libro: Moros, moriscos y turcos en Cervantes. Ensayos críticos. Entre otros temas analiza el personaje de Zoraida a la luz del folklore. Su lectura se opone al supuesto idealismo de esta historia. Afirma el autor que este episodio ni es autobiográfico ni ejemplar; para el profeso Villanueva, Zoraida es el prototipo de una mujer liberal que realiza por interés su matrimonio con el cautivo. El catedrático y escritor Francisco Ayala, en La invención del Quijote, y el del catedrático y maestro de medievalistas,  Martín de Riquer, en la edición de la Ed. Planeta, con dibujos de Mingote, del cual he tomado el que aparece en el capítulo 40. Un estudio y otro leen esta novela en clave histórica, pues están expuestas muchas vivencias del propio Cervantes cuando estuvo en Argel. Algunos datos extraídos de la novela sirven para fecharla, el que hace referencia en el capítulo 39; cuando el Cautivo cuenta su vida,  alude al rey Felipe II, como viviente: “don Juan de Austria, hermano natural de nuestro buen rey don Felipe”. El Quijote se publicó en 1605, reinando Felipe III. El cautivo se refiere a él mismo cuando dice “Este hará veintidós años que salí de casa de mi padre”.  Si el punto de referencia de la aventura es la llegada del Duque de Alba a Flandes en 1567 y han pasado 22 años, la escena se situará exactamente en 1589.” (Ayala).  Martín de Riquer realiza más precisiones históricas: “Hay estrecha relación entre la vida del Cautivo y la comedia de Cervantes Los baños de Argel, de asunto muy similar. La mayoría de los personajes que aparecen en estas dos versiones son históricos y están fielmente retratados. La hermosa protagonista se llamó en realidad Zahara, “bella”…era hija del renegado Hajji Murad (Agi Murato)…Zahara-Zoraida casó en 1574 con Abad al Malik, hombre muy afecto a los cristianos y a sus costumbres”. 
Para el catedrático de Filología Románica de la Universidad de Madrid, José Manuel García Megías, en su obra citada, parte I,"La juventud de Cervantes",  La novela del capitán cautivo, "ha sido leída como trasunto literario del "Miguel de Cervantes personaje" que el autor complutense va construyendo a base de golpe de pluma por estos años". Cuando el capitán cautivo recuerda el refrán "Iglesia o mar o casa real", se está refiriendo a las tres circunstancias que permiten medrar al hombre. "Y de estos tres, ahora Cervantes ha elegido servir al rey en sus tercios italianos". "El capitán cautivo sale de su casa leonesa en busca de fortuna, y esta la encuentra en la vida como soldado, a donde irá ascendiendo gracias a su esfuerzo en diferentes batallas en Flandes : de soldado aventajado a alférez (en la ya citada compañía de Diego de Urbina ) y aunque tenía barruntos , y casi promesas ciertas , de que en la primera ocasión que se ofreciese sería promovido a capitán ..."( Quijote I , cap. XXXIX), " Estas son sus palabras, sueños de una vida que no le tocó vivir a Cervantes ni a su hermano Rodrigo, pero que bien pudiera ser el relato de alguno de los cientos de soldados con los que compartió destino en los tercios en suelo italiano por estos años"
Ayala, en el estudio antes referido, lee la novela, como la experiencia vivida por Cervantes en su juventud. Para ello parte de la premisa de que el Quijote es el fruto de la madurez, de una época, la de Felipe III, de desengaño y de frustración: “el Quijote expresa la desilusión vital de su autor”. Los vaivenes de don Quijote y Sancho, vendrían a reflejar ese desencanto. Frente a él se sitúa el protagonista de esta novela, veintidós años antes,  en la época de Felipe II. Después de haberse repartido la herencia de sus padres, equivalente a lo que hoy serían 6000 euros, se enrola en la marina real. Con una enorme impavidez ante el riesgo, nos va contando los peligros y las atrocidades de los prisioneros de guerra. Algo que lamentablemente iremos viendo también en nuestro tiempo. Asistimos al conflicto de Zoraida con la misma grandeza como si se tratara de una tragedia griega: “Sacrifica sus sentimientos de piedad y amor filial, tan intensos como son, frente a un deber más alto: se debe a la eterna verdad de la religión, que le ha sido dada a conocer. Deja su casa y huye a España con los cristianos, mientras el padre infeliz maldice y suplica desde la “desierta arena”” ( Ayala).
El cervantista y escritor, Juan Goytisolo se ocupa en el artículo  Cervantes, Argel y la lingua franca, del lenguaje de esta Berbería, del cual dice el cautivo, refiriéndose al padre de Zoraida: "Me dijo en lengua que en toda Berbería y aun en Constantinopla se halla entre cautivos y moros, que ni es morisca ni castellana ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas con la cual todos nos entendemos". Sostiene el autor que "al igual de los tuits de hoy servía de esperanto pragmático para todos los miembros de aquel vasto crisol de identidades mutantes". Agradece a la historiadora francesa Jacqueline Dakhlia su gran primor en el análisis de dicha lengua en Histoire d´une langue métisse en Mediterranée.

El nobel, Vargas Llosa lee  el Quijote como una novela de Hombres libres. “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Esta frase, que se ha convertido ya en tópico, la dice don Quijote en la segunda parte; pero no faltan alusiones a ella en la voz del cautivo, que es la de Miguel de Cervantes. Lo que anida en el corazón de esta libertad, nos dice Vargas Llosa, es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder. Así se manifiesta el Cautivo a don Fernando cuando se entera de que su hermano vive: “porque no hay en la tierra, conforme mi parecer, contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”.

Las aserciones sobre la libertad que Cervantes nos hace en esta novela, tan verdaderas como punzantemente formuladas, constituyen el bordón de lo que su ánimo siempre llevó.








miércoles, 25 de mayo de 2011

CAPÍTULO XL. CONTINÚA LA HISTORIA DEL CAUTIVO



Leyó don Fernando los dos sonetos que había compuesto su hermano, en homenaje a los que habían dado su vida en la goleta y en el fuerte.

Reanuda su historia el cautivo, contando que cuando murió el Uchalí al que servía, persona a la que recuerda por su humanidad, los cautivos se repartieron en dos grupos: unos fueron a parar al rey de Constantinopla; otros, a un protegido del Uchalí, llamado Azán Agá, hombre rico y rey de Argel; pero muy cruel y maltratador de los cautivos. Maltrataba a los prisioneros con toda clase de desmanes: los desorejaba (a los que intentaban huir se les cortaba las orejas), los empalaba (los atravesaba con un palo, desde el ano a la garganta) y los ahorcaba. Con esto imprimía un sello de terror para que no se escaparan. Él, con el título de capitán, pertenecía a este grupo del rey de Argel. Trató de escaparse de Constantinopla varias veces, pero no lo consiguió, en Argel no perdió la ilusión de volver a hacerlo,” porque jamás me desamparó la esperanza de tener libertad”. En Argel estuvo preso en un baño, en el que los moros solían poner a los cristianos que, por su importancia, podrían percibir un buen rescate; allí estuvo encadenado, pasando hambre y oyendo las lamentaciones de los cautivos que Azán Agá mataba. Sólo se libró de estos maltratos un soldado español, llamado un tal Saavedra ( el tal Saavedra es el propio Cervantes, que se inspira en experiencias de su vida en Argel)
Después de referirse brevemente a la suerte que tuvo de no ser empalado, pasó a contar lo que le sucedió en el patio de la cárcel. Al patio de la prisión daba la casa de un moro principal y rico, llamado Agi Morato (personaje histórico, también aparece en su comedia de cautivos Los baños de Argel). Desde la ventana de su casa, cierto día asomó una caña que terminaba en un envoltorio blanco. Se acercaron varios de los que estaban cautivos a recogerla, pero la caña se elevaba. Se acercó él y  la caña cayó a sus pies. Destapó lo que contenía la envoltura y vio que eran unas monedas de oro y entendió que eran para él. La operación se volvió a repetir a los dos días. En este caso traían cuarenta monedas de oro. Después apareció una mano y dejó caer un escrito, que le tradujo un renegado (moro que abandona su religión por la cristiana, o  a la inversa, aquí se entiende el primer caso), natural de Murcia, que se preciaba de ser su amigo.
El texto, escrito en arábigo y con una cruz pintada, decía que ella era una mora, que de pequeña tuvo una esclava que le habló muy bien de Lela Marién (La Vrgen María); que quería huir a tierras cristianas y lo había elegido a él, si quería, para acompañarla; tenía dinero suficiente para los dos y se ofrecía a ser su esposa.

El cautivo, valiéndose del renegado, le contestó diciéndole que él y sus compañeros cautivos harían por ella lo que pudieren, que darían su vida y que pensase cómo podrían salir de allí. Que se fiara de su palabra, pues la palabra de un cristiano es fiel, no como la del moro.

Le encargó al renegado que averiguase quién era aquella mujer. Supo que se trataba de Zoraida, una hermosa mujer que había tenido muchos pretendientes moros y a todos había despreciado. Se ofreció el renegado a poner en libertad a Zoraida y al cautivo, jurándolo delante de un crucifijo que llevaba. A los pocos días volvió Zoraida a enviar una nota en la que, además de mandar dinero en monedas de oro y plata, pedía que alguien fuera a tierras cristianas, comprara una barca, volviera y todos se marcharían. Ella estaría esperando en el jardín de su padre, que estaba junto a la marina.

Trataron sobre cómo llevarían a cabo la liberación y quién iría a Mallorca a comprar la barca. Se impuso, con razón, el criterio del renegado. Según su experiencia, cuando un cautivo se marchaba no volvía “porque el gozo de la libertad alcanzada y el temor de no volver a perderla les borraba de la memoria todas las obligaciones del mundo”.  Propuso que él, junto con un moro tagarino (morisco de la corona de Aragón), cogerían el dinero, comprarían una barca allí y, con la excusa de comerciar bienes desde Tánger, poder escapar. Zoraida volvió a mandar dinero para pagar los rescates. Él lo consiguió pagando seiscientos escudos a un mercader valenciano que a la sazón se hallaba en Argel. Ordenó también, para evitar males mayores, pagar el rescate de tres compañeros que les acompañarían a España.

Comentario.

El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Toulouse, Michel Moner, comenta este capítulo, poniendo el foco en el anclaje del mismo entre  lo real y lo imaginario, entre la historia y lo poético o ficción. 
Se inicia el capítulo con los dos sonetos de epitafio y de alabanza a los defensores de la la Goleta y de sus murallas o fuerte; pronto emergen las crueldades de Azán Agá y la figura de un tal Saavedra, en el que el profesor Moner ve a un Cervantes que realiza "un amago de confesión: una autobiografía amordazada".
El episodio de la caña, del dinero, las cartas de Zoraida y los preparativos de la evasión considera el comentarista que debe relacionarse con fuentes "literarias tradicionales; no obstante, también es cierto que se pueden hallar en este episodio "reminiscencias biográficas".
Zoraida, en su doble papel de hija traidora y virgen salvadora está relacionado con fuentes legendarias, que utilizó Cervantes en otras ocasiones, como en Los tratos de Argel y Los baños de Argel.  Estos materiales le sirvieron a Cervantes para mantener el equilibrio entre los hechos históricos y biográficos cervantinos y lo legendario y novelesco.